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Muerte de mexicanos revive el fantasma de narcotráfico en Huehuetenango
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Muerte de mexicanos revive el fantasma de narcotráfico en Huehuetenango

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El quintento mexicano Nuevo Amanecer regresaba luego de amenizar una fiesta en Huehuetenango, pero nueve kilómetros antes de cruzar la frontera les emboscaron y acribillaron. El crimen revive el fantasma del narcotráfico en el departamento, el quinto donde hubo más incautación de cocaína en 2016.

De las investigaciones de este hecho no se conoce nada. La prensa local reportó que las autoridades mantienen declaraciones del caso en reserva.
Después del ataque del 9 de julio pasado, Roblero resultó con dos dedos de una mano amputados. Un reporte de prensa lo atribuía a la balacera, pero el exvecino del quinteto dijo que podría haber sido torturado.

En enero de 2017 un funcionario del Ministerio de Gobernación dijo que el narcotráfico en Huehuetenango se había reducido en los últimos años. Agregó que ya era historia la fama de Los Huistas (socios del Cartel de Sinaloa), que saltaron a los titulares noticiosos el 30 de noviembre de 2008, después de que una emboscada con los Zetas dejara al menos 17 muertos en la aldea fronteriza Agua Zarca, en Santa Ana Huista. Sin embargo, sólo seis meses después de las declaraciones del funcionario, un hecho violento volvió a colocar a Huehuetenango en los titulares.

El pasado sábado 8 de julio cinco mariachis mexicanos cruzaron la frontera hacia Guatemala para amenizar una fiesta de 15 años en el hotel La Ceiba, en La Democracia, Huehuetenango. En la madrugada del domingo, cuando regresaban en automóvil hacia el municipio Frontera Comalapa, Chiapas (donde vivían), varios sujetos los emboscaron con ráfagas de fusiles AK-47 en el kilómetro 331 de la ruta Interamericana, en Camojá. Los cinco músicos se habían bautizado como “Nuevo Amanecer”. Tres de ellos no volverían a ver uno: el vocalista del grupo Omar Altúzar Cortéz (o Melgar, según algunas publicaciones), que iba de copiloto; Alan Rafael Castro, quien conducía , y Damián Martínez, que viajaba en medio de los sobrevivientes, en el asiento trasero.

Ciro o Sirio Roblero Torres y Guillermo Maldonado González, de 35 y 30 años de edad, sólo resultaron heridos, escudados por los tres que murieron. Lograron salir del vehículo y correr a esconderse en la vecindad. Sus atacantes se habían marchado. Los daban a todos por muertos después de por lo menos 100 impactos que dejaron cubierta de boquetes la camioneta negra en que viajaban. Los heridos fueron llevados al Centro de Atención Permanente de La Democracia. Casi 24 horas después, Roblero y Maldonado estaban de vuelta en Chiapas. Ambos dijeron a la Policía Nacional Civil (PNC) que desconocían por qué los atacaron porque sólo se dedicaban a amenizar eventos en México y en el sector colindante de Huehuetenango. El ataque ocurrió a unos 9 kilómetros de la frontera.

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De las investigaciones de este hecho no se conoce nada. La prensa local reportó que las autoridades mantienen declaraciones del caso en reserva. Seis días después, el jefe de la Fiscalía de Narcoactividad en la capital, Aldo Chapas, dijo que su oficina no investiga el caso. Óscar Dávila, 5º. Viceministro de Gobernación y Narcoactividad, dijo que su oficina tampoco inició una investigación. El fiscal distrital a cargo del caso, Dagoberto Gutiérrez, no respondió a preguntas sobre las hipótesis que el Ministerio Público tiene del triple asesinato.

Nexos evidentes, datos extraoficiales

Un diario mexicano reportó que Omar Altúzar era un “reconocido gallero” en Frontera Comalapa. Datos extraoficiales dan cuenta de que Maldonado González (alias “El Pinky”), uno de los sobrevivientes del ataque del pasado 9 de julio, cuidaba los gallos de pelea de Altúzar. El 27 de febrero de 2011, las autoridades capturaron a Maldonado González en Frontera Comalapa por ser presunto responsable del delito de delincuencia organizada. Eventualmente fue dejado en libertad.

Antecedentes aparte, el quinteto “Nuevo Amanecer” sí se dedicaba a la música. Además de rancheras, tocaban música de banda y corridos. Un exvecino de uno de los fallecidos dijo que le habían compuesto dos corridos al dueño de una finca en Chiapas, que traficaba cocaína, y que Damián Martínez traficaba ocasionalmente, pero en representación y con dinero de Omar Altúzar. Desconocía si este traficaba por cuenta propia o para alguien más, pero sabía que aprovechaban los viajes por sus presentaciones musicales para no levantar sospechas de las autoridades mexicanas. El viaje que los llevó a La Democracia supuestamente habría servido para revisar un cargamento y dar un visto bueno en nombre de un comprador en México. Se desconoce quién.

Una hipótesis de la fuente es que emboscaron al quinteto para robarles droga o dinero, aunque sería improbable, pues la ruta del dinero suele ser del norte al sur, para pagar transportistas y proveedores y no al revés. Sólo la droga viaja de sur a norte. Otra posibilidad es que le estorbaban a alguien y los quitó de en medio.

Al menos parte del quinteto supuestamente se ocupaba de trasladar cocaína desde Zacapa hasta Huehuetenango, para lo cual contrataban a terceros. Antecedentes de otros casos, desde 2003 hasta al menos 2011, dan cuenta de que la ruta Zacapa-Huehuetenango y Zacapa-San Marcos era usual. En el caso de Huehuetenango, Los Huistas figuraban entre los principales receptores de cocaína que los hermanos Lorenzana Cordón enviaban desde Zacapa. Dos hermanos fueron capturados y extraditados a EE.UU. entre 2011 y 2015 (Waldemar y Eliú); otros tres, según las autoridades, permanecen activos (Ovaldino, Haroldo y Marta Julia). Para 2012, otros grupos traficaban también en Huehuetenango, pero con la venia de Los Huistas, según un exgobernador de ese departamento, que prefirió no ser identificado.

