Cerrar

x
Menú
Facebook Facebook
Buscar
Ayuda
Sólo puede quedar uno
Ir
Información

Sólo puede quedar uno

redes sidebar

Desde hace 58 días, Tectitán, un pequeño municipio de Huehuetenango, es un lugar concurrido y famoso. No es raro ahora al alzar la vista, ver helicópteros con políticos importantes sobrevolando sus cielos, en el horizonte. Las cámaras de televisión y noticiarios de todo el país también llegan a visitar. En sus pequeñas y desordenadas calles deambulan delegados de organizaciones mundiales como Amnistía Internacional, la Unión Europea y la Organización de los Estados Americanos.

Aunque quizá lo que más resalta en el pueblo es la presencia de seguridad con cientos de policías, decenas de soldados bien armados y el respaldo de un pelotón antimotines; “cada cual”, como explica un agente de la Policía Nacional Civil que ha llegado al municipio desde la capital, “listos para actuar en cualquier momento y ante cualquier situación de conflicto”.

Por ello no es en balde que los ciudadanos de Tectitán suelen decir que desde el pasado 11 de septiembre de 2011 –el día de las elecciones generales de Guatemala– su vida cotidiana cambió radicalmente y se convirtieron en el centro de una buena parte de la atención nacional.

“¿Qué ocurrió acá para que un pueblo tan pequeño como el nuestro cause tanto alboroto?”, se preguntaban, de cara a la segunda vuelta electoral hace apenas unos días, algunos de sus habitantes en tanto esbozaban una sonrisa incómoda. Y sus miradas, como dispersas, se clavaban, no en los soldados ni los periodistas o los helicópteros, si no en una pared, en el techo, o una puerta y se hacían un poco los locos… La respuesta, no obstante, que ellos mismos se daban en esas fechas era siempre la misma: mencionaban “el empate”. El empate que ocurrió con exactamente el mismo número de votos (se contabilizaron mil 162 votos para cada candidato) entre Francisco Ovalle, de la UNE, y Elí González, del PP, ambos aspirantes a la alcaldía municipal.

Se trató, en todo caso, de un empate único en Guatemala, y único quizá en toda Latinoamérica. Y sin proponérselo de antemano, Tectitán ha entrado en los libros de historia con estos resultados tan particulares.

Fronteras y polarizaciones

Tectitán significa lugar de pedernales, de piedras muy duras. Y para poder llegar hasta este lugar se debe atravesar gran parte de los Cuchumatanes, la cordillera no volcánica más elevada de toda Centroamérica.

Luego de 10 horas de subir y bajar montañas, zigzaguear laderas escarpadas y pintorescos paisajes dignos de figurar en almanaques, aparece un pequeño pueblo en la cima de una montaña empinada, con dos enormes antenas de telefonía celular que indican la ubicación de este sitio que demarca, por una parte, la frontera internacional con México y, por otra, el límite departamental entre San Marcos y Huehuetenango dentro de Guatemala.

El pueblo entero se recorre a pie en tan solo 20 minutos. Aquí no existen cajeros automáticos, ni bancos, tampoco hoteles o aduanas a pesar de percibirse como una zona muy cercana a la frontera.

“De noche, pero a bien altas horas de la noche, se ven camionetas agrícolas de lujo polarizadas que atraviesan estas carreteras”, sonríe, a modo de sacar plática, uno de los taxistas que cubre la ruta desde Tacaná en San Marcos en dirección a Tectitán, Huehuetenango. “También migrantes, pero ahora ya no tanto”, agrega.

Económicamente, Tectitán depende más de municipios ubicados en el territorio de San Marcos que de Huehuetenango. “Los celulares, los productos de las tiendas, todo viene de San Marcos”, dice la señora Reyes, propietaria de una pequeña pero bien surtida tienda. Pero advierte: “Aquí nos sentimos huehuetecos”.

