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"Me tuvieron encerrado hasta que me enfermé de la cabeza". El tormento de un salvadoreño en celdas de aislamiento de ICE
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Luis es el menor de ocho hermanos: seis emigraron a los Estados Unidos. En enero pasado, su madre también emigró. Vive únicamente con su hermana, Nicolasa, que también padece esquizofrenia.

"Me tuvieron encerrado hasta que me enfermé de la cabeza". El tormento de un salvadoreño en celdas de aislamiento de ICE

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“La niña se fue con él”, dice Nicolasa, señalando a Luis. Los arrestaron juntos. A su sobrina la mandaron para otro centro de detención, por ser menor de edad.
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Luis Lovo pasó 22 días en un cuarto de castigo en el centro de procesamiento de inmigrantes de Stewart, Georgia, operado por una empresa privada. De pronto comenzó a mostrar episodios psiquiátricos que lo llevaron a un centro de rehabilitación y a más encierro en espacios de vigilancia de suicidio y sin ropa. Su testimonio forma parte de 'Voces solitarias', un proyecto que revela que más de 8,000 incidentes como el suyo se produjeron entre 2012 y 2017 en esos sitios de custodia.

Finalmente, Luis Lovo acepta. Ahora después de tres años de la pesadilla que vivió encerrado en celdas de castigo en el centro de detención de ICE en Stewart, Georgia, se siente mejor para hablar y en cámara. Hace dos meses decía que no, que mejor leía una carta que escribió para que no se le olvidara y poder explicar lo que le hicieron.

"Me tuvieron ahí encerrado, solo, hasta que me enfermé. Al principio los guardias se burlaban de mí pero se dieron cuenta de que me estaba enfermando de la cabeza y me sacaron. Me sacaron para el hospital y ahí me tuvieron uno, dos o tres meses. Ya no recuerdo bien".

El cantón de Jucuarán (departamento de Usulután, en El Salvador), donde Luis Lovo ha residido toda su vida, está ubicado en una zona rural a media hora de distancia de la playa El Cuco (Chirilagua, departamento de San Miguel). El pavimento de la calle finaliza donde el turismo lo dice: ahí, en el Cuco hay restaurantes, parqueos, un malecón y una playa en la que el sábado 11 de mayo disfrutan numerosas familias del sol intenso de la tarde y las olas tibias.

Buscar referencias del cantón El Majague es encontrar dos cosas: la playa El Cuco y los múltiples homicidios relacionados a pandillas que se han registrado en la zona.

Luis asegura que la zona ahora “ya no está tan peligrosa”. Desde que pusieron un puesto policial dentro del cantón la violencia ha bajado, asegura. Antes, las amenazas de la pandilla – unirse a ellos, o morir– son las que lo impulsaron a emigrar.

Ahora, ya no quiere regresar a los Estados Unidos. Dice que no piensa volverlo a intentar. Que prefiere quedarse ahí, en la casa que comparte con su hermana y que hasta hace poco compartía con su madre, quien emigró “con papeles” –dice su hermana Nicolasa– en enero de este año.

De ocho hermanos, seis residen desde hace años en los Estados Unidos. Luis es el menor de todos.

Su testimonio es parte del proyecto colaborativo 'Voces solitarias', coordinado por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) por sus siglas en inglés) y The Intercept en el que participan siete medios de comunicación, entre ellos Plaza Pública y Univisión Noticias, de Estados Unidos.

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Mediante pedidos de información oficial a las autoridades de la Oficina de Inmigración y Aduana (ICE), el ICIJ hizo una base de datos que revela que entre 2012 y 2017 se han registrado más de 8,000 incidentes en celdas de segregación. En más de 5,000 de esos casos las personas pasaron más de 15 días en aislamiento, lo que es considerado como tortura, de acuerdo a normas internacionales de derechos humanos.

Tres años después, en su casa, Luis se mece en una hamaca mientras cuenta su historia. Calcula el espacio de su celda en un cuadrado que abarca el espacio justo del piso de tierra por debajo de la hamaca y su vaivén.

En su aislamiento solo hacía ejercicios, recuerda. No podía hablar con nadie porque estaba prohibido, pese a que las celdas están una junto a la otra. Sus compañeros en confinamiento solitario, cada uno en su propia celda, eran otros centroamericanos y africanos. Recuerda que algunos de los centroamericanos fueron ubicados ahí también por protestar por la comida.

