Cerrar

Ir

“Ningún ejército en la Guerra Fría había hecho lo que hizo el ejército de Guatemala”

La reacción del ejército frente a la emboscada de octubre fue la masacre de Dos Erres. Fue un mensaje al grupo guerrillero como parte de una guerra psicológica. Era como decir: “ustedes mataron a medio pelotón y recuperaron sus armas, ahora nosotros arrasamos la aldea”.
Esas personas llegaban al destacamento y miraban al caballo que había sido de su hermano, por ejemplo, y le reclamaban.
Tipo de Nota: 
Información

“Ningún ejército en la Guerra Fría había hecho lo que hizo el ejército de Guatemala”

Tiempo aproximado de lectura: 12 mins
Historia completa Temas clave

Manolo Vela hizo una tesis doctoral sobre la masacre de Dos Erres para explicarle a la sociedad cómo el ejército llegó a ver en los rostros de 201 civiles indefensos a un enemigo del Estado que debía ser aniquilado. Cuando realizó su investigación, el proceso judicial contra los responsables de la masacre se encontraba estancado. Pero todo dio un giro dramático que lo llevó a declarar ante los tribunales.

Redes-lateral

La salida del Fiscal General Juan Luis Florido en 2008 y su relevo por Amílcar Velásquez Zárate cambió el panorama. Se creó una nueva fiscalía para investigar estos casos y en 2010, Vela recibió una llamada del Ministerio Público, preguntándole si su tesis podía ser ampliada y reelaborada como peritaje para apuntalar el caso contra los perpetradores de la masacre. Así fue como Vela llegó la semana pasada a la Torre de Tribunales, no a defender una tesis académica, sino a exponer una pieza clave de evidencia en el juicio del instructor kaibil Pedro Pimentel Ríos.

Su peritaje expone que no existía evidencia que demostrara que a inicios de los años 80 hubiera grupos subversivos operando en el parcelamiento Dos Erres (en Petén). ¿Entonces por qué el ejército decidió masacrar a 201 civiles inocentes?

La clave para poder entender eso es que en un contexto de guerra, las cosas tienen una interpretación emocional que llevan a unir una serie de piezas, es decir que se produce una especie de “sociología de los rumores”.  Primero, la Patrulla de Autodefensa Civil de Dos Erres decidió no patrullar en Las Cruces y esto generó una suerte de conflicto con el destacamento militar. Segundo, los vecinos manifiestan que miembros del ejército llegaban disfrazados de guerrilleros para tratar de probar su lealtad. Y tercero, los vecinos también cuentan que las iniciales en los sacos de maíz, FAR (Federico Aquino Ruano) coincidían con las siglas de las FAR (Fuerzas Armadas Rebeldes). Esos tres elementos se combinan con una operación de las FAR, en octubre de ese año, que fue casualmente exitosa y sorprendente.

O sea que la masacre fue una represalia indirecta contra la guerrilla…

Había una tensión entre el alto mando de las FAR y el mando (guerrillero) de la zona porque este último consideraba que no había condiciones para hacer operaciones militares, mientras que el alto mando pensaba que sí las había, ya que el ejército estaba actuando contra el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) (en el Altiplano, principalmente en Quiché). Por eso, el mando general (guerrillero) fue directamente a la zona y planificó esa operación (de robo de armas militares). La reacción del ejército frente a la emboscada de octubre fue la masacre de Dos Erres. Fue un mensaje al grupo guerrillero como parte de una guerra psicológica. Era como decir: “ustedes mataron a medio pelotón  y recuperaron sus armas, ahora nosotros arrasamos la aldea”.

Pero los habitantes jamás colaboraron con los grupos subversivos.

Ninguno de los vecinos dice que la guerrilla haya llegado ahí para hacer un mitin ni que haya habido gente de la aldea que tuviera que ver con la guerrilla. Pero creo que algunos de estos parcelarios podrían haberle vendido maíz a la guerrilla.

¿Hay evidencia de eso?

