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Lehnhoff: “Guatemala no estaba preparada para el nuevo modelo económico”
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Lehnhoff: “Guatemala no estaba preparada para el nuevo modelo económico”

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Desde los años 90, el auge de los megaproyectos agroindustriales, hidroeléctricos, mineros y petroleros han tenido un fuerte impacto sobre el ambiente y los recursos naturales como el agua. El ambientalista guatemalteco Andreas Lehnhoff, señala que es hora de explorar nuevos mecanismos para que los grandes emprendimientos mejoren sus prácticas sociales y ambientales.

Andreas Lehnhoff es, desde 2010, el director para Guatemala y Mesoamérica de WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza, por sus siglas en inglés). Durante el breve gobierno de Alejandro Maldonado Aguirre, asumió el cargo de Ministro de Ambiente, lapso en el cual logró la firma de un pacto ambiental por diversos sectores de la sociedad (instituciones, sector privado, sociedad civil y comunidades indígenas). Pacto al que las nuevas autoridades del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) no dieron seguimiento. Arquitecto graduado en la Universidad Rafael Landívar, y experto en gerencia ambiental, fue el primer Secretario del Consejo Nacional de Áreas Protegidas de Guatemala tras su creación en 1989.

A partir de los 90 y 2000 se intensificó el uso de los recursos naturales en Guatemala. ¿Qué impacto ambiental tuvo esto?

Esto empezó a raíz de un nuevo orden económico mundial. América Latina es un proveedor de materia prima. Esto significa minerales metálicos y un montón de commodities: lo forestal, lo pesquero, lo agroindustrial y, obviamente, la demanda de energía. El modelo económico se basa en la extracción, y ha tenido inmensos impactos ambientales. Lo podemos ver en todos lados. Guatemala sencillamente no estaba preparada para manejarlo, ya que esto no fue producto de un arreglo entre los guatemaltecos. Hay muchos indicadores de que no estábamos preparados, y no lo estamos todavía. En el camino no logramos subsanar muchas de estas falencias.

¿Cómo ha cambiado Guatemala en lo ambiental a causa de este nuevo orden económico?

Perdemos 132 mil hectáreas de bosque al año, y la deforestación ha ido subiendo. Este es un indicador claro, y la causa es una coordinación de diversos factores. El crecimiento poblacional, una población muy rural, implica la transformación del territorio. Pero también está la fuerza de la demanda por las materias primas. Es la deforestación para cultivos de exportación, para ganadería. Lo tradicional de la transformación del suelo es que empieza por la agricultura de subsistencia, luego viene la ganadería y luego, los cultivos como la palma africana.  Los grandes frentes de deforestación están en Izabal,  Alta Verapaz y Petén, y hay una correlación clara entre estas actividades y la pérdida de cobertura forestal. También hay una pérdida espantosa de especies en los ecosistemas terrestres, marinos y de agua dulce.  Entre 1970 a 2012, a nivel global, hemos perdido 80% de las especies de agua dulce. En Guatemala, la tendencia debe estar aún más exacerbada, aunque no tenemos datos específicos porque no hay suficientes científicos que monitoreen las especies. 

Otra tendencia es la contaminación del agua. Por un lado, está la contaminación domiciliar, que proviene de la urbanización y la falta de tratamiento. Por otro lado, está la contaminación por sedimentación, que se debe al cambio de uso de la tierra y al mal manejo de los suelos. Por eso uno ve los ríos chocolates que llegan al mar. Otro tema es la contaminación por agroquímicos. Las prácticas agrícolas son asesoradas por las compañías agroquímicas, que asesoran mal. Las empresas no son lo suficientemente sofisticadas para tomar decisiones basadas en información. No se ha desarrollado la agricultura de precisión, que, en base a información científica, puede limitar el uso de agroquímicos, y así reducir costos, contaminación del medio ambiente y la exposición de los trabajadores. Hemos hecho estudios que muestran cómo se acumulan los agroquímicos en ciertas especies marinas. Esto afecta los corales y los peces que la gente se come. En la costa de Honduras, hemos encontrado DDT en la leche de materna, y muchos otros agroquímicos. Cuando identificas el producto, sabes quién lo utiliza. Nos hemos acercado a las compañías grandes, el sector bananero de Belice, los cañeros del valle de Sula en Honduras, los palmeros y bananeros de la costa Caribe de Guatemala. Hemos encontrado buena disposición de su parte para asumir nuevas prácticas y sacar los químicos sucios. Hay buena disposición, pero para eso, se necesita tener información dura, científica.

