Columnista Invitado / Victoria Sanford*
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El genocidio no es un enfrentamiento armado

Con el inminente juicio por genodicio al ex dictador Efraín Ríos Montt y su jefe de inteligencia Mauricio Rodríguez Sánchez, las campañas de desinformación por parte del ejército y los poderes económicos tradicionales se están acelerando.

Se puede notar cómo van ejecutando su estrategia cuando viene una nueva ola de palabras repitiendo una y otra vez el mismo discurso y en los mismos términos. Por ejemplo, ahora intentan hablar de la época del genocidio en Guatemala como “el enfrentamiento armado interno”. Este tipo de campaña utiliza palabras claves para cambiar la forma en que nos referimos a un evento que hemos vivido y cómo recordamos nuestra historia, como por ejemplo el genocidio en Guatemala.

El 14 de marzo de 2013, el presidente Otto Pérez Molina dijo a la Asociación de Gerentes de Guatemala, “Yo lo pude observar, y lo digo aquí, yo, Otto Pérez Molina: En Guatemala no hubo genocidio. Es importante resaltarlo, porque yo viví eso, conocí el terreno y nunca hubo un documento. Yo personalmente, nunca recibí un documento para ir a masacrar o matar a una población”.

A mi no me sorprende que el presidente niegue su pasado y la realidad de la violencia sistemática por parte del estado que cobró la vida de 200,000 personas, tampoco me sorprende que él pretenda ignorar las 626 masacres de aldeas indígenas por parte de su ejército. De hecho, el presidente Pérez Molina era comandante en Nebaj, Quiché durante el genocidio. Y al contrario de lo que el señor presidente pronunció ante sus amigos gerentes, sí hay documentación, fotografías y videos.

Lo increíble de la tecnología actual es que uno puede ver por si mismo la documentación, los imágenes y el video. Se puede ver todo el documento de la “Operación Sofía” – el plan utilizado cuando Ríos Montt era dictador del país y Pérez Molina era comandante en Nebaj. Este documento es el plan del genocidio que ellos y los demás jefes del ejército conceptualizaban, organizaban e implementaron para destrozar aldeas indígenas enteras. Este documento ha sido autenticado y presentado en la Audiencia Nacional de España en el caso de genocidio contra de Ríos Montt y otros ex generales. 

También hay videos de este época, del mismo Pérez Molina. Al ver este video de septiembre de 1982, se puede comprender por qué el presidente Pérez Molina niega el genocidio de Guatemala, que es tan obvio para el resto del mundo. Lo niega hoy día igual que lo negaba en Nebaj, Quiché, hace más que 30 años, cuando el entonces mayor Otto Pérez Molina negaba al periodista estadunidense Allan Nairn que el ejército mataba gente mientras que había muertos con moscas a sus pies. Lo curioso de su discurso en el video es que mientras que Pérez Molina niega que el ejército mata gente, en el suelo del patio donde está hay unos cuatro cadáveres de indígenas civiles ensangrentados con señales de tortura, y, aún más, mientras Pérez Molina habla, unos soldados están pateando los cadáveres.

En este video, un soldado cuenta que ellos trajeron los hombres (vivos) al mayor y que el mayor los había interrogado. El soldado explica que los hombres no dieron ninguna información, pero no explica como llegaron a ser cadáveres torturados en el suelo. 

Para Pérez Molina y su gobierno, el discurso es que no hubo genocidio. ¿Cómo podemos esperar que puedan reconocer sus crímenes en contra de la humanidad cuando él no tuvo la capacidad de ver cuatro muertos a sus pies?

Entonces, no ve muertos, no reconoce el genocidio y claro, ahora, ellos ya ni lo llaman el conflicto armado interno – lo cual era el lenguaje de los acuerdos de paz. El presidente y sus representantes ante la OEA ahora lo llaman “el enfrentamiento armado interno” lo cual refuerza la idea de que “hubo excesos por ambos lados”. Me imagino pensando que si se repite suficiente su discurso van a poder borrar que ellos y su ejército cometieron 93% de los actos de violencia (y la guerrilla tiene responsabilidad por 3% y 4% no están atribuidos según la CEH).

El problema para el presidente Pérez Molina y el exdictador Ríos Montt es que hay cosas que no se pueden borrar. Como el reconocido forense Dr. Clyde Snow siempre dice: “Los huesos no mienten”. Y los huesos nos cuentan una historia que hace que la historia oficial de Pérez Molina y Ríos Montt sea poco creíble – igual que fue poco creíble cuando Pérez Molina dijo que el ejército no mata, mientras permanecía de pie en medio de cuatro cadáveres.

La evidencia forense de las cientos de exhumaciones señala masacres hechas por el ejército, no enfrentamientos entre dos ejércitos o dos bandas armadas, ni tampoco civiles muriendo bajo fuego cruzado. Al contrario, la evidencia forense muestra ejecuciones extrajudiciales y masacres de gente civil con balas del ejército. Gente indígena - hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas, bebés y ancianos. Gente pobre e indefensa que muchas veces fueron enterradas con las manos atadas atrás de la espalda y mujeres con sus bebés todavía envueltos en rebozos en sus espaldas. Bebés que probablemente fueron enterrados vivos y llorando. Estos no son muertos de un enfrentamiento armado interno. Son víctimas de un genocidio planeado y ejecutado con precisión por un ejército altamente entrenado que funcionó bajo un mando vertical.