No, es un supuesto pero no tengo evidencia para sustentarlo. Si había personas que tenían parcelas con una alta producción de maíz y tenían un grupo insurgente que hacía operaciones en esa zona, algunos de los parcelarios pudieron haberle vendido el maíz a los insurgentes.

¿Cuándo entrevistó a los sobrevivientes les preguntó sobre eso?

Les pregunté y dijeron que no.

¿Puede atribuírsele alguna responsabilidad a las FAR por dejar expuesta a una población vulnerable?

Lo que sucede es que la guerra de guerrillas es eso: actuar y esconderse. En ningún momento podría ofrecer un frente de batalla porque de lo contrario sería aniquilada. En ese momento, la operación de las FAR era necesaria porque el ejército estaba concentrado a través de las fuerzas de tarea contra el EGP y no hacer operaciones hubiera sido un contrasentido.

¿No era previsible que la represalia del ejército fuera masacrar a los habitantes de la aldea?

Con la excepción del ejército de El Salvador, que cometió masacres al norte de ese país, ningún ejército en el contexto de la Guerra Fría (1945-1989) había hecho lo que hizo el ejército de Guatemala. Los guerrilleros nunca pensaron que el ejército podría hacer algo así. Quizás fue un error pensar que el ejército iba a reprimir poblaciones enteras y no eliminar a poblaciones enteras.

¿Hubo acciones concretas contra la guerrilla después de la masacre?

Sí, Dos Erres –la masacre- fue el punto de partida de una operación de contrainsurgencia. Al salir de ahí, (los kaibiles) van al norte, luego llegan a Betel, y ahí los recogen helicópteros. La masacre fue el punto de partida de una operación de rastreo en la zona para dar con los guerrilleros en la zona.

Su peritaje fue una reelaboración de la tesis doctoral que usted hizo sobre el caso de Dos Erres. Uno de los elementos que agregó en el peritaje fue qué pasó después de la masacre. ¿Podría hablarnos sobre eso?

Muchas personas iban a trabajar a Dos Erres entre semana y los fines de semana regresaban a Las Cruces, donde estaba su familia, ya que ahí era más cómodo vivir y era más fácil tener agua.

El ejército quería negarle a los guerrilleros los recursos que quedaron después de la masacre –desde las guitarras de la iglesia hasta los caballos y carretones e instrumentos de trabajo– y los llevó a Las Cruces, donde el jefe del destacamento las vendía. En esos pequeños pueblos el jefe del destacamento es un personaje apreciado, querido, y por supuesto temido. Iba a las casas de las personas, almorzaba con las familias y había personas que eran amigas de él y cuyas familias fueron masacradas. Esas personas llegaban al destacamento y miraban al caballo que había sido de su hermano, por ejemplo, y le reclamaban. Las señoras pedían hablar con él y él iba modificando lo que les decía. A algunas les decía que era una operación militar, a otras que no se preocuparan porque ahí no había guerrilleros, y a otras que se estaba haciendo una fiesta. El ejército trató de encubrir lo que había hecho y pretender que no había pasado nada.

Durante su declaración como perito, mencionó que el aislamiento geográfico de Dos Erres contribuyó a la impunidad con que se cometió la masacre…

El patrón de masacres tiene ese ingrediente: el aislamiento. Esa era una condición muy importante que permitía controlar el territorio mientras se llevaba a cabo la operación y luego encubrir el hecho. Por eso en Petén, esta es la única masacre de este tipo. En ese departamento hubo otras masacres en Palestina y Josefinos pero fueron más selectivas.

¿Cómo se vinculaba la patrulla kaibil al resto de la estructura militar?

Ellos eran una unidad que impartía el curso kaibil, eran los instructores y subinstructores de la escuela. Luego, ésta se cierra por orden del general (Efraín) Ríos Montt, quien decide cerrar todos los centros de instrucción excepto la Escuela Politécnica, para dedicar todo el personal a la actividad militar. La unidad kaibil pasa a estar más cerca del Jefe de Estado, Ríos Montt, en la Ciudad de Guatemala, con el propósito de cuidarlo. Posteriormente, pasa a ser una unidad de combate con una movilidad muy grande que salía de la base aérea del Sur para hacer operaciones en otros lugares. Era un grupo permanente que se acoplaba a otros grupos para hacer operaciones.

