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Sandra Torres pierde terreno en el departamento más desigual
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Una pegatina del partido UNE pegada a la par de un símbolo religioso destaca en la casa de Ernesto Ramírez, candidato a la alcaldía del Municipio de Panzós por el Partido Unidad Nacional de la Esperanza (UNE)

Sandra Torres pierde terreno en el departamento más desigual

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El alcalde Jaime Chub Winter se atreve a calcular que el 50% de la conflictividad agraria en Alta Verapaz se concentra en Panzós
A la 1:30 de la madrugada del 17 de junio, los simpatizantes de don Neto decidieron abandonarlo para ir a buscar respuestas a la cabecera municipal
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Alta Verapaz ha sido uno de los bastiones de la UNE. Pero el domingo su voto cayó. Las siete alcaldías que logró en 2015 se deprimieron ahora a tres. El partido también perdió 12,069 votos para el binomio presidencial, alrededor de un 10% menos que hace cuatro años. Quienes han permanecido leales al partido verde y a Sandra Torres son quienes sobreviven en las áreas más empobrecidas del país. El municipio de Panzós es uno de ellos.

A Mayra Cuc Pop, mujer q´eqchi´ de 30 años le llegó el amanecer del lunes 17 de junio sin saber los resultados oficiales de las elecciones en Panzós, el municipio de Alta Verapaz, en donde reside. A pesar de la incertidumbre por el lento conteo de votos, era un hecho que la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) lideraba los resultados en todas las papeletas, igual que en 2015.

En el país, Sandra Torres de la UNE se posicionó en el primer lugar, con más de un millón de votos (25.6% de todos los votos), y 116 alcaldías, más de una tercera parte del total, y con estos resultados duplicaba su poderío municipal.

Los alcaldes que se quedaron sin partido cuando Lider y PP fueron cancelados habían hecho bien su cálculo de migrar a la UNE en el resto de lugares, pero lo que ocurrió hace cuatro años aquí en Alta Verapaz, en donde está Mayra Cuc Pop ahora mismo, cuando el partido logró siete de las 17 alcaldías, sobre todo en la zona del Polochic, no se volvió a repetir.

No esta vez.

El domingo, solo tres, según los resultados reportados por el Tribunal Supremo Electoral: Tucurú, Santa Catalina La Tinta, y Panzós, donde ahora está Mayra Cuc Pop.

Ella fue una de las votantes para la continuidad de la UNE y para acercar a Sandra Torres a la presidencia. «Ella es un ejemplo para nosotras las mujeres», afirma, convencida de que si una mujer llegua a la presidencia romperá la estructura tradicional machista. Esperanzada, además, con que la lista de ofrecimientos que han hecho, de educación para las mujeres, salud, alimentación, mejores carreteras y empleo, quizá se haga realidad.

Alta Verapaz, uno de los doce departamentos en donde se concentran los seguidores más leales a la UNE, le dio 109,222 votos a Sandra Torres el pasado domingo, pero son 12,069 menos que en 2015. Las pocas alcaldías que obtuvo aquí y esa leve reducción de votos al binomio presidencial, se explican, quizá en parte, por la abundancia de símbolos y rostros que competían por la voluntad del electorado.

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Las elecciones en una zona q´eqchi´

Mientras la candidata Sandra Torres concedía entrevistas en el centro de operaciones del Tribunal Supremo Electoral (TSE) en la zona 9 de la capital, cuando ya superaba el millón de sufragios a su favor, a 255 kilómetros de distancia todo era confusión. El rotundo calor de la zona del Polochic atizaba los ánimos en Tucurú, Senahú, El Estor, y Panzós, en donde hubo un homicidio.

La población de Panzós, especialmente quienes habitan las aldeas, viven en una burbuja obligada. Ahí, donde decenas de indígenas fueron asesinados en 1978 a causa de un reclamo para la legalización de sus tierras, las condiciones de vida del pasado no distan de las que viven en el presente.

Los que habitan Panzós están divididos entre los que lo hacen en la cabecera y en la aldea Telemán, que quisiera convertirse en un municipio aparte, y los que están asentados en la sierra. En las aldeas de la sierra no hay acceso a caminos en buenas condiciones. Para algunas comunidades solo hay transporte una vez al día, en temerarios picops que recorren decenas de kilómetros polvosos sobre piedras mientras van atascados de personas colgantes.

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A pesar de que el TSE autorizó instalar más centros de votación para acercar las urnas a los ciudadanos, en estas elecciones muchos todavía tuvieron que caminar varios kilómetros o tomar un picop o camión para ir a votar. Quizá eso provocó que el abstencionismo fuera del 35.3%.

