“¿Por qué hay tan pocos guatemaltecos?”, se preguntaron varios de los participantes, sentados en círculo, a un lado de la fuente del Parque Central. Apenas había un centenar de personas escuchando, escribiendo o solo observando el incipiente movimiento de indignados de Guatemala. “Hay todavía una cultura del miedo muy patente”, respondía uno. “El tejido social está podrido, debido al conflicto armado que tuvimos”, añadía otra. “Lo que necesitamos aquí son espacios como este que se ha creado, para que podamos expresarnos, discutir y comunicarnos entre nosotros”, decía un joven, en voz baja, sin atreverse a manifestarse en alto a través del megáfono, que había sido prestado por Cruz Roja. “No importa que seamos pocos, lo importante es que ya estamos acá algunos y que esto va a continuar”, señalaba otro joven. “Cada uno puede ir cambiando pequeños cosas de su cotidianidad y eso, provoca pequeños efectos, primero en su entorno y luego, en el mundo. Sí se puede cambiar, que no hagan creer que no podemos hacer nada”, añadía otro.
La convocatoria en Guatemala no tuvo el eco masivo que hubo en otros países, pero los participantes lo vieron como un comienzo, una pequeña semilla. Más adelante se sabrá si tiene continuidad. Durante cerca de dos horas se habló de la falta de oportunidades y otros asuntos de la realidad guatemalteca como el hambre, la manipulación de los medios, la educación pública o el racismo. También, muchos se animaron a escribir sus mensajes en papeles que se colocaron en el suelo.
Algunos, se habían enterado del acto vía las redes sociales, pero para otros, como Carlos Alberto, fue una sorpresa: “Pasaba por el Parque Central para hacer unos recados y me quedé enganchado”, explicaba. Él fue uno de los que permanecieron durante toda la actividad, que empezó a las 12 y duró hasta las 15.30 cuando comenzó a llover muy fuerte. Varias personas se acercaron también a curiosear. “Seño, debemos olvidar todo eso del pasado, deben perdonar, ya no sigan peleando por lo mismo”, expresó un señor a una chica guatemalteca que estaba escribiendo su mensaje de indignación en una cartulina. Ella: “Protestamos por el presente. Hoy hay desempleo, desnutrición, discriminación… ¿o no?”. Entonces, el hombre, recapacitó y compartió: “Es verdad, la situación ahora también está muy difícil. Pero mire qué cosas, usted esto antes no lo hubiera podido hacer”. Después, tomó un rotulador y escribió: “Por la dignidad de las mujeres”.
El evento mundial provenía del 15M de España. Después de las revueltas árabes y tras la publicación del libro Indignaos, de Stéphane Hessel, de 93 años, que increpaba a los jóvenes europeos para que lucharan en contra de la pérdida de los derechos sociales; la sociedad española despertó y a través de las redes sociales Democracia Real Ya (DRY) junto con 200 asociaciones más, convocó una protesta para el pasado 15 de mayo. Después, vinieron las acampadas, la organización a través de los barrios y el trabajo en conjunto para expandir nuevos ideales por el mundo. Por eso, aún donde más éxito tuvo la manifestación 15-O fue en España. Según los organizadores, en Madrid salieron a la calle más de medio millón de personas, según la Policía, unas 70 mil. Las cifras fueron mayores que las que se dijeron en las anteriores convocatorias: la pionera del 15 de mayo y la segunda, el 19 de junio. Por esa fecha, es cuando se empezó a preparar una jornada mundial en la que participaran todos los países para protestar por los mismos problemas globales y en especial contra los cuatro poderes imperantes: el sistema de mercados, la actual élite política, el poder militar y el mediático. En total, 90 países confirmaron asistencia.
Para el movimiento fue clave que el pasado mes de septiembre se unieran a las protestas los estadounidenses y se iniciara Occupy Wall Street. “Acabo de venir de allí y es increíble…”, comentaba un guatemalteco durante la Asamblea. “Se inician debates, como acá, mucho más masivos, pero sin megáfono, porque les pueden detener por eso, y se transmiten las ideas unos a otros boca a boca, tampoco pueden tener carpas y se quedan durmiendo en los sleeping en plena calle. Las personas colaboran como pueden y llevan ropa seca, comida, música... Hay mucha solidaridad. Debemos de aprender de lo que ellos hacen. Podíamos proponer una acampada también aquí frente al Palacio. Yo me apuntaría sin dudarlo”.
