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La jugada del relevo

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“Con Guate no se juega”. “Es tiempo del relevo”. Metáforas, corolarios y analogías con el futbol son elementos que suelen aparecer no por mera casualidad sino por llana causalidad de personalidad, en la campaña electoral por la alcaldía de Enrique Godoy.

“Es que si no –¡si no fuera así!– nadie lo logra ubicar”, narra un crítico deportivo que pide anonimato. “Quique es buena gente, arrebatado a veces, quiere todo para ya. El deporte es algo que le brota de modo natural, casi sin darse cuenta. Se gana a la gente con eso”, agrega.  

La gente, como sucede ahora, durante una cálida tarde de julio, en un pequeño y perdido estadio de futbol en un sector de la zona 6 de Guatemala, lo ve llegar y pisar el pasto, caminar al lado de la cancha sin estorbar. Luego se escucha la cancioncita que lo define como “relevo a la alcaldía” y de inmediato, en la distancia, lo reconocen.

“Es el de los cremas”, le dice discretamente un papá a su hijo que, viendo el partido y comiendo una chuchería, porta el disfraz del número 10 del Barcelona, Lionel Messi. El niño no comprende lo que dice su padre, hace una mueca, mira al candidato a unos 50 metros de distancia y duda. Duda tal vez porque Enrique Godoy no es en todo caso un tipo que llene el perfil de un jugador. Es alto, camina lento, tiene una complexión amplia, sus movimientos son trabajosos, como pesados, y no, no encaja en la imaginación que ese señor tan grande pueda trabajar como futbolista. Pero la gente lo recuerda.

***

Al tratarse de un estadio de futbol, Godoy no es tanto ubicado por sus ocho años como concejal primero en la Municipalidad de Guatemala (2000–2008), o por ser el cerebro de operaciones detrás de la idea e infraestructura del proyecto de transporte urbano Transmetro, mucho menos por ser el creador de los Comités Únicos de Barrio. No.

El analista político Fernando Carrera ofrece una lectura: “el centro movilizador en Quique no es tanto su paso por la Muni. Desempeñar el cargo de Concejal Primero en la Municipalidad no le otorgó demasiada notoriedad. No tanto como lo memorable de su persona en el ámbito del futbol”.   

En la memoria colectiva persiste que Enrique Godoy fue en algún momento presidente del equipo de Comunicaciones (cremas). Por eso, a su paso por el campo, un grupo de aficionados  aprovecha y le pregunta si algún día va a regresar con el equipo. Enrique se toma su tiempo, hace unas bromas con ellos, menciona algo sobre sus proyectos como alcalde y la respuesta que ofrece es negativa.

Cuando habla, las palabras de Enrique Godoy suenan roncas, con una leve distorsión, en un tono poco común que roza en cacofonía. Sus gestos, aunados a ello, se circunscriben en la conversación muchas veces como algo muy pequeño en su rostro redondo que adorna un bigotito, y no falta quien note que uno de sus ojos no parece estar funcionando. Entonces recuerdan el accidente. “Se lo dejaron hecho mierda”, dice uno cuando Godoy, a lo lejos, continúa la caminata. Todos miran hacia el suelo.

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La mañana del 19 de junio de 2005 Enrique Godoy sintió sangre en todo su rostro. Apenas veía el color rojo, apenas distinguía lo que pasaba a su alrededor. Una bomba de humo había impactado su cráneo y uno de sus ojos colgaba desde su órbita (vacía) en tanto trataba de buscar un sitio donde recostarse y no entrar en pánico en medio de cientos de gritos y porras subidas de ánimo por la clásica disputa –la No. 220, una semifinal– entre los rojos del Municipal y los cremas de Comunicaciones en el estadio nacional Mateo Flores.

Desde el principio, aquel domingo pintaba mal para su equipo. Antes del partido se podían escuchar comentarios de tipo: “Aunque los rojos han vencido al cuadro crema en los últimos cinco clásicos, la historia, para este 220, queda como simple registro…”.

