Cerrar

x
Menú
Facebook Facebook
Buscar
Ayuda
Luiselli: “La frontera es como el Viejo Oeste: puede pasar lo que sea”
Ir

Luiselli: “La frontera es como el Viejo Oeste: puede pasar lo que sea”

La violencia doméstica y la violencia de pandillas dejaron de ser razones suficientes para recibir asilo en Estados Unidos
redes sidebar
Tipo de Nota: 
Información

Tiempo aproximado de lectura - 10 mins

La autora mexicana Valeria Luiselli, entre 2015 y 2016 colaboró como intérprete y traductora durante la crisis migratoria en la que miles de niños y niñas mexicanas y centroamericanas aparecieron en la frontera sur de Estados Unidos. Con base en sus experiencias, Luiselli escribió el libro Tell Me How It Ends (Coffee House Press 2017), ganador del American Book Award, y traducido al español y publicado por la editorial Sexto Piso como Los niños perdidos. La escritora nos brinda sus impresiones sobre esta nueva crisis migratoria en donde miles de niños y niñas fueron separadas de sus familias; una crisis que llama “inhumana” y el resultado del intervencionismo histórico de Estados Unidos que “tortura nuestro cacho de continente”.

Entre octubre de 2013 y junio de 2014, hasta 80 mil niños y niñas de México, Guatemala, El Salvador y Honduras se presentaron en la frontera sur de Estados Unidos no acompañados. Los niños entonces se entregaban a las autoridades fronterizas esperando recibir un tipo de visa humanitaria. En ese entonces a los menores, en términos legales, se les llamaba Unaccompanied Alien Children o UAC. Los niños y niñas iban huyendo de la pobreza extrema y de las pandillas, entre otras razones.

En ese entonces, luego de que un niño o niña se entregaba a un agente fronterizo eran ingresados a un centro de detención que está bajo la custodia del US Immigration and Customs Enforcement, o ICE a quienes la escritora Valeria Luiselli llama, “la rama policíaca más dura e inhumana de migración”. Los menores, por ley, no podían estar más de 72 horas detenidos en estos centros que, a propósito, no tenían (y no tienen) las condiciones para albergarlos correctamente o atender sus necesidades.

Después de esos centros, bajo lo establecido por el Flores Settlement, los niños pasaban al Health Human Services o HHS. Dentro del HSS está la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR, por sus siglas en inglés). ORR dirige los centros de detención que ellos llaman albergues. Los niños pasaban a estos albergues que están por todo el país. Pero, si los menores tenían algún familiar en Estados Unidos, eran liberados y entregados a la familia, “lo más rápido posible”, explica Luiselli. Si no hay un familiar en el país, o uno que esté en la mejor posición de atender a este niño o niña, entonces eran detenidos de forma indefinida. Eso o eran deportados.

Luego de ser entregados a sus familiares, los menores debían atravesar un proceso de entrevistas en cortes migratorias —en donde Luiselli se unió al proceso en 2015, sirviendo como intérprete inglés-español para ayudar a los niños y niñas a responder los cuestionarios y sesiones con autoridades legales y migratorias— para aspirar a la tarjeta de residencia permanente en Estados Unidos o Green Card.

Así era antes, en 2014. 

El 7 de mayo de este año, el fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions —descendiente de migrantes ingleses, escoceses e irlandeses—aseguró que no iba a permitir que el país sea agobiadooverwhelmed.

A la fecha se reporta que más de tres mil familias fueron separadas y que el número de niños y niñas detenidas fue de hasta 12,000.

Simone Dalmasso

En su libro señala que los niños y niñas de la crisis migratoria de 2014 vivían con familiares y tenían que presentarse a la corte de vez en cuando. ¿Sabe si había algunos viviendo en condiciones similares a las de ahora?

Sí, por supuesto. Muchos niños pasaban mucho tiempo en los centros de detención de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados, que ellos llaman “refugios”. Pero si tenían un familiar cercano en Estados Unidos, papá, mamá, abuelos, algún tío o tía incluso, entonces pasaban con ellos. De lo contrario pasaban un tiempo indefinido en estos centros de detención.

¿Qué porcentaje cree que se resolvió de forma positiva para los niños y niñas que conoció en el 2014; es decir que se lograron quedar?

