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Helen Mack: «La reforma de la PNC es una asignatura pendiente»

Fue la llegada de Enrique Degenhart como ministro de Gobernación, en 2018, la que destruyó lo que se había logrado.
A los primeros a los que les violan sus derechos humanos es a los policías.
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Helen Mack: «La reforma de la PNC es una asignatura pendiente»

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Poner en marcha y hacer sostenible una reforma a la Policía Nacional Civil (PNC) es una asignatura pendiente en Guatemala. Aunque en los últimos 27 años se han dado varios intentos para implementar cambios estructurales en esa institución desde el Organismo Ejecutivo, no se han concretado o han perdido fuerza con  los distintos cambios de gobierno. Helen Mack, quien fungió como comisionada presidencial de la reforma policial en 2011, insiste en la importancia de abordar este problema  como una obligación estatal y una política pública. En esta entrevista,explica el trasfondo político, ideológico y cultural que ha detenido por décadas una reforma policial profunda e integral

En 2011, durante el gobierno del entonces presidente Álvaro Colom, Helen Mack fue designada ad honorem como comisionada presidencial para encabezar la reforma policial.  En ese tiempo, Mack escribió las siguientes líneas para expresar su compromiso personal con el fortalecimiento de la Policía Nacional Civil: «Quedé emocionalmente comprometida con la figura del policía.  Mi primera experiencia fue impactante: uno de los policías que coadyuvó a esclarecer y a sancionar el asesinato de mi hermana (Myrna Mack), fue asesinado luego de haber rendido testimonio judicial. Dos policías tuvieron que salir al exilio para salvar la vida».

Fue así como Mack impulsó e insistió en la necesidad de fortalecer y transformar la institución policial en distintos ejes: investigación criminal, prevención, recurso humano, controles institucionales, planificación y desarrollo. A pesar de ese esfuerzo, la reforma policial enfrentó entonces y ha enfrentado en distintos gobiernos posteriores, una serie de obstáculos que pueden resumirse en tres aspectos. En principio, dificultades que surgen de la falta de voluntad política, las que están arraigadas a patrones ideológicos, políticos,  culturales y los de orden presupuestario.

Desde 2011, en los archivos del Congreso permanece engavetado, con dictamen favorable, el proyecto de Ley Marco de la Reforma Policial, que plantea otorgar rango de política obligatoria de Estado a la reforma de la PNC. La ausencia de este marco normativo explica por qué, hasta la fecha,  ha dependido de la voluntad y discrecionalidad de las autoridades de turno. Asimismo, distintas iniciativas de ley han sido presentadas para fortalecer el marco legal de la institución y dignificar las condiciones en las que trabajan los agentes de la policía.

Según explica Mack, la reforma policial implica «transformación, transición, modernización, profesionalización, a mediano y largo plazo. Es un proceso dinámico que evoluciona constantemente si tiene vía libre». Uno de los pilares de esta reforma, asegura, es la formación y la doctrina de la policía, es decir, el concepto, valores éticos y principios que rigen el trabajo de la institución.   

 —¿Qué PNC tenemos hoy?

—Creo que la PNC, de hecho, iba por un buen camino, hasta hace algunos años. Creo que, incluso durante el gobierno del Partido Patriota iba bien, también en los dos primeros años del expresidente Jimmy Morales. Fue la llegada de Enrique Degenhart como ministro de Gobernación, en 2018, la que destruyó lo que se había logrado. Hoy tenemos una PNC de los años 80.

—La reorganización y reforma de la Policía es una tarea de gran importancia que se ha ido postergando en Guatemala, un país que enfrenta un legado de conflicto, violencia, pobreza y exclusión. ¿Por qué ha sido tan difícil concretar una reforma profunda a la institución?

