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Lo que el agua de lluvia y mil bombillos pueden ahorrarle al Estado
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Lo que el agua de lluvia y mil bombillos pueden ahorrarle al Estado

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El cambio de bombillos logró que la factura de luz se redujera de Q830 mil a Q210 mil mensuales
Comprar un tambo de agua purificada requiere de un documentos con 15 firmas
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El Ministerio de Finanzas Públicas se propuso ser más amigable con el ambiente. Aunque de ecología sabían poco, pronto descubrieron que el medio ambiente mucho tiene que ver con las finanzas: consiguieron ahorrar más de Q600 mil mensuales en la factura de luz y otro tanto en la de agua potable. Los empleados no están del todo contentos, quieren agua embotellada e impresoras en todos los cubículos, pero poco a poco se van acostumbrando a esa nueva forma de vida. El Ministerio persevera en su empeño y se propone convertir los 18 niveles en pisos verdes.

En las oficinas del Ministerio de Finanzas Públicas (Minfin) hay una serie de plantas que adornan el espacio. La mayoría tienen como maceta bombillos viejos, son los vestigios de la iluminación pasada, la que les costaba Q830 mil mensuales. Ahora el edificio se ilumina con luces LED, lo que ayudó a reducir el pago de electricidad a Q210 mil mensuales. No es el único cambio, los sanitarios usan agua de lluvia y los viejos ascensores fueron cambiados por unos inteligentes. El enorme edificio ubicado en el Centro Cívico es ejemplo de buenas prácticas ambientales.

“Aquí todo se recicla. Hasta las paredes que se pusieron en la remodelación”, dice Julio Alberto Morales Marroquín, el coordinador de seguimiento y monitoreo de proyectos y encargado de los cambios ecológicos que se han hecho en el Minfin. Morales golpea suavemente el muro para reafirmar su punto. Emite un sonido hueco, parecido al que se escucha cuando se toca la pared de una casa prefabricada. La tabla yeso está hecha de materiales reciclados de antiguas construcciones. Fue puesta hace más o menos un año para ampliar el espacio y mejorar la iluminación y ventilación natural. Aunque tratan de que la mayor fuente de energía sea la luz que entra por los ventanales, Morales afirma que eso aún no se ha logrado debido a la resistencia de las personas a tener apagada la luz. “Algunos dicen que no ven bien, otros que está muy oscuro…”, lamenta mientras camina por la oficina.

Se detiene y señala la impresora que está en el centro. Es la única en todo el espacio. “Antes cada quien tenía su propia impresora. Era como decir que uno era importante. Había gente que imprimía su tesis o trabajos de la universidad. Pero las mandamos a quitar y ahora hay islas de impresión que todos usan y que son activadas con nuestro carné de trabajador”, explica.

Morales es un entusiasta del proyecto. Luego de 25 años de trabajo en el Estado, 21 de ellos en el Minfin, ha sido el encargado de supervisar los cambios ecológicos que realiza la cartera. Aunque como todo cambio, el inicio fue difícil. Lo suyo eran las finanzas y no el medio ambiente, pero muy pronto se dio cuenta que no eran dos cosas completamente distintas. “Cuando ya se logró atar lo ecológico con lo económico, que sí es nuestro fuerte, ahí empezaron a querer verse más cambios”, explica.

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Los cambios iniciaron con pequeños proyectos, los bombillos LED, por ejemplo. En el edificio se han cambiado 1,663 focos en los niveles 18, 15, 12, 2, la Planta Baja y el sótano. La inversión fue de Q82 mil, pero se recuperó en poco tiempo debido al ahorro que consiguieron en la factura de la luz.

Además de los bombillos, también se han reciclado los antiguos ductos de aire acondicionado. Ahora, sirven como botes para separar los desechos entre orgánico, papel, vidrio y plástico.

Morales camina hacia los contenedores. En su tapa tienen grandes letreros que explican qué deben llevar adentro. Aunque parece que la idea de diferenciar entre desechos no ha sido cien por ciento exitosa, pues en el bote de los plásticos hay algunas botellas de vidrio, el funcionario afirma que la cultura de uso ha mejorado. “Ha sido un proceso de adaptación, pero los carteles ayudan. Yo los pongo ahí para que se acuerden”, dice y luego señala las distintas frases ecológicas motivacionales que decoran las puertas y paredes. También las pone él. Es el gran maestro del proyecto ecológico del Minfin.

—Ustedes separan la basura, pero ¿qué pasa cuándo se la llevan?

