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Nayib Bukele, junto al Alto mando de la Fuerza Armada, en julio de 2021. EFE/ Miguel Lemus

Nayib Bukele y su camino «irreversible» hacia el control total del Estado

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Nayib Bukele y su camino «irreversible» hacia el control total del Estado

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Si las encuestas no fallan, se convertirá en el primer mandatario salvadoreño en ser reelecto en 80 años. Este 4 de febrero su rostro está en la papeleta para elegir Presidente de la República, a pesar de la prohibición constitucional. Su partido, Nuevas Ideas, se impondría como la fuerza política hegemónica del país sin oposición que lo moleste. Eso dicen las encuestas. ¿Cómo llegó a controlar tanto poder? Este es un repaso de su camino hasta este día.

Las elecciones presidenciales y legislativas de este 4 de febrero en El Salvador no prometen muchas sorpresas para la población. Desde el inicio de la convocatoria a los comicios, estaba claro que la oposición política tendría que hacer un esfuerzo titánico para cambiar el resultado de las elecciones, dada la popularidad del presidente, y candidato, Nayib Bukele. 

El mandatario goza del apoyo de ocho de cada diez salvadoreños, según una encuesta realizada por el Centro de Estudios Ciudadanos de la Universidad Francisco Gavidia (CEC-UFG). Eso, a pesar de una decena de denuncias de organizaciones de sociedad civil, medios de comunicación independientes, organismos internacionales y gobiernos extranjeros. Motivos hay: retrocesos democráticos y violaciones a derechos humanos durante la implementación del régimen de excepción en el país, por ejemplo. 

Para Óscar Picardo, director del CEC-UFG, el «fenómeno Bukele» se puede explicar a partir de la satisfacción de la población con respecto a la desarticulación de las pandillas que ha logrado su Gobierno, pero está lejos de limitarse a esto. «Bukele es un constructo cultural, comunicacional y político», los describe. También tiene que ver con la imagen construida por su marketing político y un clima de hartazgo de la población salvadoreña con respecto a los partidos políticos tradicionales.

 

En ese contexto, al cierre del periodo de campaña, las proyecciones electorales muestran que la victoria de Bukele será arrasadora. Según la última encuesta de Observa El Salvador 2024, publicada en 14 de enero, el presidente salvadoreño, ganará con el 71% de apoyo de los votantes. Nuevas Ideas, su partido, logrará colocar en la Asamblea Legislativa a 57 de 60 diputados, orillando a la extinción a los partidos opositores, ninguno de los cuales tiene más del 4% de intención de voto.

Si las encuestas no se equivocan, Bukele sería el primer presidente en ser reelecto en El Salvador en 80 años, a pesar de la prohibición en seis artículos de la Constitución. El último mandatario en reelegirse de manera –también de manera inconstitucional– fue el general Maximiliano Hernández Martínez, en 1935. Igual que Bukele pidió una licencia meses antes del inicio de la campaña electoral para ser candidato. 

Gobernó el país durante 13 años mediante elecciones fraudulentas hasta que fue derrocado por un golpe de Estado. Para poder repetirse como Hernández Martínez ocho décadas después, Bukele comenzó a construir el camino de su reelección años antes del inicio del proceso electoral en curso. 

El camino a una reelección inconstitucional

Nayib Bukele llegó a este día sin apenas haber salido de su casa. No tuvo que hacer ningún mitin para pedir el voto a sus simpatizantes, no recorrió comunidades en busca de conectar con la población, tampoco brindó entrevistas a ningún medio de comunicación nacional o extranjero.

Su únicas apariciones en el periodo de campaña oficial, se limitaron a dos mensajes cortos distribuidos en redes sociales, radio y televisión. En el primero ni siquiera llamó al voto para él como candidato a presidente. Se centró en pedir a la población que su partido tenga la mayor cantidad de diputados en la Asamblea. Desde el sillón de la biblioteca de su casa, le habló a la población votante. Con voz tranquila, les llama a votar masivamente para «proteger» los logros de seguridad de su gobierno. 

«En este momento, Nuevas Ideas tiene mayoría calificada, pero con solo un diputado menos, perderíamos esa mayoría, y pondríamos en riesgo la guerra contra las pandillas», pronunció.

Se refería a la continuidad del régimen de excepción, la medida más popular de su gobierno con la cual logró desarticular a las pandillas y reducir los índices de homicidios. La misma que ha sido señalada por graves violaciones de derechos humanos y cientos de detenciones de personas inocentes.