El resultado, desde luego, fue adverso para Godoy. Los rojos pasarían a la final –el marcador fue 3 a 1–, y el concejal municipal perdería el ojo derecho a causa del violento altercado entre las principales y más apasionadas porras de estos equipos.

“Es que si no –¡si no fuera así!– nadie lo logra ubicar”.

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A 48 días para las elecciones generales, Enrique Godoy me ha invitado a presenciar la conducción de su programa de radio. Aunque algunos analistas lo describen como “de poca audiencia, para las élites”, Godoy dice que Temas y debates fue creado “para incidir políticamente de otra forma”.

Son las 6:30 A.M. de un lunes nubloso y en la cabina, desparramado, cómodo, en un sofá, Godoy toma la batuta, se coloca los audífonos y sale “al aire”.

En una salita de reuniones adyacente, uno de los invitados del programa, Abraham Rivera Sagastume, ex alcalde del municipio de Mixco, está interesado en narrarme los inicios de Godoy en la política.

La voz ronca del locutor se escucha tenue, a lo lejos, como desde una radio de baterías…

Enrique Godoy García-Granados nació en febrero de 1965. Desde los tres años se le podía ver en los estadios de futbol de la mano de los jugadores estrellas de la época como “Nixon” García, Luis René Villavicencio o el “Cohete” Mendoza. Por su apodo le llamaban “El Chicas”. Era un niño rubio, delgado e inquieto, y su abuelo, Raúl García-Granados, se identificaba como el presidente del equipo de Comunicaciones, aunque para 1978 también se le reconocía como consejero del ex presidente de Guatemala Romeo Lucas García, en cuyo período fue asaltada e incendiada la embajada de España en Guatemala. Al indagar sobre este dato, Enrique Godoy defiende que jamás conoció a su abuelo fuera de un contexto que no haya sido el fútbol, o la vida familiar.

Miguel García-Granados, el primer presidente de la Revolución Liberal de 1871, es parte de su linaje. Lo mismo que el diplomático de Naciones Unidas Jorge García-Granados, quien impulsó el plan para la creación del Estado de Israel en 1948. Y María García-Granados, “La Niña de Guatemala”, que José Martí inmortalizó en un poema.

“Quique se unió a nosotros allá por 1985”, exclama Rivera en la salita. “Era un patojo entusiasta, no paraba, tenía ideas, proyectos”. Imagine, dice, por las calles de Guatemala, a un Enrique Godoy, de 20 años, vestido de color azul y amarillo, repartiendo afiches, calcomanías, banderitas, calendarios…

Aquellos años eran los inicios del Partido de Avanzada Nacional (PAN) en modalidad de comité cívico, y hoy, es la más antigua de todas las bancadas que compiten en estas elecciones.

Rivera, fundador del recién creado partido Victoria, siente algún orgullo porque en todos los partidos actuales tienen a más de algún integrante que fue miembro del PAN original.

Dice esto justo cuando es convocado a la cabina. Lo seguimos tres personas más (dos candidatos a diputados por lista nacional y un periodista). Guardamos silencio y la voz ronca anuncia a los radioescuchas la presencia de los invitados.

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Álvaro Arzú, en la camaradería, lo llamaba “el motorcito”. De esto se acuerda el sociólogo Gustavo Porras, quien fuera secretario privado de la Presidencia durante el gobierno del PAN (1996-2000). “Supongo que por su disposición a proponer cosas”, comenta Porras y agrega que con él mantuvo una relación lejana.

Enrique Godoy entonces, con una licenciatura en Economía y una especialización en Políticas Públicas, concedidas por la Purdue University –“decidí estudiar en Indiana para estar cerca de una de mis hermanas que ya estudiaba ahí”, dice–, era parte del programa Fondo Nacional para la Paz. Primero subdirector y luego la evolución inmediata como director.