Morales se encoge de hombros antes de responder que al menos con el papel tienen un trato con “Red Ecológica” para donar lo que ya se usó y que sea reciclado. Lo demás, “está en proceso” de ver qué se puede hacer porque cuando se lo lleva el camión de la basura se lo lleva todo junto.

“Hay otro cambio, mire” —dice y señala la cafetera— “no hay ni un solo grano de café en la basura. ¿Sabe por qué? Hacemos composta del café que ya usamos. Un barista vino a dar una charla para enseñar a preparar un buen café y qué hacer con lo que queda. La composta sirve para las jardineras que tenemos. Lo que sobra se lo llevan algunos trabajadores de mantenimiento o de seguridad que tienen huerto o siembras en sus casas”.

Abre la puerta del baño. Se cambiaron los sistemas de tuberías, los lavamanos y se retiraron los secadores automáticos. Los inodoros ahora tienen sensor de movimiento, como los de los centros comerciales. En el baño de hombres, los urinales no tienen agua corriendo todo el tiempo. Son secos y funcionan con un sistema de succión de aire. El grifo del lavamanos ahora es inclusivo para que alguien que esté en silla de ruedas o carezca de alguna extremidad, pueda usarlo. A pesar de todo, este cambio no garantiza que las personas no dejen la llave abierta cuando se lavan los dientes o las manos. La verdadera ventaja de los baños es que utilizan el agua del sistema de captación pluvial que tiene el ministerio. Morales asegura que este modelo hizo que el gasto fijo mensual del agua bajara en un 43%.

A pocos pasos del baño hay un pequeño cuarto con dos microondas y dos grandes ecofiltros. Antes de que el funcionario pueda hablar, entra una de las señoras de mantenimiento con un pichel vacío. Saluda a Morales y empieza a llenarlo. “Ella es la encargada de llenar los ecofiltros. Hay 80 en todo el edificio y representan un 58% del ahorro en temas de agua”, explica el funcionario. En el nivel 12 cuentan con cinco. El fin del ministerio es que todos los niveles dejen de usar los dispensadores de agua para ahorrar recursos. Un aparato de este tipo gasta energía y requiere que se continúe con la compra de garrafones. No solo eso, también implica más trabajo: la compra de un tambo de agua exige de al menos 15 firmas para que sea aprobada. El uso de los ecofiltros reduce los trámites burocráticos. Pero la gente se niega. “Dicen que el agua no sabe igual, que se van a enfermar, que se acaba rápido”, señala el coordinador.

Morales hace una parada en el ventanal frente a los elevadores. Señala la terraza que está en el cuarto nivel del edificio. Hay seis tragantes en el centro. Son el sistema de captación de lluvia que provee el agua para los servicios sanitarios. El agua pasa por tres tanques de filtración y llega a la cisterna que se encuentra en el sótano. El sistema fue construido con ayuda de la municipalidad de Guatemala, pues esta tiene un sistema similar en el mercado el Amate.

—¿Siempre ha sido ambientalista?

Morales ríe y dice que no, que cuando le asignaron el proyecto no sabía qué hacer. Pero que “agarró el rollo” y ahora busca motivar al resto de sus compañeros. Dentro de sus iniciativas se encuentra mandar correos todos los viernes con un tip ecológico.

Los elevadores están enfrente, pero Morales señala a las gradas de emergencia. Eran conocidas por tener las luces encendidas siempre y, aún así, ser oscuras. Esto porque tenían un zócalo negro que ocupaba más de la mitad de la pared. Como parte del aprovechamiento de recursos, se pintó de colores claros. Además, se cambiaron las luces incandescentes por LED y se instalaron sensores de movimiento para que no estuvieran encendidas sin necesidad.

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La instalación de sensores costó Q2 millones. Pero los cambios de bombillos y los sensores redujeron la factura de luz del Minfin en un 69%. Según datos recopilados por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid, por sus siglas en inglés) a través del portal de SICOIN, en enero de 2010 el ministerio pagaba Q830,353 mensuales de luz. En septiembre de 2016, cuando ya se habían implementado los cambios, la cuenta era de Q210,804. El ahorro de cuatro meses fue suficiente para pagar la instalación de sensores.

Las gradas se iluminan mientras uno camina. Atrás queda una oscuridad casi completa. Cuatro niveles abajo está el piso ocho, lugar que alberga la “oficina verde modelo”. Fue una de las primeras en ser remodeladas. Es un espacio abierto, con excelente ventilación natural. La luz que entra de los ventanales da en cada uno de los escritorios. 

