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La primera generación de bachilleres en educación llega a la universidad

De las estudiantes de último año del Belén, sólo el 30% obtuvo el resultado mínimo en lenguaje en el examen del Ministerio de Educación, y sólo el 4.4% en matemáticas.
Los departamentos que más contribuyen a la primera generación graduada son los de Occidente, en especial Quiché y Quetzaltenango, cuya población es mayoritariamente indígena.
Una estudiante en la Universidad de San Carlos. "Los normalistas jamás serán vencidos", era el lema de los estudiantes que se oponían a la reforma.
Para los estudiantes la reforma educativa era la privatización de la educación.
La ministra de educación, Cynthia del Águila, fue retenida por los normalistas, quienes le pedían dialogar sobre la reforma educativa.
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La primera generación de bachilleres en educación llega a la universidad

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Después de las duras protestas de los estudiantes normalistas de 2012, ahora llegan con la ambición de convertirse en los primeros maestros de educación primaria con título universitario. Aún no se despejan todas las dudas que generó el cambio que pretende una mejora en el sistema educativo.

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Amanda Cifuentes es una chica afortunada: con 16 años, no necesita trabajar para costear sus estudios. Es hija única de una familia radicada en Chinique, Quiché, y su madre gana lo suficiente grabando videos de bodas, fiestas y servicios religiosos como para pagarle los estudios. El sueño de esta estudiante de 5° bachillerato del instituto Juan de León, de Santa Cruz del Quiché, de ser maestra de educación primaria, está a su alcance. Bien es cierto que la reforma educativa promulgada en 2012 por el gobierno del presidente Otto Pérez Molina, la cual alargó dos años de estudios para obtener el título de maestro, hizo tambalear un tiempo su vocación. “Al principio no quería, porque es mucho tiempo y eso cuesta“, dice. Pero al pensarlo mejor, decidió hacer el esfuerzo. “Creo que vamos a tener una mejor preparación y más oportunidades de salir de la carrera con trabajo. Eso nos han dicho nuestros profesores”.

No todos sus compañeros tienen su suerte. Muchos no reciben apoyo de sus padres. Hijos de familias numerosas o con menores recursos, tienen que conciliar trabajo y estudio, difícil equilibrio que repercute en su rendimiento. Los dos años adicionales se convirtieron en una pesada carga para ellos.  “Muchos compañeros no estaban de acuerdo, pero ya se han ido acoplando”, afirma Amanda Cifuentes.

La gran revuelta de hace dos años de los estudiantes normalistas ha quedado atrás y la primera generación de aspirantes a maestros está pasando las pruebas de entrada en la universidad. Sin embargo, persisten muchas de las dudas en torno a la reforma así como las condiciones sociales de una gran parte de los que aspiran ser maestros y que atizaron la revuelta.

Antes de la reforma, la carrera magisterial se quedaba en el nivel medio: después de tres años de magisterio, con una edad promedio de 18 años, los estudiantes se graduaban de maestros y podían empezar a trabajar. Ahora, tras la reforma, los estudiantes tienen primero que obtener un Bachillerato con Orientación en Educación de dos años, para luego cursar un Profesorado en Educación Primaria de tres años  en una universidad. Sin el profesorado no podrán ejercer como maestros en las escuelas oficiales. Con este cambio, el Ministerio de Educación espera mejorar el nivel educativo en primaria. Nivel que deja mucho que desear.

Según Empresarios por la Educación, asociación patrocinada por una docena de empresas  que busca incidir en las políticas educativas de Guatemala, de los maestros que buscaban plaza en el sistema educativo nacional, sólo un 40% alcanzaba el nivel esperado en matemática y el 45% en comunicación y lenguaje. Esta situación es en parte responsable de que Guatemala tenga uno de los peores desempeños educativos de América Latina. Así lo demuestran pruebas internacionales, como la realizada por Unesco, el Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo (SERCE) publicado en  2008. En éste, Guatemala se ubicó entre los reprobados junto a Ecuador, Nicaragua, Paraguay y República Dominicana.

Las cifras de Empresarios por la Educación sostienen que sólo el 30% de los niños de sexto primaria tiene el nivel adecuado en lectura. Guatemala tiene también problemas para mantener escolarizados a sus niños y jóvenes: de los que empiezan la primaria en el sector público, el 68% termina el sexto grado, el 40% el nivel básico, y sólo el 24% llega al diversificado.