A pesar del intenso calor, los habitantes de estos poblados acostumbran a caminar largas distancias. La gente es amable, y saludan en q´eqchi´, porque es el idioma cotidiano. Hay muchas mujeres y personas de la tercera edad que son monolingües, y cuando alguien les habla en castellano prefieren no responder, y simplemente ríen.

Los locales sobreviven en soledad. No es fácil, lleva tiempo y dinero viajar a la cabecera municipal, o a Telemán, en donde hay más comercio, y mucho menos a la capital. El traslado es un lujo inasequible. Hay comunidades, como Cahaboncito, a 11 kilómetros de Panzós, que tienen más cerca el Estor, en Izabal, que su propia municipalidad.

Andrea Godínez

La mañana del domingo, Plaza Pública viajó a esa aldea. Había 3,000 votantes registrados. El personal del TSE y de la Junta Municipal Electoral identificaba este lugar como una zona conflictiva, porque para ingresar o salir solo existe un paso, sobre un puente. Al final los temores de que inconformes pudieran obstruir el paso quedaron en rumores y los encargados de las elecciones salieron a salvo.

En Cahaboncito, la elección fue una oportunidad de esparcimiento. Hubo ventas afuera de la escuela, y largas filas de mujeres y niños que esperaron pacientes a que les llegara el momento de pasar.

Ahí los niños logran con mucho esfuerzo terminar la primaria. Pocos acceden al ciclo básico y una mínima parte puede trasladarse a vivir a otro lugar para estudiar diversificado.

El Estado les ha negado el derecho a la educación, a la salud, a la seguridad, a la tierra. Hay por lo menos 45 conflictos de tierra, que a falta de resolución estatal terminan en ocupación, invasión, o recuperación. Cada grupo usa una palabra distinta para identificar lo que ahí ocurre. El alcalde Jaime Chub Winter se atreve a calcular que el 50% de la conflictividad agraria en Alta Verapaz se concentra en Panzós.

La mayoría de personas sobrevive con lo que les da el campo, cuando tienen tierra propia o poseen ingresos para arrendamiento. Todo transcurre en medio de un clima húmedo y pavoroso. Cuando llueve, se alborota. Si llueve fuerte, se les desbordan los ríos. La energía eléctrica es un privilegio. El profesor Santiago Caal, residente de la aldea Poza Azul, tiene que pagar mensualmente un aproximado de Q87.

Tiene dos focos de luz, un teléfono, una computadora, una radio. Su consumo es de 14 kwh, que significan Q26.79. Pero en su factura se suman Q60.21 de la tasa del alumbrado público. Muchos de sus vecinos, nos cuenta, han preferido quedarse con la única iluminación que le proveen las estrellas y la luna. Sin ingresos suficientes, un foco de luz es prescindible.

El alcalde Chub Winter recuerda que durante meses tuvo el 35% del salario embargado, a causa de una denuncia de Energuate por falta de pago. La comuna debe Q3 millones, que él se ha negado a pagar y que corresponde a una deuda acumulada de alumbrado público.

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La vida en las humildes aldeas de Panzós se apaga a las 6:00, junto con la luz del sol. La gente madruga, al canto del gallo. A trabajar en las empresas de palma africana, en el campo, como peones en fincas de la costa. Adultos y jóvenes, niños con sus madres, incluso desde los 7 años, abandonan su tierra para salir a buscarse la vida.

Así es como se explica que en el aula del maestro Caal se ausenten sus alumnos. La esperanza de educación ahí no supera la primaria y los que tienen más éxito alcanzan los básicos. A una joven de Cahaboncito, de 15 años, su padre le anunció que con el tercero básico llegó el final de su vida educativa. Cuando ella le preguntó por qué, él le respondió «porque sos mujer».

A una distancia de 11 kilómetros de la cabecera municipal está el instituto de diversificado. Pero ir a diario sería aspirar a demasiado. Sus padres no pueden pagarle el transporte, ni el uniforme y mucho menos los útiles. No le pueden garantizar un mejor futuro y ella misma no sabe qué pasará con su vida. Estar en la casa, ayudar en los oficios del hogar, y nada más por el momento.

Por eso es que la imagen de Sandra Torres pega fuerte en algunas mujeres que la siguen fielmente. Mayra Cuc Pop, la mujer q´eqchi´ de quien hablábamos al inicio, porque estaba desesperada por la lentitud de los resultados, vive en la comunidad Río Polochic, en el límite con Sepur Zarco, en el Estor, Izabal.

Cuando se le pregunta por qué votó por Sandra Torres, explica lo que significa que una mujer sea presidenta. «Queremos (que) las mujeres que (se) levanten, que salgan de la mala educación que tienen y también que (ella) abra un camino para las mujeres».

