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Un turista pasea disfrutando de la mañana a la orilla del lago Atitlán, en San Pedro La Laguna, una mañana de noviembre 2019. Simone Dalmasso

La crisis del turismo y el rescate de la primavera

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La crisis del turismo y el rescate de la primavera

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Previo a la crisis provocada por la pandemia el turismo mostraba síntomas de estancamiento. El desgarramiento provocado por la crisis debiera ahora servir para hacer un replanteamiento estratégico audaz. Algo que el mundo apreciará muchísimo de ahora en adelante son los ambientes abiertos y naturales que caracterizan a Guatemala. El país de la eterna primavera como destino del turismo puede cobrar una vigencia imprevista.

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Una trayectoria previa de lento crecimiento

De acuerdo con una encuesta de Asies de octubre de 2020, con una muestra de 439 empresas, la mayoría proporciona hospedaje (192). Le siguen en importancia los operadores de giras (100) y agencias de viaje (68). En categorías menores están los mayoristas de viajes (13), el transporte turístico y los parques o reservas naturales (9). Otras actividades incluyen organizaciones de eventos, escuelas de idiomas, arrendadores de autos, artesanos y guías turísticos. 

 

La diversidad del sector es evidente, y sería aún mayor de lo señalado por Asies si en su encuesta hubieran incluído una proporción representativa de artesanos, sobre todo mujeres, ya que ellas estaban subrepresentadas en la muestra. Además, dentro de algunos sectores hay diferencias importantes, especialmente en el hospedaje, con un número grande de hoteles pequeños y otros de cadenas internacionales.

 

Un grado de competencia fuerte permite suponer que entre 1986 y 2019 el turismo, incluyendo el hospedaje, era un sector con rentas o ganancias relativamente bajas, lo cual implicó que no fuera un destino importante de inversiones del pequeño grupo de poderosos consorcios familiares diversificados dominantes de la economía guatemalteca. De acuerdo con otra encuesta hecha por Asies, publicada en diciembre de 2020, la mayoría de empresas en su muestra eran familiares (82% de hoteles y el 63% de los operadores de turismo). 

Los ingresos por turismo (medidos por el Banguat o por el Banco Mundial) fueron al inicio la principal fuente de exportación de servicios, pero experimentaron una etapa de relativo estancamiento después de 2007, antes de estar sujetos al choque brutal que significó el COVID19. El Inguat y los empresarios más activos del sector no tuvieron éxito en implementar una estrategia alternativa para transformar el sector y superar su inercia. 

La arquitectura institucional, tan importante para apoyar procesos de reconversión, no fue efectiva: no hubo una institucionalidad pública, privada o mixta, capaz de sacar al turismo de su inercia. El turismo crecía lentamente y sin grandes transformaciones.

El golpe del COVID19: la importancia de la demanda

Este crecimiento vegetativo sufrió un golpe contundente en 2020 como resultado de la pandemia de COVID19, lo cual ilustra de manera dramática la incidencia fundamental de la demanda sobre la actividad económica. Sin demanda no hay oferta. El año pasado la contracción del mercado interno por las medidas de confinamiento provocaron una reducción de la actividad económica en múltiples ámbitos. Uno de los sectores más afectados fue el turismo, dependiente de una demanda externa que se esfumó y de una interna que se redujo en extremo.

La mayor parte de empresas del sector crecieron poco en 2019. Según la encuesta de Asies, ese año el 69% de los operadores de turismo y el 73% de las empresas de hospedaje no aumentaron el número de trabajadores empleados. Pero en 2020, el 75% los operadores y el 80% de los hospedajes redujeron el empleo. Fue un golpe brutal.

 

Sin embargo, la contracción de la demanda externa, resultado del cese casi total de turistas extranjeros en 2020, comenzó a contrastar con la evolución de la demanda interna, que dejó de reducirse. En septiembre ya se había eliminado la mayor parte de las medidas de confinamiento, con lo que el mercado interno se reactivó y el aeropuerto empezó a operar. 

Durante esta reactivación parcial, muy incompleta, actividades relacionadas con el turismo interno, como la organización de eventos y el hospedaje, además de las líneas aéreas, tenían un mayor número de negocios abiertos que otras más dependientes del externo. Los mayoristas de viajes, los operadores de tours y las agencias turísticas permanecían cerrados. A estos hay que agregar el transporte turístico y las artesanías, demandados más por el turista extranjero y por lo cual sufrieron daños todo el año. 

 

Los sondeos de Asies proporcionan datos útiles de empleo en el turismo, especialmente ante la negativa del gobierno de Giammattei, y específicamente del Ministerio de Economía y del Instituto Nacional de Estadística, de hacer encuestas de empleo en 2020. Según los datos de 439 empresas que respondieron a los cuestionarios de Asies, el desempleo aumentó entre las pequeñas y medianas empresas, especialmente operadores, pero el mayor impacto total se debió a la contracción de las grandes. 

