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Los deportados invisibles; migrantes devueltos por México

Los migrantes deportados salen a borbotones hacia la Avenida Hincapié y al pasar las camionetas en ruta hacia la Colonia Santa Fe, los ayudantes que cuelgan de las puertas les gritan a los migrantes alguna grosería burlona. Pero si este parece un retorno ingrato al país, el regreso para los deportados por tierra es peor.
En 2011, 86 guatemaltecos fueron deportados por día desde México. Si los cuatro empleados consulares trabajan 44 horas semanales, atendieron a 13 migrantes deportados cada hora. Es decir, le pudieron dedicar 4 minutos a cada uno.
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Los deportados invisibles; migrantes devueltos por México

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Los migrantes guatemaltecos que las autoridades mexicanas deportan por tierra, principalmente hasta la frontera El Carmen, nunca tuvieron la visibilidad efímera que alguna vez tuvieron los deportados por vía aérea. Ni siquiera fueron noticia como éstos últimos cuando los primeros vuelos los traían desde Estados Unidos a un país que muchos ya no sentían suyo —porque tenían años de ausencia, ya no tenían familia en Guatemala, y este país no estaba preparado para recibirlos. Casi 14 años después, poco ha cambiado, salvo por las llamadas telefónicas a las que tienen acceso, la refacción y la mitad del pasaje en bus a sus pueblos. Pero para los deportados por vía terrestre, los años han pasado más en vano. La indiferencia hacia su voluminosa llegada al país parece no ocupar ni preocupar a las autoridades.

Redes-lateral

Los migrantes guatemaltecos que México deporta por tierra hacia Guatemala son los deportados invisibles. No reciben atención del Estado una vez que cruzan la frontera. Su único contacto con autoridades guatemaltecas es el registro migratorio en la frontera, que contabiliza su ingreso.

En una oficina contigua al control migratorio, les devuelven sus cinchos o cintas de zapatos que migración mexicana les quita antes de traerlos a Guatemala, según la Defensoría del Migrante, en la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH). La situación no ha cambiado en al menos dos años para la fecha. Elisabel Enríquez, coordinadora ejecutiva de la Mesa Nacional de Migraciones (MENAMIG), asegura que “no hay ni un salón donde puedan pasar a sentarse”.

Esta es la bienvenida que 31,427 guatemaltecos recibieron en 2011 por vía terrestre —una cifra proporcionada por la Dirección General de Migración en Guatemala (DGM). Es decir, un promedio de 86 deportados regresa al país por día por esa ruta. Y vuelven peor que como se marcharon: sin nada más que la ropa que llevan puesta. Sólo hay una entidad —que no es del Estado— que les ayuda si necesitan atención médica inmediata, la Cruz Roja, según Enríquez. La mayoría de estos migrantes, como los deportados por vía aérea, sale del país a buscar trabajo, o uno mejor remunerado, para pagar deudas, sostener a su familia, costear el tratamiento médico de un familiar, o para reunirse con familiares en Estados Unidos.

El número de los deportados por vía aérea desde EE.UU. es incluso menor que el de las deportaciones terrestres desde México. En 2011, el portal de Internet de la DGM refleja que 30,855 migrantes fueron deportados por vía aérea. Es decir, un promedio de 84 por día. Una diferencia más dramática se percibe si se toma en cuenta ocho años entre enero de 2004 y junio de 2011: Los deportados por vía aérea desde EE.UU. sumaban 159 mil; los deportados desde México por tierra casi triplicaron la cifra con 430 mil.

Cuando los deportados por vía aérea llegan a la Fuerza Aérea (en vuelos diarios, siete días a la semana y, en ocasiones, en dos vuelos por día), pueden hacer una llamada telefónica internacional, que costea la Organización Internacional para las Migraciones (OIM); el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINEX) les dan acceso a una llamada local, y la DGM les da una refacción y lo que definen como una “charla motivacional” a los deportados. La OIM también costea la mitad del pasaje de los migrantes que viajarán afuera de la capital, pero lo paga directamente a la empresa de transporte —a algunos migrantes los llevan hasta Los Encuentros, Sololá (desde donde también pueden viajar a Quiché), por ejemplo. Desde ahí, deben ingeniárselas para llegar a sus comunidades.