No te sabría decir con exactitud. Yo trabajé como intérprete o entrevistadora en las cortes. Nosotros no teníamos contacto posterior, a menos que nos asignaran un caso. A la fecha todavía trabajo como traductora en varios casos que siguen en proceso. Lo que sí te puedo decir es que de los casos que trabajamos que recibían el acompañamiento de un abogado, un 90% de ellos podían quedarse. Los que no tenían un abogado defensor rápidamente recibían una orden de deportación. Lo importante acá realmente era encontrar un abogado que, en muchos casos, trabajaba pro-bono.

[frasepzp1]

Imagino que por la cantidad de casos muchos siguen en proceso o sin resolver.

Todos los que conozco siguen en proceso, de alguna u otra forma. Hay algunos casos que los jóvenes reciben un permiso de trabajo temporal, un employment authorization. Pero todos siguen esperando su Green Card y no sabemos si la van a recibir o no.

“Recuerdo con claridad una sola historia del primer día de trabajo en la corte, una historia apuntalada por un detalle que me sigue persiguiendo. (…) Hacia el final de la entrevista, el niño sacó de uno de sus bolsillos un papel doblado varias veces, percudido en las dobladuras y en los bordes. Lo desdobló con cuidado y me explicó que era una copia de una denuncia que había levantado en la policía hacía más de un año y medio. La denuncia registraba, en tres o cuatro frases escritas a máquina, con mala gramática y en mayúsculas, que el sujeto en cuestión levantaba una queja contra miembros de una pandilla que lo esperaban todos los días afuera de la escuela, lo seguían hasta su casa, y lo amenazaban de muerte.” — P. 44

¿Cómo era el proceso de deportación de los niños y niñas en ese entonces?

Primero, los niños y niñas mexicanas podían ser deportadas de inmediato, sin necesidad de un juicio, pues caen fuera de la categoría legal que protege a los niños y niñas de Centro América. Esto fue por una modificación introducida en 2008 por el presidente Bush que excluía a niños y niñas de fronteras colindantes con Estados Unidos, es decir, a México, pues los niños canadienses no migran. Y con el resto, basta con no convencer al juez para ser deportados. Entonces les entregan un papel, el voluntary return o regreso voluntario y lo deben firmar. Y claro, no tienen idea de qué están firmando. A mi me ha tomado años de leer miles de documentos para medio comprender.

¿Cree que la crisis de 2014, de alguna forma, facilitó que los niños y niñas de Centroamérica recibieran asilo político?

Pues ahora es más complicado. Antes, como te dije, no lo era tanto si tenías un abogado que pudiera armar el caso. Pero ahora con la Zero Tolerance Policy de Jeff Sessions todo se complicó más. Algo que cambió es ese paquete confuso de los grounds for asylum, es decir, los motivos por los que alguien puede ser considerado un refugiado y así recibir asilo. Ahora esos motivos excluyen explícitamente la violencia doméstica y la violencia de pandillas como razones suficientes para recibir asilo. Pero hay que entender que este cambio, la política de “cero tolerancia”, no es una ley. Es un cambio de política que está a la discreción de los oficiales migratorios.  

Es decir, ¿el destino de estos niños y niñas muchas veces se decide en la frontera? Los agentes pueden ignorar la política de Sessions.

La verdad, la frontera es como el Viejo Oeste: puede pasar lo que sea. Te puede tocar un oficial chingón con ganas de ayudarte y que a pesar de la nueva política te deja pasar, o te facilita el proceso. Pero también hay muchos desgraciados que desechan los casos sin el debido proceso. Te dicen: “No, váyase, ya está lleno el país”. Y ya está.

En su libro habla sobre la necesidad de modificar nuestro lenguaje, que estos niños y niñas no son solo migrantes, sino refugiados. ¿Podría hablar un poco al respecto?

Pues es que están pidiendo asilo. Son refugiados. No son solo migrantes, son personas que han sido afectadas por la violencia y por la negligencia, en países como los nuestros el Estado no hace nada para asegurar su bienestar y por eso migran. Los niños llegan huyendo de las maras, y esos niños son niños refugiados por definición.

