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Peronia Adolescente: reducir la violencia a ritmo de hip hop
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Peronia Adolescente: reducir la violencia a ritmo de hip hop

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¿Es posible detener el avance de las pandillas juveniles en una comunidad pobre y estigmatizada por medio del arte, la formación política y la organización social? En Ciudad Peronia ha sido posible.

Son las 6:00 de la tarde del 23 de septiembre de 2017. Es sábado. Cientos de personas se asoman por las ventanas, se sientan en las puertas de sus negocios o casas y se amontonan inquietas en las barandas que rodean al único parque de Ciudad Peronia. Los tambores de las bandas escolares y el “eee ooo aaa” que canta la comparsa, se escuchan cada vez más cerca mientras avanzan hacia su objetivo: el estacionamiento de buses. Después de caminar 15 cuadras por la calle principal de la comunidad, llegan al punto que, por una noche, se convierte en su escenario.

La tarima y los aplausos hacen de la plancha de cemento, en la que a diario se estacionan los buses extraurbanos, un escenario popular. Ni “Los Maritos” ni “Los Caballos”, las estructuras delincuenciales más reconocidas por la comunidad y las autoridades frenan esta iniciativa. Cada año esperan por esto. Durante todo este día se lleva a cabo el 17° Festival Cívico Cultural organizado por Peronia Adolescente: Hip hop, reggae, cirko, boleros y baile son la entretención de la tarde. Este es un sábado para el arte.

Ciudad Peronia es una de las zonas marginales de la capital guatemalteca en donde la desigualdad convive con la esperanza. Surgió en los años ochenta como resultado de las migraciones del área rural hacia el borde sur occidental de Ciudad de Guatemala, y la reubicación de pobladores sin vivienda. Está ubicada al sur de Ciudad San Cristóbal, un suburbio de clase media que forma parte de la municipalidad de Mixco, y dividida por un barranco del centro de Villa Nueva, municipio al que pertenece.

Su ubicación geográfica y la violencia de los años noventa han condenado a Ciudad Peronia a la marginación de cualquier inversión municipal y han marcado su historia. Sin embargo, las juventudes del área han sabido organizarse para transformar su realidad. Desde 1998 la agrupación Peronia Adolescente le ha apostado a la formación ética y política de jóvenes a través de campamentos, escuelas de arte y metodologías lúdicas. Según los integrantes del colectivo, la presencia de las pandillas disminuyó, en parte, por el rechazo de los jóvenes. Quienes han pasado por la organización coinciden en una cosa: Peronia Adolescente les dio opciones de vida.

Edgar Tuy

¿Ciudad perdida?

El Perú, El Perulero, y Ciudad Perdida son algunos de los nombres que los habitantes de la zona 8 de Villa Nueva, dan a su comunidad. La leyenda urbana cuenta que la primera familia que se asentó en el área era de apellido Pérez, lo que derivó en el nombre Peronia. La comunidad cuenta con 38 sectores, de los cuales ocho son asentamientos, y es conocida por sus altos niveles de peligrosidad. Pero no siempre fue así.

Las calles de Peronia son estrechas y algunas tienen cortos tramos de gradas. Es difícil imaginar cómo los vecinos llevaron los muebles a sus hogares o cómo una ambulancia se desplaza para atender una emergencia. Solo las avenidas principales tienen acceso para vehículo. Según Ramiro Trujillo, alcalde auxiliar de Ciudad Peronia, las personas comenzaron a llegar al lugar en los años ochenta, durante el gobierno de Vinicio Cerezo Arévalo (1986-1990). “Es una comunidad joven, treintañera, que se conformó a partir de migraciones de todos lados. Es un sector cosmopolita que hoy en día alberga a alrededor de 70 mil personas”, explica.

