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No solo por la coyuntura vota el votante
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No solo por la coyuntura vota el votante

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Hace dos semanas Guatemala eligió candidatos para la presidencia y la vicepresidencia de la República, y escogió a 158 diputados, votó por los integrantes de las 338 corporaciones municipales, y seleccionó a los diputados al Parlamento Centroamericano. El politólogo Carlos Mendoza mapea aquí los resultados de Jimmy Morales y Sandra Torres en la primera vuelta de las presidenciales y concluye que responden no solo la coyuntura sino también a algunos factores estructurales.

Guatemala es un estado unitario en el que los candidatos compiten por votos individuales, no por colegios electorales o votos asignados a las regiones de acuerdo alguna regla de proporcionalidad. Frente de Convergencia Nacional obtuvo casi un 24 por ciento de los votos válidos, mientras que la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) llegó casi al 20%. La diferencia entre ambos fue de unos 200 mil votos, menos del 3% del electorado, que excede los 7 millones 500 mil. Esa (des)ventaja es siete puntos menor a la de votos nulos o en blanco registrados por el Tribunal Supremo Electoral en la presente elección, en la cual se rompió record de asistencia, con más del 71% de participación.

En el siguiente mapa se presenta la distribución geográfica del voto, según los municipios donde uno de los dos partidos que pasan a segunda vuelta aventajó al otro. La intensidad del color indica qué tanta ventaja le sacó uno al otro.

La UNE fue superior en casi toda la zona conocida como la Franja Transversal del Norte, desde el Caribe hacia México, un área muy alejada de la Ciudad de Guatemala, en todo sentido: geográfica, cultural y económicamente. El FCN dominó en casi todas las demás regiones del Oriente, Sur y Centro del país, así como en buena parte del Altiplano Occidental, la más urbanizada. Su principal bastión fue el departamento de Guatemala, donde aventajó a la UNE por casi 270 mil votos (107 mil de diferencia sólo en la Ciudad Capital).

Es cierto que las elecciones se dieron en un contexto muy particular, de alta politización ciudadana, tras 20 semanas de protestas pacíficas y tras la renuncia de la vicepresidenta, Roxana Baldetti, y del presidente, Otto Pérez Molina, acusados de corrupción. Dichas manifestaciones anticorrupción ocurrieron especialmente en los centros urbanos del país, donde habita la clase media con acceso a redes sociales y a la televisión por cable. Estos medios de interacción, se plantea, jugaron un papel fundamental para explicar la bochornosa derrota de Manuel Baldizón, candidato que al principio del año era el puntero indiscutible en las encuestas, debido a sus exorbitantes gastos de campaña, incluso antes que las elecciones fueran convocadas formalmente. Las redes sociales convirtieron su lema de “Le Toca” (ser el Presidente por haber quedado en segundo lugar hace cuatro años) en un rotundo #NoTeToca, que se tradujo en el voto a favor de Jimmy Morales, el candidato novato, ajeno al sistema político que estaba siendo cuestionado por la sociedad civil en su conjunto.

Sin embargo, más allá de esa coyuntura política electoral, es importante explorar factores de carácter estructural que nos den indicios del comportamiento que podría persistir en la segunda vuelta.

Por ejemplo: ¿Qué nos dicen otras variables, como la etnicidad y el nivel de desarrollo urbano respecto a la distribución geográfica del voto?

El siguiente gráfico presenta el número de votos que recibió cada partido, según el porcentaje de población indígena que el Censo de Población 2002 registró en cada municipio. El análisis controla se controla con los niveles de urbanización que el Instituto Nacional de Estadística (INE) estableció para el censo.

Nota: para facilitar el análisis, los municipios se clasificaron en 4 grupos de acuerdo con la respectiva distribución de percentiles (25, 50 y 75).

Dos tendencias son bastante claras.

1.- En los municipios menos urbanizados (o más rurales), no importa el porcentaje de población indígena, el voto agregado favorece a Sandra Torres. La diferencia a su favor parece ampliarse en la medida en que crece la población indígena.