El discurso con el que Sandra Torres se ha ganado a sus votantes coincide con lo que los habitantes de Panzós reconocen como sus necesidades más básicas. La esperanza que les queda es que, si su voto vale de algo, se convierta en respuestas y que les cumplan lo prometido. Sandra Torres, ha dicho que una de las formas para llevar trabajo al campo será a través de la instalación de maquilas.

La muerte acompaña el cierre de las elecciones en Panzós

Los conflictos ocurrieron, como ya lo habían previsto las autoridades electorales, cuando se hizo el conteo de sufragios.

Lo que desesperó los ánimos fue que los resultados demoraron más de lo esperado. A pesar de los muchos esfuerzos de los voluntarios de las mesas electorales y de los fiscales de los partidos, era difícil apurar la revisión de boletas. Fueron 17 candidatos a la alcaldía.

Pasada la medianoche, cuando los mismos candidatos confirmaban que la UNE había ganado la alcaldía, Plaza Pública buscó a su candidato, Ernesto Ramírez Caal, mejor conocido como don Neto, en su vivienda de Telemán, una aldea que tiene más actividad comercial que la cabecera municipal de Panzós, y de donde han salido los dos últimos jefes ediles.

«El resultado no se ha dado definitivamente, porque hay problemas en el casco urbano en la Escuela Integral de Panzós. Me llamó una señorita que está en la junta receptora de votos y me dijo que era gente de la UNE la que estaba ahí y yo le dije que no. La gente de la UNE no pelea, la gente ganadora no pelea y solo espera resultados para celebrar con el equipo. Los inconformes son los que están haciendo bochinches, yo creo que es el Vamos y URNG», declaró don Neto, rodeado de su multitud que lo aupaba.

El rostro moreno, sudoroso a la una de la madrugada, voz fuerte pero nerviosa. Temía por la seguridad de los fiscales de las mesas en donde había conflicto, y ya había pedido a Felipe Caal Lem (candidato a diputado por la UNE) que le mandara al Ejército.

A la 1:30 de la madrugada del 17 de junio, los simpatizantes de don Neto decidieron abandonarlo para ir a buscar respuestas a la cabecera municipal. Los incomodaba la ausencia de información, estaban desconfiados, unos cuantos, violentos y alcoholizados. Exigían credenciales a quien tomaba fotos. «No queremos gente que solo venga a chingar», gritaban.

La mayoría de hombres y pocas mujeres alcanzaron a subirse en varios picops, un pequeño grupo se abalanzó en tuc tuc, y decenas más caminaron 13 kilómetros hasta Panzós. El resultado fue un crimen.

El relato de algunos pobladores va así: la caravana de los seguidores de la UNE encontró al grupo del partido Vamos (del presidenciable Alejandro Giammattei). Dos jóvenes fueron apedreados y a pocos pasos del centro de operaciones de la Junta Electoral Municipal se escucharon unos disparos. Alejandro Poou, afín a Vamos, fue asesinado.

Ese acto de violencia acabó con la vida de un padre de 35 años, que dejó a su esposa embarazada y a cuatro hijos. Aunque los múltiples rumores que antecedieron al evento electoral pudieron advertir que la jornada no sería pacífica, no hubo suficientes esfuerzos para impedirlo.

La Oficina del Procurador de los Derechos Humanos estuvo ausente. «Por el escaso personal», justificó Carlos Guillermo, delegado departamental. La Policía Nacional Civil distribuyó a sus 18 agentes de planta en los 12 centros de votaciones, y complementó con 30 agentes antinarcóticos que llegaron como refuerzos. Una de las agentes contó que, con su moderado q´eqchi´, trató de dialogar y contener a la masa irritada. No durmió toda esa noche, pero estaba satisfecha porque, por suerte, lograron apaciguarlos y el caos no llegó a más.

En la mañana del lunes, familiares del fallecido y seguidores del partido Vamos se presentaron al lugar del crimen para exigir justicia. También pedían la repetición de las votaciones, porque acusaban al candidato de la UNE del hecho.

Los pocos hombres que hablan castellano traducían a las mujeres, que portaban cartulinas que ellas no elaboraron, con mensajes en español. En siete carteles distintos, los mensajes eran diferentes. Ellas los portaban con fuerza, soportando el inclemente sol. Todos tenían como objetivo claro acusar del crimen al candidato de la UNE.

