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Los «dreamers» y la reforma migratoria
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Los «dreamers» y la reforma migratoria

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«Aquí estamos y no nos vamos», dicen los dreamers.

Cada vez cobran más importancia las organizaciones de la sociedad civil que velan por la protección de los derechos de las personas migrantes tanto en Estados Unidos como en México y la región norte de Centroamérica. Aunque sus luchas están principalmente relacionadas con problemas estructurales, sus pronunciamientos se hacen visibles especialmente frente a eventos coyunturales. En los últimos meses, las decisiones de Trump sobre política migratoria han generado múltiples reacciones tanto en la población como en el sector empresarial y en los policy makers, incluidos algunos miembros de su mismo partido.

En los primeros días de su mandato, Trump se dio a la tarea de cumplir con las promesas de campaña. Extendió dos órdenes ejecutivas que vetaron la llegada de personas originarias de siete países musulmanes, se hizo efectiva la deportación expedita y se fortaleció la seguridad fronteriza. A mediados de agosto hizo público el cierre del Programa de Procesamiento de Refugiados para Menores Centroamericanos (CAM, por sus siglas en inglés), el cual había entrado en vigor en el 2014 tras la deportación masiva de menores no acompañados que huían de la violencia en sus países de origen. Recientemente, Jeff Sessions, fiscal general de Estados Unidos, anunció el fin de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) y aseguró que no recibirían nuevas solicitudes. Dicho programa fue establecido por el expresidente Barack Obama en el 2012 como una acción ejecutiva sobre la discreción procesal de la autoridad migratoria, con la cual evitó la deportación de aproximadamente 800 000 jóvenes. Además, esto le aseguró el apoyo de la población latina en las elecciones del año siguiente.

El caso de los dreamers es particular. Ellos representan al grupo de los inmigrantes que mayor aceptación han tenido en la comunidad estadounidense, pues conservan una serie de valores compartidos y características del buen ciudadano: buena conducta, varios años de residencia, anglohablantes, educados dentro del sistema estadounidense, orientados a la superación y al servicio en su país de acogida. Esta construcción comenzó con el trabajo de los activistas hasta consolidarse en discursos políticos. En pocas palabras, los dreamers (o soñadores) son los niños y jóvenes que llegaron a Estados Unidos de forma irregular, acompañados por sus padres, cuando eran menores de edad.

El 29 de enero de 2013, Obama pronunció un discurso en el cual expuso sus Observaciones sobre la reforma migratoria. En estas resaltó la capacidad que tenían los dreamers de revitalizar las industrias del país, postura antagónica con las propuestas de Trump, que le otorgó al Legislativo un período de seis meses para que encuentre una solución. Como Poncio Pilatos, se lavó las manos en el asunto. La situación es que, desde hace más de 20 años, los diferentes jefes de gobierno han tratado de impulsar proyectos de ley dentro del Congreso y el Senado que gestionen el problema migratorio. Algunos han generado sinergias entre ideas demócratas y republicanas. Otros, no tanto. Las últimas noticias denotan una crisis de identidad dentro del partido oficial, primero con las ambiguas negociaciones del TLC-Cafta, luego con sus controversiales declaraciones sobre los atentados en Charlottesville y ahora con la suspensión de la DACA. La cara más amigable del panorama actual es la presión que podrían ejercer los diversos grupos de inmigrantes, los jóvenes organizados y los que están empezando a organizarse con el único objetivo de lograr una verdadera Comprehensive Immigration Reform.

Mientras tanto, en México, Guatemala, Honduras y El Salvador, la realidad que viven los jóvenes y los niños es de crisis. Forzados a huir de sus hogares por la constante amenaza de las redes del narcotráfico y del crimen organizado, por la violencia generalizada, por la falta de oportunidades y por los abusos intrafamiliares, los menores en condiciones de extrema vulnerabilidad no tienen más opción que la migración transfronteriza, el desplazamiento forzado interno o ceder ante las mafias.

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