Las calles del lugar dejan entrever algunos síntomas de polaridad partidaria bien marcada entre uno y el otro partido político que protagonizaron el empate de hace 58 días. Nada grave, sin embargo. Acá todos se conocen, saben quién está con qué partido, y como los vecinos indican, “la llevan en paz”.

Si preguntás, por ejemplo, sobre los candidatos empatados, Francisco Ovalle (UNE) y Elí González (PP), la gente se muestra escéptica. Tanto seguidores de un partido como del otro desgastan infinidad de gestos y ademanes para explicar básicamente lo mismo: “ganamos nosotros”, y que el empate “nadie se lo cree”.

El día en que todos empatamos

Los candidatos por la alcaldía municipal tienen distintos pasados en relación a Tectitán. Y quizá son los datos más concretos que han definido la intención de voto y el motivo del empate que le ha otorgado cierto reconocimiento a este pequeño municipio fronterizo.

Ovalle, por ejemplo, como explican a grandes rasgos los pobladores, ha vivido toda su vida en este lugar. Ha tenido únicamente dos trabajos. Fue subdelegado municipal del Tribunal Supremo Electoral hace 8 años, y luego, Concejal Primero del actual alcalde, don Porfirio Velásquez. “Parece que fue el poder detrás del trono durante los últimos cuatro años”, argumenta la gran mayoría de entrevistados. Y es quizás el único comentario en el que hay un acuerdo cuando se interroga por este candidato a las bases de ambos partidos, claro, antes de mencionar campaña a favor, unos, y descalificaciones, otros. “Su propuesta más conocida en estos últimos meses ha sido que construirá un hospital”, dice un vecino convencido de que Francisco Ovalle es su candidato.

En contraste, los lugareños dicen que González tiene una interacción distinta con la comunidad. En primer lugar proviene de un poblado cercano (“15 minutos de distancia”) llamado Toajlaj. Migró cuando era un niño a los Estados Unidos y luego regresó casi adolescente. Partió a México años más tarde, ya siendo más adulto, y regresó definitivamente a Guatemala en el año 2003. Los habitantes de Tectitán saben que tiene dos ferreterías bastante grandes, una en Tectitán y otra en Tacaná. Algunos le adjudican haber trabajado como policía judicial en el municipio de Motozintla, en Chiapas. Y parece contar con el voto de los migrantes campesinos de esta parte de Huehuetenango, que no son pocos, y que trabajan jornadas diarias en fincas mexicanas en las inmediaciones de la frontera. “Los que trabajamos allá, en México, sabemos que Elí nos entiende”, dice un hombre de sombrero, de gestos parcos, que desciende de un microbús.

El pasado 11 de septiembre, el empate se sostuvo entre estos candidatos. “Estuvo reñido”, exponen los vecinos, aun si recuerdan que sucedieron cosas un poco extrañas, muy peculiares, una vez cerradas las mesas electorales.

Los primeros en celebrar esa noche fueron los patriotistas. Habían pasado apenas cuatro horas del cierre cuando ya quemaban cuetes y se entendían como ganadores. Incluso algunos allegados al partido de la UNE recuerdan que entre sus filas hubo resignación, y tras unas breves declaraciones, su candidato, Francisco Ovalle, se replegó y se retiraría a su casa muy temprano para descansar.

La sorpresa llegó a las cuatro de la mañana del día siguiente. Había sido una espera de resultados un poco tortuosa. Los fiscales habían debatido dentro del centro de cómputo ubicado en una escuela en la entrada del pueblo durante casi toda la noche. Un buen número de gente de Tectitán tampoco había dormido y esperaba fuera de las instalaciones cualquier noticia sobre las votaciones. Cuando uno de los fiscales salió y anunció el conocido e histórico empate, lo primero fue duda, estupefacción y murmullos entre la población, y aunque un poco alterados los ánimos entre los seguidores de ambos partidos, entre gritos e insultos, sus acciones no llegaron a más. El resultado, luego de varios reconteos, como dice uno de los fiscales que estuvo en la mesa cinco aquel día, se aceptó por ambas partes, y los representantes municipales de los partidos firmaron el acta de reconocimiento que validaba el empate. Y el curioso dato que presentaban las elecciones municipales de Tectitán se trasladaba al Centro de Cómputo de Guatemala.