En promedio, las microempresas redujeron su empleo de dos trabajadores por empresa en 2019 a uno en 2020. Las pequeñas empresas redujeron sus trabajadores de 8 a 4 y las medianas de 30 a 12. En las empresas grandes fue de 94 a 50, casi convirtiéndose en medianas.

El ajuste severo ante la crisis

El ajuste fue severo. Las encuestas de Asies sugieren que casi una quinta parte de los hospedajes y de los operadores de turismo quebraron. A finales de 2020 no estaba claro cuántas empresas sobrevivientes se reactivarán. Muchas, especialmente operadores de giras y agencias de viajes, estaban en hibernación, muy cerca de la quiebra. Además, la subestimación del número de artesanas dependientes del turismo impide precisar el impacto dramático de la virtual terminación de sus ventas.

La decisión del Mineco y del Ine de no realizar encuestas de empleo e ingresos permitió ocultar lo ocurrido en los sectores más vulnerables. Los datos de Asies muestra que los pequeños negocios redujeron más su facturación (hasta 20% frente a 2019) en comparación con las medianas o grandes, y que tenían mayor dificultad para reactivarse.

La sobrevivencia de las empresas de turismo no dependió del apoyo del Gobierno sino de ahorros internos y de familiares y amigos, más factible para las medianas y grandes. A finales de 2020 los recursos personales e institucionales se agotaron, y más de una cuarta parte de las solicitudes hechas al Fondo de Protección de Capitales y al Fondo de Crédito de Capital fueron rechazadas porque eran percibidas de alto riesgo y no elegibles. A pesar de contar con recursos extraordinarios aprobados por el Congreso, el Crédito Hipotecario Nacional continuó aplicando criterios de mercado que marginaron, como el resto de bancos, a las empresas más necesitadas.

De lo anterior y tras escuchar la experiencia de varios empresariso de turismo, se pueden identificar cinco trayectorias específicas de ajuste empresarial y laboral ante la crisis, ocurridas durante 2020: 

La primera trayectoria de ajuste, correspondiente a la categoría de operadoras de turismo receptivo, se caracterizó por una contracción brutal ante una demanda externa que se esfumó. Tanto los trabajadores en planilla como los subcontratados por estos operadores terminaron sin trabajo en 2020. 

Para conservar las plazas inicialmente, se trasladó el trabajo a casa y se atendió por medios electrónicos, pero esta situación duró dos o tres meses. El bono del empleo del Gobierno sirvió de paliativo a las suspensiones para mantener los puestos de trabajo hasta septiembre. Al concluir la entrega de este beneficio, tanto micro como pequeñas empresas de operadores despidieron al personal de planilla y enfrentaron el problema del pasivo laboral.

También se quedaron sin trabajo los subcontratados o freelancers: guías y proveedores de servicios de transporte terrestre (pilotos, picops y tuc tucs de comunidades), lanchas, guarda recursos, guías espirituales, comedores comunitarios y comunidades receptoras. Muchos de los freelancers no recibieron ningún apoyo del Gobierno. No eran empleados de planilla registrados en el Igss, y otros subcontratados como los guías de turismo y de los guarda recursos tampoco recibieron el Bono Familia. A esto se suma que sufrieron los daños causados por Eta y Iota. 

La segunda trayectoria de ajuste ante la crisis corresponde a los hoteles grandes que operaron con parte de sus instalaciones y redujeron su planilla al máximo. El apoyo del Estado les permitió financiar a parte de los trabajadores supendidos, algunos reintegrados y otros despedidos.  El hospedaje de pacientes del IGSS en cuarentena significó algún alivio para un número limitado de hoteles, incluyendo la cadena Biltmore y Clarion, así como otros hoteles grandes, con una asignación total de Q35 millones.

La tercera trayectoria de ajuste, de empresas medianas que son sobre todo hoteles pequeños, fue menos prolongada y dolorosa, pues al ser más dependientes del mercado interno tuvieron un mayor margen de maniobra, aunque también redujeron su planilla. El apoyo del Estado les permitió financiar a trabajadores suspendidos, aunque el desconocimiento de los programas del Gobierno impidió que fueran mejor aprovechados. Las ganancias de los dueños cayeron en parte y los más afectados fueron los despedidos, con pocas opciones de encontrar otros trabajos. 

La cuarta trayectoria involucró a agencias de viajes, pequeños o medianos negocios que no tuvieron actividades durante el cierre del aeropuerto. Tuvieron dificultades para cubrir pasivos laborales por despidos masivos. Los recursos del Estado les facilitaron la transición para despedidos/suspendidos pero, al finalizar el apoyo, la mayoría de trabajadores que permanecieron fueron convertidas en freelancers, sucontratados sin prestaciones. 