—Para mí es un tema de corrupción y de poder. Por años, el Ejército ha querido tener el poder en temas de seguridad e inculcar la idea de que sólo ellos conocen de seguridad y son capaces de ejecutar estas tareas. Y las doctrinas entre PNC y Ejército son totalmente distintas. Pero es un tema de corrupción, además, porque la PNC se ha vuelto fuente de ingreso. Cuando  no hay guerra, ¿de dónde vienen las fuentes de ingreso para ciertos grupos de poder? De la Policía. Durante años, no han querido reconocer a la PNC en la Constitución. Esto es algo totalmente intencional, para tenerla bajo control, no hay voluntad política para la seguridad ciudadana. De esa forma, el Ejército puede seguir vigente y decir que son los únicos que pueden dar seguridad y eso no es cierto, son dos funciones totalmente distintas. Sin embargo, con esto logran que la gente siga pidiendo al Ejército en las calles, aunque su función no tenga nada que ver con la seguridad ciudadana.

—¿Qué dificultades se han interpuesto para que una reforma policial sea una realidad? (Políticos, económicos, ideológicos, culturales) 

 —Primero, hay una narrativa que es cultural e ideológica y que se orienta a que sólo el Ejército es capaz de abordar el tema de seguridad. Es el discurso de una élite depredadora desde lo político, económico y militar, que busca tener siempre el poder. Es una cuestión de privilegios, pues ellos  han tenido el control por siglos, ha existido esa alianza. 

Por eso es que decimos que es una dictadura corporativa, porque no es sólo de una persona sino de un grupo. Entre ellos, se ponen de acuerdo y deciden quiénes pueden participar, dándole forma de democracia pero, en el fondo, ellos son los que deciden con quién jugar y con quiénes no. En el tema de la PNC es igual, porque nunca han querido aceptar que la Policía no tiene nada que ver con defensa. Seguridad ciudadana es distinto a defensa del territorio. Pero para los militares es inaudito pensar que un ciudadano policía les diga cómo cuidar a la gente.

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Por ejemplo, en el caso de la masacre en la Cumbre de Alaska, en 2012,  con muy buen criterio, el policía atendió y conversó con los manifestantes y todos estaban de acuerdo. Luego llegó el coronel Juan Chiroy y la PNC le dijo: No avance porque ya nos pusimos de acuerdo. A Chiroy no le importó, llegó al lugar y mató a la gente. Y, desde la perspectiva de los militares, piensan: ¿cómo un coronel se iba dejar mandar por un comisario o un oficial? Ese es un ejemplo de lo distintas que son las doctrinas entre policía y soldados.  

—¿Qué aspectos no pueden quedar fuera de una reforma policial para que sea efectiva y realista?

—La doctrina, eso es lo que nos hace entender la diferencia entre el Ejército y la Policía, eso no podemos dejar de discutirlo. Otro tema es el bienestar policial, a los primeros a quienes les violan sus derechos humanos es a los policías. No le podemos pedir a alguien que cumpla con sus obligaciones hacia el ciudadano cuando no le cumplen a él en el respeto a sus derechos. Hay una contradicción que también tiene que ver con la corrupción que hay dentro de la institución.  

—¿Cuáles han sido los esfuerzos más importantes y efectivos para acercarnos a una reforma policial? ¿En qué gobiernos?

—Yo creo que uno de los esfuerzos más importantes se hizo durante el gobierno del expresidente Álvaro Arzú, en tiempos de los Acuerdos de paz. Fue entonces cuando se hizo el Acuerdo sobre el fortalecimiento del poder civil y el poder del Ejército en una sociedad democrática. Al mismo tiempo, en esa época, se permitió que en la PNC hubiera una transición,  que se  empezara a entrenar a los policías desde otra doctrina, una doctrina policial y no militar.  A pesar de varios esfuerzos que ha habido, hay aspectos no se han podido superar.

Siempre ha habido resistencia a consolidar una formación adecuada para los oficiales que garantice auto sostenibilidad para seguir capacitando gente que se formará con doctrina policial y no militar. Desde hace años esa fue la primera señal de que no había voluntad de querer cambiar y ceder el control.

Además, cada vez que se ha propuesto que la Policía sea reconocida en la Constitución siempre detienen la iniciativa. Eso mismo pasa con el tema de pueblos indígenas en el área de justicia.  Nunca son admitidos estos temas en una reforma constitucional.

—¿Cuánto tiempo podría tardar en implementar una verdadera reforma?