La mancha más grande de su carrera política data de este período. Fue acusado por la fiscalía de la corrupción de desviar fondos para crear unas canchas de futbol (siendo una de las compañías beneficiadas Entorno S.A., propiedad de Enrique Saravia Toriello, cuñado del hijo del ex presidente Álvaro Arzú. OJ: expediente 6481-2000).

Aunque el caso que se refiere a las anomalías en la ejecución monetaria para la construcción de las instalaciones deportivas del Campo Marte hoy está cerrado, “no hubo pruebas”, Godoy no deja de recibir ataques en sus múltiples perfiles de internet. En twitter responde cada mensaje: “Lo expliqué los últimos 13 años y no tengo cuentas pendientes con nadie. Estoy limpio y he tenido finiquito cada 4 años”.

O: “No tengo ninguna acusación de corrupción durante gestión en la Muni. Misma casa de hace diez años y mi mismo carro desde hace seis”.

Porras recuerda que luego de aquellos años en el Gobierno, el PAN empezaría a sufrir una bipolarización a causa de dos figuras: Óscar Berger y Álvaro Arzú. Las bases del partido, inquietas, y casi contra la espada y la pared, tendrían que elegir y se identificarían de modo interno al grito de “arzuístas” unos, y “bergeístas” otros.

Enrique Godoy estaría de parte del que fue su tío político, Álvaro Arzú, es decir, con los “arzuístas”, en un contexto en el que él mismo, sin mucha bomba ni platillo, se había lanzado a elecciones generales para competir, todavía en el PAN, por el puesto a Concejal Primero de la Municipalidad de la ciudad de Guatemala. El candidato a alcalde que proponía el partido, Fritz García-Gallont, el rostro inevitable de la campaña, ganaría fácilmente con un buen porcentaje de votos a favor. Significaba la primera incursión de Enrique Godoy dentro de la Municipalidad. Era el año 2000 y permanecería en esta institución los próximos 8 años.

***

 “A poco usted hizo el Transmetro”, dice jubilosa, alejada algunos metros de la puerta de su casa, doña María al ser abordada por Enrique Godoy durante el recorrido de campaña en la zona  6. “Mire pues que yo por eso iba a votar por Arzú”, se carcajea. “¿Usted va a traer el Transmetro por acá?”, pregunta y sonríe y hace un aplausito nervioso con las manos. “Arzú dice que lo hará”, se pone seria.

Godoy, con su caravana completa del Comité Cívico Compromiso Ciudadano –30 personas vestidas de celeste matiz cielo– explica, bromea y responde que “sí”, que hará una ruta para el Transmetro en la zona 6.

El analista Fernando Carrera evalúa como “un poco opaca” la figura de Godoy durante su trabajo dentro de la Municipalidad. “Aun si se sepa y se le quiera reivindicar el crédito como el gestor de varios proyectos importantes dentro de la Municipalidad, queda en un segundo plano, intermitente, detrás –casi una sombra– de las figuras de Fritz y Arzú como alcaldes”.

–¿Porqué hasta ahora es que podemos saber cómo piensa abiertamente Enrique Godoy?– pregunto al candidato.

 –Cuando estás dentro de una estructura debes ser disciplinado.

–¿Hubo una transición ideológica?

–No es tanto así.

–¿El ex presidente (1996-2000) y actual alcalde Álvaro Arzú es su tío político?

–Lo fue hasta 1980. Mi tía se divorció de él en ese año.

– ¿Se seguían frecuentando?

– Sí. Por mi primo Roberto. Éramos amigos.

–Usted abandonó la Municipalidad en 2008. ¿Ahora es el relevo?

–Arzú se ha institucionalizado en la Municipalidad. Figurar nada más sin pensar en el aspecto ciudadano. Yo no quería eso.