Después del ataque del 9 de julio pasado, Roblero resultó con dos dedos de una mano amputados.  Un reporte de prensa lo atribuía a la balacera, pero el exvecino del quinteto dijo que podría haber sido torturado. Unos testigos que viajaban sobre la misma ruta del ataque, delante de las víctimas, observaron un picop doble cabina estacionado cerca del hecho. Comenzaron a escuchar los disparos cerca de un kilómetro después. Sospechan que hubo contacto entre los tripulantes del vehículo y las víctimas antes del ataque, por un tumbe de droga o dinero (de los cuales la PNC no reportó indicio alguno), un reclamo por deuda o por supuestamente operar en la zona sin permiso de traficantes locales.

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No hay certeza de que los victimarios fueran Huistas, u otro grupo local. Sin embargo, las fuentes afirman que Los Huistas siguen activos y han incorporado a otros actores. Desde la captura de Walter Arelio Montejo (alias “El Zope”), en junio de 2012, a petición de EE.UU. para extraditarlo por narcotráfico, bajaron perfil. El exgobernador dijo que se refugiaron temporalmente en Costa Rica, particularmente el entonces jefe, Aler Samayoa (alias “Chicharra”), y que meses después, volvieron a traficar.

Los últimos hechos violentos a gran escala en Huehuetenango, antes del caso del quinteto, ocurrieron hace cinco años: el primero fue la desaparición de cuatro investigadores de la División Especializada en Investigación Criminal (DEIC) de la PNC en marzo de 2012, por la que un exjefe de esa división en Quetzaltenango fue condenado. Nueve meses después, ocurrió el asesinato de siete personas, el 23 de diciembre de 2012: la fiscal de Chiquimula Irma Yolanda Olivares; la directora de la Secretaría de Obras Sociales de la Presidencia (Sosep), en El Progreso, Jennifer Carolina Hernández Moscoso; su hermana, un empresario, y tres policías que los custodiaban. Les dispararon y calcinaron los cuerpos en San Pedro Necta. El hecho fue inicialmente atribuido a los Zetas. También se sospechaba de Eduardo Villatoro Cano, alias “Guayo Cano”, procesado por la matanza de nueve policías en Quetzaltenango en 2013. Algunas autoridades vinculaban a Cano con los Zetas. Otras, con el Cartel del Golfo.

El exgobernador de Huehuetenango escuchó que Cano, que había sido enemigo de Los Huistas, limó asperezas y acabó como ejecutor al servicio de Samayoa en 2012. Después de la captura de Montejo Mérida, y jefes Zetas en México, entre 2012 y 2015, un remanente del Cartel del Golfo todavía operaba en Guatemala, donde traficaba desde mediados de los años 90.

Uno de los mariachis acribillados, Omar Altúzar, supuestamente era hermano o tenía otro grado de parentesco con Fred Altúzar Cortez, alias “El Negro”, que autoridades mexicanas identificaron como operador del Cartel del Golfo en Chiapas. Lo capturaron el 2 de noviembre de 2009, en Frontera Comalapa. Ese cartel se debilitó a raíz de la captura de su jefe Osiel Cárdenas Guillén en 2003 y de su extradición en 2007, cuando comenzó la separación de su brazo armado: los Zetas. Otros socios, hermanos y sobrinos de los Cárdenas retuvieron el mando, aunque perdieron terreno ante los Zetas, hasta que los jefes de éstos cayeron abatidos o detenidos.

En 2009, Fred Altúzar Cortez fue capturado junto a Luis Felipe Álvarez Hidalgo, Alejandro Pérez López, Jaime Gerónimo Ramírez y Gilberto Ramírez Ramírez. Dos de ellos guatemaltecos, aunque los reportes del hecho no identifican cuáles de los cuatro lo son. Al grupo le incautaron dos armas cortas, nueve granadas, cinco cargadores y 100 cartuchos útiles de diferente calibre, una camioneta de lujo y vehículos compactos con placas del Estado de Chiapas.

Algo más sucede en Huehuetenango

En 2014 y 2015, años de bajo perfil para los Zetas y Los Huistas en Huehuetenango, la incautación de cocaína osciló entre 0.04 y 0.05 gramos en ese departamento. En 2016, la incautación subió a 671 kilos; de los departamentos vecinos sólo Quetzaltenango muestra un incremento significativo. Fue el año de mayor incautación anual nacional con 12,818 kilos (la mayoría incautada en Escuintla e Izabal) desde 1999, según cifras de la PNC.

En marzo pasado, el Departamento de Estado anunció que aumentó la producción de cocaína en Colombia y el trasiego en Guatemala, por donde estima que pasaron al menos mil toneladas en 2016 (98% más de lo incautado). Pero hasta el año pasado, el incremento en las incautaciones no se había traducido en más muertes violentas. Como en 2015, en 2016 la tasa de homicidios en Huehuetenango se mantenía en 7, la cuarta más baja del país después de Totonicapán, Quiché y Sololá. Sin embargo, Huehuetenango fue el quinto departamento donde se incautó más cocaína después de Escuintla, Izabal, Quetzaltenango y Guatemala.  

Hasta el momento, y con las investigaciones del caso bajo reserva, ninguna autoridad ha vinculado el caso de los mariachis al narcotráfico. Oficialmente, el caso todavía es un misterio.

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