En una reunión de ESTNA reportada en un documento desclasificado del departamento de defensa de EEUU, Pérez Molina indicó que "en 1981 la guerrilla en Guatemala ha crecido a entre 6.000 y 8.000 combatientes, con 40.000 fuerzas irregulares y una base de población civil de 150.000". La importancia de las estadísticas presentadas por el entonces coronel Otto Pérez Molina es que el ejército considera entre sus "enemigos" decenas de miles de personas, a pesar de que eran civiles. Esto indica que la campaña de tierra arrasada, las masacres y el genocidio, no sólo estaban previstas, sino también que la muerte de miles de civiles fueron incluidas en las proyecciones del ejército.

Las atrocidades cometidas no fueron actividades al azar en la penumbra de la guerra. Tampoco fueron el resultado de acciones de agentes corruptos que operaran al margen de la estructura de mando. Las violaciones masivas de los derechos humanos y el genocidio fueron cometidos por orden del alto mando del ejército, contando para ello con una jerarquía militar firme y sin fisuras para la toma de decisiones y ejecución de las órdenes.

En febrero de 1983, el embajador de EE.UU. Frederic Chapin afirmó que muchas personas todavía estaban siendo asesinadas. En un memorando de la CIA (desclasificado y en gran medida comentado) con un último comentario del embajador, explica la escalada de violencia del régimen de Ríos Montt de la siguiente manera:

“3. [Frase tachada] que después de finales de octubre de 1982 la reunión [nombre tachado] informó a los oficiales AGSAEMP [1] que eran libres para detener, retener, interrogar, y disponer de los presuntos guerrilleros como mejor les pareciera. [Nombre tachado] comentario: Aunque no hay información específica disponible para vincular al AGSAEMP a todas las actividades extra-legales, ha habido un sospechoso aumento constante de violencia de la derecha durante los últimos meses. Los secuestros, en especial de estudiantes y educadores, han aumentado en número y vuelven a aparecer cadáveres en las cunetas y en los barrancos, que muestran los mismos signos de las ejecuciones realizadas por los escuadrones de la muerte de la derecha similares a las del régimen anterior.

4. (Comentario de embajador: Estoy firmemente convencido de que la violencia descrita en el párrafo tercero es violencia que el Gobierno de Guatemala ordenó y dirigió y no “la violencia de derecha”, y que no se trataba de “ejecuciones de los escuadrones de la muerte de la derecha”, sino que, de nuevo, son ejecuciones ordenadas por los oficiales de las fuerzas armadas cercanas al presidente Ríos Montt.)”

El mismo Ríos Montt no negaba los asesinatos en proceso, cuando se le preguntó acerca de su “campaña de tierra arrasada”, Ríos Montt respondió: “no tenemos una política de tierra arrasada, tenemos una política de comunistas arrasados.”

Ahora, este martes, el 19 de marzo de 2013, a pesar de más de unos 70 recursos interpuestos por la defensa de Ríos Montt, el juicio por genocidio por fin comenzó. En un esfuerzo que a mí me parece como un último suspiro de desesperación, el gobierno de Pérez Molina ante la Comisión Interamericana en Washington DC el 15 de marzo hizo el argumento circular de que no se puede juzgar a Ríos Montt por genocidio porque no se ha comprobado que hubo genocidio. Con este misma lógica, nunca tendremos juicios por homicidios – pero quizás este se explica porque hay una cifra de 98% impunidad por homicidios en Guatemala hoy día. Obviamente si Pérez Molina y Ríos Montt se creían que Ríos Montt era realmente inocente del genocidio, no estarán haciendo tantos trastornos para truncar el proceso en la corte.

Pero de hecho, sí hubo genocidio y sí el general Efraín Ríos Montt tenía responsabilidad de mando 1982-83. Igual que el presidente Pérez Molina tenía responsabilidad de mando cuando sus fuerzas armadas abrieron fuego ofensivo a indígenas no armados en Totonicapán en octubre de 2012 dejando seis muertos. E igual que Ríos Montt negaba sus obligaciones internacionales de investigar y sancionar violaciones de derechos humanos en los ochenta, Pérez Molina ignora sus responsabilidades ahora. Esta masacre de 2012 está siendo juzgada como “homicidio en estado de emoción violenta” en lugar de lo debido “ejecución extrajudicial” – el cual contempla una pena de 2 a 8 años en lugar del 25 a 30 años. Dos años para matar a seis personas es una palmada en la muñeca. Pero tampoco esto debe sorprendernos, porque Pérez Molina y su gobierno no quieren reconocer la jurisdicción de la CIDH antes del 1988 – lo cual sería conveniente para Pérez Molina dado su cargo oficial en la Área Ixil en los 80. Ni modo, si acaso el presidente Pérez Molina no ha visto la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, no hay salida, ni amparo, ni amnistía por genocidio porque está consagrado en la convención que “ya sea cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra, es un delito de derecho internacional que ellas se comprometen a prevenir y a sancionar.” Si acaso hay justicia, habrá sanción por genocidio en Guatemala.




[1] AGSAEMP – Archivos Generales y Servicios de Apoyo a la Presidencia de la República del Estado Mayor Presidencial – “uno de los más prominentes servicios de información y inteligencia de Guatemala y el punto de contacto con las bandas de delincuentes comunes y grupos clandestinos de seguridad”, según Amnistía Internacional (AI), ver AI, Guatemala: ¿Servicios de Inteligencia responsables, o represión reciclada? Disolución del Estado Mayor Presidencial y reformas de los servicios de inteligencia. 10 junio del 2003, AI Index AMR 34/031/2003. P.1.

* Publicado en elfaro, 19 de marzo.

El presidente Pérez Molina era comandante en Nebaj, Quiché durante el genocidio. Y al contrario de lo que el señor presidente pronunció ante sus amigos gerentes, sí hay documentación, fotografías y videos.