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Les preguntaron si militarizarán el Estado. Respondieron que serán “estrictamente estrictos con la ley”.
Es a partir de la transición a la democrática cuando parece todo haberse desplomado, de lo maravilloso que fue un día. “En los últimos 25 años se han robado todo el dinero del país”.
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Temas clave Historia completa

Si el panorama parecía cargado hacia el conservadurismo en las opciones electorales, desde el viernes 13 hay otra opción que lo inclina más hacia la derecha. Se trata de una añeja alianza renacida entre exmilitares contrainsurgentes, industriales y libertarios “de línea dura”: el Frente de Convergencia Nacional (FCN), del general (r) José Luis Quilo Ayuso, y su presidenciable, Ricardo Sagastume Morales.

Si el panorama parecía cargado hacia el conservadurismo en las opciones electorales, desde el viernes 13 hay otra opción que lo inclina más hacia la derecha. Se trata de una añeja alianza renacida entre exmilitares contrainsurgentes, industriales y libertarios “de línea dura”: el Frente de Convergencia Nacional (FCN), del general (r) José Luis Quilo Ayuso, y su presidenciable, Ricardo Sagastume Morales.

Entrar al salón del Camino Real era como un viaje en el tiempo a los años 70 de las dictaduras guatemaltecas. Todos los hombres en la tarima y en el público de pelo corto bien peinado, gomina de sobra y caminos a un costado, lociones de tatarabuelo. Ningunos converse, ningún despeinado, nada fashion, muy poco arte.

Aunque nadie lo esperaba en el debate público, ellos presentaban a su candidato como si fuera algo teleológico, como si fuera el gallo tapado para ser electo por arte de magia como el próximo presidente de los tiempos dictatoriales. “El problema no son las elecciones, sino las generaciones. Esto no es una alianza electoralista”, iniciaba el empresario industrial Sagastume Morales, hasta la semana pasada el abogado más opositor al divorcio presidencial. Eso a pesar de que reconoció que no tenía mucha idea de quiénes eran los que ocupaban la mitad del salón o que se inscribía con el FCN porque era un vehículo político reconocido.

La presentación del plan de Gobierno fue sintética. “Que ningún niño se muera de hambre”, y aplaudida como banda marcial, obediente, no deliberante. Y la explicación de los detalles del plan llena de cacofonía. Les preguntaron si militarizarán el Estado. Respondieron que serán “Estrictamente estrictos con la ley”. Les preguntaron varias veces por su ideología. “Transparencia y honestidad”. Se presentaron como “ni de izquierda ni de derecha”, “porque el país no necesita más peleas”.

Quizás deberían haber simplificado y dicho que lo que le sobraba al país era debate democrático o ideas progresistas en el ambiente. “El sector privado debe encontrar las mejores condiciones”. “Que la buena gente administre nuestro país”. “Por estos niveles de violencia es que decidimos participar”.

Les recordaron en otra de las preguntas desde el público (sólo por escrito y sin oportunidad de alzar la mano para cuestionar o repreguntar) que su convergencia no era sino de exmilitares, industriales y libertarios, de la derecha más recalcitrante y no convergían nadie más en él. Armado de la Torre, el gurú marroquiniano, estaba presente y muy atento. Respondieron que lo integran ciudadanos guatemaltecos honestos, valientes, que odian los privilegios. Definieron qué es ser radical de derechas en el siglo XXI: “Somos respetuoso de la ley; si eso es línea dura, seremos línea dura. Soy respetuoso del derecho; si eso es línea dura, soy línea dura”, argumentó Sagastume seguido de otra tanda de aplausos.

Color había en el salón. El logo del FCN, que antes tenía el también pintoresco y amplio nombre de Partido Socialdemócrata, parecía enmarcado en el siglo XX con su bandera rojo, azul y blanco. Las mujeres que más resaltaron, a diferencia de algunos incipientes vientos de equidad de género, fueron las edecanes, de cabellos claros y largos, muy guapas todas. Leyendo preguntas, invitando a pasar, con muchas sonrisas y poco espacio para argumentos o propuestas.

Oda a los viejos tiempos

En el análisis binario de este nuevo Frente, de “buenos guatemaltecos” y “malos guatemaltecos”, de “buenos tiempos” y “malos tiempos”, fue acompañado durante todo el acto de una nostalgia profunda por los tiempos “de antes”, de los regímenes militares. Y un anhelo por regresar a ellos, para que “podamos ir libres por nuestras casas, nuestras fincas y logremos un despegue económico”.

Es a partir de la transición a la democrática cuando parece todo haberse desplomado, de lo maravilloso que fue un día. “En los últimos 25 años se han robado todo el dinero del país”. “El ejército es una de las pocas instituciones con credibilidad. No le han permitido regresar a la función de la defensa de la soberanía. No hay quién de nuestras instituciones que lo haga”.

Atento a la perorata estaba Quilo Ayuso, líder de la Asociación de Veteranos Militares de Guatemala (Avemilgua), fundada en 1995, al año siguiente de haber sido despedido como jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional por el entonces presidente Ramiro de León Carpio.

Sagastume despotricó contra los familiares de los políticos en contienda, contra las transferencias monetarias condicionadas, a favor de dar todas las ventajas a los empresarios y a dejar de un lado el miedo.

El punto orgásmico fue cuando se mencionó a la afrenta mayor al legado en el sistema de seguridad y justicia de los ochentas: la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig). “¡No necesitamos ninguna instancia internacional que venga a decirnos lo que ya sabemos hacer!”. Y el público rugió, se entregó, aplaudió, gritó, se levantó de sus asientos, sintió cómo por un segundo, al menos en un salón del país, con dos centenares de correligionarios, el tiempo se detenía, esa modernización, esos derechos humanos y esa democratización tan nociva, tan libertina, tan estúpida, que toda ella retrocedía para reinstaurar el camino que la decencia manda.

“No tengamos miedo”, repetía y concluía Sagastume. “No tengamos miedo”, quizás sabiondo de que tendrán que enfrentarse a la realidad al salir del salón, en donde será un milagro si logran sobrevivir como partido alcanzando una diputación o el cinco por ciento de los votos presidenciales. Caetano Veloso nos esperaba en el pasillo del hotel para sacarnos del viaje onírico del viernes 13.

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