Como parte de su política de vivienda, a partir de 1987, el gobierno de Cerezo desarrolló una estrategia de reubicación de invasores. En alianza con el ahora desaparecido Banco Nacional de la Vivienda (BANVI) , trasladaron a terrenos periféricos a familias que habían tomado terrenos en zona 1, 11, 3 y 7. Ciudad Peronia fue una de las áreas de reubicación.

Después de kilómetros de curvas y barrancos que suben por las montañas al fondo de Ciudad San Cristóbal, por fin se llega a Peronia. Debido a que el ingreso más transitado es a través de Mixco, existía una confusión en cuanto a qué municipalidad debía encargarse de responder a las necesidades de la comunidad. Trujillo, el alcalde auxiliar, explica que el área siempre perteneció a Villa Nueva, pero la municipalidad de ese lugar se desatendía de las necesidades de la población y los vecinos se identificaban más con Mixco. “En nuestra dirección poníamos Ciudad San Cristóbal y nos llegaba la correspondencia”, dice. Fue hasta en 1998, cuando el puente que permitía la entrada a Peronia colapsó debido al huracán Mitch, que la municipalidad de Villa Nueva, bajo el mando de Antonio de la Cruz, construyó el ahora llamado “Puente de la Unidad”, que marca justo el límite entre los dos municipios.

Peronia cuenta con algunas áreas verdes, un parque recreativo formal y una decena de escuelas. A pesar de tener más de 30 Consejos Comunitarios de Desarrollo (Cocodes), todavía no han regulado el acceso al agua potable que llega a las viviendas un día sí y otro no. Hasta hace cinco años consiguieron que la administración municipal de Edwin Escobar colocara alumbrado público en la comunidad y en 2014 se gestionó la construcción de dos pozos de abastecimiento, la obra ya está iniciada, pero actualmente se encuentra detenida por problemas legales con la empresa contratista de la Municipalidad.

Edgar Tuy

El desamparo municipal, como le nombra Trujillo, ha sido de décadas. En 2010 los Cocodes realizaron un diagnóstico comunitario en el que detectaron que la subestación de la Comisaría 16 de la Policía Nacional Civil contaba solo con 12 agentes, lo que se traducía en un agente permanente por cada nueve mil personas. La Organización de las Naciones Unidas recomienda 300 agentes por cada 100 mil habitantes. A nivel nacional se estima que hay 228 por cada 100 mil habitantes. En el diagnóstico, también destacaron la falta de espacios de recreación y establecimientos culturales.

La alcaldía auxiliar, ubicada en la Mini Muni de Ciudad Peronia, fue creada en 2016 y tiene por objetivo atender las necesidades de sus vecinos. Una de las preocupaciones más grandes de los pobladores es el tema de la seguridad. En los primeros años de la década pasada, en Peronia existía una amplia gama de pandillas: Los Catch, Los Cholos, Los Metales, Norm & The Locos, Los Caballos, y una facción desertora de la Mara Salvatrucha. Cada una de estas estructuras mantenía el control de diversos espacios de la comunidad, recuerda Carlos Gutiérrez*, de 34 años, quien fue uno de los jóvenes que en su adolescencia ayudó a crear la organización Peronia Adolescente a finales de los noventa. “Peronia es territorial. No siempre se puede caminar en todos los sectores libremente y eso representa un reto para nuestro proyecto comunitario”, explica Marta Chicoj, directora de Peronia Adolescente.

Según Trujillo, si bien la comunidad ha tenido problemas de violencia, hoy en día mantiene un ambiente pacífico. Existen “grupitos que se organizan”, reconoce, pero, aclara: “no son maras” porque no tienen una estructura compleja ni muchos integrantes. Gutiérrez recuerda que a inicios de los 2000, esos grupos se dedicaban principalmente a los asaltos y al sicariato. Pero la enemistad entre rivales y la violencia con la que se relacionaban fue tanta que, años después, las bajas entre los integrantes comenzaron a reducir su fuerza y las posibilidades de atraer a nuevos jóvenes. La mayoría de bandas desapareció, exceptuando a “Los Caballos”, que se aliaron con el Barrio 18 —principalmente con sus clicas en Bethania y zona 18— para mantenerse. En ese contexto también surgieron “Los Maritos”, quienes se dedican principalmente al sicariato y a la extorsión.