2.- En los municipios más urbanizados (o menos rurales), tampoco importa el porcentaje de población indígena porque el voto agregado tiende a favorecer a Jimmy Morales en todos, especialmente en municipios con 3% a 27% por ciento de población indígena, como es el caso de ocho municipios del departamento de Guatemala.

En los municipios con niveles intermedios de urbanización (del 15 al 46%), el comportamiento es más ambiguo. Sin embargo, en aquellos con alto porcentaje de población indígena el voto aún favorece a Sandra Torres. ¿Cómo se explica esto? Sabemos que la población indígena vive mayoritariamente en zonas rurales y pobres del país, las cuales fueron beneficiadas durante la administración del presidente Álvaro Colom cuando Sandra Torres era la primera dama y coordinaba los programas sociales que llegaron a esta población antes abandonada por el Estado. Cuando estaba en el poder (2008-11), la UNE no sólo implementó los programas de transferencias condicionadas que, entre otros logros, aumentaron la cobertura educativa, sino que tuvo un impacto importante en la inclusión de las mujeres indígenas a la vida política del país. Para que las mujeres pudieran ser beneficiadas por la ayuda gubernamental, era indispensable que contaran con documento de identificación y estuvieran registradas en el padrón electoral. Esta expansión de la ciudadanía, tanto en términos cuantitativos como cualitativos, ayuda a explicar los resultados de esta elección.

El siguiente gráfico resume muy bien el argumento, que luego deberá ser evaluado econométricamente, porque en los municipios en los que hubo una mayor cantidad de familias beneficiadas por los programas sociales, el triunfo electoral de la UNE y su candidata fue contundente. En ellos, aventaja al FCN por más de 120 mil votos.

En conclusión, este análisis exploratorio parece indicar que factores estructurales interactúan con la coyuntura política para explicar el resultado electoral. La división urbano-rural del país seguirá jugando un papel importante en las elecciones 2015. El votante rural beneficiado por los programas sociales en 2008-11 parece comportarse con reciprocidad a favor de Sandra Torres. Está por verse si el votante urbano, ya aliviado por la derrota anticipada de Manuel Baldizón (visualizado como un político comprometido financieramente con intereses particulares), mantiene su preferencia por un candidato sin experiencia alguna, a la hora de evaluar quién le pude resolver problemas fundamentales como el de la inseguridad y la falta de oportunidades de trabajo.

 

Nota metodológica

El comportamiento electoral se suele analizar a nivel del individuo, en sociedades donde se cuenta con data proveniente de encuestas el mismo día de las elecciones. De esa forma se puede conocer algunas características demográficas y socio-económicas de los votantes y asociarlas con su preferencia electoral. Sin embargo, en el caso de Guatemala no tenemos suficiente información para inferir, por ejemplo, cómo votan las mujeres mayores de 40 años que viven en zonas urbanas. Tampoco podemos determinar si los que prefieren a partidos de izquierda son personas pobres del área rural, que se identifican a sí mismos como indígenas. Una problemática similar enfrentamos para el estudio de la violencia homicida respecto al perfil de los victimarios.

Al carecer de esos datos individuales, debemos limitar nuestro análisis a los municipios o departamentos (distritos electorales), donde lo que observamos es el comportamiento ya agregado de los votantes. Así corremos el riesgo de caer en la conocida falacia ecológica, según la cual se les atribuye a los individuos el comportamiento del grupo al cual pertenecen. Por otro lado, debemos reconocer que el voto que finalmente importa es el agregado, pues es el que decide cómo se distribuye el poder en una democracia. Como sabemos, es el comportamiento de las mayorías el que define los resultados que en este caso deseamos comprender.

Nota: agradezco a Enrique Naveda, de Plaza Pública, por haberme facilitado la base de datos de Mi Familia Progresa, que él y Javier Fortín utilizaron para su artículo “¿Inciden las transferencias condicionadas en las elecciones?”, publicado en Espacios Políticos (2012).

 

Una versión ligeramente distinta de este artículo apareció originalmente en Diálogos y se reproduce con el permiso de su autor.

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