“Muchos tienen tanto tiempo de no estar en Guatemala que llegan sin conocer familia aquí, entonces llaman a Estados Unidos para que les den el número de algunos familiares”, explica Flora Reynosa, encargada de la Defensoría del Migrante, en la PDH. “Los que no tenían mucho tiempo de haberse ido llaman a su familia en Guatemala para que los vayan a traer”. Sin embargo, otros no conocen a nadie en el país porque entraron a EE.UU. de niños y los deportaron como adultos. Algunos llaman a sus familiares en ese país para que les envíen dinero y puedan intentar volver a territorio estadounidense. Reynosa desconoce qué sucede con el resto. Pocos pernoctan en la Casa del Migrante en la capital, que les ofrece esa opción mientras deciden qué hacer.

Algunos transeúntes apostados en las inmediaciones de la Fuerza Aérea ven justo cuando los migrantes deportados salen a borbotones hacia la Avenida Hincapié, en la zona 13 capitalina. Luego presencian cuando, al pasar las camionetas en ruta hacia  la Colonia Santa Fe, algunas brochas (ayudantes) que cuelgan de las puertas de las unidades les gritan a los migrantes alguna grosería burlona. Pero si este parece un retorno ingrato al país, el regreso para los deportados por tierra es peor.

Todavía se desconoce qué repercusiones tiene este constante flujo de migrantes guatemaltecos sin documentos, ni empleo, para el departamento de San Marcos. Sin embargo, las cifras indican que este tipo de deportaciones va en aumento. Entre enero y el 21 de mayo de 2012, se alcanzó las 16,950 deportaciones terrestres desde México (comparadas con cerca de 23,000 desde EE.UU.). 

Las autoridades mexicanas dejan al 75 por ciento de los deportados en la frontera de El Carmen, en San Marcos. Esta se encuentra a sólo 40 minutos de Tecún Umán, donde está la Casa del Migrante para pernoctar. No obstante, Enríquez asegura que la mayoría prefiere regresar de inmediato a sus comunidades en Guatemala o intentar volver a México y llegar a EE.UU.

Reynosa comentó  que se dan casos de centroamericanos indocumentados que, siendo de otro país, aseguran a las autoridades mexicanas que son de Guatemala, y los envían para este país. Así se evitan un viaje más largo cuando piensan intentar de nuevo viajar hacia EE.UU.

Atención de doble filo

Del total de deportados, sólo el seis por ciento recibe atención del Estado: los menores de edad que viajaban sin sus padres o un familiar —pero esta disposición no necesariamente les pone a salvo.

“Sólo a los niños no acompañados se les institucionaliza y les llevan al albergue Nuestras Raíces, hasta que por una orden de juez son entregados a sus familiares”, explica Enríquez. “Pero eso no resuelve la situación por la que viajaron, o salieron de sus hogares”.

La coordinadora ejecutiva de MENAMIG explicó que en 2010 se registró un caso de varios menores que eran maltratados por su familia, y cuando los deportaron a Guatemala, fueron entregados de nuevo a los familiares que abusaban de ellos. Pese a que la intención del Estado es proteger a los niños o adolescentes deportados, Enríquez dijo que no hay un mecanismo por medio del cual se establece cuál es la situación de los menores, para evitar devolverlos a una situación de vulnerabilidad.

Cifras del Instituto Nacional de Migración de México registran que, en 2011, se devolvió (o deportó) a 31,150 migrantes guatemaltecos por tierra (277 menos de los que la DGM reporta en Guatemala en el mismo lapso). De ese número, 1,838 eran menores de edad y entre ellos 1,260 viajaban solos (12 eran menores de 11 años, y el resto eran de edades que oscilaban entre los 12 y 17 años). Todos fueron institucionalizados por el Estado de Guatemala, o entregados a sus familias, en el caso de quienes tuvieron familiares que los reclamaran.