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“Hoy en día Ciudad Peronia es uno de los sectores más seguros de Villa Nueva. Lo que más afecta, es la estigmatización de la comunidad que quedó a raíz de la delincuencia de hace algunos años”, dice Trujillo. Según el informe de Homicidios de la Dirección de Seguridad Integral de la Municipalidad de Villa Nueva, Peronia es el cuarto sector más seguro del municipio. La violencia, asegura Trujillo, empezó a reducirse entre 2008 y 2010, cuando la Iglesia Evangélica inició un proceso de conciliación entre pandillas, apostándole a la reinserción laboral y la cristianización de sus integrantes. Ramiro Trujillo, además de ser el alcalde auxiliar y presidente de uno de los Cocodes, es pastor evangélico. A nivel municipal los homicidios disminuyeron en esa época, de 286 en 2006 a 218 en 2008. Lo que Trujillo no dice es que en esos años hubo una oleada de asesinatos y capturas de líderes de las pandillas, además de que la escuela Fe y Alegría y la organización Peronia Adolescente ya realizaban trabajo comunitario con las juventudes de la comunidad. Hoy en día, Villa Nueva no se encuentra dentro de los 25 municipios más violentos del país.

“Lo que hizo la Iglesia Evangélica fue un evento de conversiones a donde llegaron unos 20 pandilleros, no más. Y se acercaron porque sabían que era una forma de evitar la sentencia de muerte que tenían por enemistades con las otras bandas”, dice Carlos Gutiérrez. Algunos de los que se convirtieron fueron asesinados. Según sus cálculos, en la actualidad las pandillas controlan solo un 20% de toda la comunidad.

 

AÑO

No. DE HOMICIDIOS EN CD. PERONIA

2013

11

2014

10

2015

7

2016

6

2017

9 (de enero al 7 de septiembre)

Fuentes: PNC

Si bien los homicidios han disminuido en los últimos años, la edad promedio de las víctimas es de 25 años. Son los jóvenes las principales víctimas de la violencia en la comunidad. La Comisión Nacional de la Niñez y Adolescencia informó que en 2016 se invertía Q1.27 diarios en salud y educación por adolescente a nivel nacional. Ante la falta de respuesta del Estado, las juventudes en Peronia se organizaron y comenzaron a generar sus propias alternativas.

“Hemos tenido compañeros que ni siquiera querían estudiar, o no podían por falta de recursos. Ahora, casi terminan el nivel medio y ya piensan en ir a la Universidad. Aquí en la comunidad nos han robado la posibilidad de soñar, y Peronia Adolescente ayuda a recuperarla”, comenta Chicoj al referirse al trabajo que realizan en la organización desde hace más de diez años.

Según la Primera (y única) Encuesta Nacional de Juventud (ENJU, 2011) el 49.4% de los jóvenes se encuentran inactivos laboralmente, y el 39.4% no tiene ningún grado de escolaridad. El promedio de la edad de deserción escolar es de 15 años y el 28.1% de los entrevistados en la encuesta ha pensado en migrar.

Edgar Tuy

“El riesgo de ser mejores”

El centro cultural de Peronia Adolescente está decorado con graffitis hechos por los jóvenes de la comunidad. Desde la entrada se observan zancos y algunos zapatos colocados ya en posición. En las paredes se leen las palabras que definen el trabajo que hacen: amor, amistad, arte, familia. Llegar no es difícil. “Si venís en bus le tenés que decir al chofer que te deje en la parada Los Pinitos y luego caminás para arriba. Vas a ver una casa con murales a tu mano derecha. Ahí es”, dice Marta Chicoj, de 37 años. Marta es la directora de Peronia Adolescente desde 2009; formó parte de la primera generación que se involucró en la organización y su nacimiento.

