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95 de los 235 comunitarios de la aldea El Quetzalito, Izabal, siguen albergados en una escuela del municipio de Puerto Barrios, esperando el finalizar del paso de la tormenta Iota. Josué Ayala

Sin salir de Eta, Iota amenaza

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Sin salir de Eta, Iota amenaza

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Después de los daños causados por Eta, no hubo tiempo para pensar en la reconstrucción. Estas son las historias de familias en Morales, Izabal, donde apenas lograron salvar algunas reces; en Panzós, Alta Verapaz, muchas ya huyeron; y en Puerto Barrios alargaron su estadía en un albergue. Todo ocurre de nuevo en menos de dos semanas.

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Yuvini y Orlando residen en diferentes ubicaciones de Morales, un municipio del departamento de Izabal que quedó bajo el agua a causa de la tormenta Eta. Yuvini vive en la aldea Sioux, que quedó inundada desde la semana pasada, y Orlando en un área más elevada, que al menos le permite alejarse pocos metros de la zona en riesgo de inundaciones.

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Ayer 17 de noviembre, por la amenaza de Iota, Yuvini y su familia abandonaron su casa. Otra vez.

En esta ocasión evacuaron por el temor de repetir lo que vivieron en los primeros días de noviembre. El patio, convertido en laguna. La casa, ahogada. Los muebles y electrodomésticos inservibles. Apenas lograron salvar algunas reses al arriesgarse a cruzar uno de los ríos sobrecargados, para luego ponerse a salvo.

Mientras esperan la llegada de Iota, todo es suspenso y preocupación. No saben si ahora será peor que la semana pasada. Lo que hay es el recuerdo de la vida que fue.

La preocupación tiene sentido. Según la Coordinadora para la Reducción de Desastres (CONRED), todos los municipios de Alta Verapaz e Izabal tienen amenaza alta de inundaciones. Hay 59 municipios con esta alerta. 124 podrían resultar afectados. Para las primeras horas después del ingreso de Iota, ya reportaba 2,343 personas evacuadas, 25 viviendas en riesgo y 22 con daños.

Además de Alta Verapaz e Izabal, las estimaciones dicen que podría haber daños en Guatemala, El Progreso, Escuintla, Santa Rosa, Quetzaltenango, Suchitepéquez, Retalhuleu, San Marcos, Huehuetenango, Quiché, Baja Verapaz, Petén, Zacapa, Chiquimula, Jalapa y Jutiapa. Más de medio país.

Los suelos están saturados por las lluvias que provocó Eta. Aunque en los últimos días Iota perdió intensidad hasta convertirse en tormenta tropical, todavía representa un peligro para Guatemala, aún si llegara como depresión tropical.

Esa vulnerabilidad no la creó Eta, tampoco Mitch, Stan o E12. Michelle Tercero, experta en sistemas de información geográfica del Instituto de investigación y proyección sobre ciencia y tecnología (Incyt) de la Universidad Rafael Landívar, explica que la mayoría de los municipios tiene un índice de vulnerabilidad social alto o muy alto. En este escenario alimentado por bajos niveles educativos, poco acceso a vivienda y servicios básicos, proteger la vida, dice la investigadora, debe ser producto de un constante monitoreo climático y con un sistema de alerta temprana. Alta Verapaz está a la cabeza de estos riesgos.

Orlando García, con señal de Internet que ya presenta fallas en la tarde del martes 17 de noviembre, está refugiado en su casa con la certeza de que la suya no se inundará. En la mañana compró leche y el vendedor le dijo que no pasaría al siguiente día porque los dueños de las reses las habían trasladado por seguridad. Está pendiente de las noticias a través de la televisión y las redes sociales y comparte algunas imágenes que «los cuates» le trasladan.

En 1998, cuando el huracán Mitch también lo inundó todo, supo que su vivienda quedaba en un área elevada. Eta le reconfirmó que su terreno está a salvo porque el agua se estancó a un par de metros de distancia. Sus vecinos sí, ellos salieron por la mañana a diferentes refugios.

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Josué y los que huyeron de El Quetzalito

Josué Ayala, alcalde comunitario de la comunidad El Quetzalito, en Puerto Barrios, Izabal, vive ahora en una escuela junto a 95 de las 235 personas de su comunidad. Los pobladores no creían que un huracán degradado a tormenta y luego a depresión tropical los pudiera vencer.

Como comunidad rural, se organizaron para solucionar su problema. Los hombres se quitaron la camisa. ¿Quién necesita más ropa mojada cuando el Sol no alumbra? Entraron al agua y colocaron sacos de arena en el hueco por el que el agua se les colaba.

Terminaron la barda, pero el agua que todo lo vence amenazaba con inundarlos. Se rindieron y decidieron por la vida. Un grupo de cristianos evangélicos les proveyó ayuda para que pudieran salir en pequeñas embarcaciones.

El 6 de noviembre salieron y ahora la mayoría está refugiada con parientes en zonas altas. Las 95 personas que no tenían a dónde ir viven en los salones de la escuela Entre Ríos, en Puerto Barrios. Ahí aguardan a que pase Iota, la amenaza que los mantiene en lo que para ellos parece una realidad paralela.

Ahora están a 55 kilómetros de la comunidad, en salones escolares que ahora funcionan como refugio. La mente la dejaron en El Quetzalito, en donde ya bajó el agua y se quedaron las posesiones y los recuerdos de una vida.