Mientras tanto, por vía electrónica, el MINEX declaró que “los menores, [por ser más] vulnerables, reciben un trato preferencial” cuando entran en contacto con autoridades guatemaltecas. “Realizan el mismo procedimiento que los adultos, [aunque] con mayor énfasis para determinar, identificar y dar seguimiento [en el caso que] se detecte alguna irregularidad con el menor. Por ejemplo, si fue víctima de trata”.

Respecto al procedimiento que el MINEX menciona, Lucero dijo que los migrantes sólo son contabilizados en la oficina de registro migratorio, pero no reciben ninguna otra atención.

Discrepancia en cifras

“Las autoridades mexicanas decían que había bajado el número de deportados desde México, que la migración se había reducido, pero nos dimos cuenta que no era cierto cuando revisamos las estadísticas”, reveló Enríquez. “Por un lado, estaba la cifra de los retornados voluntariamente. Por otro, los repatriados o deportados. ¿Cuál era la diferencia?”.

La coordinadora ejecutiva de MENAMIG dice que era “un juego de palabras” que les llevó a tener diferencias con el embajador saliente de México, Eduardo Ibarrola.

Además, indica que la diferencia está en que una vez el migrante está bajo custodia del INM, le preguntan si quiere regresar voluntariamente. De ser así, firma un documento para autorizar su salida y es retornado a Guatemala de inmediato. Si se niega a la repatriación voluntaria, debe hacer escala en dos o tres centros de detención antes de ser enviado a Guatemala, y su deportación se demora al menos una semana más. Al final del proceso, según esta fuente, lo que el INM llama “repatriación voluntaria” no es más que una deportación expedita.

Enríquez dijo que en 2011, le decían a la MENAMIG que había unos 60 mil retornados voluntarios y unos 30 mil deportados, cuando en realidad todos eran deportados. Aunque el nombre de los procesos, y la velocidad de los mismos variaba, la cifra total ascendía a 90 mil. El número de guatemaltecos devueltos al país había aumentado, al contrario de lo afirmado por las autoridades mexicanas, según la coordinadora ejecutiva de MENAMIG.

Las estadísticas oficiales del INM muestran cifras un poco diferentes a las que menciona Enríquez, pero que sumadas hacen que el número de guatemaltecos devueltos a la frontera terrestre con México casi duplique el número de los deportados por vía aérea en 2011.

En las estadísticas del portal del INM y de la Secretaría de Gobernación de 2011, las cifras suman 56,163 deportados —más que el doble y casi 26 mil más que los deportados por vía aérea.

Al pie de las estadísticas se explica que los repatriados voluntarios se acogieron al “Memorándum de entendimiento entre los gobiernos de los Estados Unidos Mexicanos, y de las repúblicas de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, para la repatriación digna, ordenada, ágil y segura de nacionales centroamericanos migrantes vía terrestre”, suscrito el 5 de mayo de 2006 y su anexo del 26 de abril de 2007.

Estadísticas de deportaciones y repatriaciones terrestres de guatemaltecos desde México

AÑO

2005

2006

2007

2008

2009

2010

2011

2012

Suma de devueltos, expulsados y  repatriados

 

99,315

 

84,657

 

53,598

 

40,069

 

28,924

 

28,706

 

56,163*

 

16,950

Observaciones

Sólo expulsados

No incluye a 5,795 repatriados de Centro América

 

 

 

 

Guatemala registra sólo 31,427 deportados

De enero al 21 de mayo, según DGM

Fuente: INM y DGM. *Las cifras del INM 2011 no integran en el mismo cuadro a los expulsados y a los repatriados. Fue necesario sumar ambas.

Cuando finalizó 2005, cinco meses antes de que Guatemala y México suscribieran el memorándum, las autoridades mexicanas registraron que devolvieron a 99,315 migrantes guatemaltecos a su país de origen. Un año después, la cifra bajó a 84,657—aunque no incluyó a 5,795 centroamericanos que se acogieron a la repatriación.

