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Dependientes de farmacias: el primer eslabón de un sector desatendido

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Dependientes de farmacias: el primer eslabón de un sector desatendido

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Un sector desatendido, leyes difusas y capacitaciones tendenciosas. Esta es la realidad de las farmacias en Guatemala.

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El dependiente de farmacia está en el primer nivel de atención de la salud, sin embargo, en Guatemala muchas veces toma el papel de un médico. Si una persona se presenta con síntomas a una farmacia, es común que salga con un diagnóstico y medicina en manos. Ante la dificultad para acceder a servicios médicos, muchos guatemaltecos optan por pedir en la farmacia algo que calme sus dolencias. Los dependientes, a tientas y sin mayor experiencia en medicina, les ofrecen medicamentos que en muchos casos sólo aumentan el problema.

El jefe de emergencias del hospital San Juan de Dios, Napoleón Méndez, cree que es poco probable que un dependientede farmacia pueda hacer una evaluación precisa y, sin embargo, la hacen.

Las autoridades son conscientes de ello e incluso el ministro de Salud, Carlos Soto Menegazzo, acepta que es un problema enraizado en el país. Justifica que es parte de la cultura, y asegura que no apoya este tipo de prácticas. Méndez piensa diferente, para él, la gente recurre a las farmacias, no porque quiera, sino porque no tienen acceso a servicios de salud. Los privados son demasiado caros y los públicos escasos e ineficientes. En un país donde el sueldo mínimo es de 2,992 quetzales y una consulta con un médico general podría costar 150 quetzales, esto representar casi el 5% del sueldo mensual. Por el otro lado, la salud pública es tardía, según las personas que hacen fila fuera del hospital Roosevelt, estos pueden tardar entre cuatro o cinco horas para ser atendidos. De ahí que los dependientes terminan siendo parte de esta cadena de inaccesibilidad a la salud.

Simone Dalmasso

¿Qué tan preparado está un dependiente para recomendar medicamentos?

Poco, muy poco. Basta ver las propuestas de trabajo publicadas para estos puestos. Por ejemplo, en la cadena de farmacias Galeno los requisitos de conocimiento de fármacos no son indispensables, pero la buena imagen sí lo es. En uno de los anuncios de empleo de farmacias Batres, para dependiente piden nivel diversificado, conocimiento básico de medicinas, computación y servicio al cliente. En farmacias Carolina & H, los requisitos son similares que en FAyCO, pero en esta empresa el conocimiento en medicina es solo un requisito preferencial. Así que las personas que recomiendan medicamentos no saben más que lo que aprendieron en un curso introductorio y lo que los representantes de las casas médicas les dicen.

Por ello es muy probable que lo que recomienda el dependiente, no sea más que el resultado del buen marketing de los laboratorios que presentan sus productos a estos empleados. Las capacitaciones de estos consisten en mostrar las medicinas de sus empresas y decir a grandes rasgos los componentes y para qué posibles situaciones pueden ser recomendadas.  La consultora nacional de medicamentos de la Organización Mundial de la Salud, Juana Mejilla de Rodríguez, explica que se necesita normar acerca de quién y qué se debe enseñar en esas capacitaciones y no dejar el tema en mano de las casas médicas.

Plaza Pública intentó contactarse con seis farmacias (Batres, Meykos, Galeno, FayCo, Carolina &H y Cruz Verde) para que explicaran su proceso de capacitación, sin embargo, solo la última aceptó hablarnos. La encargada de capacitación de esta empresa, Myriam Paredes, dice que los empleados cursan dos módulos al ingresar, de 15 clases cada uno, y una vez se haya aprobado no es necesario actualizarlo. Explica que por parte de las casas médicas las capacitaciones son más constantes.

Tanto el ministro Soto, como la directora general de Regulación Vigilancia y Control de la Salud, Carla Chávez, saben que las capacitaciones son insuficientes y sesgadas. Por ello, dicen, trabajan en un plan para que sea el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social el que imparta estos cursos a los dependientes. Esperan iniciar este año, aunque aún no hay fecha estimada.

El empleado indicado, el empleado ausente

Mejilla explica que quien debería estar en una farmacia cumpliendo el papel de los dependientes es un químico farmacéutico. Sin embargo, estos suelen ser una figura ausente en estos negocios. Añade que es éste quien debe llevar control del medicamento, y es la persona que sabe a qué temperatura y bajo qué condiciones debe estar cada uno. Además, explica la consultora, un farmacéutico también orienta de manera informada las contraindicaciones que pueden resultar en la mezcla de dos medicamentos. Sin embargo, los químicos farmacéuticos tampoco tienen facultad para recetar; esa es labor exclusiva de un médico.

