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Poderes en el poder del gabinete

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Es temprano todavía para hacer juicios sobre el nuevo Gabinete de Otto Pérez Molina. De momento se conocen sólo los actores públicos del poder. Pero pronto, a lo sumo seis meses, quizá entre pugnas y contratiempos, como plantean algunos analistas, se tendrá noción de quién es el otro, el poder real que merodea cercano al Ejecutivo.

El equipo de ministros y secretarios del nuevo Gobierno ya en funciones pudo haber sido una cosa muy distinta. Con otros nombres y apellidos. Otros protagonistas. “Quizá un conjunto más autónomo respecto a ciertos poderes económicos”, así lo intuye el analista Édgar Gutiérrez.

“Si el número de votos hubiera significado una ventaja más holgada en la primera vuelta electoral para Otto Pérez Molina, las cosas hubieran sido diferentes. No habría tenido que buscar [como candidato] otros apoyos y alianzas, y los intereses y contribuciones de campaña serían, hoy, en el Gabinete, menos evidentes”, señala Gutiérrez.

Otros analistas caminan junto a Gutiérrez, con la misma opinión. Y ubican, por ejemplo, cuotas de poder pendientes de pagar y también sectores económicos ejerciendo presión detrás de todo el entramado. Y hay nombres, grupos, secciones que describen cierta compartimentación y multipolaridad, e incluso posibilidad de aprietos dentro del Gobierno.

Los analistas mencionan que es bueno, antes que nada, esquematizar el equipo de trabajo del nuevo Presidente. Y sitúan, así, evaluando cada nombre en cada Ministerio o Secretaría, correspondencias, balanzas de poder e intereses. De tal cuenta, los analistas consultados reparten el poder del consejo de ministros en cuatro grupos: “Grandes empresarios, Partido Patriota, militares y académicos”.

El politólogo Renzo Rosal lo explica así: “El actual Gabinete resulta una mezcla de operadores de empresarios y empresarios puros y duros, además de militares y militares-empresarios y, también, miembros del partido y algunos académicos”.

E inevitablemente, en algún momento, como además advierte Rosal, estos sectores tendrán que interactuar entre ellos.

“Y entonces veremos, como ya ha sucedido en anteriores gobiernos como el de Álvaro Colom, las impugnaciones y los rechazos, las iniciativas de ley criticadas por el sector privado, los atropellos y los pulsos entre el poder, el tradicional y el emergente, o las elites; agregando a estos grupos uno más: los militares”, dice Ricardo Barrientos, analista económico del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI). 

Empezar chocando

El augurio es una primera colisión entre dos grupos importantes. Así lo prevén los analistas. Y dicen que será entre empresarios y aquellos ministros cuyos rastros los colocan obedientes a las ideologías del partido.

En específico, la discusión recaerá inicialmente sobre el escenario de la cartera de Finanzas Públicas. La cual hoy dirige Pavel Centeno, un miembro fundador del partido y hombre de confianza del presidente y la vicepresidenta.

“Será el núcleo de todo”, indica Barrientos. “La bisagra”, lo llama Rosal. “La manija central”, evalúa Gutiérrez. Todos ellos reaccionan así una vez que se plantea la importancia de una Reforma Fiscal. Y pronostican un enfrentamiento con los intereses del empresariado, similar al que en un pasado reciente experimentó Juan Alberto Fuentes Knight y reveló en su libro Rendición de Cuentas. Los analistas consideran que nuevamente se intentará frenar las iniciativas que tengan que ver con el incremento de impuestos y sanciones en contra de su sector.

No obstante, Raquel Zelaya, directora de Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asies), consciente de la importancia del Ministerio de Finanzas y el papel que juega éste dentro del Gabinete, con un tono más tranquilo y optimista, analiza que no será un choque así de frontal, como plantean otros investigadores. Más bien, dice, “espera consenso”.

“Sucede que Centeno tiene, a diferencia de Ministros de Finanzas anteriores –como Fuentes Knight–, un respaldo importante. Tiene la confianza del Presidente. El apoyo político necesario. Y si hay presión u oposición en contra de Reformas Fiscales no lo dejarán tan solo”, confía Zelaya.