Para 2007, el INM reportó que entre expulsados y repatriados, envió a Guatemala a 53, 598 migrantes—casi 30 mil menos que el año anterior. Para 2008, la cifra de expulsados y repatriados se encogió a 40,069.

La reducción en el número de guatemaltecos devueltos —por expulsión o repatriación— a Guatemala (y el resto de Centroamérica) también podría obedecer a que las autoridades mexicanas redujeron el número de operativos para asegurar indocumentados, y que ese vacío fue ocupado por bandas de crimen organizado que comenzaron a secuestrar o a asesinar a los migrantes, según un estudio del Instituto de Estudios y Divulgación sobre Migración (INEDIM) de México, y el Instituto Centroamericano de Estudios Sociales y Desarrollo (INCEDES). Algunas autoridades mexicanas atribuyen la reducción en cifras a que menos personas emigraron hacia México.

El incremento de expulsados y repatriados en 2011, en comparación con los tres años anteriores, se atribuye al incremento de operativos a raíz de las denuncias de los secuestros y abusos contra los migrantes.

Pocas soluciones a la vista

Por ahora, la propuesta de MENAMIG es que se amplíen legalmente las funciones del Consejo Nacional de Atención al Migrante en Guatemala (CONAMIGUA) para que coordine los esfuerzos interinstitucionales necesarios para atender a los migrantes guatemaltecos deportados o repatriados por tierra en la frontera con México.

La meta no es sólo que reciban la misma atención que se les brinda en la Fuerza Aérea a los deportados por vía aérea desde Estados Unidos, sino institucionalizar el apoyo a los migrantes en todos los sentidos posibles. “La idea no es sólo darles un sándwich y una plática motivacional”, señaló Enríquez.

En una comunicación electrónica, el MINEX señaló que “todos los migrantes deportados por vía terrestre reciben asistencia consular de un funcionario guatemalteco en el área donde fueron asegurados (detenidos por migración)”.

El Estado de México donde autoridades migratorias interceptan más emigrantes guatemaltecos es Chiapas. Allí hay cinco consulados donde trabajan 12 personas, entre personal administrativo y funcionarios (en cinco consulados más en otros Estados, trabajan 13 personas más). De acuerdo con el MINEX, antes del traslado de los emigrantes a la Frontera El Carmen, en Guatemala, autoridades mexicanas los llevan a la Estación Migratoria Siglo XXI, en Tapachula, Chiapas.

Según el MINEX, funcionarios del Consulado General de Guatemala en Tapachula “brindan atención consular” a los guatemaltecos que serán deportados. “Podríamos indicar que [este] es el último filtro por el que pasan los futuros deportados para que, si en algún momento desde su detención, [les] fue violado algún derecho humano, allí [es] el lugar indicado para iniciar las gestiones correspondientes que cada caso amerite. De lo contrario, el traslado se hace sin inconveniente alguno”.

Un total de cuatro personas trabajan en el consulado en Tapachula (entre personal administrativo y funcionarios). Si en 2011, un promedio de 86 guatemaltecos fue deportado por día desde México y los cuatro empleados brindaran atención al público, cada uno habría atendido a 21 migrantes diarios (o más, si el consulado sólo atiende de lunes a viernes). Si trabajan 44 horas semanales, atendieron a 13 cada hora. Es decir, le pudieron dedicar 4 minutos a cada uno. 

Aunque fue consultado al respecto, el Ministerio de Relaciones Exteriores no respondió si tenía planes para brindar atención al migrante una vez está en suelo guatemalteco, como ocurre con los deportados desde EE.UU. en las instalaciones de la Fuerza Aérea.

Por aparte, CONAMIGUA tiene las manos atadas en tanto la elección de su junta directiva permanezca postergada. El presidente del Legislativo, Gudy Rivera, ha propuesto que se repita la elección de la terna de candidatos; argumenta que el proceso no fue totalmente transparente. MENAMIG sostiene que la terna fue electa con los mecanismos que dictan las normas de la institución. Mientras tanto, el retraso en la elección ya alcanza los siete meses, y los miles de migrantes deportados por tierra permanecen invisibles.

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