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Norma Romero: “La iglesia también debe preocuparse por los migrantes”

Nuestros sacerdotes también deben hablar del tema. Pero no solo una vez. Que lo prediquen siempre, todos los días, en cada eucaristía.
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Norma Romero: “La iglesia también debe preocuparse por los migrantes”

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Desde hace 23 años un grupo de mujeres de La Patrona, Veracruz (México), alimenta todos los días y de forma gratuita a los migrantes que van sobre el tren conocido como La Bestia. La labor humanitaria de Las Patronas ha sido reconocida por varias universidades en México. Fueron nominadas al Premio Princesa de Asturias. Incluso se habla de un Nobel de la Paz. A finales de agosto pasado Norma Romero Vázquez, fundadora del grupo, visitó Guatemala y Honduras para conocer más sobre las personas que ella y sus compañeras ayudan día a día, y para intentar contagiar la bondad, empatía y amor que empujan su trabajo, “pues, aunque no me paguen, para mí es un trabajo”, admite.

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El 14 de febrero de 1995, Norma y su hermana, Bernarda Romero Vázquez, regresaban a casa después de comprar leche y pan para desayunar cuando un grupo de migrantes se les acercó. “Tenemos hambre, madre”, les dijeron. Y ellas, de forma instintiva, les entregaron lo que llevaban. En casa, en vez de ser reprimidas, recibieron apoyo y consejo. Si estas personas tienen hambre, les dijo su madre, Leonila Vázquez, deberíamos preparar porciones de arroz y frijol todos los días. El padre de Norma sugirió entregar también botellas con agua, “para bajarse la comida, ¿no?”. Nacieron así Las Patronas, uno de los grupos pro-migrantes más reconocidos de México y con el tiempo se han sumado más mujeres a la causa. Ahora, todos los días, las doce patronas de La Patrona —una pequeña aldea pobre de poco menos de 400.000 habitantes en Veracruz, al sur de México— preparan más de 300 almuerzos o lunches para los migrantes que viajan al norte a bordo de La Bestia. El grupo continúa trabajando gracias a las donaciones de organizaciones humanitarias, iglesias, voluntarios y grupos civiles. La casa de Norma Romero se ha convertido en un santuario para los migrantes cansados y hambrientos; uno de tantos en el territorio mexicano. 

Si bien la alineación de Las Patronas no ha cambiado mucho durante los años, siempre permiten que otras personas lleguen al albergue para ayudar a preparar la comida o atender a los migrantes. Con el tiempo se han unido más vecinas del lugar, siempre trabajando ad honorem y de forma voluntaria. En La Esperanza del Migrante, el comedor dentro del albergue, Norma y compañía comen y platican con los viajeros. A veces su labor se limita simplemente a alimentar a las y los migrantes, en ocasiones les ayudan a realizar trámites legales y a llamar a casa. Pero incluso hay momentos cuando ellas recogen a heridos de las líneas del tren, los llevan a los hospitales locales y facilitan el papeleo para que se les administre el cuidado necesario.

La bondad de Norma Romero, de 46 años, es casual, maternal. No es una empatía arrogante o presumida. Cada vez que saluda ofrece un abrazo. Sonríe con calor y sin mesura. Bromea. Pero así como es gentil, también es crítica y severa. Mientras felicita el trabajo que realizan otras organizaciones pro migrante –como el albergue La 72, en Tenosique, Tabasco, dirigido por el padre Fray Tomás– con la misma energía castiga a los pastores que predican el amor y la compasión pero no se involucran ni exigen a las autoridades el bienestar de los migrantes mexicanos y centroamericanos. “Debemos ser coherentes”, señala. Romero también parece esperanzada por la retórica pro migrantes del presidente electo de México, Manuel Andrés López Obrador, pero demanda un mayor interés de los gobiernos de Guatemala, El Salvador y Honduras, a los que recrimina que “parece que se les olvidó su gente”.

Si bien Norma Romero admite que su intención no ha sido involucrarse en política, el trabajo que realiza junto a sus compañeras le ha permitido conocer de cerca las carencias y necesidades de los migrantes. Gracias a ello han llegado a formar parte de una extensa red que cubre todo el territorio mexicano y vela y trabaja por los derechos de los migrantes.