Si bien nadie contradice el diagnóstico negativo, ni niega que una profunda reforma de la formación docente sea necesaria, varios sectores rechazan que sean necesarios estos dos años adicionales. Empezando por el de los propios normalistas, que se opusieron de manera masiva a la reforma. Ellos estimaban que la reforma les cerraba uno de los accesos, ya de por sí escasos, al mercado laboral. La profesión de maestro es, para muchos jóvenes de escasos recursos, una de las pocas vías para escapar de la pobreza. Costearse dos años más de estudio resultaba ser un obstáculo mayúsculo en este afán. Además, y no es menos importante, las pruebas de ingreso de la Universidad de San Carlos (USAC) constituyen una barrera sobre la cual se estrellan muchísimos bachilleres, en particular los que provienen de un sector público deficiente. “Con la reforma se nos cierran las posibilidades de estudio y de trabajo”, afirma Kendra Avilés, quien durante las luchas estudiantiles de 2012 asumió el papel de representante y portavoz de los estudiantes. 

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Muchos normalistas y maestros arrastran con ellos las deficiencias de la educación secundaria. Avilés recuerda así sus años en el Instituto Normal para señoritas Belén, de la capital: “De 11 materias que teníamos, cinco eran totalmente débiles. Inglés, por ejemplo, ya que se recibe lo mismo de primer básico a sexto magisterio”. Si bien reconoce haber tenido algunos buenos profesores, la mayoría optaban por una metodología que se resume en tres palabras: copiar, recortar, dibujar. “Así no se vive la teoría, ni se entiende”, lamenta Avilés. A esto se agregaba un mobiliario en mal estado, goteras en el techo y aulas de 40 o 50 estudiantes. De las estudiantes de último año del Belén, sólo el 30% obtuvo el resultado mínimo en lenguaje en el examen del Ministerio de Educación, y sólo el 4.4% en matemáticas.

¿Estabas preparada para ser maestra al salir de magisterio?

Yo creo que no, porque me faltaba esa mitad del pensum que no se daba como se debe. Tres años de magisterio son suficientes, pero si se dan bien,  contesta Avilés.

Los estudiantes normalistas, asesorados por Carlos Aldana, viceministro de Educación durante el gobierno de Álvaro Colom y exdirector de docencia de la  USAC presentaron una contrapropuesta. En ésta, la carrera de magisterio se mantenía en tres años, se le daban más recursos a los institutos públicos, se modificaba el pensum y se abría la posibilidad de entrar a la universidad al terminar el magisterio, sin pasar las pruebas de admisión. El Ministerio de Educación no discutió este plan y mantuvo su decisión de pasar la formación docente al nivel superior, siguiendo la tónica generalizada en casi todos los países latinoamericanos. “Sabemos que los desafíos que los maestros van a enfrentar requieren que el maestro tenga más edad, más madurez en su personalidad y más conocimientos”, defiende Evelyn de Segura, viceministra técnica de esa cartera.

Las dificultades que la reforma suponía para los estudiantes, así como la sensación de no ser escuchados por su Ministerio encendieron una batalla entre estudiantes y autoridades. Los principales institutos de la capital y las cabeceras departamentales fueron ocupados por los estudiantes. Estos organizaron manifestaciones, y el 5 de junio, bloquearon el paso en el puente El Incienso. Tras ocho horas y una dura batalla, fueron desalojados por los antimotines. Las revueltas del movimiento normalista no lograron frenar la reforma diseñada por el Gobierno. Tampoco la frenó la oposición de un gran número de colegios privados que veían cerrarse una de las carreras con mayor demanda.

¿Ha sido atendida la preocupación de los normalistas y sus padres por los dos años adicionales de estudio? La viceministra de Educación, Evelyn de Segura, contesta: “Les damos dos salidas laborales. Gracias a los cursos de computación y tecnología del bachillerato pueden entrar en un call center o tener algún puesto administrativo que requiera el uso de computadoras. También pueden trabajar como alfabetizadores para Conalfa (Comité Nacional de Alfabetización). Por cada diez personas que alfabeticen se les paga Q700 mensuales por seis meses, y pueden sacar dos promociones al mismo tiempo”. Sin embargo, los call centers están concentrados en la capital. Además, las clases en la USAC se darán en jornada matutina, lo cual cierra muchas puertas en el mercado laboral.

Evelyn de Segura recuerda, por otro lado, que el Ministerio acaba de aprobar nuevas carreras de nivel medio: bachilleratos con orientación en textiles, turismo, mecánica automotriz, computación, comercio, contabilidad y finanzas, gestión de oficina. “Teníamos la intención de darle más opciones a los jóvenes para que no todos se fueran a magisterio y vieran otros nichos de oportunidad”, explica la funcionaria.

