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Magdalena Tepaz Tziac, madre de Juan Wilmer Tulul Tepaz, aguanta el llanto al cruzar la calle saliendo del Consulado de Guatemala, en la zona 10 capitalina, antes de agarrar al bus de regreso a Nahualá. Simone Dalmasso

La tragedia de Texas hace que en Nahualá las horas se vuelvan días

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La tragedia de Texas hace que en Nahualá las horas se vuelvan días

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Dos adolescentes de 13 y 14 años originarios de Nahualá, en el departamento de Sololá, fallecieron el 27 de junio en San Antonio, Texas, en un camión que cruzó la frontera hacia Estados Unidos. La mañana de este jueves, los padres de los jóvenes, con compañía de miembros de la comunidad, confirmaron la identidad de sus hijos en la Cancillería guatemalteca y en medio del duelo esperan la repatriación de sus cuerpos para darles una digna sepultura.

Después de cuatro horas, Manuel Jesús Tulul salió del Ministerio de Relaciones Exteriores con el rostro desencajado. Acompañado de Magdalena Tepaz Tziac, su esposa, confirmó con una fotografía que Juan Wilmer Tepaz Tulul era uno de los siete guatemaltecos que fallecieron en el intento de llegar a Estados Unidos en un furgón sin ventilación y expuesto a altas temperaturas, en donde viajaban más de 50 hombres, mujeres y niños.

«Sí, sí, está muerto», fueron las palabras que Manuel Tulul pudo esbozar después de observar fotografías de su hijo fallecido para confirmar que aquello que podía ser una probabilidad se convertía en realidad. Magdalena, en cambio, no pudo decir nada. Se limitó a estrujarse el pecho y a llorar.

Manuel Tulul y Magadalena Tepaz viajaron la madrugada de este jueves 30 de junio desde la aldea Tzucubal, en el municipio de Nahualá, Sololá, hacia la ciudad de Guatemala. Junto a ellos viajó también María Sipac, quien perdió un hijo en la tragedia de Texas. Su propósito era identificar las identidades de los cuerpos encontrados.

Pero no iban solos. Veinte miembros de su comunidad e incluso de municipios aledaños los acompañaron como muestra de apoyo y solidaridad. Todos aportaron con dinero para costear el viaje.

«Lo que pasa es que somos como una familia, estamos aquí para apoyar», dijo Alonzo Tepaz, alcalde auxiliar de Tzucubal.

Cuando llegó a Nahualá la noticia de que Pascual Melvin Guachiac Sipac, de 13 años, y Juan Wilmer Tulul Tepaz, de 14 años, fallecieron en el interior del camión en San Antonio, Texas, el municipio quedó en conmoción y zozobra. «Fue un gran dolor enterarnos de eso», relata el líder local.

La conmoción no fue provocada no solo por la muerte de Pascual Melvin y Juan Wilmer sino porque en las últimas semanas, Nahualá ha resentido otras pérdidas humanas por querer salir del país.

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Por ejemplo, la de Karla y Griselda Carac, dos hermanas que murieron ahogadas mientras cruzaban la frontera y que eran originarias del cantón Colcojá, en Nahualá.

Entre el conflicto y la falta de oportunidades

Según la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (Segeplán), en la corporación municipal  de Nahualá se reporta una población migrante asentada en Norteamérica de más de 2,500 personas emigradas del altiplano de Nahualá.

Tzucubal es una aldea de unas 325 viviendas ubicada a casi cinco horas de la ciudad de Guatemala, en Nahualá, un municipio que vive en conflicto con Santa Catarina Ixtahuacán. Es una lucha histórica por el territorio. Los habitantes del lugar resumen las grandes causas de la migración de niños y jóvenes en dos problemáticas: la falta de oportunidades laborales y la lucha con los pobladores del municipio vecino.

Los niños, dice la maestra Antonia Ixtoz, ya no llegan a la escuela porque dicen que de nada les sirve, que sus familias no tienen dinero y que tienen que ayudar a sus papás. La percepción de ellos es que estudiar es perder tiempo porque ven que personas que se han graduado terminan yendo a Estados Unidos.

Antonia es maestra del nivel primario, desde hace 11 años, en Santa Catarina Ixtahuacán y una de sus principales batallas es intentar convencer a sus alumnos de 11 o 12 años de no emigrar. «Tengo un trabajo y apenas me alcanza el dinero pero no me voy porque tal vez a unos cuantos niños puedo convencer para que se queden aquí», dice.

El 9 de mayo de este año, Carlos Estuardo Tambriz Guarchaj salió de su casa, en Xepatuj, Nahualá, rumbo a la frontera y desde entonces, su familia no ha vuelto a tener noticias de él. El 14 de junio advirtieron a la Cancillería sobre su desaparición. «Hasta el momento no sabemos si sobrevivió o se murió, o si lo recogieron, hay información no oficial de una morgue en Tucson sobre un cuerpo que posiblemente sea de él», dice Manuel Tambríz, el padre.

Carlos, de 19 años, es el mayor de tres hermanos. Son tres hijos, dice Manuel, una hermana de 16 y uno pequeño de 10. Decidió irse por las malas condiciones de vida. Se graduó el año pasado de bachiller en Ciencias y Letras, buscó trabajo este año pero se desesperó por la falta de empleo y emprendió el viaje. Manuel también culpa al conflicto histórico de Nahualá e Ixtahuacán como uno de los problemas que ahuyenta a los jóvenes. «A cada rato nos sorprenden de otro municipio con ráfagas, los niños están afectados psicológicamente. Cuando escuchan ruido, entran a la casa y cierran las puertas, y se quedan debajo de la mesa», relata.

Esta mañana, Manuel y Elena Guarchaj, su esposa,  viajaron a la capital para buscar información sobre el paradero de Carlos pero aún no hay novedades. Volverán la semana próxima para someterse a pruebas de ADN. Mientras tanto, todavía hay esperanza pero también mucha incertidumbre.

«Los días se transforman en semanas, las horas en días, los minutos en horas, los segundos en minutos», dice Manuel.

La espera se ha vuelto una constante para las familias de Nahualá. Según el diputado Manuel Tzep Rosario, presidente de la comisión de migrantes, los padres de los dos adolescentes reconocidos hasta el momento tendrán que esperar alrededor de 15 días para recibir y enterrar los cuerpos. Lo mismo le espera a los padres de las hermanas Carac.

Los padres de Juan Wilmer y Pascual Melvin también tendrán que esperar resultados de la investigación para deducir responsabilidades de lo ocurrido a sus hijos. Por ahora, autoridades de México, Estados Unidos, Guatemala, Honduras y El Salvador realizan investigaciones sobre lo ocurrido; y hasta el momento cuatro personas enfrentan cargos por la vida de los 53 migrantes.

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