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Pudor nos enseñan
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Pudor nos enseñan

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Tipo de Nota: 
Opinión
20 10 16

Read time: 2 mins

El arte de vestirse sin dejar cabida al morbo es, sin duda, una forma de expresión de reprimida seguridad y de completa desconfianza en el espejo, en la mirada ajena, en el prejuicio social, en el castigo del ojo público.

Hace unos días, en los vestidores de la piscina, noté como, con curiosidad y mucha atención, tres niñas, no mayores de ocho años, miraban mi cuerpo desnudo.

Había en esas miradas una combinación extraña de picardía, susto, efecto binocular y proyección a futuro. Risas nerviosas, susurros al oído y ojos de medio lado que nada logran disimular.

En la ducha escuché a dos mujeres que debían ese primer encuentro a un incidente de carros en el estacionamiento.

Una pedía disculpas mientras la otra le señalaba la suerte que tenía.

Un choque de retroceso a un auto inmóvil y sin pasajeros lleva a dos mujeres a discutir realidades de estructura social. La víctima de un accidente sin lastimados expone tras vestidores su postura desolada frente a un esposo que al conocer la noticia deja claro que esto llevará consecuencias feas a casa.

«Usted tiene suerte. Oí como hablaba con su esposo. Se nota que es comprensivo», le decía ella a la provocadora del tope y probablemente de una crisis intrafamiliar.

Una observa. Una escucha. Una ve. La cosa me parece cada día más clara. Muchos de los mensajes que proyectamos ocultan, culpan, desprecian, acusan, acosan, irrespetan, abusan, descalifican, irrumpen en nuestros cuerpos, en nuestros actos, en nuestras decisiones y hasta en nuestros pasos. Uno tras otro nos matan.

Ayer, 19 de octubre, unas 200 personas, mayoritariamente mujeres, alzaban la voz en Guatemala. Cuerpos desnudos reivindicaban respeto y libertad. Gritaban frente al palacio y, callados, todos liberábamos la vía a esas voces de unas pocas llevando el mensaje de muchas.

Confieso y me declaro culpable. No es fácil hablar. No es fácil enfrentar. No es fácil aceptar que también se es víctima repetidas veces. Los privilegios (¿o derechos?) en los que estoy sentada no bastan para borrar el peligro.

Ojalá las niñas puedan, en los vestidores y fuera de ellos, observar con curiosidad los cuerpos desnudos, sin miedo, sin prejuicios.

Ojalá se multipliquen eso cuerpos, libres, y se rocen, se toquen, con amor y también con deseo, pero ante todo con mucho respeto.

Pudor: «vergüenza de exhibir el propio cuerpo desnudo o de tratar temas relacionados con el sexo».

Pudor: «sentimiento que mueve a ocultar o evitar hablar con otras personas sobre ciertos sentimientos, pensamientos o actos que se consideran íntimos».

Enseñamos pudor. Enseñamos temor. Enseñamos silencio.

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NOTA:
Las opiniones expresadas en este artículo sonresponsabilidad exclusiva del autor. Plaza Pública ofrece este espacio como una contribución al debate inteligente y sosegado de los asuntos que nos afectan como sociedad. La publicación de un artículo no supone que el medio valide una argumentación o una opinión como cierta, ni que ratifique sus premisas de partida, las teorías en las que se apoya, o la verdad de las conclusiones. De acuerdo con la intención de favorecer el debate y el entendimiento de nuestra sociedad, ningún artículo que satisfaga esas especificaciones será descartado por su contenido ideológico. Plaza Pública no acepta columnas que hagan apología de la violencia o discriminen por motivos de raza, sexo o religión
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