La clase media es esa zona gris en la que por un lado sus miembros se ofenden y escandalizan por parecer no tener el poder adquisitivo para ser la base del consumismo, tradiciones fastuosas como fiestas de 15 años y bodas, y lo necesario para subir peldaños de la encumbrada escala del estatus social. Abusar del teléfono celular, embriagarse los fines de semana y movilizarse en automóvil particular, son algunos estandartes sagrados de nuestra “clase media”.
Ayer, Prensa Libre tituló en primera plana con la nota que reporta la intención de Cervecería Centroamericana S.A. de invertir entre Q20 millones y Q30 millones en sacar de la pobreza a los habitantes de la aldea Tzununá, en el municipio de Santa Cruz La Laguna, Sololá. A primera vista esto no debería causar polémica, ya que será un beneficio a personas que de verdad lo solicitan. Creo que pocas cosas son tan complicadas como ver algo malo en una medida de estas.
Ahora bien, este escándalo a primera vista pudiera verse como una descomunal muestra de poder autoritario por parte del presidente Pérez Molina, encaprichado porque Villavicencio sea el ministro de Salud. Aparentemente el presidente sería hoy tan poderoso que pasa como aplanadora sobre la institucionalidad y la “autonomía” (suena a chiste de mal gusto, pero no lo es), que se supone que deben tener instituciones como el Ministerio Público, la Contraloría General de Cuentas y el Organismo Judicial.
Ayer, vecinos de la zona 6 capitalina y de Chinautla sufrieron una vez más el calvario de no encontrar medios que les transportaran a sus centros de trabajo o de estudio.