El daño continúa. Más de 17 mil personas todavía están en albergues oficiales. Hay 166,687 en resguardos temporales no oficiales, es decir, personas que huyeron de las inundaciones y se refugiaron en otros lugares con familiares y conocidos. Están de posada, esperando que el agua baje.

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Golpe por COVID, Eta y ahora Iota

Eunice López y los cuatro integrantes de su familia buscan con urgencia una nueva casa. Eta dañó la que habitaban en Tactic y, ante la alarma del nuevo huracán, solo piensan en encontrar un lugar en dónde estar a salvo y ubicar las pertenencias que rescataron.

Entre las posesiones están las máquinas industriales que usa para diseñar y fabricar ropa desde mediados de 2019. Después de la crisis económica que dejó el COVID19, la llegada de la tormenta Eta le vuelve a golpear las finanzas y con Iota las cosas se le complicaron más.

«Ir a un albergue es lo último que queremos hacer, porque por salvarnos de una tormenta no nos vamos a exponer al virus», dice. Esa decisión les ha costado dinero. Su papá, mamá, una hermana, su abuela, su perro y un gato, pasaron varios días en la habitación de una pensión que cobra casi 600 quetzales por noche.

El miércoles 18 de noviembre, cuando Iota se redujo a depresión tropical, Eunice y su familia amanecieron en su casa. Lograron poner a salvo todas sus cosas y se quedaron con lo básico, a la espera de que los ríos y las cascadas no vuelvan a inundandarla. 

Mientras tanto, Eunice no para. Ha encontrado casas en renta en Carchá y en Cobán, pero todo supera su presupuesto. Le piden depósito y alquiler juntos cuando su empresa está parada. Ni pensar en un préstamo, porque su situación financiera no es estable y sus familiares cercanos también están sobreviviendo a la emergencia. El lunes 16 de noviembre, Eunice trasladó la maquinaria industrial de su negocio a un local a medio construir que alguien le prestó. Es temporal. La familia sigue buscando un nuevo hogar.  

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En Panzós están a punto de perderlo todo, otra vez

En la comunidad La Isla, a orillas del Polochic, están a punto de dejarlo todo para buscar refugio. Hace dos semanas, cuando el río creció por Eta, salieron en cayucos hacia el albergue del Salón Municipal de Panzós, Alta Verapaz. Ahí estuvieron siete días. Perdieron siembras, animales y utensilios. El lodo inundó sus casas. El mal tiempo por Iota representa un nuevo peligro, pero el Estado es el mismo: no han recibido ninguna alerta.

«Está lloviendo algo recio y el río está creciendo», dijo Manuel Choc, de La Isla. «Estamos mirando qué vamos a hacer. Estamos preocupados». Nadie les ha dicho si es necesario salir, pero ya lo están pensando. Están atentos a si el río crece.

La semana pasada lograron rescatar algunos sacos de maíz, pero fueron los menos. Algunas familias tenían 30 y ahora solos les quedan 14 o diez. Algunos hombres de la comunidad, una decena, se quedaron ahí, sobre los cayucos, cuidando lo poco que tienen y esperando a que el río bajara.

La Isla, como Quejá, la comunidad de Alta Verapaz donde estiman que murieron más de 40 personas, son zonas de riesgo constante. ¿Por qué alguien quisiera vivir al lado de un río que en cualquier momento podría llevarse todo, o bajo una montaña que colapsa fácil? En una entrevista a Plaza Pública, el experto en análisis de riesgos, Ricardo Berganza, explica que hay familias que tienen tan poca certeza de lo que comerán mañana que pondrán poca atención ante una amenaza que ocurrirá en un año. «Todos los seres humanos tenemos prioridades, si tenemos problemas para comer, para vestirnos, o si tenemos problemas porque los delincuentes controlan el territorio, la gente va a tener prioridad de supervivencia. Sus prioridades no van a ser salirse de esta casa que está en riesgo, eso puede tratarse después, procrastinan ese tipo de intervención». Además, muchas comunidades ocupan estos terrenos porque son el fruto de desplazamientos históricos, desde la reforma liberal hasta el conflicto armado. En Guatemala el riesgo es un factor construido a lo largo del tiempo.

David de León, vocero de Conred, dijo que ya avisaron a las municipalidades para que alerten a la población y empiecen a evacuar. Pero a algunas comunidades, como en La Isla o Río Zarco Jones, también en Panzós, no ha llegado nadie.

«El río Zarco ya está creciendo. Desde ayer empezó a llover», dijo Juan Pedro Chub, de Jones. «Aquí no ha venido nadie. Nosotros salimos y estamos en otra aldea». Son 35 familias. Ellos lo perdieron todo. No lograron rescatar ni un saco de maíz. «Pedimos posada varios días mientras esperamos que el agua empiece a bajar», agregó.

Juan Pedro reitera que necesita ayuda. «No tenemos nada qué darle de comer a nuestros hijos», afirmó.

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Según CONRED solo se han evacuado 19 personas por Iota. De León afirmó que hay personas en Los Amates y Morales, Izabal, que decidieron no evacuar por miedo a que les roben sus pertenencias. «Comprendemos esta situación, pero es necesario que las personas vayan a algún lugar de resguardo», dijo.

Evacuar es necesario, pero no siempre es una opción. Sobre todo, por la falta de alertas que lleguen a la población y de albergues para atender a todas las personas afectadas. 

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