–¿Y ocurría frecuente que les dieran comida con gusanos?

–A veces.

–¿Y siempre protestaban?

–No siempre. Algunos se la comían. Puede más el hambre.

En el hospital, a veces se rehusaba a tomarse las medicinas. Cuando eso sucedía, “nos inyectaban, para que uno no se pusiera peor”, dice.

Suchit Chávez

Lovo asegura que antes de estar en confinamiento solitario nunca había tenido una experiencia similar. Ahora debe tomar cuatro pastillas diarias: biperideno, haloperidol, tegretol y biperiteg. Tres por el día y una por la noche. No son las mismas que le daban en el hospital de Columbia, dice.

Él no sabe muy bien cuál es su padecimiento. Dice que las pastillas lo mantienen bien, estable, y que ya no sufre ataques nerviosos. Retomó su educación escolar. Va a noveno grado y asegura que la materia en la que tiene más dificultades es matemáticas. “Lenguaje es la que más me gusta”.

Es su hermana Nicolasa quien aclara que el tratamiento de Luis es por esquizofrenia. Una vez al mes, ambos viajan desde el cantón El Majague hacia el Hospital Nacional San Juan de Dios, en San Miguel, a una hora y media de su hogar. El hospital público provee de forma gratuita y mensual los medicamentos que él necesita. Pero ambos deben gastar entre 15 y 20 dólares para el viaje al hospital.

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Nicolasa también está medicada. Relata que Luis no es el único con esquizofrenia en la familia. Igual que el resto de sus hermanos, Nicolasa también emigró a los Estados Unidos.

En 1998, cuando Luis apenas tenía apenas cuatro años, Nicolasa emigró hacia Nueva York, dejando a su hija de tres , y su hijo de cinco en El Salvador. “Estuve un año, pero me entró una gran depresión de haber dejado a mis hijos aquí”, dice. Nicolasa volvió voluntariamente, pero con esquizofrenia ya desarrollada. Sus hijos ahora viven en Estados Unidos.

“La niña se fue con él”, dice Nicolasa, señalando a Luis. Los arrestaron juntos. A su sobrina la mandaron para otro centro de detención, por ser menor de edad.

¿Qué dicen las cifras?

De acuerdo con los datos obtenidos por el ICIJ, El Salvador es el segundo país con más incidentes relacionados a confinamiento solitario con 997, de un total de 8,488 incidentes.

El centro de detención de Stewart, operado por la empresa privada Corecivic y supervisado por ICE, está también en segundo puesto con más incidentes de confinamiento solitario relacionado a salvadoreños, con 95. El promedio de días bajo esa modalidad de encierro para los salvadoreños es de 19 días. Y como en el caso de Luis, “razones disciplinarias” es el motivo más alegado para la segregación de salvadoreños en confinamiento solitario, según los datos del ICE.

Luis Lovo asegura que ni siquiera en el hospital le explicaron su padecimiento. “Solo me sacaron de la cárcel para el hospital, y me empezaron a dar tratamiento”, dice.

En agosto de 2016, regresó deportado hacia El Salvador. Ahora que está en la escuela ya no tiene oportunidad de trabajar en granjas, como lo hacía hasta el año pasado. Ha empezado a olvidar lo que le pasó cuando estuvo en confinamiento solitario. Su historia, para recordar, está escrita en un cuaderno, a mano.

Al inicio se lee: “Mi historia de cuando yo viajé. Todo empezó que yo sentía miedo, que había algo que yo no quería hacer”.

Suchit Chávez

Respuesta de ICE

Consultados sobre el caso específico de Luis Lovo, la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) respondió por escrito: "ICE no puede comentar sobre este caso sin una renuncia de privacidad firmada. En general, los detenidos no se colocan solos desnudos, sin embargo, en los casos en que los detenidos pueden presentar un peligro para ellos mismos, se emiten las prendas adecuadas".

Explicaron además que ICE publicó una directiva titulada "Revisión del uso de la segregación para detenidos de ICE", que requiere que la agencia informe, revise y supervise cada decisión de la instalación de colocar a los detenidos en viviendas segregadas por más de 14 días, y requiere la notificación y revisión inmediata si existen preocupaciones mayores basadas en la salud del detenido u otros factores.

Sobre la medida de encierro en solitario, señalaron que se trata de una forma de resguardar las instalaciones y seguridad de los funcionarios que trabajan dentro de los centros y de la población que espera por sus juicios allí adentro.

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