A finales de los noventa, en Ciudad Peronia el movimiento juvenil estaba desarticulado. Había presencia desde pandillas vinculadas a la Mara Salvatrucha y al Barrio 18, hasta pequeños grupos de jóvenes de la Iglesia Católica. Las estructuras delictivas estaban organizadas por sectores y se dedicaban a actividades de delincuencia común. Ese contexto saltó a la vista de Sandra Sánchez, una voluntaria de 38 años de SEFCA -Servicios Ecuménicos de Formación Cristiana en Centroamérica-, una organización católica que surgió en 1992 con el afán de reconstruir el tejido social de la población postguerra, enfocados principalmente en mujeres, juventudes y población migrante. Sánchez llegaba cada semana a Ciudad Peronia a trabajar como voluntaria con la Iglesia Católica. La falta de organización juvenil y de espacios de recreación, así como los altos índices de violencia la llevaron a realizar su tesis de graduación de licenciatura en Pedagogía, enfocada al área de prevención de violencia en Peronia. Esa es la semilla desde donde germina la organización a finales de los 90.

Los programas comunitarios de Peronia Adolescente iniciaron en 1998, financiados inicialmente por SEFCA. “No había organización de la juventud, ni siquiera grupos consolidados en la Iglesia”, explica Sánchez. A través de becas de estudio, de coordinación educativa con IGER, juegos y dinámicas grupales, proyectos de sostenibilidad para mujeres, la promoción de gobiernos escolares y una escuela de formación política, la organización comenzó a levantarse. “Había una urgencia por encontrarnos en espacios seguros en donde sólo pudiéramos estar, convivir”, explica Chicoj. Los programas no fueron bien vistos por las pandillas del área, con quienes tuvieron que negociar luego de amenazas contra los dirigentes de la organización. “Decían que les estábamos robando a su gente y nosotros les dijimos que había que dejar que los patojos eligieran. Algunos se salieron y colaboraron con la organización y otros, los menos, se quedaron con las pandillas”, explica Sánchez. Hoy en día, la organización cuenta con alrededor de 20 voluntarios permanentes y decenas de niños y jóvenes que asisten regularmente a sus actividades.

Edgar Tuy

En 2004, SEFCA cerró su programa en Peronia y un grupo de diez jóvenes, la mayoría todavía estudiando los básicos, continuaron con la iniciativa. Ese mismo año se constituyeron como asociación civil con el objetivo de visibilizar a la niñez y la juventud para que sean reconocidos como actores y protagonistas de procesos sociales, culturales y políticos dentro de sus propias comunidades.

“A la cultura le llaman pérdida de tiempo, pero yo con mi música pago mi renta, mi agua, la leche y los pañales de mis hijos. Me gano la vida en los buses desde hace 11 años y fue en la organización que aprendí a tocar guitarra, a leer música y a aceptar culturas diversas”, explica Diego aka Lian improvisando reggae, de 28 años, quien se involucró con la organización en 2005 y desde entonces dedica su vida a hacer rap y reggae.

No todo ha sido fácil, ha habido fraccionamientos y tensiones internas. Pero con los años estos jóvenes consolidaron una metodología basada en la lúdica y el arte para la transformación, y atraer a nuevos adolescentes de la comunidad. A través de donaciones, proyectos de restauración de bicicletas y consultorías, la organización ha sido capaz de sobrevivir y financiar sus programas comunitarios.

“Yo me empecé a involucrar en esto de pura chiripa”, cuenta Kevin Aguilar, quien ahora, a sus 22 años, lidera grupos comunitarios de aprendizaje de percusión y ha apoyado a organizar una batucada en Peronia. “No sabía del trabajo real que se hacía, porque todos decían que en este espacio la gente se mantenía drogada y a mi mamá no le gustaba que yo viniera. Pero un día, me mandó a la tienda y en el camino me topé con una mara que estaba haciendo breakdance, y a mí siempre me había gustado. Pregunté si cobraban para aprender y me dijeron que no, y así empecé a llegar regularmente”, agrega.