«Neto Pan no tiene derecho a gobernar el municipio de Panzós», «Panzós heroico está con Cristian García». A la distancia estaba ese Cristian García que se mencionaba en los letreros. Denis Cristian García Buenafe, candidato del partido Vamos, de 31 años, estaba oculto a un costado de la cancha deportiva, resguardado por sus partidarios. Camiseta azul, mirada hacia el suelo, maestro de profesión, que compitió por primera vez en una elección.

De acuerdo con su relato, que es escuchado por casi un centenar de personas que lo rodean mientras habla con esta reportera, todo el problema se originó porque su partido llevaba delantera a cierta hora del conteo. Y cuando el grupo de la UNE llegó a festejar, a restregarle el logro al grupo rival, hubo un choque de dos fuerzas.

Luis Yath, el presidente de la Junta Electoral Municipal, no paraba de recibir llamadas telefónicas. La tensión era evidente en su mirada. Su trabajo era mantener inviolable el proceso electoral y sabía que el conteo de votos iba a causar problemas. Luego del crimen su tarea era resguardar las cajas con los votos. Para resolverlo, convocó a los fiscales de los 17 partidos políticos en contienda a una reunión de emergencia a media mañana del lunes.

La Policía tuvo que desplazarse al lugar, e incluso se presentó un jefe policial de la sede de Cobán, porque los inconformes querían ingresar al salón de la reunión.

Después de varias horas de deliberación, resolvieron enviar las cajas electorales a Cobán, la cabecera del departamento, para garantizar su seguridad. El caso por la muerte de Alejandro Poou queda en manos del Ministerio Público, que se ubica a 28 kilómetros de distancia, en Santa Catalina La Tinta. Su cuerpo fue trasladado a la morgue de la cabecera departamental.

El martes 18 de junio, a las 2:35 de la tarde, ya solo quedaba una de las 78 mesas pendiente de computar. El resultado fue definitivo: Ernesto Ramírez Caal obtuvo 5,347 de los 16,280 votos emitidos. Hubo una participación del 64.97% de la población. El partido Vamos quedó en segunda posición, con 2,440 votos. En tercer puesto, la coalición URNG-Maiz con 2,070.

Elegir a un alcalde nuevo cada cuatro años

En Panzós, Sandra Torres tiene un voto fiel, y su imagen sirve para impulsar al candidato a la alcaldía. Hace cuatro años ganó Jaime Chub Winter. Este año el actual edil decidió apartarse del grupo, porque según cuenta no accedió a que personas ajenas a su confianza fueran impuestas en su planilla.

Para la reelección, que hasta ahora nadie ha podido obtener, se afilió a Compromiso, Renovación y Orden (Creo), partido por el que también compitió su hijo para una diputación. Ninguno de los dos ganó. El alcalde concedió una entrevista a Plaza Pública en su casa, en donde se había refugiado ante amenazas de asesinarlo si volvía a quedar electo.

Protegido por sus guardaespaldas, y personal policial estaba confiado en que ganaría a causa del apoyo de los habitantes de la Sierra de las Minas. «Yo he trabajado por ellos», decía.

El edil aseguraba que no le afectaría el haber cambiado de partido, porque las personas se «fijan más en los nombres que en los símbolos». Al final, quedó en quinto lugar.

Edwin Ricardo Rummler Teni, candidato del partido Valor, se encomendaba a Dios antes que las mesas receptoras abrieran sus puertas. Fue alcalde con el desaparecido Frente Republicano Guatemalteco (FRG) de 2008 a 2012, y al año siguiente le apostó a Sandra Torres. Pero ella no fue admitida como candidata y «ya no me pude salir (del partido)», recuerda.

Ese año perdió porque se quedó sin candidata presidencial. El nombre de Sandra Torres tiene peso entre la población. Rummler logró una cuarta posición esta vez, pero también ahora compitió sin una figura presidencial. Zury Ríos no pudo participar por la restricción constitucional que impide postularse a los familiares de quienes hayan llegado al poder a causa de un golpe de estado.

En Panzós esperan que su voto tenga algo de utilidad. No aspiran a drenajes, porque eso queda en segundo plano cuando no tienen acceso a agua potable. Tampoco aspiran a mejor transporte, cuando todavía tienen carreteras pedregosas. Aspiran a educarse, pero también a empleo digno. Muchos luchan por la legalización de tierras, y tienen la mira puesta en esas que dejó el ingenio azucarero Chabil Utzaj, u otras que puedan ser productivas.

El alcalde electo asegura que él no ofreció nada durante su campaña, porque no quería mentirle a la gente. Pero ofrece que al asumir el cargo buscará el diálogo con las comunidades para escuchar lo que necesitan. Los hombres y mujeres de Panzós votan cada cuatro años por el deseo de que su voz, por fin, pueda ser escuchada.

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