Los estadounidenses están concentrados en el parque Zuccotti de Nueva York y el movimiento se ha extendido en menor medida a ciudades como Chicago y Washington. Según medios estadounidenses, en Nueva York, alrededor de 10 mil personas colapsaron Times Square, de las cuales la policía detuvo a unas 70 por “desobediencia”, cuando acabaron los actos, porque no se dispersaban. Semanas atrás llegaron a arrestar a unas 700 personas durante la ocupación del puente de Brooklyn. Todo eso a pesar de que días antes el presidente Barak Obama declaró que entendía “la frustración de los ciudadanos”.
En Bruselas, la capital de Bélgica y el corazón del viejo continente, confluyeron varias marchas de indignados de otros países y al final, se juntaron alrededor de 6 mil personas. En Londres no se han dado a conocer cifras de participación, pero se resaltó la figura de Julian Assange, el jefe de Wikileaks, quien se unió a las protestas y dirigió unas breves palabras a los miles de asistentes criticando la decisión policial de impedir el acceso a la Bolsa de Valores, donde se pretendía manifestar. En ambas ocasiones, al igual que en Portugal, tras las marchas, se decidió acampar. En Lisboa eligieron permanecer frente al Parlamento y a lo largo de la noche, la presidente de la entidad les comunicó su disposición de recibir las propuestas del movimiento. En Roma, se habló de unos 200 mil participantes. En este país fue en el único donde se produjeron altercados violentos por parte de varios encapuchados.
En América Latina destacaron las concentraciones de Buenos Aires y de Santiago de Chile. En este último país se calcula, según los organizadores, que alrededor de 30 mil indignados formaron parte de varias marchas distribuidas en diferentes ciudades, donde sobre todo se hizo referencia a las demandas actuales por una educación gratuita universitaria y de secundaria.
Guatemala no estuvo al nivel de muchas de las ciudades que salieron a la calle, pero los asistentes se emocionaron. “Ahora en otra parte del mundo están también reunidos como nosotros, hablando de problemas parecidos y creyendo que el mundo puede ser mejor y Guatemala también puede ser mejor”, decían unos excitados jóvenes, y algunos pensaban que la sociedad chapina podría estar, por fin, despertando de su tan largo letargo.










Pienso que este tipo de movimientos son ideales en un país como Guatemala, pero creo que no deben enfocarse sólo en lo malo del Estado, sino ver también hacia los que impiden que el Estado cumpla con sus deberes [aló patronales. bancos, ONGs etc].
¡Exitos al movimiento!
Además de éxitos. ¿Te unís?
Sí, si me gustaría ^^
Y ahora, solo porque esta de moda en europa y paises del primer mundo, resulta que el pueblo guatemalteco, (el cual por cierto esta indignado desde hace muchas decadas) tiene que venir, y apoyar a este movimiento, el cual estoy seguro, es apoyado en guatemala es seguido en su mayoria, por europeos pseudo-neoliberalistas, y "guateuropeos" wannabes....
Patético. Hay cosas en guatemala más importantes que reunirse en un lugar y mostrarse "indignados".
A manera de reflexión: Qué iba a andar llegando la gente si estaba ocupada sacando agua de sus casas (los que todavía la tienen), acarreando agua por que no hay en los sistemas (las otras solo están en los listados geográficos del congreso, y el abastecimiento se quedó a medio camino). Otros porque no tuvieron como llegar por las carreteras (con derrumbes), otros celebrando el día Internacional de Lavado de manos (casi nadie), en fin había una cantidad de opciones tan interesantes como la de 15-0 para discutir y en las que se podía participar.