Simone Dalmasso

La ausencia de estos profesionales quizás se pueda explicar por las pocas y difusas normas que hay en el Ministerio de Salud en el tema. Para la encargada del Departamento de Regulación y Control de Productos Farmacéuticos y Afines, Erica Cohobon, es el reglamento interno del Colegio de Farmacéuticos quien norma que estos pueden llevar la regencia de hasta ocho farmacias. La regencia consiste básicamente en el cuidado de los medicamentos y en llevar la administración del producto. Este trabajo debe de llevarse a cabo únicamente por los directores técnicos, es decir farmacólogos, según el Reglamento para el control sanitario de los medicamentos y productos a fines. Los dependientes tienen como trabajo único el cobrar los medicamentos.

Por otro lado, Chávez dice que este departamento es el que regula el tema y que son 10 el límite de farmacias que pueden supervisar estos profesionales. El número y la regulación parece ser un tema que no queda claro en el Ministerio.

Esto es aprovechado por algunos profesionales en el tema que llevan la regencia de varias farmacias, y visitan poco o casi nunca estos negocios. Eso significa que un químico farmacéutico puede hacer o no su tarea, porque no hay ninguna sanción del Ministerio por no realizar las visitas.

Los más beneficiados suelen ser los profesionales que se aprovechan de este vacío legal y hacen de ello su negocio. Por ejemplo, los químicos farmacéuticos pueden llegar a cobrar por farmacia, entre 2 mil y 3 mil quetzales. Es decir, en un mes, sin presentarse a ningún lugar y solo firmar los formularios, pueden ganar hasta 24 mil quetzales. Un dependiente gana, por lo general, el salario mínimo.

Según el Colegio de Químicos y Farmacéuticos de Guatemala, en el país hay un total de 1,986 profesionales en todo el territorio, y según el departamento de regulación a nivel nacional hay 5,581 farmacias registradas. Es decir que habría profesionales suficientes para regentar no más de dos o tres farmacias, pero en la práctica esto muchas veces no sucede o no se controla.

En Guatemala hay tres universidades que tienen la carrera de Química Farmacéutica: San Carlos, del Valle y Galileo. En la primera se cuenta con esta profesión desde 1918 y se cierra el pensum en cincoaños, tiene un total de 57 cursos. En la universidad del Valle, la cantidad de cursos y tiempo es la misma. En la Galileo la carrera tiene la especialidad en industria y atención farmacéutica, tiene 70 cursos en cuatro años. En 2017 un total de 609 estudiantes cursaban esa carrera en la universidad estatal.

Simone Dalmasso

¿Quién controla esto?

Dentro del Ministerio de Salud está el departamento de Regulación de Medicamentos y Productos Afines. Este es el encargado, entre otras cosas, de la farmacovigilancia, registro de farmacias, regulación de publicidad de medicamentos y la supervisión de farmacias. Estas tareas son realizadas por un pequeño grupo compuesto por alrededor de 90 personas.

Según Cohobón cada mes este departamento lleva la papelería de al menos 125 farmacias que desean inscribir o actualizar sus datos.

La sección de publicidad cuenta con tres trabajadores que revisan todos los anuncios en temas de medicinas.

En cuanto a la supervisión, las cifras son alarmantes: hay un técnico supervisor por cada 700 farmacias. Solo hay nueve personas que supervisan estos negocios a nivel nacional. Por ser tan pocos no tienen presencia en todo el territorio, y los departamentos están menos propensos a tener una revisión y por ello cometer más fácilmente una infracción. La supervisión que realizan consiste en que tengan los medicamentos bien almacenados, que no excedan las temperaturas requeridas; además que no vendan medicinas sin las recetas necesarias; también que conozcan sobre los productos que comercian, entre otras cosas.

A principios de 2019 este departamento realizaba una gira para supervisar a las farmacias en el interior del país. Probablemente esta sea la única visita que tendrán en el año. Sin embargo, no es diferente de lo que sucede en la ciudad, pues según Cohobón, con este personal solo se logra supervisar alrededor de dosveces al año las farmacias. Entre la labor de estos técnicos está verificar que la información de los formularios sea correcta, verificar los etiquetados de las medicinas, la ubicación y el cuidado que se tiene sobre ellas.

En general, este departamento tiene un presupuesto de 500 millones de quetzales anuales, según Chávez. El ministro Soto explica que esta cartera espera reforzar con más personal a ésta dependencia el próximo año.

Simone Dalmasso

¿Qué rige a las farmacias?

María Cristina Menéndez, encargada de la sección de establecimientos del Departamento de Regulación de Medicamentos y Productos Afines, explica que las leyes y normas que rigen a estos son el Código de Salud y el Reglamento para el control sanitario de los medicamentos y productos afines. El primero menciona solamente una vez los establecimientos como las farmacias y en el segundo habla de estos, pero no menciona las capacitaciones para dependientes de farmacias, ni sanciones que se puedan dar cuando uno de ellos evalúa y receta un medicamento.