“El día que empatamos fue toda una sorpresa. Simplemente no lo esperábamos”, reconoce Carlos Velásquez, un hombre recio, de mejillas coloradas, acento mexicano, originario de Agua Caliente, una aldea ubicada al norte de Tectitán. “Yo no le puedo ir a ninguno. Es que los dos son mis conocidos”.

Un dato extraño

Algunos votantes todavía dudan sobre lo ocurrido. Los más informados, los que pueden consultar la página de resultados del TSE,  notan que no solamente los candidatos a alcalde empataron. Los votos nulos y los blancos emitidos en Tectitán muestran algo quizá extraño. Son, de hecho, cifras iguales: 108 votos cada uno. Es decir, un doble empate…

Cuando se consulta a varios residentes sobre este detalle, primero se miran extrañados. “Es un dato raro”, exclaman. Y luego, en sus conversaciones, empieza a ser recurrente la mención de un nombre: Oswaldo Ramírez, el presidente de la junta electoral de Tectitán.

Las especies sobre este personaje son variadas. La noche del empate fue él quien asumió la responsabilidad del dato histórico de las elecciones en Tectitán. Y se comenta que también fue él quien decidió resolver el empate. Y tanto la UNE como el PP le acusan de haber contratado a sus familiares dentro de la junta electoral, en mesas de votación, y también dentro de la logística y operaciones el día de los sufragios.

Ramírez parece un hombre sencillo, se mueve lento pero nervioso. No deja de sudar ni un instante. Y si se le pregunta sobre el empate, dice que ya lo ha explicado infinidad de veces: “La gente decidió, y fue empate. A los fiscales se les entregó sus votos, los contaron, una y otra vez, y ambos dijeron ‘mil 162’. Todo fue transparente, y todos estuvieron de acuerdo”, dice.

–¿Y la Junta Electoral ha hecho algún análisis sobre el empate entre nulos y blancos?

–…

–¿Los votos de rechazo o crítica? 

–Claro, claro – responde Ramírez, luego de unos segundos, un poco descompuesto. –Como le digo, la gente demostró su postura.

–¿Por qué existen tantas personas de apellido “Ramírez” en las mesas electorales? ¿Usted las contrató?

–Tectitán es un pueblo muy pequeño… Ramírez es un apellido común.

–¿Quiénes integran la junta directiva? ¿Se pueden mencionar sus nombres?

–Roberto Ramos Santos, secretario. Mario Pedro Velásquez, vocal. Pablo Roblero, suplente. Y Michelle Sánchez, también suplente.

–¿Sánchez Ramírez?

–Sí, como le digo, es un pueblo pequeño.

Oswaldo Ramírez suda un poco más. Mira hacia todos lados, mira a la cámara, mira la grabadora, y confiesa que está preocupado. “Uno es como un árbitro de futbol, a uno le llueven los insultos y las amenazas por mantener orden. Uno tiene responsabilidades y hay que asumirlas. Aquí debe haber un ganador y la gente debe respetarlo”.

La personalidad de los candidatos

Francisco Ovalle, el representante de la UNE, y Elí González, el del PP, son realmente dos seres humanos con personalidades muy distintas. Cuando se les llama por teléfono, es inevitable notar que cada uno ha personalizado su celular. Ovalle tiene en tono de espera un corito cristiano. González, por su parte, una canción de los Tucanes de Tijuana. Casi al mismo tiempo ambos acceden a dar una breve entrevista.

González es un hombre de complexión amplia, de gestos fuertes. Viste jeans, sombrero de paja, botas vaqueras y, al igual que sus guardaespaldas, una hebilla prominente en la cintura. La alcaldía, dice, la ve como una oportunidad para ayudar a las 33 comunidades que existen en todo Tectitán. Y explica que una de las cosas que más le interesa es velar por los migrantes.