Actualmente Las Patronas, junto a otras entidades de esa red, como el padre Alejandro Solalinde y el albergue Hermanos en el Camino, trabajan en una agenda migratoria que busca asegurar el bienestar de las y los migrantes mientras atraviesan el territorio mexicano. La agenda será presentada a López Obrador luego que tome posesión el próximo 1 de diciembre.

Mientras, Romero y compañía siguen preparando lunches para “el hermano migrante”. Y desde hace poco también ofrecen sus casas como albergue.

Después de servir a la comunidad migrante en México por tantos años, ¿cómo logra renovar su bondad y empatía?

Se ha mantenido por amor. Mientras exista el amor vamos a seguir sirviendo de esta manera. Si no tuviera amor yo simplemente diría, “no es mi familia, no es mi problema”. Pero nuestra familia no es solo la que tenemos, nuestra familia es todo aquel que sufre. Cada vez que veo las noticias me duele el corazón. Tuve la oportunidad de ir a Italia y enterarme de cómo familias sirias mueren de camino a Europa, muchas ahogadas en el mar. Y es lo mismo que en México. Allá mueren en el mar, acá mueren en el tren, en el desierto. No puede ser que seamos tan indiferentes. Ahora mismo está en crisis Nicaragua, Venezuela, y la gente está huyendo de sus países, y yo pienso: “¿en qué momento nos toca vivir lo mismo?”

Durante su intervención en el conversatorio organizado por la Pastoral de movilidad humana (PHM-CEG) mencionó que han empezado a recibir migrantes guatemaltecos, supervivientes de la erupción del Volcán de Fuego de este año…

Hemos escuchado que compañeros al sur de México, en otros refugios, como el de Fray Tomás, en Tenosique, sí han estado recibiendo sobrevivientes de lo del volcán. Pero no son familias. Son personas que viajan solas pues perdieron todo en la erupción: su casa, el resto de su familia y hasta las tierras que trabajaban, y que el gobierno ha fallado en darles una vida digna o ayudarles a recuperar sus bienes. Y esto fue inmediato. No tomó mucho después de la erupción para que empezáramos a escuchar de ellos. Cada vez que hay una catástrofe, la migración aumenta. Sin embargo, pensándolo bien, quizás sí hemos recibido de estos sobrevivientes guatemaltecos. En los últimos meses hemos visto un aumento en migrantes de Guatemala. Pero no te dicen que salieron por lo del volcán. Déjame decirte que los guatemaltecos son muy callados.             

Alejandro García

¿Callados?

La mayoría llega con temor. Temor en que si uno realmente es alguien con buenas intenciones o alguien que quiere sacarte información para joderte. Cuando te van conociendo y van agarrando confianza, ya te sonríen, te empiezan a platicar, piden que si los puedes ayudar a hacer una llamada para avisar a su familia que están bien. Cuando ven la convivencia en el albergue, que todos comemos juntos, pues empiezan a confiar. Pero es entendible su temor. Hay mucha violencia hacia los migrantes en México. Hay lugares que se hacen pasar por albergues y aparecen solo para secuestrar a la gente. Es importante que aprendan a desconfiar por su propia supervivencia y bienestar.

¿Qué le piden ustedes al gobierno de México respecto al tema de migración?

Te puedo decir que desde nuestro espacio siempre hemos fomentado el diálogo con las autoridades. Pero más que negociar creo que se trata de coordinar. Nosotros no entregamos las visas, pero tenemos relación con la fiscalía con la que los migrantes que quieren pedir asilo pueden iniciar su papeleo. También coordinamos con atención al migrante que puede cubrir los gastos médicos de los viajeros lastimados. Mientras, nosotros proveemos albergue y comida. Creo que lo que hay por parte de nosotros es coordinación. Aunque si nos interesa estar bien con las diferentes dependencias del gobierno para lograr el apoyo que necesitan los migrantes. De nuestra parte se trata de mediar la situación, a través del diálogo.

Mencionó también la llamada agenda migratoria, para crear cambios a nivel gubernamental.  ¿Qué me puede contar al respecto?