Morales guía desde el piso ocho al sótano dos, por las escaleras nuevamente. A un costado del estacionamiento hay un espacio para bicicletas. Uno de los ejes de la política busca promover el uso de transporte alternativo y se busca que quienes vivan cerca, lleguen pedaleando. Por el momento, hay solo dos bicicletas. Aunque la cantidad, según Morales, fluctúa según el día o el clima. A veces hay cinco, otras ninguna.

Ascensores inteligentes

El nivel 12 se caracteriza por dos cosas. La primera es porque ahí se encuentra la cafetería, un espacio amplio que ameniza una marimba todos los viernes. La segunda es por la Subdirección de Servicios Generales de la Dirección de Asuntos Administrativos. Es una oficina que llama la atención inmediatamente. Frases motivacionales como “¡Piensa verde!” y “¡Actúa verde!” decoran su puerta. No es de esperar menos, pues esta sección fue calificada como la primera oficina ecológica del Estado. El reconocimiento fue otorgado por el Centro Guatemalteco de Producción Más Limpia, una fundación creada con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), la Secretaría de Asuntos Económicos de Suiza (SECO) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), con el apoyo de iniciativa privada en Guatemala.

Este reconocimiento implica que una oficina tiene prácticas ambientales positivas, ya que recicla, reduce emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y motiva a sus empleados a continuar con estas tareas. Esta certificación tiene duración de un año y la oficina la puede perder si sus actividades llegaran a cambiar.

El proyecto inició en 2013 cuando las autoridades retomaron un estudio de sostenibilidad que realizó una empresa llamada “Medio Ambiente Sostenible”. Este reporte fue pagado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El documento fue engavetado hasta que las autoridades lo sacaron durante el gobierno del Partido Patriota (PP). No se sabe qué motivó que se reactivara, pero en 2015 el ministerio publicó su Política de Gestión Ambiental. Esta tiene seis ejes principales: eficiencia energética, uso sostenible de recursos hídricos, gestión de desechos sólidos, promoción de transportes alternativos, promoción de la calidad ambiental interna, y comunicación enfocada a la sensibilización para el cambio de comportamiento. Estos ejes requieren de 71 acciones, de las cuales se han emprendido 31.

El tour está por terminar. Pero el funcionario quiere enseñar el logro más caro de este plan: los ascensores. Los antiguos elevadores estaban viejos y era momento de quitarlos, afirma Morales, y los nuevos dieron espacio para buscar algo más amigable con el ahorro energético. En este nuevo ascensor, la persona no decide cuál de los seis va a tomar. Primero, tiene que introducir el nivel al que va y después se le asigna el que menos peso lleve. Si se sube a otro, es probable que este no pare en el nivel al que va porque tampoco hay botones adentro del aparato más que el de emergencia. Esto es para evitar jalones de energía bruscos debido a que el elevador lleva peso de más.

Las antiguas gradas eléctricas del Minfin siguen ahí. Todavía funcionan. La única diferencia es que, junto con los ascensores, también se remodeló su sistema y se les puso sensores de movimiento. Si nadie las usa, están inoperantes. Basta acercar un pie para que se activen. La decoración del centro es la que llama la atención. Es una maceta con plantas plásticas. Morales la señala y dice que esa es una de las cosas que todavía falta por cambiar. Pero en el lobby del edificio hay varios floreros hechos con bombillas. “A veces se los llevan. Algunos se enojan, pero digo que qué bien, que ojalá le den un buen uso o se motiven para hacer más”, dice.

Morales tiene una última cosa por mostrar. En las afueras del edificio, los lugares en los que los empleados salen a fumar tienen un basurero especial para las colillas del cigarro. Habrán menos de una docena en el suelo mientras los dos botes están casi llenos. Se vacían una o dos veces al día.

El funcionario vuelve a entrar al edificio y se despide. Sube al elevador y regresa al piso 12. El edificio aún tiene partes que mejorar. Hay paredes sin pintura, algunos niveles aún no han visto cambios de la política de gestión ambiental, el ministerio no ha dado las capacitaciones suficientes acerca del tema y los empleados no muestran el mismo entusiasmo que Morales con los cambios. Pero con lo que se ha hecho, el ministerio ha podido ahorrar para utilizar los recursos de otras maneras. Las autoridades esperan que más instituciones estatales se sumen al reto para bajar el costo operativo.

Quizás, en algunos años cuando se negocie el Presupuesto General de la Nación, no se hable de que el 80% por ciento de gastos van para gastos administrativos sino a la acción. Mientras tanto, el Minfin seguirá con una serie de políticas verdes que llevan de fondo la ayuda de Usaid, como el resto de planes estatales relacionadas a este tema. Entre las más esperadas está la Política Fiscal Verde y la adición del rubro de cambio climático al presupuesto. 

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