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La mala herencia
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La mala herencia

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Aquellas misiones fueron una muestra de los esfuerzos oficiales del Estado salvadoreño por obstaculizar las investigaciones sobre la masacre. Ha sido, en realidad, un esfuerzo continuado, que empezó en 1989 y dura hasta 2014.
Los hechos que hoy conocemos indican que el coronel Rivas Mejía fue mucho más que una víctima del acoso del alto mando o un oficial abnegado que no pudo encontrar la verdad sobre el caso porque sus superiores se lo impidieron. No. El coronel fue parte activa del encubrimiento.
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El asesinato de seis sacerdotes jesuitas y dos empleadas en el campus de la UCA de San Salvador fue la última gran masacre de la guerra civil salvadoreña (1980-1992), pero fue también el primer gran acto de encubrimiento criminal del Estado en la posguerra. Las formas aprendidas y ejecutadas por investigadores, jueces, fiscales, políticos y presidentes para ocultar la verdad sobre los autores intelectuales se convirtieron en hilo conductor de la justicia nacional hasta la fecha. Son los mismos vicios y los mismos protagonistas.

La plaza de Santa Ana, en Madrid, está llena de gente. Corre agosto de 2010. Entre los veraneantes que suelen poblar la capital española en estas fechas, sentados en una mesa diminuta de una de las tantas terrazas que abarrotan la plaza, conversan dos hombres, un funcionario español y otro salvadoreño. El tema: El caso Jesuitas y el juicio abierto en el juzgado sexto de instrucción de la Audiencia Nacional, presidido por el juez Eloy Velasco.

El funcionario salvadoreño, a quien aquí ll...

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