He hablado con algunas organizaciones en Guatemala y todas acuerdan que la crisis de separación data de 2013. Dicen que muchos niños y niñas de la crisis de 2014, no llegaron solos. ¿Conoció casos de niños separados de sus padres en ese año?

De sus padres, no. Y mi caso solo es uno. Pero fíjate que sí hay casos de separación. En el libro menciono justamente a dos niñas guatemaltecas cuyo caso no sé cómo se resolvió, y a la fecha me sigue atormentando. Ellas eran muy chiquitas, de 5 y 7 años. En el libro no incluí lo que te voy a contar porque no iba acorde a lo que estaba narrando. Pero ellas llegaron, obviamente, con un coyote, pero además, con ellas venía un primo de 19 años. Él las iba cuidando en el viaje. Pero lo que sucedió es que como el primo tenía mayoría de edad, él fue separado de ellas pues él debía ser tratado como adulto, mientras ellas se convirtieron en UAC. Había también, por ejemplo, casos de hermanos y que durante el proceso el mayor cumplía 18, entonces los separaban, o si llegaban a la frontera con 15 y 19 años, también los separaban desde el inicio.

Efectivamente sí pasaba. Pero no había una política pública como ahora y también hay que entender que no se hizo un espectáculo de brutalidad como ahora. De hecho, en este gobierno empezaron las separaciones desde el año pasado. En 2017 se registraron más de 700 separaciones en El Paso. Pero esto no llegó a los medios con el rigor de ahora, ni fue un escándalo público como lo que estamos viendo. Y que hayan decidido presentar la política también es algo calculado, es una estrategia para infundir temor y “prevenir” que la gente venga. Es un policy of deterrence.

En los meses pasados habían campañas para llevar intérpretes de idiomas mayas a Estados Unidos y darle asistencia a los y las niñas. ¿Recuerda cómo se les daba asistencia a los niños que hablan idiomas mayas?

Estas dos niñas que te menciono, sé que el español era su segunda lengua. Si hubieran podido hablar en su idioma habrían tenido más confianza. En ese momento, las abogadas que llevaban las entrevistas buscaron un intérprete pero no es tan fácil. No hay tanta gente que pueda traducir idiomas mayas en Estados Unidos. Supe de un grupo de mujeres en Washington que agruparon a varias traductoras e intérpretes. Mi sobrina ahora está trabajando como voluntaria en el centro de detención más grande de Texas y ella me ha contado de varios casos donde literalmente tiene que llamar por teléfono a un intérprete. Supongo, más bien, que la ayuda vino y viene de la sociedad civil, quienes hacen el trabajo más duro de conseguir a los intérpretes.

En su libro hay un tema que rara vez se menciona: la intervención de Estados Unidos en la región y cómo políticas estadounidenses ayudaron a crear la desventaja económica y social que promueve la migración. Golpes de estados. Dictaduras. ¿Cuál es la importancia de la memoria histórica en el tema de migración?

El intervencionismo histórico de Estados Unidos en México y Centro América es terrible. La creación, deportación y por ende el esparcimiento de las maras en Centro América es algo que proviene de las políticas gringas, de Reagan. Cuando deportaron a los pandilleros a Centro América, sus países de origen no podían soportar ni manejar a este tipo de criminales. Están torturando nuestro cacho de continente. Son muchos los niveles de complicidad. Lo que argumento es cómo la conjugación de las políticas afecta al Triángulo Norte (de Centroamérica: Guatemala, El Salvador y Honduras). Y México también es culpable del maltrato que reciben los centroamericanos. Pero hay una amnesia histórica. Uno porque es conveniente olvidar, especialmente para quienes dirigen. Pero también porque hay mucha pereza. Mantenerse informado requiere un esfuerzo constante y es siempre más fácil no saber.

“(…) se suele pensar que las migraciones como la de todos estos niños son un problema <<de ellos>> —los bárbaros del sur—, de modo que <<nosotros>> —en el civilizado norte— no tenemos por qué lavarles la ropa sucia. La devastación del tejido social en países como Honduras, El Salvador o Guatemala se suele concebir como un problema centroamericano de <<violencia de pandillas>> que hay que mantener de ese lado de las fronteras. Se dice poco o nada del control de armas que se trafican desde Estados Unidos hacia México y Centro América.” — P.76

Autor
Edición
Más o menos
Autor
a
Edición
a