Al final de día, los mineros venden los metales después de haber pesado los costales en el cementerio colindante el basurero. Sobre todo durante la época de lluvia, cada trabajador gana alrededor de 150 quetzales (US$20) por la venta de los metales, casi el doble del salario mínimo.

Mineros

Simone Dalmasso

El basurero de La Verbena, el más grande de la ciudad capital, a pesar de ser un lugar malsano y peligroso, por los continuos derrumbes de los desechos, es un escenario poblado por cientos de personas que buscan chatarra para venderla al final del día.

Pero, durante la temporada de lluvias, desde junio a noviembre, el agua engorda el río que cruza el fondo del basurero y trae grandes cantidades de escombros provenientes desde los desagües de toda la ciudad. Entonces, además de la chatarra del basurero, surge la esperanza de encontrar entre el agua turbia algún metal precioso que aumente considerablemente la ganancia.

En un día normal, cada trabajador gana aproximadamente Q150, el doble del salario mínimo: esa es la razón por la cual muchas personas deciden entrar allí.

El lugar parece una mina a cielo abierto. Y por eso a los buscadores de chatarra se les conoce como “mineros”.

Como todos los años, la nueva temporada de lluvias vuelve a crear vida en las entrañas olvidadas de la ciudad.

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