Edgar Tuy

El hip hop ha sido uno de los elementos que más ha atraído a los jóvenes de Peronia para involucrarse en la organización. El productor y DJ Fla-KO tiene una explicación: “El hip hop nace en la calle, en los sectores más populares con mucha espontaneidad. Es un movimiento artístico accesible, no necesitás tener mayor educación ni recursos al inicio. Podés crear tus letras sin saber de música. Es bien intuitivo, y nadie lo juzga técnicamente cuando estás empezando. Si no tenés recursos para hacer tus beats, podés usar el beat box, si querés aprender breakdance, es de que te animés. Hay ciertas reglas, pero las vas conociendo en el camino y el contenido llega conforme avanzás, los estilos, los pasos, la historia”. Kevin, quien migró desde la colonia Guajitos en zona 21 hacia Peronia, tenía 11 años cuando encontró en el breakdance el escape para distanciarse de sus amigos involucrados en pandillas. “Luego de estar bailando break, me hicieron la invitación a participar en el espacio de formación. Ahí aprendíamos metodologías lúdicas, pero también hablábamos de política y de los problemas comunitarios. También empecé a facilitar talleres de breakdance, y mientras aprendía cómo enseñar, también aprendía cómo zanquear”, explica mientras alza la voz para ser escuchado en medio del sonido de la lluvia sobre el techo de lámina del centro cultural de Peronia Adolescente, luego de una reunión de planificación del Festival Cultural de este año.

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Lesli Pérez, de 17 años, identifica que uno de los componentes clave del trabajo de Peronia Adolescente es el de “aprender y enseñar”. Lesli habla desde la banqueta frente al centro cultural de la organización, mientras la señora de la tortillería de al lado escucha a un hombre narrar cómo un coyote estafó a su familiar: le cobró y luego lo abandonó en medio del desierto. Lesli Canela Pérez sonríe y juega con sus colochos al recordar los pasos que ha caminado acompañada de Peronia Adolescente. “Mi hermana y yo estuvimos en Camino Seguro cuando éramos pequeñas, mi mamá era recicladora. Con los derrumbes dejó de trabajar allá y no tenía un trabajo fijo para que nosotras pudiéramos seguir estudiando. Nos graduamos de sexto y nuestro plan era meternos a trabajar. Un día, vimos un festival que estaban haciendo acá por las canchas y ahí nos enteramos de la organización”, recuerda. Ahora, cuatro años después de ese primer acercamiento, Lesli estudia bachillerato en computación con una beca financiada por Peronia Adolescente y aspira a estudiar Psicología en la universidad.

“Yo venía de una tradición en donde me hacían de menos, y aquí sentí que me escuchaban. Ahora digo orgullosa que vivo en Ciudad Peronia, he trabajado mucho en mí y en mi comunidad como para negar mi origen”, agrega con lágrimas en los ojos. Lesli respira profundo, voltea a ver y continúa: “Esto te llena como humana, porque rompe con la costumbre de la violencia y el estigma. Yo aprendí a zanquear y ahora también le enseñamos a un montón de niños que están viniendo”. Carlos Gutiérrez cree que en la comunidad todavía existe un estigma hacia la estética utilizada por algunos de los integrantes de Peronia Adolescente, como los pantalones pachucos o las gorras planas, ya que la vinculan a las pandillas, pero insiste en que la iniciativa ha tenido incidencia positiva en la comunidad.

