Silvio Gramajo

Las cinco falacias discursivas del caso MCN

Las declaraciones de empresarios en el proceso legal Construcción y Corrupción alcanzaron y salpicaron al Movimiento Cívico Nacional (MCN) y pusieron en entredicho la legitimidad y credibilidad de este. Al parecer, en su defensa se han difundido discursos cuyos argumentos son insostenibles.

A raíz del hecho de que el MCN recibió donaciones provenientes de fondos producto de corrupción, se han promovido una serie de discursos que es necesario analizar. Acá los cinco principales:

  1. El MCN no tiene por qué dar a conocer a sus financistas. Repetidas veces el dirigente del MCN, Rodrigo Arenas, se negó a hacer públicos sus nombres. Él aseguraba que no tenía obligación, pues no eran una entidad pública o estatal. En este caso, este argumento apela al hecho de que únicamente se tiene obligación si la ley lo mandata. El MCN no estaba obligado y ese fue el pretexto perfecto para sostener la opacidad y secrecía. No obstante, es preciso entender que, en materia de transparencia, la coherencia es un imperativo ético y político. No se puede vociferar, exigir y demandar transparencia si no existe la solvencia moral para exigirla. Y, como reza el refrán, «a todo coche le llega su sábado». La poca transparencia manifestada y el origen ilícito de los fondos que ha recibido ubican al movimiento, o al menos a su dirigente, en la frontera del ostracismo del espacio público.
  2. Los empresarios son «pobres víctimas» de los «funcionarios corruptos». Este argumento no solo es insostenible, sino también altamente cínico. En un acto de corrupción no existen víctimas, sino cómplices. El sistema de corrupción en esa área no es nuevo. Por lo tanto, todos los que se meten en él saben exactamente cómo funciona. Muchos empresarios probos y honestos han preferido no meterse. Ahora, el que quiere jugar esas reglas, pues ni modo, de probo y honesto no tiene nada.
  3. Por la campaña del MCN no llegó Baldizón a la presidencia, y eso justifica haber recibido la referida donación. Difundir este discurso únicamente nos revela como una sociedad permisiva, de doble moral y, sobre todo, ignorante. En materia de transparencia es inaceptable el argumento de que «el fin justifica los medios». Eso puede llegar a ser incluso peligroso. No se puede aceptar un hecho inmoral para justificar incluso un hecho ilegal: trabajar una campaña contra un candidato a solicitud de otro candidato. Finalmente, con o sin campaña, nadie puede asegurar empíricamente que Baldizón habría llegado a la presidencia.
  4. Desviar la atención del hecho propagando un discurso en el que se preguntan cosas que nadie puede responder con el fin de desviar la carga negativa del hecho. Por ejemplo, preguntar por qué no la UNE, el FRG, la GANA…, y así hasta llegar al mismo Adán, al Génesis, solo busca disculpar la actuación ilegal y corrupta de alguien. Los hechos están allí, gusten o no. Mientras eso llega, si el sindicado es su amigo, mentor, familiar o cuate, pues ni modo, hágale… Así es la vida.
  5. El tema de la corrupción es ideológico. Eso de señalar que solo se persigue a los de la derecha y que todo es parte de una conspiración de izquierda es complemente absurdo. Todos los bandos han participado: de eso no hay duda. Ahora, lo que sí hay que preguntarse es por qué, al parecer, la mayoría de los embarrados en ilícitos son de derecha. Y quizá la respuesta se encuentra en el hecho de que son quienes han construido el sistema, lo promueven y viven de él. Ergo, son mayoría. Son más visibles y quizá hasta más descarados y temerarios, pues pensaban que a ellos no les iba a tocar. Pero con la pena les tocó.

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