En estos dos meses entre su victoria en segunda vuelta y la toma de posesión ha realizado dos decisiones trascendentales. Colocó la Reforma Fiscal como primera prioridad y respaldó a la Fiscal General frente a los embates de algunos exmilitares y conservadores radicales.
Y empezó a administrar el poder con tino, deudas y un traspié. Pérez acertó con el exmilitar Mauricio López Bonilla para Gobernación y el técnico progresista Pavel Centeno (del PP) para Finanzas, las dos carteras más importantes en el nuevo ejecutivo.
En los resultados en la lucha contra la impunidad de antes y ahora. En poner el tema del machismo y la violencia de género en el debate. En combatir la falta de transparencia. En mostrar hipocresías y tener nociones sobre el rumbo que hay que tomar.
Y la deuda que tendrá el país con él será la escasez de análisis con balance durante su mandato y en los próximos años.
Los periodistas, pero en especial los medios en Guatemala, somos nocivos a la hora de interpretar la realidad. Convertimos a la política en un teatro de buenos contra malos. Y la mayoría de medios tradicionales y de formadores de opinión conservadores tacharon a Colom del peor presidente de la democracia desde que fue candidato con posibilidades. Y no me parece que sea el peor, ni uno totalmente malo.