Para Mario Rodríguez, economista del Instituto de Problemas Nacionales de la USAC (Ipnusac), es insuficiente abrir estas carreras: “El problema es que la mayor parte se ofrecen en colegios privados. Son pocos los institutos públicos que las tienen”, indica. 

Los normalistas no son los únicos en rechazar la reforma educativa.  Varios académicos y centros de investigación se han opuesto a ésta. La reforma es “neoliberal” y “excluyente”, y parte de una visión “androcéntrica, sexista y etnocéntrica”, escribe en un artículo Ana Lucía Ramazzini, socióloga que forma parte de Educa Guatemala, grupo que analiza las políticas educativas. Su argumento es que la reforma golpea en especial a las mujeres indígenas para quienes será más difícil, o hasta imposible, acceder a un puesto de maestra y, por lo tanto, perderán una de las pocas posibilidades para salir de la pobreza.

Las primeras estadísticas del Ministerio sobre los bachilleres en educación permiten relativizar el argumento de Ramazzini. Los departamentos que más contribuyen a la primera generación graduada son los de Occidente, en especial Quiché y Quetzaltenango, cuya población es mayoritariamente indígena.

Para Mario Rodríguez, de Ipnusac, y Carlos Aldana, exviceministro de Educación, la reforma educativa es claramente un paso para privatizar la educación. “Las universidades privadas le van a entrar a la formación de los maestros. Al final, se van a graduar más maestros en las privadas que en la pública”, analiza Aldana.

A partir de este año, la USAC ofrece cuatro profesorados a los que los estudiantes de magisterio pueden acceder para completar su carrera. En el caso de las privadas, la del Valle, Rafael Landívar, Mariano Gálvez e Internaciones ofrecen, o se preparan para ofrecer, el nuevo Profesorado en Educación Primaria. Queda por ver con cuánto éxito. Por ejemplo, la Universidad Internaciones ha hecho un gran esfuerzo por promocionar su profesorado en establecimientos públicos y privados. Hasta la fecha no han logrado captar a un sólo estudiante. La Universidad del Valle, que ofrece esa carrera desde 1998, este año inscribió a cuatro estudiantes. Esa casa de estudios tiene un total de 66 egresados del profesorado tras 17 años de impartirlo. Parece improbable que se realice la predicción de Aldana.

Mayra de Corzantes, directora de la Escuela de Psicopedagogía y Educación de la Universidad Internaciones, no cree que con la reforma se privatice la educación. “La mayor parte de los bachilleres en educación está en el sector público, un sector cautivo de la USAC”, analiza.

El precio de la carrera en la Internaciones se sitúa entre Q11 mil y Q12 mil por semestre, monto que puede confrontar con los sueldos que reciben los maestros de primaria. En el sector oficial los maestros que inician su carrera ganan alrededor de Q3 mil, menos de los Q3,126 de la canasta básica según el Instituto Nacional de Estadística. Sin embargo, este salario está muy por encima de lo que ofrecen muchos colegios privados. “Cuando me puse a buscar trabajo de maestra, en los colegios pequeños, los de “casita”, me ofrecían Q500, Q800 o Q1 mil”, recuerda Kendra Avilés, quien al final encontró trabajo en Incidejoven una organización que promueve la educación sexual y reproductiva.

¿Por qué un estudiante invertiría en estudiar tres años en una universidad privada sabiendo lo desvalorizada que está la profesión de maestro? Mayra de Corzantes contesta: “Creemos que es parte de un proceso y que una mejor formación de los maestros obligará  a los empleadores a mejorar los sueldos”. 

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Según la viceministra de Educación, Evelyn de Segura, los maestros con formación universitaria empezarán su carrera de docentes en un escalafón más alto y ganarán alrededor de Q3,400 mensuales. Los dos años de carrera adicionales representarán pues, Q400 más al mes.

La difícil puesta en marcha de la reforma

“Vamos a tener problemas”, admite Áxel Popol, director de docencia de la Universidad de San Carlos, acerca de la puesta en marcha de los profesorados en educación primaria. La universidad pública se enfrenta a un reto mayúsculo: brindar cuatro carreras nuevas en todos los departamentos del país. Los cuatro profesorados son: educación primaria intercultural, intercultural bilingüe (en idiomas regionales), educación física y expresión artística.