Edgar Tuy

El Tuy, como le dicen a Edgar, de 22 años, piensa que el hecho de que ahora existan padres y madres de familia que llevan a sus hijos a los espacios de Peronia Adolescente es un indicador de que los niveles de estigmatización hacia las juventudes han disminuido. “El programa de Crianza con Cariño que se tiene para trabajar con padres de familia ha funcionado, era una necesidad”, dice. El Tuy llegó a Villa Nueva desde Panajachel y a los nueve años se asentó con su familia en Ciudad Peronia. Tenía 14 cuando comenzó a acercarse a la organización. Estuvo en la escuela de hip hop que Trasciende montó en la comunidad en alianza con Peronia Adolescente. “Me quedé porque daban apoyo para seguir formándote y desarrollando pensamiento crítico. Los talleres los armábamos entre nosotros mismos, no había clavo si la mara fumaba [marihuana], pero siempre se respetaba el espacio”, cuenta mientras acaricia a dos perros que se acercaron por el callejón.

Cinco años después de haberse involucrado en la organización, debido a su interés por la danza, el cine y la comunicación, fue contratado como su comunicador social. Ahora, en 2017 y con experiencia laboral, se inició como freelance, pero apoya a la organización con la imagen para difundir el Festival Cívico Cultural que realizan anualmente, un festival que ha ido transformándose desde sus inicios en el año 2000.

Los colores que pintan Peronia

Los buses de la ruta Peronia, por hoy, deben buscar otro lugar para estacionarse. El parqueo que se ubica sobre la avenida principal de la comunidad está tomado por el arte. Durante todo el día, decenas de artistas pasarán por el escenario que los jóvenes de Peronia Adolescente montaron sobre el cemento y la tierra que recubre el área de buses. Este es el 17° Festival Cívico Cultural que la organización gestiona.

“No había espacios que provocaran el encuentro acá con la gente, y eso es lo que hace el Festival”, explica Marta Chicoj. La idea nace en el año 2000, en el contexto del 15 de septiembre con el afán de poder recibir a quienes corrían con la antorcha con un espacio de arte y convivencia. “Fuimos experimentando con el Festival. Teníamos que hacerlo por sectores, porque por el tema de la seguridad no todos los chavos podían ir a todas las áreas. En 2004 decidimos aventurarnos y hacer un solo Festival en el parqueo de los buses”, agrega.

Lian recuerda los inicios. “La tarima era pequeña, el espacio reducido y no había toldos ni sillas”. Ahora, el presupuesto del evento supera los Q40 mil y se realiza con las donaciones de la Coordinadora de la Juventud de Villa Nueva, y ONGs como Glasswing, Amikaro, American Friends, Kinderpostzegels y la Plataforma de Seguridad Juvenil. Más de 20 jóvenes conforman las diferentes comisiones que se coordinan para montar el evento. “La gente no siempre apuesta por los sueños de los patojos, y en el Festival siempre hemos tenido cosas nuevas que aprender. Sabemos que para el próximo tenemos que hacerlo mejor”, comenta Kevin Aguilar, quien es el encargado del sonido de los festivales desde 2009.

“Tus colores y los míos pintamos Peronia” se alcanza a leer en las playeras moradas, blancas y celestes que la organización gestionó para esta edición del Festival. Ya con las camisas puestas, unas 30 personas realizan un círculo frente al escenario. Son las 7:30 de la mañana. El evento inicia con una ceremonia maya. El fuego al centro del grupo se mueve con el aire, y la vista de todos se clava en las llamas. Tienen algunas velas de colores en sus manos, y cierran la ceremonia dejando en ellas sus intenciones. El 17° Festival Cívico Cultural de Peronia Adolescente está comenzando.

Edgar Tuy

Algunas tímidas familias con sus hijos y uno que otro anciano empiezan a ocupar las sillas de plástico donadas por la municipalidad. Bajo los toldos se imparten talleres de serigrafía, de elaboración de barriletes, bisutería y globoflexia. El tiempo pasa rápido y para medio día, el lugar comienza a llenarse mientras la lluvia arrecia.

