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La balanza que inclina Guatemala

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La independencia de Guatemala en la ONU es algo de suma importancia para Rosenthal. “No tenemos compromisos con ningún país, somos independientes, de alguna manera con posturas frescas, planteamientos innovadores. Nos legitiman como un país maduro”.
"A juzgar por los comentarios de algunos ignorantes, Guatemala tendría que ir al Consejo de Seguridad a jugar el papel de niño berrinchudo para berrear cada vez que le convenga a Israel, Taiwán o Estados Unidos". Editorial de La Hora.
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La balanza que inclina Guatemala

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Guatemala es un país serio. Los países miembros de la ONU lo han querido notar así. Digamos, maduro, capaz de tomar decisiones, plantear análisis y hasta ser juez en resolución de conflictos, los grandes conflictos mundiales. Y por ello, con ocupar por primera vez un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, Guatemala mantiene, incluso desde el inicio, cierta expectación en sus arbitrajes y futuras resoluciones. Y ya hay cierto alboroto en casa.

No es poca cosa la tarea que espera al país durante los próximos dos años y comenzó hace apenas dos días, el domingo pasado, 1 de enero. Los medios tradicionales, por ejemplo, han sido los primeros en especular sobre el tema, sobre las decisiones de Guatemala. Más en específico, si aprueba sanciones económicas o incluso un ataque militar a Irán. Aunque, como resalta el embajador Gert Rosenthal, representante permanente de Guatemala ante la ONU, “Irán es un tema que todavía no está en la agenda del Consejo de Seguridad”.

La independencia de Guatemala en la ONU es algo de suma importancia para Rosenthal. “No tenemos compromisos con ningún país, somos independientes, de alguna manera con posturas frescas, planteamientos innovadores. Nos legitiman como un país maduro”.

Es decir, en contra de la especulación.

Prensa Libre, en dos editoriales seguidos, calificaba del primer error del gobierno de Otto Pérez Molina y su canciller Harold Caballeros la invitación a la toma de posesión al presidente iraní Mahmud Ahmadineyad –como se invitó a todos los países con los que Guatemala tiene relaciones diplomáticas–. A criterio de ese matutino, esto podría “causar reacciones de desagrado de países amigos” como Estados Unidos e Israel, que se amenazan mutuamente con Irán de bombardeos. Sin mencionarla directamente, esta especulación fue criticada por el editorial de hoy del diario La Hora. “A juzgar por los comentarios de algunos ignorantes, Guatemala tendría que ir al Consejo de Seguridad a jugar el papel de niño berrinchudo para berrear cada vez que le convenga a Israel, Taiwán o Estados Unidos, sin derecho a analizar situaciones, sino simplemente jugar el papel de comparsa. Sería como decirle al mundo que nuestro puesto en el Consejo no es para estudiar, analizar, razonar y votar, sino simplemente llegamos a ver cómo quieren que votemos nuestros aliados para hacer lo que les agrade a ellos y no les ofenda”.

Irán, aislado del mundo por su intención de alcanzar la bomba atómica, se ha acercado a América Latina para oxigenar su diplomacia por varias vías. La más notoria ha sido la Alternativa Bolivariana para Nuestra América (Alba) de Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, por el lado retórico, pero en el lado profundo ha buscado acercamientos insistentemente con la potencia latinoamericana, Brasil, que incluso intentó junto a Turquía mediar en el conflicto entre Irán y las potencias occidentales. Los únicos ocho países en el mundo que tienen ojivas atómicas son Estados Unidos, Rusia, Francia, Inglaterra, China, India, Pakistán e Israel. Ninguno le pidió permiso a la ONU para fabricarlas.

“Sería muy raro ver en una toma de posesión presidencial a un país de tan bajo perfil para Guatemala como Irán. Sería raro, desde el lado ideológico, aunque no desde la perspectiva diplomática”, explica el embajador.

La ausencia de Irán en la agenda inmediata del Consejo de Seguridad, no obstante, indica Rosenthal, no significa que de entrada la agenda del Consejo no contenga entre sus prioridades temas candentes, actuales, de alta relevancia: “Siria, Líbano, la situación entre Israel y Palestina, Libia, las tensiones entre Sudán y Sudán del Sur, Somalia, la República Democrática del Congo y Costa de Marfíl”.