La WWF ha desarrollado varias certificaciones que buscan mejorar las condiciones sociales y ambientales en que se producen materias primas como la palma africana o la madera. ¿Cree que los mecanismos del mercado son una herramienta eficaz?

En muchos casos sí. Con algunos cultivos como la palma africana, con las pesquerías, los productos forestales de exportación, básicamente, la forma de trasformar los estándares de producción es transformar la demanda. Si la demanda dice ‘no voy a comprar productos basados en el trabajo esclavo, la contaminación, la destrucción y la corrupción’ se puede lograr. Las empresas que le venden a los mercados con esa demanda suben sus estándares de producción. Esto ha sido un incentivo más poderoso que el comando y control de la legislación y las instituciones.

¿Tienes ejemplos de esto?

Sí, el de la palma africana. Entre los consumidores y los productores, hay 500 corporaciones mundiales que controlan el 70% del mercado de las 15 commodities principales. Hablamos de Unilever, Carrefour, Johnson and Johnson. Lo que se hizo fue trabajar con estos grupos. Ellos adoptaron estos estándares voluntarios y pusieron fechas. Por ejemplo, Unilever, en 2010 declaró que para el año 2015 sólo iba a comprar aceite de palma certificado, es decir aceite producido bajo ciertos estándares ambientales, sociales y laborales. Como son compradores tan grandes, esto generó un incentivo entre muchas empresas palmeras, que empezaron a correr para ver cómo cumplían los estándares.  Algunas agroindustrias, o algunos productos tienen sellos muy avanzados. El 54% de toda la pulpa de papel a nivel mundial está certificada FSC (Forest Stewardship Council). El 18% o 19% del aceite de palma del planeta está certificado RSPO (Roundtable on Sustainable Palm Oil). Otros productos están en una etapa de entrada al mercado, como el azúcar. Solo el 3% de la producción de caña está certificada Bonsucro, pero está creciendo rápidamente. Y también hay sellos como MSC (Marine Stewardship Council) para las pesquerías. Lo que hemos visto es que estos mecanismos son muy poderosos, ya que logran varias cosas simultáneamente: primero, las empresas se ven incentivadas a cumplir la ley. Segundo, como tienen estos estándares laborales y sociales, tienen que tener buenas relaciones con las comunidades. Los costos de transacción les van bajando. Es un ciclo virtuoso: entre más entran, más le ven los beneficios.

¿Pero estas certificaciones no llegan un poco tarde? Por ejemplo, la deforestación que implicó la expansión de la palma africana, la presión que puso sobre las áreas protegidas por el desplazamiento de comunidades campesinas…

Tienes toda la razón. Estamos donde estamos. Lo que podemos evitar es que siga ocurriendo. Por ejemplo, nadie es certificable si ocupa terreno desforestado después del año 2005. Lo que ocurrió, ocurrió; por lo menos le ponemos un alto. ¿Porque, cuál es la alternativa? Hay territorios donde la agroindustria es el mayor empleador. No la puedes cerrar de golpe y porrazo de la noche a la mañana. No creo que socialmente y políticamente sea posible, por mucho que sería deseable, en caso de grandes incumplimientos, de que hubiera un castigo ejemplar tremendo. Pero no podemos rasgarnos las vestiduras por los que ocurrió en el pasado. Hay que detenerlo y cambiarlo.

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¿Cuando dice que Guatemala no estaba preparada para estas transformaciones, habla de las instituciones, del marco legal?

Hablo del país en general. El marco legal, el marco constitucional, la parte tecnológica… El Estado no toma en cuenta que los recursos naturales son bienes públicos. Por ejemplo, la Ley de Minería no tiene un objetivo social. Va directamente a decir que la Constitución dice que la minería es de interés nacional, y, por consiguiente, que así se va a hacer. Nuestros marcos legales no toman en cuenta que los recursos naturales nos deben servir para vivir mejores vidas. Adicional a esto, nos hemos olvidado de los impactos ambientales, y de que los recursos naturales son interdependientes.

