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Me subieron la renta
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Me subieron la renta

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Tipo de Nota: 
Opinión
10 02 17

Read time: 3 mins

Parece más fácil no callar cuando algo te toca de frente (o por detrás). Puede ser el corazón, la nalga o el bolsillo. El punto es sentir que nos afecta, nos agrede, nos incomoda.

Hace cuatro años que vivo en el corazón gentrificado de la ciudad de Guatemala, donde de a poco y a grandes pasos nos vamos acomodando los clasemedieros con ideas de negocio y jugosas formas de cambiar estilos de vida. Somos presa que se captura con audacia, y se logra esconder con habilidad nuestra vulnerabilidad.

Zona 4, el barrio de citadinos que llevan décadas criando generaciones. 4 Grados Norte para los que llegamos a contaminar de nuevos colores, sabores, sonidos y sonrisas.

Nos cruzamos a diario y compartimos un espacio. Los que estaban allí, los que llegamos allí y los que son dueños de allí. Y así convivimos (o no) una pequeña muestra de todos los males de un país. Cada quien tiene un rol. Cada quien tiene un estatus. Cada quien tiene su vida prescrita.

Y así, un día después de cuatro años, el mercado ha decidido subirme la renta a casi la mitad. Tuvieron la bondad de avisarme seis meses antes. En otras latitudes esas maniobras del mercado se detectan como puñaladas al bienestar común, al funcionamiento mismo del Estado y a su principal compromiso: la ciudadanía.

¡Joder! Fallaron todos los conceptos neoclásicos de la competencia pura y perfecta. Los precios aquí se ajustan al olfato del antojo. Y mientras los bolsillos de unos se llenan bajo las especulaciones de la oferta y la demanda, otros siguen siendo esclavos de la vida urbana.

Él no ha faltado un día a su trabajo. Quedarse sin este puede poner en peligro su supervivencia. Envejece como todos, como muchos sin atenciones sociales que les quiten la pena diaria. Las rentas del edificio que cuida suben (algunos inquilinos deciden irse). Su trabajo siempre será precario, poco reconocido y cada vez más deshumanizante. Ayer me contó que las nuevas reglas le quitan su microondas de la vista de cualquier visitante. Y que no se atreva a utilizar un espacio que a nadie molesta, pero que no le corresponde. Son dos días seguidos los que tiene que permanecer frente a la entrada de un inmueble que piso a piso engaveta realidades donde chocan dos placas: una se sumerge y la otra la rebasa por encima.

A mí me subieron la renta. A él seguramente no le subirán el salario y tratarán de hacerle creer que no puede estar en planilla porque es una pequeña empresa de dos empleados.

Jode que le suban a uno casi el 50 % de la mensualidad, pero debe jodernos más que nuestro estilo de vida permita que se cometan esas putadas a gente como el guardián de mi edificio, como el guardián de tu casa, de tu oficina, de tu pinche país.

Pidamos seguridad cuando hayamos resuelto los problemas de salud, desnutrición y educación. Si no, sigamos poniendo parches y atendiendo la emergencia, la corrupción de a caso por caso, y que se llenen las prisiones de posibles criminales o fallas del sistema de justicia.

O podemos hablar, denunciar, cuando nos afecte a nosotros, cuando afecte a otros.

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