¿Qué tan fluida era la comunicación de Ríos Montt con la unidad kaibil?

El testimonio de los soldados confirma que tenían una relación muy estrecha con él, no como un Jefe de Estado distante sino como un hombre preocupado por sus tropas. Incluso recuerdan que él estuvo con ellos varias veces.

¿Cómo se estructuraba la cadena de mando en esa unidad? ¿Quién era el jefe?

El jefe era (Eduardo) Arévalo Lacs y un mando con oficiales. Luego seguían los tenientes, subtenientes, sargentos y cabos.

¿Qué papel jugaban los instructores como Pedro Pimentel Ríos, quien hoy enfrenta juicio?

Eran los que mataban a las personas. Les llamaban el grupo de destazadores. Eso era lo que hacía esa patrulla.

O sea que todos los integrantes de la unidad, sin excepción, participaron en la masacre…

Todos.

Eduardo Lacs ha declarado en este juicio en calidad de testigo. ¿Por qué no hay un proceso en su contra?

Él sufrió un accidente meses antes (de la masacre) en una operación de la patrulla kaibil en contra de la Organización del Pueblo en Armas (ORPA), durante la cual el helicóptero en el que viajaba fue derribado. Por eso él  no estaba en ese momento en el mando de la patrulla y el que asumió fue el siguiente en la cadena de mando, un teniente de más graduación.     

Pimentel Ríos y otros instructores estaban en el nivel más bajo de la jerarquía dentro de la unidad kaibil. ¿Será posible enjuiciar a los oficiales en el más alto mando que dieron la orden para que se cometiera la masacre?

En el caso de Pimentel Ríos se cuenta con evidencia bastante sólida pero cuando se busca ir hacia arriba en la cadena de mando, uno encuentra dificultades porque gran parte de la estrategia judicial se sostiene sobre la base del testimonio de los soldados. Por la compartimentación que hay en el ejército, ellos dan información de un contexto más inmediato, como los oficiales y los jefes. Por lo general los soldados no tenían un vínculo más allá de la unidad, por ejemplo, con el jefe de operaciones de la base aérea del sur, con la zona militar de Petén, o con la Dirección de Operaciones del Estado Mayor de la Defensa. El problema es hallar la evidencia y por otro lado que el ejército continúa encubriendo ese tipo de acciones.

¿Es posible deducir responsabilidades siguiendo la cadena de mando?

El problema es la interpretación que hasta ahora los tribunales guatemaltecos le han dado a la cadena de mando. Exigen que haya evidencia directa que incrimine a la cadena de mando y eso es difícil. Hay otra interpretación según la cual la persona de más alto nivel debió de haber sabido lo que (los subalternos) estaban haciendo porque ellos actuaban majo el mando operativo de la institución y con los recursos de la misma. Pero esa interpretación en Guatemala no ha funcionado.

Menciona el encubrimiento del ejército. ¿Le negaron acceso a documentos durante su investigación?

Por medio del Departamento de Divulgación, que ahora es la Secretaría de Prensa, traté de tener acceso, no a material sensible, sino a la propaganda del ejército, para analizar cómo se construían ciertos mensajes. Como esa línea se cerró, busqué un atajo: la memoria de los soldados. Pero es difícil. Ellos recuerdan algunos de estos materiales con formas diabólicas de la guerrilla o videos en los cuales se miraban soldados muertos. La idea era decirles: “miren, esto pasó en tal lugar y si no entrenan bien esto es lo que les va a pasar”. Mediante el uso de material de video, de material impreso y de la palabra, las personas que están en la institución prácticamente las 24 horas del día son sometidas a un sistema de encuadramiento. Una combinación de tres factores: el adoctrinamiento, la institución militar y el desarrollo de la guerra – esta no es una guerra en la que se pueda decir “allá están los guerrilleros” sino que los guerrilleros se esconden – va construyendo la idea de que hay que ir contra las aldeas.