¿Cree que hubo una miopía de las elites, y de los gobernantes, al diseñar las políticas de extracción?

No sé si fue miopía, o si fue intencional, o si el proceso fue mucho más rápido de lo que podíamos esperar. Pero lo cierto es que nos encontramos con una inmensa conflictividad alrededor de estos proyectos.

Entre las organizaciones sociales y muchos ambientalistas, se tiene la impresión de que las instituciones ambientales están cooptadas por estos intereses privados. Y que por lo tanto no pueden ser una garantía para minimizar los impactos.

No creo que sea tan sencillo. Decir que están cooptados es una teoría conspirativa. Yo partiría del hecho que son débiles. Desde que se creó la institucionalidad ambiental, se ha mantenido débil, y esto implica que puede recibir presiones e influencias indebidas. Sus instrumentos para hacer cumplir la legislación son tremendamente débiles. Aunque hubiera gente de muy buena voluntad, con lo que hay no se puede trabajar. No es solo en el medio ambiente, es todo el rol del Estado como un mediador. En el caso de los grandes proyectos agroindustriales, mineros, pesqueros, forestales, el Estado debería balancear el interés público y el interés privado. Hay una falta de entendimiento sobre esto. Se privilegia el interés particular. Se privatizan los beneficios y se socializan los costos.

Cuando fue Ministro de Ambiente, mandó equipos para monitorear a la empresa petrolera Perenco. ¿Cuáles son sus conclusiones sobre el impacto ambiental de la explotación petrolera en Guatemala?

Yo no soy experto. Pero cuando revisamos la documentación nos dimos cuenta que Perenco no contaba con un instrumento ambiental vigente. No tenían ni estudio ni diagnóstico ambiental aprobado. Yo todavía tengo mis serias dudas sobre dónde han ido a parar los lodos de perforación. En cualquier operación petrolera del mundo, cuando se perfora, se generan lodos. Hay que someterlos a un tratamiento para que sean inocuos, ya que pueden tener metales pesados. Hasta la fecha, nadie me ha podido explicar, ni siquiera la comisión del MARN que envié, dónde están los lodos, qué se ha hecho con ellos. La Laguna del Tigre tiene un sistema hidrológico muy complejo. Cualquier fuga de estos lodos podría contaminar muy seriamente el agua. Ese es un tema. Pero hay una serie de preguntas que quedan en el aire a partir del momento en que no tienen instrumento ambiental y los técnicos del Ministerio de Energía y Minas tampoco tienen la experiencia para hacer las preguntas que hay que hacer y para exigir las respuestas. Nosotros, lo que hicimos, fue hacer notar la situación.

En su opinión, ¿Guatemala tiene vocación a ser un país minero?

La minería ha generado muchos conflictos, por la ausencia del Estado y por falta de prácticas apropiadas. El debate que tiene que haber en Guatemala es: ¿vale la pena seguir haciendo minería? ¿Por qué vale pena? ¿Para quién vale la pena? ¿Los beneficios exceden a los costos? ¿Se puede mitigar los impactos ambientales? Entiendo que hay países como Bolivia que dependen muchísimo de la minería. Pero hay que poner todo eso en la balanza, y en Guatemala no se ha hecho. Costa Rica puso en la balanza el petróleo y tomó la decisión deliberada de que, a pesar de tener petróleo, lo iban a dejar debajo de tierra. Los costos de sacarlo, los costos sociales y ambientales eran tales que el beneficio para el país no se podía demostrar. Era eso, versus un modelo basado en un turismo, usando áreas protegidas, versus esa tradición de país limpio, carbón neutral.  Mi opinión es que Guatemala no debería seguir extrayendo minerales. Tenemos muchas riquezas y podemos generar bienestar para las personas de muchas otras formas, a través de la agricultura, la manufactura, los servicios, a través de formas menos impactantes ambientalmente y que generen más beneficio social. Hablo de minería metálica, porque minería, todos los países la necesitan: materiales para construir carreteras, arena para hacer nuestras casas, pero la minería metálica de la forma en que se está haciendo, a mi criterio, genera costos para el país, y está beneficiando solo a unos pocos.

Y con las hidroeléctricas, ¿ve el mismo problema? Es decir, beneficios para unos pocos, costos para los demás.

