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El juicio por genocidio vira a parodia

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El juicio por genocidio vira a parodia

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La quinta reapertura del juicio por genocidio se convirtió en una pelea de todos contra la jueza María Eugenia Castellanos, del Tribunal B de Mayor Riesgo. Una parodia de la que los protagonistas querían escapar. Por primera vez, los abogados de la parte acusadora y los de la defensa del general José Efraín Ríos Montt estaban de acuerdo: ambos pedían la suspensión de un juicio mal encaminado.

Los reproches en contra de la jueza empezaron al nomás iniciar la audiencia, cuando la jueza pidió a los periodistas salir de la sala. Dada la enfermedad mental del exdictador, el tribunal había decidido realizar un juicio para la aplicación exclusiva de medidas de seguridad y corrección que implica que el proceso se debe llevar a puerta cerrada. Antes de que la prensa fuera excluida, los abogados querellantes tomaron la palabra y pidieron la suspensión del juicio.

Argumentaron que sobre el proceso judicial pesan cinco amparos sin resolver. Dos provienen de los querellantes y tres de la defensa. Si uno de estos amparos se declara con lugar, el juicio volvería a caerse, y debería empezar de cero por tercera vez. Eso sería un nuevo golpe moral a las víctimas, que verían como el sistema de justicia les pide de nuevo su testimonio para anular otra vez el juicio. Esto equivaldría, según la ley, a una revictimización.

Otro de los argumentos de los querellantes es que no se pueden llevar al mismo tiempo el juicio contra Ríos Montt y el juicio contra José Mauricio Rodríguez Sánchez. El primero es un juicio especial, a puerta cerrada y sin la presencia del acusado, mientras que el segundo es un juicio normal. Son pues, dos procesos de distinta naturaleza que, según los legistas, no pueden unirse sin violar los derechos de uno u otro acusado.

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De manera inaudita, Jaime Hernández, defensor de Ríos Montt, coincidió punto por punto con la argumentación de sus rivales, y pidió también la suspensión el juicio. A la inversa, el defensor del general Rodríguez Sánchez tachó la argumentación de “frívola e incoherente” y pidió que la audiencia prosiga.

La jueza, visiblemente molesta, decidió seguir con el juicio a los dos generales. Acusó a los abogados de olvidarse de las víctimas. “La persona humana no tiene cabida en sus argumentaciones. Los abogados sólo piensan en formalismos”, riñó, mirando tanto a la defensa de Ríos Montt como a los acusadores de CALDH y AJR. Luego explicó que, si se separan los dos juicios, las víctimas tendrán que recordar y exponer dos veces su sufrimiento.

Dicho esto, la jueza dio por iniciado el debate oral. Pero antes, sacó de la sala a todos los periodistas. En señal de protesta, algunos pegaron sobre las ventanas interiores de la sala de audiencias, carteles en defensa de la libertad de informar.

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