 

En un momento del año 2000, Arzú recién acabada su gestión presidencial, tomó distancia de la política. Además su partido, el PAN, estaba cada vez más polarizado. Pero regresó en 2002 para formar un nuevo partido, el partido unionista, del que Enrique Godoy era otro de los fundadores.

 

–Dicen que Enrique Godoy fue quien buscó a Álvaro Arzú hasta su casa para que regresará a la política.

–No fue en su casa. Fue en su oficina de la zona 9– responde Godoy con una sonrisa.

–¿Para fundar el partido unionista?

–Lo necesitábamos.

–(…)

–Necesitábamos tener una figura como él al mando. Ya conocida. Tener una cara. Presentarnos.

–¿Luego Arzú ya no se fue?

–No, pues ya no.

–¿Hay diferencias irremediables entre ustedes?

–No. Tengo otros intereses. Construir ciudadanía. Implementar políticas públicas.

 

Godoy, de hecho, resume, azarosamente, todos los problemas de la ciudad en un documento de apenas 60 páginas. Le llama Plan Ciudad Guatemala 2020+ y de él ha dicho, por ejemplo en foros de debate, que “se centra en que los ciudadanos aprendamos los unos de los otros. Está la ciudad, la infraestructura, pero en ello falta mucho del aspecto humano”. Influenciado por el trabajo de Octavio Mavila Medina, Antanas Mockus y Sergio Fajardo –el primero investigador social peruano y los siguientes dos matemáticos, catedráticos universitarios y ex alcaldes en Colombia–, columnistas de distintos medios lo colocan en la partida electoral como una de las propuestas de mayor seriedad a tomar en cuenta. 

***

A eso de las 7:30 de la mañana, en el programa de radio de Enrique Godoy, ya los temas los ha ido construyendo sobre la mesa: economía y ciudadanía.

Godoy es un moderador agradable, casi condescendiente, que no pone a sudar a nadie cuando cuestiona directamente sobre algún tema. A manera de foro, sin una previa línea narrativa que demarque un guión establecido, como locutor, va armando una estructura en base a temas muy específicos que él domina: “municipalismo”, “leyes de servicio”, “propuestas económicas de ciudadanía” y “fiscalización”.

En la Purdue University, donde estudió para graduarse de licenciado en economía, Godoy, entusiasta, siempre entusiasta, elaboraba ideas raras, mezclas, ensaladas extravagantes entre marxismo y capital.

En una de sus tesinas de semestre, titulada “Marxismo y Espacio”, como cuenta, llegaba a la conclusión de que el país que mejor aplicaba el marxismo, debido a su sistema accionario –la propiedad que una persona tiene de una parte del capital de una sociedad anónima–, era Estados Unidos. Desde luego, los profesores no dejaron nunca de discutirle temas de este tipo. Y si sacas estos detalles de su licenciatura en una conversación, Godoy dice: “Agradecía cada uno de los debates que surgían a partir de mis análisis. Te formaban un criterio propio, necesario”.

Esta mañana, antes de terminar el programa con su frase característica: “Y recuerden… toda la honra, la gloria y la alabanza sea para nuestro señor Jesucristo”, Godoy, sin quererlo, se ha contestado una pregunta que él mismo arrojó al ruedo: “¿Qué opinión merece la mezcla entre política y religión, de aceptar abiertamente creer en Dios siendo uno candidato?”.

Su respuesta fue que él busca ser transparente, nada que ocultar. Que incluso, justificando, la Constitución de la República de Guatemala inicia invocando el nombre de Dios.

***

Enrique Godoy recibió “al señor en su corazón” en el séptimo nivel del edificio de la Municipalidad un día del año 2001. Sucede que a veces algún grupo de oración de empleados municipales necesita un salón para hacer alguna actividad religiosa. ¿Y quién tiene las llaves, o la autorización para abrir las puertas? Si se ha pensado que la respuesta es el Concejal Primero, se está en lo correcto. Y si el Concejal Primero puede recibir el mensaje de Dios es un bonus. Y si el  Concejal Primero además reconoce que es pecador y se convierte al evangelio, ya no se tienen palabras para calificarlo (y en mi caso, para describirlo).

