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Tegus

Tipo de Nota: 
Opinión

Tegus

28 de Octubre de 2013
Tiempo aproximado de lectura: 3 mins

Tegucigalpa me hace pensar en un baúl viejo. De esos de madera carcomida y tapa chirriante. De esos con los que hay que tener cuidado para no herirse las manos con una astilla o un trozo de chapa suelto, pero que guardan cosas de antes, como paños de tela gruesa, cuadernos de tapa dura, u objetos a los que hay que adivinarle la función. Tegucigalpa se me antoja así: ajada, polvorienta, potencialmente peligrosa y llena de cosas viejas sorprendentes.

Redes-lateral

No hay nada que te anticipe la llegada a Tegucigalpa. Simplemente las casas de madera o concreto a ambos lados de la carretera de mala muerte por la que pedaleamos empiezan a condensarse y resulta que ya estamos aquí.  Asier tiene razón, este es un emplazamiento raro para una capital. Para entrar y salir hay que sortear cuestas imposibles. Las seis o siete colinas entre las que la ciudad se desparrama me hacen pensar en Roma. Los asentamientos que trepan por esas colinas me hacen pensar ...

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