—Todo lo que tiene que ver con la Policía debe estar en constante revisión, pero una revisión de fondo debe ser una reforma de Estado, no de gobierno. Porque para llevar a cabo estos cambios pueden pasar muchos años, pero  se pueden ir logrando por fases. En este caso, se debería establecer cuál es la doctrina policial y poner un énfasis en dos cosas. Una es transparentar los procesos de ingreso a la institución para tener un mejor control de los perfiles. Y, otra, es la formación policial, no podemos dejar de discutir eso.

Con frecuencia los ciudadanos desconfían de la Policía Nacional Civil, una institución que despierta rechazo. Según encuestas realizadas en 2011 por organizaciones civiles, en toda América Latina solamente un tercio de la población confía en la Policía, pero en Guatemala solamente el 15 por ciento tiene confianza en ella. ¿Qué acciones se tendrían que implementar para cambiar esa imagen y generar confianza en la población?

Creo que, hasta hace algunos años, lo venían haciendo bien. El problema es que el Ejército, o sectores pro Ejército, han provocado situaciones para afectar la imagen del policía. Hay que entender la parte estructural y narrativa que hay hacia la policía, porque hay grupos de poder, por un tema de clasismo y racismo, que ven como inferiores a los agentes policiales.  Eso explica la falta de atención al tema de bienestar policial. El descuido de la institución policial pasa por todo esto porque no tienen ningún interés en ellos como personas.

—Entre los flagelos de la PNC podemos mencionar, por ejemplo, la falta de recursos y capacitación. ¿Qué otras deficiencias persisten a nivel interno? 

—Hay grandes deficiencias en la formación policial. Este es un tema importante porque, así como los policías son formados, de esa misma forma tratan a las personas, a la población. Cuando eso cambie, vamos a ver también un cambio de imagen en la institución. La confianza de la población se logra primero con el trato del policía hacia la población. Por eso, el caso de la masacre en la Cumbre de Alaska me parece un ejemplo de ello.

El himno de la Policía dice que ellos están para proteger al ciudadano las 24 horas. Cuando eso se convierta en una realidad, la población finalmente va cambiar la imagen que tiene del policía. También hay que entender que la policía juega un papel represivo en el orden público y las manifestaciones. Esto es solo una parte de su trabajo, pero hay otra parte que incluye varias actividades que no pasan por ahí. Eso es algo que debemos entender para empezar a conocer su función. La PNC también debe tener una conexión con la comunidad, debe conocer a la población, a las distintas comunidades y poder comunicarse con ellas.

Conocí a un agente que hablaba cinco idiomas mayas. Hacía bien  su trabajo debido a que podía entender a distintas comunidades. Sin embargo, también era objeto de discriminación dentro de la institución.  Por eso digo que hay una perspectiva que se debe entender.
Es importante formar una institución capaz de entender a su población, capaz de dialogar con las distintas comunidades. Hoy vemos la importancia de eso, en la coyuntura actual. Nunca había habido un espacio de diálogo con organizaciones indígenas y ahora la gran sorpresa de todos es la gran capacidad de liderazgo y organización que tienen los pueblos indígenas. Por eso digo que la Policía es el reflejo de la sociedad.

—Recurrir a los operativos conjuntos entre Ejército y PNC ha sido un recurso constante en gobiernos de Guatemala e incluso en otros países. Sin embargo, se ha evidenciado que no es una medida eficiente a mediano y largo plazo. Sin embargo, ¿por qué se sigue recurriendo a este tipo de medidas?

—Las patrullas combinadas tenían que ver con un grave problema de plazas fantasma. Cuando se han hecho operativos conjuntos, por ejemplo, el Ejército entregaba 200 soldados, pero reportaban que eran 2 mil. Hay mucha corrupción en medio de todo esto. Por ejemplo, en el negocio de los uniformes de policías que se compran al Ejército, las municiones también se compran al Ejército. Ejemplo de esto es el ex subdirector de la Dirección General de Apoyo y Logística de la PNC, Héctor Florentino Rodríguez Heredia, que fue procesado por una serie de negocios dentro de la institución.