Hay una gran diferencia. La minería metálica de oro, no la necesitamos nosotros. Es solo para exportar. En cambio, la energía sí la necesitamos para la producción y para nuestros hogares. Seguimos dependiendo de los hidrocarburos para producir energía eléctrica, pero tenemos la oportunidad de tener tecnologías renovables. De por sí, la generación hidroeléctrica no es mala. Lo que no está bien es cómo se está haciendo. Cuando el Estado da una licencia para un proyecto hidroeléctrico, muchas veces afecta territorios y bienes públicos como el agua, pero esto no viene acompañado con un programa social. Tiene que haber un valor compartido. Guatemala tiene potencial, pero hay que hacerlo bien desde el punto de vista social y ambiental. No puede ser que generemos electricidad en un lugar en donde las comunidades todavía están con un candil porque la empresa no tiene derecho a comercializar electricidad, y el Estado no logra hacer un programa de electrificación rural. Por el lado ambiental, hay que cuidar los flujos ecológicos del agua, la conectividad funcional del ecosistema y la migración de las especies. Hay que mitigar los impactos.

No es lo que se suele ver. Lo más común es que las empresas entuben o desvíen el agua del río en un tramo de varios kilómetros, y lo dejen seco o casi seco. 

Exacto. El flujo que se llama caudal ecológico es un tema central. El río debe mantener suficiente agua todo el año, sin que varíe su temperatura o su calidad, para que se mantengan los sistemas naturales vivos y sanos. Sí podemos usar agua del río, sí podemos usarla para hidroelectricidad, pero este uso se tiene que mantener dentro de ciertos límites para no ahorcar el río. Pero lograr esto significa un Estado con una visión clara, con legislaciones claras que se hagan cumplir. Por eso los Estudios de Impacto Ambiental son tan importantes. Pero en este momento, no se están monitoreando adecuadamente para hacerlos cumplir.

¿Cree que hay una conciencia ambiental surgiendo entre la sociedad?

Está surgiendo una conciencia ambiental. El ciudadano común ve los impactos, como la basura y la contaminación del agua. Hay una generalizada pregunta: ¿qué puedo hacer? Surge la conciencia de la creciente carencia de recursos. En Guatemala el tema forestal genera mucha conciencia ambiental. No tanto desde el punto de vista de la madera sino más bien del bosque productor de agua. Hay guatemaltecos, por ejemplo en Totonicapán, que no usan el bosque en términos productivos, sino en términos protectores. Hay también una creciente conciencia de los efectos del cambio climático. Se está viendo con la plaga de gorgojo desde Honduras que se mete a los pinares de Guatemala. Eso es producto del cambio climático. Se ve la reducción de los caudales en todas partes y el cambio de los patrones de precipitación. Esto afecta las cosechas y la seguridad alimentaria. El campesino ya no puede contar con que el 15 de mayo va a llover. Toda el agua se viene junta, y los cerros están tan degradados y deforestados que no la pueden retener. Es sorprendente el nivel de conciencia que está tomando la población guatemalteca respecto al cambio climático.

Con el cambio climático, urge aún más encontrar un compromiso con los diversos usos del agua.

Totalmente.

¿Se puede lograr, a como están las cosas?

Yo lo que creo es que va a ser muy difícil pero no nos queda de otra. Por ejemplo, el país necesita una red de reservas estratégicas de agua. Eso no significa que necesitamos hacer represas. Significa saber dónde están las áreas de recarga hídrica del país. Cuáles son las cuencas más importantes, los sistemas forestales que son las esponjas que van a alimentar los ríos. Acabo de regresar de Marruecos. Me sorprendió cómo manejan el agua, cómo los ríos de Marruecos fluyen a través de un desierto terrible, y son las venas de agua que alimentan a los marroquíes. Administran el agua bastante mejor que nosotros que estamos en una realidad de abundancia. En esta ciudad, los niveles freáticos están bajando y bajando. Usamos el agua, y se va al lago de Amatitlán sin tratamiento y lo contaminamos, cuando debería ser una de las grandes reservas de agua para la ciudad. Hay medidas que tomar a nivel de finca, de granja, de comunidades de productores, de información y alerta temprana. Hay mucho que hacer. Hay una creciente conciencia, pero el Estado no está en las mejores condiciones para reaccionar.

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