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Migración y desarrollo: una correlación complicada
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Migración y desarrollo: una correlación complicada

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Tipo de Nota: 
Opinión
13 01 18

Para Estados Unidos, la migración internacional representa, por un lado, una fuerza laboral deseable por su bajo costo y flexibilidad (especialmente si es irregular) y, por otro, un problema a eliminar (sobre todo si es irregular).

En este sentido, la agenda de cooperación de dicho país es clara, y entre sus prioridades para Centroamérica figura la reducción de la migración internacional, lo cual se ha traducido en diferentes estrategias que convergen en el Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte. Su apuesta es, además de cerrar sus fronteras, invertir en desarrollo económico en los países de origen para disminuir la cantidad de migrantes.

La premisa de «a mayor desarrollo, menor migración» ha sido un lugar común en las iniciativas de cooperación internacional. Sin embargo, diversos estudios indican que el aumento de ingresos no necesariamente lleva a menos migración. De acuerdo con Martin-Shields, Schraven y Angenendt, el crecimiento económico inicialmente lleva a más movilidad de las poblaciones, pues estas cuentan con la capacidad para pagar el desplazamiento. Solo cuando el país adquiere un estatus de ingreso medio alto es cuando ocurre un decrecimiento en el flujo migratorio. A este cambio se le llama migration hump o curva de migración.

Los autores indican que esta correlación entre desarrollo y migración no se explica solamente por la variable ingreso, sino que está relacionada con diversos factores como los niveles de desigualdad, las características demográficas, las estructuras económicas de los países, las barreras migratorias y otros elementos políticos y culturales. De esta manera, no existe una relación automática entre desarrollo y migración, pues el desplazamiento de población es multicausal y no depende únicamente de motivaciones económicas. En nuestro caso, se combinan elementos estructurales (económicos, políticos y de violencia), las redes de apoyo familiares y comunitarias y el imaginario social y el sentido de progreso que derivan de la migración, entre otros.

Desde el punto de vista guatemalteco, la migración internacional, tanto regular como irregular, es una válvula de escape para la falta de oportunidades que no se encuentran dentro del territorio, además de que significa divisas sin costos aparentes que alivian nuestra balanza de pagos. Así, hemos comenzado 2018 y, según los registros del Banco de Guatemala, el ingreso de divisas por remesas a noviembre del año pasado sumaba 7 400 millones de dólares estadounidenses, un 4.4 % más que el total de las remesas recibidas en 2016. Dicho aumento es significativo para nuestras cuentas macroeconómicas, pero sobre todo para los 6.2 millones de personas que se benefician de este ingreso [1]. Asimismo, el volumen de migrantes ha aumentado de 1.6 millones en 2010 a 2.3 millones en 2016 a pesar de las diferentes barreras al desplazamiento impuestas por las administraciones estadounidenses y la crisis económica de 2007-2008 [2].

Por tanto, si los Estados tanto de origen como de destino pretenden reducir la cantidad de migrantes, es necesario realizar cambios integrales y profundos, que trasciendan lo económico, basados en evidencia y que vayan de la mano con políticas públicas que regulen el flujo migratorio de manera segura y desde los derechos humanos. Con ello se previene tanto la migración irregular, que expone a las personas a abusos, como las violaciones de sus derechos y la misma muerte, además del auge de mafias de traficantes de personas y la criminalización del sujeto migrante al asociarlo con el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado.

En ese sentido, tanto la agenda de cooperación internacional como las políticas migratorias deberían ir en dirección a:

  • Incrementar las oportunidades de migración regular.
  • Favorecer la circularidad del desplazamiento, pues la mayoría de los migrantes desean retornar a sus familias y territorios.
  • Dar prioridad a la reunificación familiar, pues la separación de las familias tiene un costo social altísimo que pagaremos todos como sociedad.
  • Invertir en retener el talento humano cualificado.
  • Promover la buena gobernanza y los derechos humanos para evitar desplazamientos forzados.
  • Atender las dinámicas propias de cada etapa del proceso de desplazamiento (incluyendo tránsito y retorno), así como los distintos perfiles que componen el flujo migratorio.
 

[1] Organización Internacional para las Migraciones (2017). Encuesta sobre migración internacional de personas guatemaltecas y remesas 2016. Guatemala: OIM.

[2] Ibid.

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