Lo mismo pasa con las patrullas combinadas, tienen que ver con la corrupción. Primero, parten de una narrativa. El Ejército se concentra en ocupar territorios, pero no son efectivos, porque no aportan a la reducción de la delincuencia. En cambio, la PNC que conoce a la población, tiene la capacidad de tener más cercanía al pueblo. Estas patrullas solamente han servido para dar lugar  a plazas fantasma y para fortalecer narrativas ideológicas. Nosotros hicimos un estudio de cuánto costaban esas patrullas, sus resultados y concluimos que  los efectos no compensaban el gasto que implican estos operativos.

—¿Qué iniciativas concretas o proyectos de éxito en Guatemala pueden ser tomadas como ejemplo o como punto de partida para plantear un modelo de trabajo eficiente como PNC?

—Yo creo que ha habido intentos y, sobre todo, creo que hay anécdotas de cómo la PNC ha evidenciado que puede trabajar en conjunto con las comunidades, cuando hay buen entendimiento. Es importante que la gente entienda las funciones de la PNC, que una parte es represiva y otra no. Cuando hay diálogo y conocimiento de esto, se puede trabajar mejor entre Policía y población.

Desde la teoría se habla mucho de pensar en una PNC orientada a la comunidad. ¿A qué se refiere este concepto? ¿Cuál es el policía que debería formar la PNC?

Una PNC orientada hacia la comunidad no significa que los policías sean de la comunidad, sino que entiendan a la comunidad y que se puedan comunicar con ella. Aquí, volvemos otra vez a entender la estructura de la Policía, que tiene que ver con el bienestar policial y la forma en que los agentes son ubicados y nombrados en ciertos lugares y puestos. A veces, los van trasladando, cada año o cada seis meses.  Ellos tienen derecho a estar fijos en un puesto al menos 2 años, para que lleguen a conocer bien a su comunidad y su trabajo. No podemos decir que un eje es más importante que otro al momento de hacer una reforma. Un eje estratégico es el de la formación policial y la doctrina.

—¿Cómo cambió la PNC durante la estadía de la CICIG? ¿Qué funcionó y qué no en el trabajo conjunto con dicha comisión? ¿Hubo traslado de capacidades?

—La Cicig (Comisión Internacional Contra la Impunidad), de hecho, no trabajó mucho con la PNC sino con el MP pero, en ese trabajo conjunto con MP y policía de investigación, se hizo una gran diferencia en cuanto a la investigación. El comisionado Carlos Castresana sí trabajó y capacitó a policías, pero siempre todo fue a través del MP. Considero que, con la metodología de investigación de Castresana e Iván Velásquez, vimos los resultados. En cambio, el comisionado Francisco Dall'Anese no creía en la Policía, no los veía como interlocutores y no quiso trabajar con ellos. Los menospreció mucho, decía que ellos no eran sus interlocutores.

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—¿Qué debería cambiar para mejorar la motivación del personal y comenzar con cambios desde lo interno? ¿Cuál es el efecto de esta desmotivación?

—Ni siquiera se trata de darles más dinero, sino que veríamos un gran cambio al empezar a dar condiciones dignas para que se desenvuelvan. Con esto ya tendríamos un cambio, en el trato hacia ellos. A los primeros a los que les violan sus derechos humanos es a los policías y a ellos les piden que respeten los derechos humanos de las demás personas. No tiene sentido.  

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Es increíble las condiciones deplorables en las que trabajan y viven los agentes de la policía en distintos puntos del país. Hay lugares en los que, para bañarse, las mujeres policías tenían que pasar por el dormitorio de los hombres. En otros lugares, los mismos policías hacían vallas con toallas para poderse bañar y tener un poco de privacidad. En las Verapaces, en Salamá, fui a un puesto de la Policía y los agentes estaban durmiendo en la cárcel, en las celdas. Por un lado, las celdas eran dormitorios de policías y por otro lado, estaban los prisioneros. También vimos un lugar en donde dormían en una cabaña a la intemperie. Una vez llevé al presidente Álvaro Colom para que viera las condiciones en que dormían las fuerzas de seguridad. Vimos que había 200 policías en un campo de entrenamiento, con solamente dos baños para todos. Esas son las condiciones en las que viven los agentes. Y los agentes se cansan de exigir condiciones adecuadas, se acostumbran y dejan de insistir.