Las farmacias parecen estar en el olvido para las leyes del país, tanto que no hay multas para los establecimientos en los que el dependiente diagnostique y sugiera un medicamento. Cohobon explica que no se puede multar pues es una sugerencia, al igual que lo hace un amigo, hermano o vecino. Para Paredes, de farmacias Cruz Verde, la solución es denunciar ante la propia empresa estos actos, y con ello puedan dar sanciones, llamadas de atención o despidos a los que continúen con estas prácticas. Sin embargo, a nivel gubernamental, no hay con nadie a quien acudir.

Por ejemplo, el Reglamento de Control Sanitario habla de que es exclusivamente un médico quien puede recetar medicina, sin embargo, no se sanciona si el dependiente sugiere una medicina. En casos extremos, si el dependiente extiende recetas de medicamentos incurriría en el delito de usurpación de funciones, precisa Cohobon.

Otra de las pocas sanciones hacia este sector es la venta de psicotrópicos y estupefacientes sin receta médica. Por ello hay una multa desde 50 mil hasta 120 mil quetzales. Esto depende de la gravedad.

Adrián Chávez, exviceministro de Salud y analista del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos (IPNUSAC), dice que esto es resultado de la ausencia de una política estatal de medicamentos, que promueva el acceso a estos en función del costo, el uso racional y la lucha contra la resistencia antimicrobiana. Concluye que para culminar estas prácticas es necesario un planteamiento integral de la política, el financiamiento y el establecimiento de un modelo incluyente de salud.

La regulación a nivel mundial

Rodríguez de la Organización Mundial de la Salud, dice que en países como Panamá la presencia de un farmacólogo es algo obligatorio. Explica que la figura de un dependiente de tienda funciona exclusivamente como cajero. Esto resulta ser muy opuesto a lo que sucede en Guatemala, donde este empleado recomienda medicinas e incluso da un diagnóstico.

En Perú, desde 1964 se ha prohibido la publicidad de los productos médicos y cualquier “actividad que incentive la venta, prescripción o dispensación de productos farmacéuticos en las boticas o farmacias”, según la Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas. Esto es de suma importancia pues las prohibiciones ya no solo van dirigidas a los productos que necesiten de receta médica, sino también a las que no lo tienen. Según esta dirección, todo medicamento es un tóxico, pero usado de la manera correcta es beneficioso para la salud. Por ejemplo, existen ciertos medicamentos que por su baja toxicidad se autorizan para la venta sin receta médica, pero eso no implica que puedan ser distribuidos indiscriminadamente.

Simone Dalmasso

En España la ley obliga a que una farmacia no esté más cerca de 250 metros de otra, esto para garantizar el abastecimiento y suministro de medicamentos en todos los lugares de la misma manera. Esto también busca evitar la competencia que pueda surgir entre dos de estos comercios. En ese mismo país en octubre de 2018, se decretó que las enfermeras también pueden recetar fármacos, y ya no solo los médicos, con el fin de eficientar su sistema de salud en casos básicos.

El más afectado

El último eslabón de este negocio sin muchas regulaciones es el cliente que acude al dependiente para mejorar su salud y espera una recomendación acertada. En 2014 la Organización Mundial de la Salud advirtió que la automedicación, el uso indiscriminado de medicinas y la prescripción irresponsable, han hecho que las enfermedades se hagan resistentes a los antibióticos. Explican que esto tiene por resultado “tratamientos ineficaces, caros y efectos indeseados en la salud de la población”.

Napoleón Méndez añade a esto, que los resultados suelen ser diversos. Algunas personas a veces sienten la sensación de alivio luego de automedicarse, dice. Ello se debe a que las enfermedades son auto limitadas, lo que quiere decir que, aunque se tome o no un medicamento, el cuerpo lo cura por sí solo. Pero también hay quienes sufren las consecuencias, explica que a la emergencia llegan personas que por no consultar a tiempo una enfermedad, que al principio parece simple y creían que con una recomendación de dependiente era suficiente, permiten que la enfermedad se desarrolle y se haga más complicada de tratar.

Para Chávez las personas que acuden a estas prácticas lo hacen por “la falta de respuesta del Estado”. Explica que el promedio mundial en inversión de salud de parte del estado representa un 7% del Producto Interno Bruto, sin embargo, en el sistema de salud guatemalteco, históricamente, no se le ha asignado más del 1.2%.

Rodríguez dice que estas prácticas han sido posibles por un sistema viciado. Explica que la salud pública guatemalteca es un sistema fallido, en donde el acceso tardío lleva a las personas a buscar alternativas. Por ejemplo, considerar a un cajero o dependiente de farmacia lo más barato y cercano a un profesional de la salud por su trato con medicinas. Esto es aprovechado por las casas médicas quienes ofrecen “talleres y capacitaciones” que tienen por objetivo promover su consumo. Esto bajo un sistema que considera la automedicación un negocio.

En el siguiente enlace encontrará los resultados de la prueba que Plaza Pública hizo en ocho farmacias. Pedimos a los dependientes que nos recetaran un medicamento para curar una serie de síntomas, en siete de las ocho el dependiente se atrevió a recetar medicamentos. Un médico revisó lo recetado y determinó que no era la medicina adecuada.

 

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