Grupos de danza, teatro, cuenta cuentos, circo, hip hop y canto se apropian turno a turno del escenario. En la tarima, Lian canta al ritmo de su reggae-rap:

“La delincuencia encorbatada organiza el tráfico de armas y de drogas.

No se me olvidan los caídos por las balas de la policía, asesinando a diario protegiendo los intereses de los oligarcas...

El Estado suele matar con sus tropas, déjame que te refresque la memoria:

Myrna Mack asesinada por militares…

Gerardi, militares…

Oscar Romero ¡BOOM! militares,

Cuántas mujeres ultrajadas por judiciales…

Recibieron balas porque levantaron la voz en esta falsa democracia…

La criminalidad de alto anda libre por los corredores de los bancos…

Contra la pared, manos arriba por delito de mala cara…

Un soldado en cada esquina no me habla de democracia...

Esta fiesta conecta a la juventud que está inquieta, pinta casa, barrio, toma bicicleta y camioneta...”

En las paredes del estacionamiento de buses y del pequeño parque de la avenida principal, artistas del graffiti realizan sus obras. La terminal de buses, el escenario, siempre alberga a vendedoras de dobladas y atoles en los costados. Un baño público se esconde detrás de la tarima, y en la esquina en la que termina uno de los toldos y comienza la bajada para el mercado, se observa a parejas jóvenes tomadas de la mano, compartiendo besos. Las personas siguen atentas a los trazos de los graffitteros y la música de fondo ameniza la tarde. “Vine al festival porque me gusta. De las cosas más chileras de vivir aquí es saber que hay espacios ahí en Peronia Adolescente, aunque a veces mis papás me dicen que no puedo ir porque es peligroso el lugar donde está”, comenta Isabel Castro, de 13 años, quien mira con ilusión a la tarima para observar a un grupo de niños que toca la flauta.

La lluvia para y los b-boys de Peronia Adolescente colocan planchas de madera sobre las cuales se llevará a cabo la batalla de breakdance. Kevin apoya sin miedo su cuerpo sobre las planchas y hace backspins, floats y freezes. El Tuy, cámara en mano se dedica a registrar el momento, mientras Lesli se prepara para participar en la comparsa.

Son las 6:00 de la tarde, comienza a oscurecer y cientos de personas se amontonan sobre las banquetas de la calle principal de Ciudad Peronia. A lo lejos se escucha el “eee ooo aaa” característico de la comparsa, y los tambores de las bandas escolares de las escuelas de la comunidad. Se observan personas de más de dos metros con líneas de colores en el rostro y trajes brillantes que caminan sobre los zancos y se dirigen al escenario.

Los carros ya no pueden avanzar. Todo se detiene por una noche para encontrarse con los vecinos del barrio, tomar el poco espacio público que encuentran y hacer arte comunitario.

El cielo, en contraste con la lluvia del día anterior, amanece despajado. Es domingo por la mañana. Decenas de jóvenes de Peronia amanecen satisfechos, y otro centenar ilusionado tras ver a sus pares apropiarse del arte y la consciencia. Algunos se unirán a la organización y participarán en los procesos de formación. Peronia Adolescente seguirá batallando para conseguir fondos, pero todos ganaron algo la noche anterior: hicieron comunidad sin miedo. “Es ese, el gran festival, el elemento principal de generación de identidad juvenil en Peronia”, dice Sandra Sánchez, ahora de 57 años, quien puso sobre la mesa la necesidad de organizar a las juventudes como medio de prevención de la violencia desde 1998.

*Nombre ficticio

“Hoy en día Ciudad Peronia es uno de los sectores más seguros de Villa Nueva. Lo que más afecta, es la estigmatización de la comunidad que quedó a raíz de la delincuencia de hace algunos años”, dice Trujillo.
Cuatro años después de ese primer acercamiento, Lesli estudia bachillerato en computación con una beca financiada por Peronia Adolescente y aspira a estudiar Psicología en la universidad.
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