No estoy segura si son cuatro o diez años, el tiempo que se requiere para que nos distanciemos de las pasiones, los odios y otros mejunjes, pero estoy convencida de que la evaluación hecha en lo inmediato conlleva una excesiva carga humana de subjetividad. Abunda en detalles, pero es incapaz de visualizar lo trascendente.
No pretendo restarle valor a estos ejercicios inmediatos, pues considero que tienen su impacto y razón de ser, pero me interesa más el contundente valor que le da la historia a sus gobernantes.
Disfruto cada página, saboreo las ideas, y sin querer, termino conectando esa Sudáfrica negra con esta patria mestiza en que vivo.
No crean que se trata de una pieza literaria. No es ese su valor, lo que sucede es que destaca el elemento humano de un líder muy particular, Nelson Mandela (Madiba) y del partido de futbol que salvó a una nación.