La USAC aún no tiene claro cuántos estudiantes recibirá este año, a pesar de que en el resto de carreras las clases iniciaron en la tercera semana de enero. Se sabe que en 2014 se graduaron 9,900 bachilleres en educación, de los cuales 3,356 provienen del sector público. Sin embargo, las pruebas de ingreso no han terminado aún, y la Universidad desconoce cuántos graduados optarán por los profesorados en educación primaria. Por lo tanto, tampoco sabe cuántas sedes ofrecerán los nuevos profesorados, ya que para abrir una carrera la USAC exige un mínimo de 17 estudiantes.

El financiamiento del proceso tampoco queda claro, y hay contradicciones entre el Ministerio de Educación y la USAC. Según los acuerdos suscritos entre las dos instituciones, el Ministerio aportará cierta suma de dinero, aún no definida, por cada estudiante. Pero hay un punto clave que las enfrenta: para la viceministra Evelyn de Segura, el financiamiento sólo cubre a los estudiantes que provengan de los institutos públicos. Para Axel Popol, de la USAC, el Ministerio también debe pagar por los que lleguen de colegios privados, y que la universidad pública está obligada a recibir.

“La USAC asumió el compromiso de la formación docente con cierta ingenuidad. Es un riesgo para la USAC ya que  son recursos externos sujetos a decisiones políticas. ¿Qué pasa entonces si el Ministerio no cumple?”, plantea el economista Mario Rodríguez.  Popol no lo niega: “Es un riesgo. Con el Mineduc hemos tenido buena relación, hemos avanzado. Pero, ¿y si cambia el Gobierno? ¿Va a ser respetuoso de los acuerdos? Esperamos que tengan la madurez para darse cuenta que la reforma es buena para el país y no se puede echar por la borda todo lo alcanzado”.

Otro problema que enfrenta la USAC son las deficiencias educativas de los estudiantes que se presentan a las pruebas de ingreso. Con los primeros resultados de los bachilleres en educación, la USAC puede empezar a sacar conclusiones. “El Mineduc puso mucho cuidado en darles refuerzos en matemática, y sacaron esta prueba bastante bien con respecto al promedio general. Pero la de lenguaje no fue tan así. Este es un país que no lee y eso se refleja en los resultados”, dice Popol.

Al ser una carrera nueva, la USAC y el Ministerio se pusieron de acuerdo para facilitar la entrada de los bachilleres, bajando el nivel de exigencia para aprobar estos exámenes de entrada. Por ejemplo, la prueba de matemáticas no es eliminatoria, sólo diagnóstica. Los bachilleres que hayan sido admitidos en los profesorados en educación con bajos punteos, recibirán un refuerzo educativo a lo largo del año, explica Popol.

¿Está solucionado el problema de la educación primaria?

Ana Lucía Ramazzini, socióloga cuestiona: “¿será que toda la situación se transforma con los tres años de universidad? Hay que verlo de manera amplia, y no sólo ver la formación docente.” Y enseguida, propone con una analogía en la que el sistema educativo es un bus destartalado transitando por un mal camino de terracería. La reforma equivaldría a darle al piloto una clase de manejo adicional, sin reparar el bus ni la carretera, lo cual, obviamente, no resuelve todos los problemas. “Si la reforma se centra sólo en la formación docente, perdemos de vista que este sistema educativo no responde al ciudadano”, explica la investigadora.

Se puede objetar que, por muy mal que estén el autobús y la carretera, siempre será más seguro viajar con un chofer mejor formado. Pero en el caso de la educación, no se puede esperar un buen desempeño escolar de unos niños que estudian en instalaciones vetustas, o que pierden clases los días de siembra y cosecha, o que llegan a las escuelas sin desayunar. Los obstáculos que debe enfrentar Guatemala para situarse en la media latinoamericana en materia de educación primaria son múltiples y de naturaleza distinta. Sin olvidar que el país también está muy a la zaga de la media regional en la inversión en educación: Guatemala le dedica alrededor del 3% de su Producto Interno Bruto a la educación, muy lejos, por ejemplo, de México (5,2%), Argentina (6,3%), Bolivia (6,9%)  o Cuba (12,8%), según datos del Banco Mundial de 2012.

“El impacto de la reforma no lo vamos a ver antes de unos años”, opina Axel Popol, convencido de la urgencia y necesidad de esta reforma educativa. Habrá pues que esperar antes de saber si los cambios en la formación docente genera una mejora sustancial de la educación primaria o si resulta ser un simple emplasto sobre una pata de palo. 

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