En aquella ocasión fue más allá, explicó el por qué esa mayoría calificada es la llave de su gobernabilidad. Citó un listado de eventos que no solo hicieron posible la existencia del régimen de excepción, sino su control sobre otros órganos del Estado que podrían hacer contrapeso a las decisiones de su gestión y además, su reelección. 

Si la Asamblea no estuviera a su favor: «no se podría aprobar el régimen de excepción, ni elegir magistrados de la Corte Suprema de Justicia, ni al Fiscal General, ni profundizar la reforma judicial, ni aprobar todas las herramientas que nos están ayudando a ganar toda esta guerra».  Así lo dijo el mismo Bukele.

En menos de un minuto resumió el camino que lo llevó a la concentración del poder. Dio la claves de cómo logró abrir la puerta de la reelección: 

El 9 de febrero de 2020 conocido ahora como el «9F», Bukele militarizó la Asamblea Legislativa y movilizó a una multitud de simpatizantes al recinto legislativo para exigir a los diputados, en su mayoría de oposición, aprobar el financiamiento de la primera parte del «Plan Control Territorial». Una política de seguridad con un enfoque de «mano dura» para acabar con las pandillas en el país. 

Tocó el gong que marca el inicio de la sesión en la Asamblea, se sentó en la silla del presidente de la Junta Directiva y juntó las palmas de sus manos para hacer una oración. Al terminar, salió a animar a sus simpatizantes, dispuestos a tomar la Asamblea por la fuerza. Pero él los calmó. Dijo a los congregados que dentro del recinto legislativo «Dios le habló y le dijo que tuviera paciencia». 

El 9F marcó el primer acto de golpe de Bukele a la democracia, permitiéndole impulsar una narrativa a favor de su partido. Tras ese evento, el Presidente urgió a la población a expulsar a todos los diputados de la Asamblea Legislativa el día de las elecciones legislativas, programadas para febrero de 2021. 

Sus seguidores le obedecieron. 

El 1 de mayo de 2021, Nuevas Ideas asumió 56 de 84 escaños en la Asamblea Legislativa, con lo cual logró la mayoría calificada de ese organismo. Esa misma noche, durante la celebración de la primera sesión plenaria de los nuevos diputados, congresistas de la bancada oficial destituyeron a los cinco magistrados de la sala de lo constitucional de la Corte Suprema de Justicia y al Fiscal General de la República. 

Colocaron a personas afines al partido, saltándose los procedimientos de ley. 

Cuatro meses después, el 4 de septiembre de 2021, esos mismos magistrados realizaron una nueva lectura del artículo 154 de la Constitución el cual prohíbe la reelección. La interpretación de los magistrados anteriores era errónea, señalaron, por lo que si en ese momento Nayib Bukele deseaba presentarse como candidato a la reelección podría hacerlo.

Esa misma noche el Tribunal Supremo Electoral (TSE) anunció que acataría la resolución de la Sala. 

Una investigación del medio Gato Encerrado reveló posteriormente que un día antes de la resolución, cuatro de los cinco magistrados del TSE se reunieron con Javier Arguet, el asesor jurídico del presidente, quien les presentó el proyecto de resolución que los magistrados impuestos por el oficialismo, firmaron como suya. 

Ruth López, directora de Anticorrupción de Cristosal, señala que el golpe judicial del 1 de mayo de 2021 marcó el control de Bukele sobre el último poder del Estado que podía ejercer contrapesos. Además de la reelección, la toma del poder judicial le permitió sustituir jueces dentro del Organismo Judicial para procesar miles de capturas en medio del régimen de excepción mediante audiencias exprés sin garantizar el derecho de defensa de los acusados. 

Al final del spot de propaganda, el hombre de barba espesa terminó su mensaje con un «el cambio es irreversible» para reiterar la importancia de no retroceder en la –según él– las transformaciones del país.

El juego en una cancha inclinada

Para López, la tuerca que hizo irreversible la consolidación de poder de Bukele es la Asamblea Legislativa, porque a través de ella se puede elegir a funcionarios de segundo grado, como los que mencionó Bukele en el spot. Eso, y cambiar leyes y construir un sistema a su antojo. Un ejemplo de esto es la modificación a las reglas electorales decretadas por la Asamblea Legislativa dominada por Bukele, a meses de las elecciones. 

