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Olivia, sus hermanas, y la condena de Ríos Montt
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Olivia, sus hermanas, y la condena de Ríos Montt

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Ellas son quichés, no Ixiles, pero estas mujeres sufrieron la misma violencia que el Tribunal A de Mayor Riesgo, en un fallo histórico, calificó de genocidio y delito contra los deberes de la humanidad en contra de la etnia ixil.
En su escaso castellano, Olivia confirma que siente “espanto”, que siente “susto”. Palabras mayores cuando las dice una persona indígena: el susto es una enfermedad mortal. Varios testigos presentados por el Ministerio Público durante el juicio contra Ríos Montt y Mauricio Rodríguez, hablaron de personas que murieron de susto en la montaña, huyendo de la tropa y las patrullas.
Olivia mira el largo viaje que todavía la separa del reencuentro con sus familiares. Abajo, el Río Negro separa el territorio de Uspantán del área perteneciente a San Andrés Salcabajá.
En las proximidades del caserío Chicajaj, donde residen los familiares de Olivia, las sombras del pasado vuelven a revivir en las paredes de una casa.
Olivia empieza a subir el último tramo de sendero que la separa del reencuentro con sus familiares. A su lado, su hijo Mario y  su esposo Apolinario.
Un breve descanso ayuda a retomar las fuerzas.
El momento ha llegado: tensa y cansada, Olivia está a punto de volver a ver a sus hermanas.
El primer abrazo es con Petrona, la más joven de las dos hermanas.
Enseguida llega Inesia.
Poco a poco, todos los familiares de Olivia se presentan en el patio decorado a fiesta.
Apolinario recibe los abrazos de acogida de los familiares de su esposa.
Mario se presenta con sus dos tías.
Terminada la celebración en su honor, Olivia toma un café antes del almuerzo. Ya se siente menos tensa.
La casa donde Olivia nació ya no existe. Los recuerdos que ella contaba a su hijo y marido toman ahora una dimensión real adentro del escenario de su infancia.
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Tiempo aproximado de lectura: 15 mins

El mismo mes en que el general Ríos Montt accedió al poder, el ejército atacó el caserío de Chicajac, San Andrés Sajcabajá, obligando a la población a huir hacia las montañas. Olivia Quinilla y sus hermanas Petrona e Inesia huyeron por rumbos diferentes y no se volvieron a ver. Se dieron por muertas. Treinta y un años más tarde, se han reencontrado, casualmente, la misma semana en que el general fue condenado a 80 años de cárcel.

La juez dictó su sentencia y la sala, peligrosamente abarrotada de gente, explotó en júbilo. “¡Justicia! ¡Justicia!”, gritó la inmensa mayoría de los presentes, los cuales, ya de pie, aplaudieron y se abrazaron. Mientras una masa de fotógrafos asediaba al absuelto José Mauricio Rodríguez y al condenado Efraín Ríos Montt, acechando la mínima expresión en sus rostros ancianos, sus partidarios y familiares abandonaron en silencio la sala. Los que se quedaron empezaron a corear distintos eslógane...

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