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"Nuestra cultura nos hace pobres"

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El investigador Javier Brolo descubre en los datos del estudio "Cultura política de la democracia en las Américas 2012", que las mujeres que viven en hogares de ingresos bajos tienen más probabilidades de creer que las personas de piel oscura son más pobres que el resto de la población por su cultura, y propone, a modo de hipótesis, dos alternativas para interpretar ese hecho.

La encuesta le preguntaba a los guatemaltecos: “Las personas de piel oscura son más pobres que el resto de la población”. ¿Cuál cree es la principal razón de esto?

  1. Por su cultura
  2. Porque han sido tratados de manera injusta”.

El 33.3% respondió “por su cultura”. Aunque es la minoría de la población, este es el porcentaje más alto de toda América Latina.

El hallazgo se lo debemos “Cultura política de la democracia en las Américas, 2012”, un estudio elaborado por el Proyecto de Opinión Pública en América Latina (LAPOP)

¿Usted qué opina? ¿Es una cultura en particular causa de pobreza o de riqueza? Quizás algo similar a lo que habría sugerido una tesis de Max Weber.

Los datos del estudio son públicos, así que quise indagar sobre los rasgos sociodemográficos asociados con este hallazgo que podría implicar racismo. Es decir, me pregunté: ¿cuál es la probabilidad de que una persona, dadas sus características, piense que las personas de piel oscura son más pobres por su cultura?

Específicamente, examiné las características que pude considerar fueron ser urbano; su edad, su educación, ser indígena, ser católico, ser mujer, su color de piel, y los ingresos de su hogar.

Según algunos estereotipos las personas más “racistas” (entendidas como aquellas que piensan que las personas de piel oscura son más pobres debido a su cultura) son hombres ladinos de ingresos altos. Estos estereotipos asumen, como Foucault, que el racismo se ejerce por “grupos sociales dominantes” para mantener un orden político.

Sin embargo, los datos no respaldan dicho estereotipo para Guatemala. De hecho, son las mujeres de hogares con ingresos bajos quienes, significativamente, tienen más probabilidad de responder de forma “racista”. Esto se determinó evaluando el efecto de cada característica mencionada por medio de una regresión logística.

El gráfico muestra que la probabilidad de responder de forma racista es menor para hombres de ingreso alto en el hogar.

En las siguientes gráficas podemos ver el porcentaje de respuestas racistas por sexo y rango de ingresos. El 34.2% de las mujeres respondieron de esa forma. El porcentaje de respuestas racistas es notablemente mayor para personas con ingresos en los rangos entre uno y ocho.

Resulta inesperado encontrar que las mujeres pobres tengan mayor probabilidad de ser racistas, según la definición que dimos. Más aún, sorprenden las características que no tienen efecto significativo: no hay diferencia entre indígenas y no indígenas, ni hay diferencias por el número de años de educación formal.

En este caso, parecería que la interpretación depende de qué entendió el entrevistado por “cultura”. A falta de una definición en el estudio, propongo las siguientes dos alternativas. 

En primera instancia, los entrevistados podrían entender “cultura” como lo hacen algunos académicos; por ejemplo Clifford Geertz, Claude Lévi-Strauss, Marcel Mauss, Enrique Dussel. En general, por “cultura” se entiende a los símbolos que permiten comunicar un entendimiento común de la vida y dan identidad. La “cultura” se manifiesta en momentos como al cosechar la milpa, celebrar los quince años, hacer un peregrinaje, dar un obsequio, sacrificar un pavo en agradecimiento, rezar un canto, etc. Es decir, personas de la misma cultura comparten una forma de entender las cosas, no el color de piel. 

Si los entrevistados entienden “cultura” como “comunicación simbólica”, esto sería problemático. Porque dichas mujeres enfrentarían un dilema al creer que su propia condición de pobreza se debe a su propia cultura: o mantienen su cultura y aceptan ser pobres, o abandonan su cultura para superar la pobreza. 

Ambas soluciones al dilema presentan inconvenientes. Por un lado, aceptar soy pobre a causa de mi cultura es creer que no se tienen los mismos derechos que otros solo por entender la vida de forma diferente; una forma de baja autoestima. Por el otro, abandonar la cultura para superar la pobreza significaría la desaparición de formas de pensar únicas. 

Otra idea de “cultura” es la que alude a un conjunto de acciones observadas en un grupo de personas. De esta manera, algunos consideran “cultura” a algunos hábitos que dificultan la prosperidad como haraganear, no estudiar, tener vicios, ser violento, ser impuntual, entre otros. De esta manera, es entendible que alguien crea que la “cultura” causa pobreza. 

Aún así no deja de ser racista asociar esta “cultura” con un color de piel ni una paradoja que las mujeres en hogares de ingresos bajos pensaran negativamente de sí mismas o personas semejantes a ellas. 

En esta segunda alternativa veo problemático creer que hay “culturas positivas” y “culturas negativas”. Que las primeras permitan prosperidad y las segundas causen pobreza. Aunque sí es importante corregir hábitos que dificultan ser prósperos, también se debe corregir la idea de que el color de piel determina una cultura. 

Esta sería una discusión inconclusa. Y debo hacer explícito que asumo, y es debatible, que la prosperidad es deseable. Alguien podría pensar que en algunas culturas se hace un “voto de pobreza”. Sin embargo, en mi defensa, reitero que es equivocado asociar la cultura a un color de piel, y además, me parecería injusto pensar que quienes son pobres en Guatemala han decidido serlo.

Valdría la pena que en futuros estudios LAPOP incluyera preguntas que permitieran aclarar qué entienden los guatemaltecos por cultura. Por el momento, el estudio no da evidencia de que el estereotipo esperado sea cierto. Al contrario, revela un resultado mucho más alarmante: que las mujeres en hogares de bajos recursos tienen más probabilidad de ser racistas.

 

Javier Brolo, BA en Filosofía y MA en Política, es investigador sociopolítico de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES) y catedrático universitario. Autor de www.javierbrolo.wordpress.com.

El autor agradece al proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP) y a sus principales donantes (la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Banco Interamericano de Desarrollo y Vanderbilt University) por poner a disposición los datos. 

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