Además estaba la influencia de su esposa, Carol Flores. Ella ya era creyente antes que Godoy. Primero, ya juntos en la religión, asistieron a Fraternidad Cristiana. Hoy, la familia Godoy Flores, pertenece a los ministerios Cash Luna. Y durante un lapso intermedio de tiempo, en  relación a estas dos congregaciones, fueron parte de la Iglesia de Harold Caballeros: El Shaddai. “Dejamos de ir a El Shaddai el día que Harold renunció a ser pastor evangélico para meterse en la política”, explica Enrique Godoy.

Pero ojo, este suceso es más profundo que escatológico para describir la reciente trayectoria política de Godoy como candidato a la alcaldía.

A Harold Caballeros le ha ido muy mal en sus intenciones de aspirar a ser el Presidente de Guatemala. De momento, de la mano de la alianza entre Visión con Valores (ViVa) y Encuentro por Guatemala (EG), tiene su inscripción denegada para las próximas elecciones de septiembre por haber incurrido en fraude de ley según el Tribunal Supremo Electoral. Y hace exactamente cuatro años, cuando Enrique Godoy se lanzaba como candidato a la vicepresidencia de la República por parte de los unionistas bajo la sombra, una vez más, de Fritz García Gallont como candidato a la Presidencia, a Harold Caballeros le fue rechazada su participación por factores de tiempo que no le permitieron consolidar al entonces movimiento Visión con Valores como partido político. Y es acá, de regreso al 2007, en que Caballeros y Godoy se topan en una encrucijada, uno con un partido fuera de cualquier contienda y otro arrastrando un octavo lugar, con apenas 2.9% de la intención de voto a nivel nacional. Se miraron entonces las caras, sopesaron la coyuntura, dialogaron, no como una relación pastor-que-cuida-una-devota-oveja, sino como político-que-busca-una-alianza.

***

Álvaro Velázquez, analista y uno de los fundadores (y ex miembro) de Encuentro por Guatemala (EG), me cuenta: “Cuando Harold no pudo inscribir a ViVa como partido político, los unionistas le propusieron que fuera su candidato a la vicepresidencia. Pero no aceptó. Es allí el primer acercamiento de Quique con Harold en el ámbito político”.

Enrique Godoy anunció en abril de este año, algo importante: se lanzaría como candidato a la alcaldía y esperaba la respuesta de la alianza entre ViVa y EG para su apoyo. No sabía, de momento, que lo sacarían de la jugada.

“Recuerdo el día de asamblea en que Harold anunció a las bases que echaría a Quique del partido”, comenta Velázquez. “En resumen dijo que ‘en este gallinero sólo hay espacio para un gallo’. Lo despachó”.

Era un momento crítico para hacer un anuncio de este tipo dentro de ViVa y EG. Godoy, a quien el analista describe como “dinámico, inteligente, que tiene un liderazgo natural pero que su defecto es ser demasiado pragmático”, se había echado a la bolsa a todas las bases de ViVa y EG. Y eso siendo el segundo al mando. Algo muy malo si llega a oídos de los líderes.

“Quique, a diferencia de Harold, se acercaba a toda la gente del partido. Tiene carisma, hay que aceptarlo”, dice el analista y sintetiza este panorama como un conflicto de clases interburgueses.

En el actual horizonte político, narra Álvaro Velázquez, la familia García-Granados no es atractiva para las organizaciones políticas como lo fuera hace unas décadas. “En contraste a familias que producen fortunas de US$1500 millones al año, como los Gutierrez-Bosch, los García-Granados apenas producen US$300 millones. Es decir, han disminuido su status, y eso, en política partidaria, no es bueno”.