Las piezas sueltas del partido

Barrientos intuye otra posible fuente de conflictos: “El protagonismo que busca Roxana Baldetti”, que opacaría el poder político de los representantes del partido que han sido nombrados en el Gabinete.

“La inconveniencia podría surgir desde el propio partido”, recalca, advierte y enfatiza Barrientos. Y repite que quizá sería “mediante la figura de Roxana Baldetti desde donde ocurran los primeros pasos de las animadversiones. Puede ser que, en este sentido, Baldetti le haga perder poder político al Presidente. Por ejemplo, el hecho de cerrar las dependencias encargadas de fiscalizar dentro de cada Ministerio, en busca de su propio protagonismo político, podría hacer que, molestos, los Ministros reclamen una tasa de poder con apoyo del empresariado”. Es decir, que se venguen.

Además de Centeno, y su pulso por una Reforma Fiscal, los pronósticos declaran vulnerables al poder (y temperamento) de Baldetti a otros allegados al partido como Luz Lainfiesta, en el aún no institucionalizado Ministerio de Desarrollo Social, o Carlos Batzín en Cultura y Deportes. Según los aciertos de la vicepresidenta, el poder político de sus operadores, sería incrementado o disiminuido.

Pero allí no se acaban las piezas: “Hay que ubicar también a los artífices del gabinete”, sugiere Rosal. “Están dentro del partido. Y lo que han buscado, mediante el bajo perfil, es la ubicación estratégica de ciertos núcleos”. Menciona a Mario Leal, empresario del azúcar y líder de la multisectorial del partido, como un estratega. Y a Emmanuel Seidner como el encargado de perfilar los puestos del equipo.

“Leal es un gran componedor, el que jugará a ser el poder detrás del trono. Seguramente tiene operadores en todos los niveles, en primera, segunda y tercera línea”, dice Rosal.

Además, en otro polo está el Ministerio de Comunicaciones, con Alejandro Sinibaldi a la cabeza, “resulta un híbrido entre Partido Patriota y el sector del empresariado emergente, que necesita de análisis aislado”, advierte Rosal.

Los otros analistas ven en este punto, en el nombramiento de Sinibaldi, irresponsabilidad, fallo, e inexperiencia. Así como deudas de campaña. “Pone en riesgo la eficacia con la que fue planteado todo el Gabinete”, refiere Raquel Zelaya.

Asimismo, Rosal lo tiene claro: “El grupo de Sinibaldi ha logrado diseñar todo un entretejido que vincula al Ministerio de Economía (Sergio de la Torre), al Ministerio de Medio Ambiente (Roxana Sobenes), Trabajo (Carlos Contreras) y al de Energía y Minas (Érick Archila), en función particular casi a ultranza, para la promoción e inversión de las industrias extractivas (minería y también hidroeléctricas). Es un bloque que además de obedecer intereses empresariales se entrelaza con el Partido Patriota”.

Y otro bloque que es mencionado por los analistas, uno más “subrepticio”, ubicado dentro de algunas alianzas partidarias, es el G-8, una cúpula de suprapoder que domina a otros empresarios. “Hace un año, el G-8, negoció tener incidencia desde la vicepresidencia y una cuota de diputados con el actual partido de Gobierno. Si evalúas resultados, su propuesta no cuajó”, dice Gutiérrez. Rosal lo secunda y ubica al G-8 en dos ministerios dentro del actual gabinete. “Mira las alianzas después de la segunda vuelta, mira además cómo evolucionaron. Dónde, por ejemplo, está Harold Caballeros (Ministerio de Exteriores) como representante de importantes empresarios. Efraín Medina, también, en Agricultura”, señala.

De los técnicos, mientras tanto, los comentaristas opinan que es una de las "fuerzas" en la cual se puede ubicar "cierta independencia". Fernando Carrera, un académico muy crítico, ex director de la Fundación Soros y el ICEFI, que llega a la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia, es uno al que distintos analistas, como Guitérrez, resaltan como "buen fichaje". "Que podría incidir en el gasto de los fondos públicos", dice Zelaya. "Amarrado, justo en medio de los pulsos de poder. Que jugará un importante papel para la viabilidad del pacto fiscal", argumenta Rosal.

