“El dinero es la perdición de uno, con dinero ya no se acuerda uno de Dios”

Suchitepéquez

ESPERANZA CHAVAJAY MAZARIEGOS

Pastelera
Colonia El Compromiso, Mazatenango
Edad en el momento de la entrevista (2017)/ 52
Lugar más lejano al que ha viajado/“A mí me gustaría conocer Río Dulce y Petén, pero la verdad es que uno de pobre no puede darse esos lujos. Hemos ido a la capital”.

 

Esperanza hace barquillos y pasteles en su ‘Panadería y pastelería Emilia’, que lleva el nombre de su hija menor. Sus papás hacían barquillos y helados, ella hace barquillos y sus hijos hacen helados. Tuvo 14 hijos. La mayor tiene 38 años y la menor tiene 12. “Antes todo era más barato, la libra de azúcar costaba dos centavos”, cuenta. “Yo le digo a mis hijos que no abandonen la tradición, que sigan, porque es bonito, artesanal. Ya casi no se ve lo artesanal, sólo lo hecho a máquina”. Se levanta a las tres de la mañana para empezar a vender a las seis, porque se tarda tres horas en hacer cien barquillos. Se acuesta a las nueve o diez de la noche. Sólo sábado y domingo descansa. “Hemos tenido que trabajar bastante, pero a Dios gracias pudimos sacar adelante a la familia”, dice. No practica ninguna religión, pero cree mucho en Dios. “Siempre he soñado que mi producto llegue a los Estados Unidos, distribuirlo allá para ganarle más. Aquí es poca la ganancia que queda”. Acerca de la desigualdad, dice que “yo no he tenido ambición por el dinero porque es la perdición de uno, con dinero ya no se acuerda uno de Dios”.