—A nivel institucional y presupuestario, la prevención del delito no es una prioridad en la PNC. ¿Cómo entender la importancia de este eje al cual se ha dejado fuera de las prioridades?

—Todos los policías deben entender siempre la prevención como un eje importante. Pero en la práctica, la prevención para la PNC es un concepto aburrido porque se les ha enseñado que deben ser operativos y estar en acción, como los soldados, tienen esa concepción. Ese es un error en su formación. Todos los policías deben hacer prevención, pero ellos consideran esta parte como un castigo porque creen que la parte operativa es más importante, no han entendido la importancia de la prevención.
Todos los policías deben tener una mentalidad preventiva y eso no excluye que también tengan habilidades operativas.

Otro eje importante es la investigación criminal. ¿Cómo investiga homicidios la PNC, con qué recursos y cómo trabaja en conjunto con el MP? ¿Qué recursos tienen para investigar?

Siempre hay una parte que la trabaja la PNC y otra parte la trabaja el MP. La PNC se convierte en un auxiliar del MP al momento de investigar delitos.Recoger la prueba en el lugar de los hechos y hacer la investigación en los primeros ocho días es estratégico y eso solo lo hace la PNC. Hay veces en las que la mejor investigación, la más exacta, la hace la PNC porque el MP no está en la calle recogiendo la información, como lo hace la PNC.Hay información y percepciones que puede captar la Policía, pero no el MP. Pero el problema que enfrentan es la falta de recursos.

—En el último año hubo 17 homicidios por cada 100.000 habitantes en Guatemala. La Unidad de Homicidios de la PNC es una de las unidades que, a nivel interno, arrastra un estigma. Se ha dicho que los agentes lo ven como «un trabajo denigrante y desgastante». ¿Por qué?

—Lo que les toca vivir a los agentes en la Unidad de Homicidios es tener que trasladar cuerpos, sin tener ni siquiera el equipo y los recursos para hacerlo de forma digna, por eso lo ven como un castigo. No tienen ni siquiera los instrumentos necesarios para hacer este trabajo. Es patético ver a la policía de homicidios trabajando de esa forma.

—¿A qué podemos atribuir la dificultad de la PNC para investigar el crimen? ¿A la falta de recursos? ¿Al exceso de enredos burocráticos? ¿Desmotivación del personal? ¿Falta de voluntad de las autoridades?

—Hay un poco de todo. Creo que uno de los grandes problemas, además de todo eso, es que hay muchos policías que han sido capacitados en investigación criminal, pero luego, por el mismo tema de la corrupción a nivel interno, ellos no son colocados en los puestos adecuados para que utilicen sus conocimientos, sino que son ubicados en la calle porque no logran pagar la cuota para ser ascendidos o ser ubicados en puestos de investigación. La falta de recursos también puede ser un problema, pero la Policía, con lo poco que tiene, sí sabe investigar, el problema es que hace falta apoyo.

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—La Policía no opera de forma independiente, sino dentro de un sistema de justicia penal que también tiene sus propias debilidades y deficiencias. ¿Cómo podemos hacer sostenible una reforma policial en Guatemala, bajo este contexto?

—La policía tiene varios ejes. La parte de investigación es solo una parte. La parte represiva, también. La institución también tiene un enfoque comunitario. Para implementar una reforma, en principio debe ser un proceso continuo y la parte continua tiene que recaer en la doctrina y profesionalización. Ningún eje es más importante que otro.  

—¿Cuál debe ser el primer paso para dejar los cimientos para una reforma policial integral?

—La doctrina y la formación policial, insisto, son elementos clave. Es un punto estratégico. Porque sí hay gente capacitada, pero no se respeta la carrera policial. Esto es un reflejo de lo que pasa en el Estado, a nivel nacional. Existe una gran cantidad de plazas, pero muchas de ellas son plazas fantasma Los profesionales que tienen carrera, experiencia y conocimiento y son bien calificados no pueden optar a los puestos más importantes, no pueden ascender por el problema de la corrupción.

Lo mismo pasa en la PNC, por eso es urgente rescatar la carrera y la profesionalización.

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