Preocupa, desde luego, la permeabilidad de este sector. Quizás en Educación, Cynthia del Águila, como plantea Barrientos, que fue escogida por la Universidad del Valle de Guatemala y por algunos académicos afines a la elite conservadora y al ex presidente Álvaro Arzú. "Su debilidad está en enfrentar a grupos más poderosos" dice el analista del ICEFI. "Y la volatilidad que puede haber en su núcleo debido a las presiones de otros sectores", apunta.  

"Hay académicos muy eficaces, de gran trayectoria. La apuesta, de momento, ha sido acertada. Pero como siempre el eslabón más débil es el primero que se rompe, hay que esperar y ver lo que se sucita en esta parte del Gabinete. Lo tendrán difícil. La agenda de este Gobierno se advierte, desde ya, empresarial", comenta Rosal.

Militares en democracia

“¿Poder político o poder militar? ¿El poder que Otto Pérez Molina busca lo encontrará en el empresariado, en lo militar o en su gestión? ¿Qué busca Pérez Molina?”, se pregunta Barrientos. “Sin duda, no quiere verse como un militar, sino como un ex militar, pero un ex militar capaz de ejercer poder político. Sobre todo, que lo vean así, histórico, en una época de democracia”, responde.

Pero de todos modos, sea cual sea su cometido, necesitará del poder que puede encontrar en las fuerzas armadas. Y de hecho ya ha iniciado las gestiones para obtener el apoyo castrense. No será, desde luego, un civil el que se haga cargo del Consejo Nacional de Seguridad, sino un colega de Pérez Molina de la D-2, el general Ricardo Bustamante.

Además, un coronel, Walter Zepeda Echeverría, estará al frente de la Secretaría de Asuntos Administrativos y de Seguridad de la Presidencia de Guatemala (SAAS).

Y la persona que llevará la agenda del Ejecutivo, que en gobiernos anteriores ha destacado por ser una de las piezas primordiales dentro del Gobierno, por ejercer de mediador entre distintas y difíciles esferas de poder, será otro ex compañero de la D-2, el coronel Juan de Dios Rodríguez López. 

Gutiérrez sugiere: “Son militares, digamos, que funcionan como abogados o asesores. Ellos, importantes sin duda, serán los ojos del Presidente, los que entre sus tareas contengan la  responsabilidad de dar una lectura sobre el país. Son los más cercanos a él, escogidos personalmente”. 

“Por donde quiera que se vea, en este Gobierno se terminará topando con un militar”, dice Gutiérrez.

El más cercano de los ex militares, de mayor confianza para Otto Pérez Molina, es el Teniente Coronel retirado Mauricio López Bonilla, nombrado Ministro de Gobernación. Y Ulises Anzueto Girón, una vez más un viejo amigo de Pérez Molina, como el nuevo Ministro de Defensa.

“Pero ojo”, llama la atención Rosal, “a lo largo de la historia, las elites han hecho alianzas junto a militares”. Y hoy los empresarios son los que hacen justamente estas alianzas. “Como volver a 1963”, indica el analista, “como regresar a quienes financiaban los aparatos de  contrainsurgencia durante el conflicto armado interno”.

Barrientos afirma que “Otto Pérez Molina, en plena democracia, puede elegir y negar a las elites, somatarles la mesa”. Aunque, desde luego, no podrá ignorarlas. Como tampoco las pugnas, presiones, y recomendaciones de muchos sectores importantes que se acercan al Ejecutivo. “Sin embargo, Otto Pérez Molina, a grandes rasgos, deja entrever sus motivaciones más personales. Su búsqueda de poder es algo que entre líneas se opone al concepto de verse a sí mismo como un títere”, dice Barrientos.

Con militares, empresarios, académicos y políticos como un enorme telón de fondo, los protagonistas de la administración del poder público, de momento, escenifican un gran suspenso ante las reconfiguraciones que sufra el Gabinete.

Los analistas consultados reparten el poder del consejo de ministros en cuatro grupos: “Grandes empresarios, Partido Patriota, militares y académicos”.
“Otto Pérez Molina, en plena democracia, puede elegir y negarse obedecer a las elites, somatarles la mesa”, dice el analista Ricardo Barrientos.
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