No es que no nos interesara, el problema es que ni siquiera estamos enterados que estamos siendo pisoteados por la misma estructura que desde hace mucho hemos dejado que lo haga. Cómo modificar ese sistema que privilegia a muy pocos, se comienza con la discusión como la propone este movimiento, cambiando desde nosotros: las personas. Promoviendo cambios concretos en el sistema económico, cultural, social y político en el que vivimos. Muchos de estos cambios son a veces un montón de palabras, pero busquemos hacerlas realidad, por ejemplo, eliminar privilegios a los que los tienen sean estos políticos (antejuicios, amparos, atrasos en el cumplimiento de la ley), económicos (prevendas en impuestos, regalías, etc.) sociales (educación, salud, vivienda, seguridad, carreteras para todas y todo, agua y saneamiento igual, y un largo etcétera). Pero aún hace falta discusión y práctica.
Resulta que esto no está pasando solo en el primer mundo, ese egoísmo es el que no nos hace adelantar y sobre todo la opinión sin falta de información... es Mundial... Indignados... pero por lo visto de doble moral algunos y sin visión social... ya esas diferencias entre periferias o satélites versus "imperios" tampoco está siendo válida... Indignados, pobres, pisoteados hay en todo el mundo
Cuando será la otra convocatoria. Me gustaría participar.
Estuve en la concentración. En resumen, vi un grupo de jóvenes, en su mayoría hippies y extranjeros, desconcertados, inconformes, sin saber que hacer.
La relatoria en este texto me parece demasiado delicada con lo que pericibí que se respiraba: desconcierto. Al final, la lluvia ayudo a diluir una concentración que empezaba a carecer de sentido.
De la ronda de propuestas que escuché, ninguna logró encajar la crítica que se hace al sistema capitalista mundial, con los problemas locales que este genera. No se trascendio del "hay que cambiar el sistema".
Quién sabe si se logrará pasar de apáticos a indignados, y menos aún de indignados a revolucionarios (sin hacer referencia al chliché del guerrillero heróico, sino a un ciudadano empoderado que busque el cambio de estructuras).Faltan nortes, referentes, acciones...
No quiero hablar mal de la concentración, pero me parece que por algo no logró (seamos honestos) mucho éxito en Latinoamérica, salvo en Chile donde el grupo ya estaba previamente movilizado y aún en ese caso no logró ni las proporciones de las agrupaciones europeas NI de las movilizaciones previas del movimiento estudiantil en Chile.
Respeto profundamente el intento de los indignados de establecer un diálogo popular y participativo, pero necesitamos, realmente, en Guatemala reunirnos en el parque central para identificar el hambre como un problema? ¿No bastaría con mirar hacia los costados de la plaza? Por más que nuestros políticos cínicamente pretendan desconocerlos, nosotros (todos) entendemos muy claramente cuales son nuestros problemas.
El movimiento estudiantil chileno es un buen ejemplo de un movimiento que, fundamentado en una propuesta concreta de cambio, logró movilizar a cientos de miles de simpatizantes, todos vinculados por una visión común. La relevancia que ha logrado en la sociedad chilena y el diálogo que ha podido instalar con el estado lo hace, en mi opinión, un mejor modelo para lograr el cambio en Guatemala que un movimiento primermundista que recién ahora se entera (con indignación, pero evidentemente algo de confusión también) de su explotación.
Ya sería el colmo que en un país y un contiente con más de 500 años de historia de lucha popular contra un sistema injusto y explotador (en el cual abundan modelos de organización y resistencia) tomemos la tímida "indignación" de los españoles como ejemplo. Estoy de acuerdo, Jperez, necesitamos referentes, pero no esperemos que vengan de Europa o Estados Unidos.
Deberían aprovechar el impulso mundial que va adquiriendo el movimiento de los indignados, venga de donde venga. Y no copiarlo, porque los problemas en EEUU o en Europa no tienen nada que ver con lo que han de enfrentar los chapines cada día: identificar problemas, pergeñar soluciones y hacerlo de manera imaginativa y pacífica: tal vez así puedan construir un consenso, un estado de opinión sobre mínimos tangibles que sean capaces de unir a la población de Guatemala, pasando sobre diferencias económicas, culturales o étnicas. La semilla de un cambio ciudadano, arrebatándole la idea a engendros como ProReforma o GuateAmala.
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