Aunque la condición para recibir ayuda era la inscripción de los trabajadores en el Igss, el programa del Gobierno no fue un incentivo para favorecer su permanencia en el sistema de seguridad social y, al contrario, solo postergó una acelerada informalización. Se logró una recuperación muy precaria atendiendo al turismo emisor, especialmente organizando los viajes para visitar a familiares en Estados Unidos.

Finalmente, la quinta trayectoria de ajuste correspondió a artesanos, especialmente mujeres que como parte de la economía familiar fabricaban piezas para los turistas extranjeros, especialmente tejidos. Quedaron sin ingresos a partir de marzo de 2020, con apoyo limitado del Bono Familia si es que les llegó, y sin espacios de incidencia para expresar sus reivindicaciones. Muchos de sus hogares sufrieron adicionalmente por Eta y Iota. 

Aprovechemos la eterna primavera y algo más

El sector del turismo ya experimentaba un insuficiente dinamismo antes de sufrir el devastador golpe de la pandemia. A pesar de una larga historia, la actividad estaba por debajo de su potencial. 

Lo que debe recibir atención prioritaria y en el corto plazo es compensar la contracción del turismo. Con reactivar el turismo interno no basta. Un Bono Turístico otorgado a familias guatemaltecas para hospedaje, alimentación, recreación y transporte, así como para adquirir artesanías, con la debida implementación de medidas de bioseguridad, es una propuesta que ha recibido cierta atención en el sector y que debiera implementarse. Es un imperativo social, pero también económico: debe evitarse la destrucción de una fuente imprescindible de empleo e ingresos.

A diferencia del turista externo, el interno no usa tanto el transporte turístico, tiende a comprar pocas artesanías y acude menos a operadores. Por ello debe complementarse un apoyo para que los emprendedores, trabajadores y artesanos puedan sobrevivir mientras se reactiva la demanda externa. Ante la incertidumbre se justifican subsidios y transferencias directas temporales, y no préstamos. Lamentablemente no es prioridad para las autoridades. 

También debe implementarse un monitoreo y seguimiento adecuado y generar estadísticas precisas, lo que implica abandonar la opacidad y el encubrimiento del Mineco y del Ine sobre el desempleo. La prioridad que estas instituciones le asignan a las mediciones de la inflación, buscando regionalizarlas para justificar salarios diferenciados (interés de ciertos empresarios), contrasta con el ocultamiento de la situación del desempleo, a pesar de que se impulsan medidas para aprobar la jornada a tiempo parcial.

La crisis del COVID19 es la oportunidad para plantear una reconversión del turismo, con un proceso amplio de diálogo y de capacitación de emprendedores, trabajadores y artesanas para involucrarse y proponer una nueva estrategia. Se requiere audacia. Cuba está ofreciendo un paquete que combina la vacuna con playa, mojito y otros atractivos. Costa Rica está buscando llegar a un acuerdo sobre el turismo con China. ¿Y Guatemala?

Algunas tendencias son predecibles. La importancia que ha adquirido la distancia social implica que los espacios abiertos, sin aire acondicionado y sin calefacción, así como los ambientes rurales, se vuelven más atractivos. Aquí entra la ventaja de Guatemala como «país de la eterna primavera ».

El atractivo cultural de Guatemala, su clima y la proverbial amabilidad guatemalteca constituyen sólidas bases para avanzar por esta senda. La mayor movilidad laboral que permite la tecnología digital podría ser una de las bases para estadías más largas, ya no de personas jubilidas sino también de trabajadores en diversas etapas de su vida. Guatemala sería el destino y no solo el origen de cierto tipo de migración o turismo de largo plazo.

Ya se nota que los restaurantes más exitosos son aquellos con espacios abiertos más amplios. Pero tendrá que complementarse nuestra primavera con una infraestructura de alojamiento y transporte congruente con el distanciamiento social, y con servicios más sofisticados de monitoreo y atención a los turistas, especialmente para individuos o familias.

Además, frente al mayor atractivo de países que han controlado mejor el contagio de COVID19, el gremio del turismo en Guatemala también debiera convertirse en un sólido grupo de presión para que se extiendan los servicios universales de salud y se proceda con una campaña de vacunación agresiva.

Ante las dificultades de lograr una atención universal en el corto plazo podrían contemplarse transitorias «zonas liberadas del coronavirus », con un control estricto que, por ejemplo, solamente permitiera el ingreso de personas vacunadas.

Por supuesto que hacer de Guatemala una zona liberada del coronavirus debiera ser el objetivo a alcanzar, pero ante la incertidumbre que existe sobre las mutaciones del virus y sobre la disponibilidad de la vacuna, convendría contemplar otros escenarios. El momento actual requiere audacia para contemplar nuevas estrategias y no reproducir modelos de negocios obsoletos y políticas de mercadeo añejas que, de mantenerse, darán lugar a una agonía prolongada y triste de un sector que promete tanto.

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