En la figura de Enrique Godoy, hay un pasado familiar, un linaje empresarial, que lo vincula a la industria del algodón, a ingenios azucareros y la producción de pintura. Casi adolescente se dedicó a la gerencia de Tierra Buena, uno de los ingenios que, ubicado en la costa sur, ya no pertenece a su familia.

Hoy apenas lo encontramos como consultor senior de economía, políticas públicas y urbanismo para una firma de arquitectos en la que trabaja al lado de uno de sus siete hijos, “el mayor”. Las instalaciones, hay que decirlo, para ser una firma de arquitectos, con proyectos ostentosos y edificios de alta modernidad, no son despampanantes. Y en sus desgastados y poco iluminados corredores, donde las luces de neón titilan y se apagan un buen rato, se aglutinan las oficinas del Comité Cívico Compromiso Ciudadano, la firma de arquitectos y el proyecto de jóvenes que también Godoy asesora, Yo A+ (Yo Asumo). Todo en uno: política y consultoría. Tal parece que dedicó enorme esfuerzo a los proyectos de la Municipilidad, y la actualidad no pinta nada –como sí lo fuera en algún momento la familia García-Granados–  rimbombante. Queda el ánimo, la pasión, tanto que se respira fervor alrededor de Godoy (He visto, en esta crónica, a jóvenes arquitectos quedar pasmados, sonrientes, en delirio, cuando “Quique” habla de la ciudad, de los ladrillos, o el transporte).

“Pero hay un detalle más”, indica Velázquez: “los financistas de Harold no quieren a Quique en ningún sitio de poder”. Confirma algunos nombres: El ex secretario del asesinado Jorge Carpio Nicolle y empresario Jorge Arenas; y el académico de la Universidad Francisco Marroquín, asesor político y miembro fundador de proReforma, Juan Carlos Simons. Pero ¿por qué no quieren que Godoy tenga protagonismo si parece que, luego de preguntar y preguntar, no le cae mal a nadie, y su entusiasmo y carisma parece su mejor arma de batalla? En la oficina de Arenas responden que el licenciado está indispuesto, muy enfermo. Simons no contesta. “Sucede que no conviene que Harold tenga problemas con otros sectores de poder. Quique es eso malo, malo. No. En específico, pensando en su futuro, ViVa no quiere nada malo con los unionistas, con Álvaro Arzú, por ejemplo”, dice Velázquez. Y la respuesta fue sacar al relevo, a Enrique Godoy –aun sin que hubiera entrado– de todo tipo de jugada.

***

Ni bulla ni escenarios ni gente. Ni luces ni canciones ni panfletos. En el silencioso y casi abandonado bulevar principal de la zona 6, brillan hacinados en cada uno de los postes, todos los colores, rictus, maquillaje y slogans de los candidatos que compiten a la presidencia y a la alcaldía; falta nada más uno: el celeste cielo con que identifica “el color de Guate” a Enrique Godoy y su comité cívico Compromiso Ciudadano.

Godoy no tiene representantes de campaña. Está allá abajo, sin embargo, en alguna parte, cerca de un estadio de futbol, donde uno, al encontrarlo, recuerda frases de Galeano como “el futbol y la patria están siempre atados; y con frecuencia los políticos y los dictadores especulan con esos vínculos de identidad”. Puede ser.

Los vecinos motivados por la curiosidad se asoman. Tropezarán, en todo caso, con su memoria. Suelen tener un gesto generalizado, una duda unánime:

—Sé que lo conozco pero… ¿de dónde?

Aun si se sepa y se le quiera reivindicar el crédito como el gestor de varios proyectos importantes dentro de la Municipalidad, queda en un segundo plano, intermitente, detrás –casi una sombra– de las figuras de Fritz y Arzú como alcaldes.
No tengo ninguna acusación de corrupción durante gestión en la Muni. Misma casa de hace diez años y mi mismo carro desde hace seis.
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