En junio de 2023, los diputados de Bukele aprobaron una reforma al Código Electoral para reducir el número de diputados del parlamento de 84 a 60. Cambiaron la fórmula para asignar escaños: el sistema de cocientes y residuos establecidos tras los Acuerdos de Paz para favorecer la pluralidad en la Asamblea Legislativa y la inclusión de partidos minoritarios, desapareció. 

El cambio en la ley electoral instauró un sistema conocido como D’Hondt, que favorece a los partidos mayoritarios, y que, junto a la disminución de municipios, dificulta que partidos pequeños o emergentes puedan tener representaciones. 

Un ejercicio de proyección de escaños de «Observa El Salvador 2024» muestra las diferencias entre los resultados de las proyecciones de resultados para la Asamblea Legislativa de cara el sistema anterior y el nuevo.

Si el método anterior continuara, todos los partidos de oposición habrían logrado al menos un escaño en la Asamblea. Pero con los cambios a la ley, los pronósticos señalan que Nuevas Ideas se hará con 57 de los 60 diputados del parlamento. En tanto el partido opositor de derechas, Arena, lograría dos curules y el Partido Demócrata Cristiano (PDC), aliado del oficialismo, una. 

La mayoría de los partidos de oposición, FMLN, Nuestro Tiempo y Vamos, quedarían fuera de la Asamblea y en riesgo de extinguirse, en caso de no lograr un mínimo de 50 mil votos a nivel nacional, la cantidad establecida por ley para lograr la supervivencia en una elección general. 

Picardo, del CEC- UFG, señala que esta situación también está marcada por la falta de confianza en los partidos políticos por parte de la ciudadanía y la falta de estrategia para cambiar esa situación. «Los cambios electorales fueron hechos para afectarlos, pero ellos tampoco se prepararon para esto. No lograron planificar y ni intentaron unirse antes de las elecciones. Privaron los egoísmos partidarios e ideológicos y eso demuestra la falta de entendimiento del contexto político electoral», explicó. 

Sin embargo, los partidos políticos de oposición también han denunciado que el oficialismo, en complicidad con el TSE, les bloquearon el financiamiento para la campaña, y por ello no pudieron llevar sus propuestas a la población.

La ley electoral salvadoreña, establece que todos los partidos que participen en una votación tienen derecho a recibir un anticipo equivalente al costo del 70% de los votos obtenidos en la última elección que hayan participado. En el caso de los partidos que se presentan por primera vez, el anticipo se establece en 50,000 dólares. Sin embargo, al cierre del periodo de campaña, ningún partido político había recibido el financiamiento correspondiente por parte del Ministerio de Hacienda, el encargado de hacer los desembolsos. 

El consorcio Observa El Salvador 2024 señaló en conferencia de prensa el 2 de febrero pasado que, mientras los partidos de oposición han tenido problemas para obtener financiamiento, «es evidente el hecho de que el partido de gobierno echa mano de sus recursos disponibles, mantiene mayor exposición con sus mensajes en los medios de comunicación y las redes sociales» sobre todo. 

Un monitoreo de la organización Acción Ciudadana estimó que la propaganda de Nuevas Ideas ha acaparado el 96.97% de los espacios de propaganda, cuyo costo puede ascender a $1, 684, 539.17.

Los migrantes, el departamento 15

El voto en el exterior es otro elemento clave para las elecciones salvadoreñas. En septiembre de 2021, la Asamblea Legislativa aprobó una nueva ley de voto en el extranjero que habilitó que salvadoreños fuera del país voten por diputaciones al Organismo Legislativo. También ordenó al TSE tomar las medidas necesarias para que ese sufragio pudiera realizarse en línea. 

Los vacíos de esa ley, la opacidad del TSE para la creación del sistema y la contratación de la empresa proveedora del servicio, como la falta de presencia del tribunal en el extranjero, generaron desconfianza. Además, estas condiciones han permitido que la estructura de Nuevas Ideas en el exterior tome control del sistema de votación. 

Para concluir esta descripción de cómo El Salvador llegó a este día con la cara de Bukele en la papeleta para elegir Presidente, una frase de Félix Ulloa en el diario estadounidense The New York Times resume lo que se teme de esta postulación a medida: «No la estamos desmantelando (la democracia), la estamos eliminando».

Ulloa, vicepresidente y compañero de fórmula de Bukele, lo tiene claro.

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