La agenda es un documento que vamos a presentárselo al nuevo presidente, Manuel López Obrador, luego que tome posesión. El presidente ha dicho públicamente que apoyará a los migrantes mexicanos y centroamericanos. Incluso ha mantenido pláticas con el padre Alejandro Solalinde. Nosotros nos reunimos cada jueves en la Ciudad de México para trabajar esta agenda que tendrá detalles de las necesidades de los migrantes, como acceso a la salud, seguridad, alimentación, acompañamiento legal y psicológico. Para que beneficie no es solo a migrantes mexicanos o centroamericanos, sino a cualquiera que lo necesite.

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El gobierno de Guatemala ha sido indiferente ante sus migrantes. Un ejemplo es la crisis de separación de este año en donde no se pronunció, ni pidió la reunificación sino hasta que recibió rechazo y presión de la sociedad civil. ¿Qué le pediría usted a las autoridades y a los gobiernos centroamericanos?

Primero, incluir la migración en su agenda y planes de gobierno. He visto encuentros entre los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador con el gobierno de México y la mayoría son puras reuniones de negocios. Honduras, por ejemplo, como el país de Centroamérica con más migrantes, debería solicitar que el bienestar de su gente sea asegurado. Los migrantes están muriendo por accidentes o asesinados por el crimen organizado. De igual forma El Salvador y Guatemala debería velar por sus migrantes. Si a mí me duele ver un migrante mutilado, a los gobiernos de esos países debería dolerles más. Al no alzar su voz y actuar, los gobiernos se convierten también en responsables de estas tragedias. Así como los gobiernos se reúnen a hablar de negocios, deberían solicitar a los países vecinos el bienestar de sus migrantes. En cambio, parece que se les olvidó su gente. Todos estos gobiernos deberían llegar y decir: “yo, como representante de Guatemala —por ejemplo— le exijo a México que proteja a mis migrantes, a mis paisanos, durante su viaje”. Pero nadie lo ha hecho. Parte de esto es reconocer el gran aporte de los migrantes a la economía de nuestros países a través de las remesas. Sin esas remesas los países se derrumbarían. Pero parece que a los gobiernos les vale. Los gobiernos parecen estar dormidos por su propia conveniencia. Por otro lado, si los gobiernos no se preocupan por los migrantes debe hacerlo la sociedad civil. La sociedad civil y la iglesia. Nuestros sacerdotes también deben hablar del tema. Pero no solo una vez. Que lo prediquen siempre, todos los días, en cada eucaristía.

Algo que probablemente permite un mayor interés en México es la cantidad de organizaciones pro migrante que trabajan constantemente y cerca las unas de la otra. En Guatemala hay pocas y aisladas. ¿Cómo se generan esas redes?

Nosotros desde un principio nos unimos al obispo Fernando Romo, que tenía mucha relación con otros grupos en la zona sur de México. Nuestra relación con las iglesias fue clave para mantenernos cerca de otras organizaciones. Hay muchos padres y sacerdotes en México que se mantienen cercanos a la causa. La mayoría de albergues son también iglesias o son administradas por religiosos como el padre Pedro Pantoja que ofrece asistencia legal y psicológica, el obispo Don Raúl que también apoya a las mujeres viudas del desastre de la mina de Pasta de Conchos y a personas homosexuales, el obispo Samuel Ruiz que ha brindado apoyo a las zonas indígenas. Regresamos a lo que te dije que más sacerdotes deberían incluir la migración en sus sermones. Luego nosotros también nos relacionamos con el Colectivo de Defensores de Migrantes y Refugiados (Codemire) que mantiene relación con otras organizaciones civiles. También nos acercamos con La 72 y el padre Fray Tomás, en Tenosique. Fray Tomas no solo ve asilo y refugio, sino estuvo muy activo durante la crisis de los niños no acompañados, también tiene relación con la comunidad LGTB, con familias necesitadas; esta relación amplió nuestra cobertura también. Y así fue creciendo nuestra red. Es importante mencionar que algunos de los grupos con los que tuvimos contacto en algún momento, han desaparecido por temas de violencia y hostilidad.

 

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