¿Cómo fue entrevistar a los actores militares?

Fue difícil porque guardaban un margen de lo que podían contar y costaba moverlos más allá de ese margen. Ocurre lo que llamo “interpretaciones traslapadas”. Por ejemplo, si le pregunto a un soldado sobre el entrenamiento, él me habla de lo duro y difícil que era, pero para uno como entrevistador ese entrenamiento formaba parte de la preparación de las unidades para ciertos fines. Cuando uno les pregunta sobre el cambio de estrategia que hizo el ejército en 1981, responden que eso es lo que el ejército debía hacer en ese momento: retomar el control de la población. Pero para el entrevistador ese fue el punto de partida para planificar la campaña que dio origen al genocidio.

Durante el juicio se ha escuchado el testimonio de niños, como Ramiro Cristales, que sobrevivieron a la masacre y fueron criados por soldados. ¿Era común esa práctica en el ejército?

Sí, era una práctica bastante amplia dentro de la institución militar. Un oficial con quien platiqué me dijo que los niños abandonados eran llevados a Bienestar Social o a instituciones religiosas para su adopción.

¿Pero era común que los mismos soldados criaran a esos niños?

No le sabría decir.

¿Qué sentido tendría para un soldado que había participado en la masacre de una aldea adoptar a un niño?

Es difícil explicarlo, si se trataba de un asunto humanitario o si tenía que ver con otras cosas. Ese es un tema en el que nunca he indagado. A pesar de lo que hicieron los kaibiles son personas normales que tuvieron un comportamiento encuadrado en una institución. Fuera de ella tienen comportamientos normales, familias normales con las que se sientan a la mesa, hijos exitosos. Habría que ver psicológicamente cómo se puede explicar eso.

¿Y los sobrevivientes? ¿Fue difícil lograr que compartieran sus experiencias?

Ellos ya no experimentan tantas sensaciones porque tienen un relato ya construido y el recuerdo está bastante procesado. Más bien era yo el que me ponía mal cuando escuchaba los relatos por primera vez. Luego uno toma contacto con la historia, conoce sus contornos y las cosas más terribles.

Los testigos que han venido a declarar en estos días parecieran recordar todo con un gran nivel de detalle.

Uno puede ver por edades cuál es el recuerdo de las personas. Los que tenían 16 o 17 años cuando ocurrió la masacre recuerdan muchos detalles de cómo era el lugar. En el caso de las mujeres, el recuerdo está muy vinculado al trabajo de sus esposos y al papel que ellas jugaban en la economía doméstica. Recuerdan lo que estaban haciendo ese día, la forma en que lograron escapar con sus hijos, qué pasó después, pero en torno a la comunidad guardan recuerdos con menos detalle.

¿Visitó la escena de la masacre? ¿Cómo es Dos Erres hoy en día?

Sí, dos veces, en 2005 y 2009. En 2005 todavía era posible encontrar el pozo junto al árbol (donde tiraron los cadáveres de las víctimas) pero en 2009 lo habían convertido en una especie de potrero. Todavía estaba el antiguo destacamento militar en Las Cruces pero ahora tampoco existe. Es tierra de nadie, un lugar abandonado donde supuestamente operan narcotraficantes.

¿Qué sintió al recorrer ese lugar?

Tristeza. Pero el momento más difícil fue después de haber estado ahí cuando Aura Elena Farfán (directora de Famdegua) me enseñó las fotos de los niños que tomaba su maestra para el día del padre y de la madre, con las actas de calificaciones de los años 80, 81 y 82. Son fotos de niños que ya no están.

Autor
Ver Comentarios

Un solo correo

Comienza cada semana con las
notas más relevantes de
Plaza Pública

Suscripción
Suscripción
Lo más importante
de Plaza Pública en tu correo eletrónico
Autor
a
a