Ovalle, en contraste, parece un tipo relajado. Su corte de pelo es sencillo, y su rostro, parco, apenas emite gestos. Y por lo regular sus respuestas son lacónicas, casi monosilábicas.  Dice que la alcaldía es un proyecto ya iniciado, con propuestas de su parte como actual Concejal Primero. Y si algo le interesa es que Tectitán no sea controlado por gente que viene de fuera, que no sepan realmente de las necesidades de la comunidad.

Del empate ambos dicen que ya han ganado, desde el pasado 11 de septiembre.

Ovalle reconoce que tuvo errores en la selección de sus fiscales en el día de las elecciones. “Pero eso no vuelve a pasar. Hoy mandamos a gente más capacitada para que no se den los errores anteriores”.

González explica que el empate fue un resultado inesperado. Pero que ha sido respetuoso de las autoridades electorales y cada una de sus decisiones. “Incluso de algo tan complicado como un empate. Incluso cuando ya nosotros estábamos por celebrar el triunfo”. 

El desempate final

La noche del 6 de noviembre Tectitán permanecía expectante. El histórico empate que había captado la atención sobre la comunidad finalmente tendría que decidir un ganador. Ovalle o González, uno de los dos.

Una pequeña muchedumbre se había apostado frente a las instalaciones de la pequeña escuela donde se contabilizaban los votos. Con el paso del tiempo, más gente se añadía. Y en respuesta, más elementos militares y policías se presentaban al lugar y custodiaban el centro de cómputo. En su mayoría la gente que rodeaba la escuela eran simpatizantes de Elí González.

Alrededor de 500 personas esperaban.

Lejos del ruido, lejos de la muchedumbre, algunos pobladores cerraban sus negocios y comentaban que si Ovalle ganaba los comicios, el pueblo reaccionaría mal.

“Es el voto rural, de las comunidades”, explicaban.

A lo largo del día habían sucedido pequeños enfrentamientos verbales entre las bases de cada partido. Algunos diputados como Julio César Villatoro y Emilenne Mazariegos y sus helicópteros no pudieron entrar. Y existía una leve tensión en cada uno de los centros de votación.

Cerca de las 10 de la noche, uno de los fiscales salió con el resultado final. La tensión se incrementó. Las fuerzas de seguridad se desplegaron, crearon un cerco mayor, dividieron en dos sectores a los simpatizantes de cada partido, y en los gestos de policías y soldados se podía entrever algunos indicios de ansiedad. Ese día 3 mil 767 habitantes de Tectitán habían ido a votar. Un poco menos de aquellos que habían votado por el empate.

Esta vez habría un ganador.

“Señores”, gritó el fiscal, “existe una pequeña diferencia pero hay un ganador. Debemos respetar lo que haya decidido la gente. Y no hay marcha atrás”.

Una diferencia (y un desempate) de 62 votos nada más. “Aquí solo uno podía ganar”, se relajó un soldado quitando el dedo del gatillo de su fusil. La muchedumbre, a sus espaldas, se disipaba. Elí González sería declarado el nuevo alcalde de Tectitán.

Si preguntás, por ejemplo, sobre los candidatos empatados, Francisco Ovalle (UNE) y Elí González (PP), la gente se muestra escéptica. Tanto seguidores de un partido como del otro desgastan infinidad de gestos y ademanes para explicar básicamente lo mismo: “ganamos nosotros”, y que el empate “nadie se lo cree”.
Algunos votantes todavía dudan sobre lo ocurrido. Los más informados, los que pueden consultar la página de resultados del TSE, notan que no solamente los candidatos a alcalde empataron. Los votos nulos y los blancos emitidos en Tectitán muestran algo quizá extraño. Son, de hecho, cifras iguales: 108 votos cada uno.
Texto