Decisiones, posturas

La democracia y la represión contra civiles en Siria es algo que preocupa al Consejo de Seguridad. De modo urgente. Y quizá se trate del primer tema en el que Guatemala entre a debatir en las próximas semanas. “Es un tema relevante. Ha pasado a primer plano. Sobre todo por la represión civil de la cual la ONU está enterada por medio de observadores”, declara el embajador guatemalteco. Guatemala abogará porque se defienda la vida de los ciudadanos sirios.

También, importante, es el tema de Palestina, su integración y legitimación como Estado ante la ONU. El 23 de septiembre del año pasado, Palestina logró el apoyo de más de dos terceras partes de la Asamblea General de la ONU para ser reconocida como Estado miembro, pero se quedó a un voto (y un veto, de Estados Unidos), de lograrlo en el Consejo. Si vuelve a tocar la puerta, el Consejo decidirá si el mundo declara a Palestina, como lo hizo en 1948 con Israel, como un Estado con plenos derechos. Rosenthal argumenta que Palestina es algo que quedó en pausa. “Un proceso como interludio. En septiembre pasado Palestina se acercó al Consejo de Seguridad, pero fue vetado por EE.UU. Si resuelve consultar de nuevo al Consejo (con Guatemala entre sus miembros) será decisión del Presidente (Pérez Molina) plantear nuestra postura”.

Las tensiones entre Sudán y Sudán del Sur, por su parte, y agregadas las movilizaciones de tropas en las fronteras de Somalia, y el conflicto en ciernes en la República Democrática del Congo y en Costa de Marfil pueden ser otra causa de debate en el que intervengan las decisiones de los países miembros del Consejo de Seguridad. Ante ello, básicamente, según Rosenthal, la postura de Guatemala ante estos conflictos se resume a una sola: “Evitar a toda costa que se produzca un conflicto armado. Como país tenemos experiencia reciente de lo que produce una guerra interna”.

De hecho, la primera intervención de la delegación de Guatemala en el debate abierto del Consejo de Seguridad se tituló Protección de los civiles en conflictos armados. “En Guatemala, al igual que en muchos otros países contribuyentes de tropas, vivimos el dilema de, por un lado, limitar nuestra presencia en un país a mantener la paz,  sin exponer nuestras tropas a acciones ofensivas que las coloquen en riesgo indebido, o, por otro lado, entregarnos a la labor humanitaria de proteger a la población civil como parte del mandato más amplio de restablecer la estabilidad y la normalidad en el quehacer cotidiano de los habitantes en el terreno”.

Rosenthal es el diplomático de más prestigio del país y uno de los más respetados en la Organización de las Naciones Unidas. Antes de llegar al puesto fue canciller, secretario de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), presidente del Consejo Económico-Social de la ONU, secretario de Planificación de la Presidencia de Guatemala (Segeplan) y parte de la Comisión de Seguimiento de los Acuerdos de Paz.

Poder verdadero

Desde 1997 Guatemala ha sido persistente en sus intentos de llegar a ocupar un puesto en el Consejo de Seguridad. Estuvo muy cerca en 2006, cuando le correspondía después de cabildearlo con América Latina, pero Hugo Chávez quería ser parte del Consejo y acusó al país de ser una marioneta de Estados Unidos. El argumento venezolano no fue comprado por dos terceras partes de la Asamblea General –en donde están representados todos los países de la ONU–, que durante 47 rondas votó en un 60 por ciento por Guatemala, en la competencia más larga de la historia. Al final, Venezuela se empecinó y Guatemala cedió el puesto a Panamá.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es el único organismo que tiene poder verdadero, legítimo, en todo el planeta. En él están reunidas de manera institucional las potencias mundiales, atómicas, que ganaron la Segunda Guerra Mundial, cuando se creó la ONU. El Consejo es el que decide crear o deshacer Misiones de Paz. O declarar guerras “legítimas” –que no hizo en el caso de la invasión estadounidense a Irak en 2003–. O adoptar sanciones económicas contra países que amenacen la paz mundial y que deben ser cumplidas por las empresas de todo el mundo. O declara qué país tiene derecho de ser Estado miembro de la ONU.

En el Consejo están las cinco potencias después de la Segunda Guerra Mundial, que tienen poder de veto –EEUU, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China–, y las cinco regiones del mundo se rotan cada año dos representaciones bianuales. En seis décadas, Guatemala nunca había sido electa por América Latina. Demasiado provinciana en los cincuentas y sesentas; paria por violadora de derechos humanos en los setentas y ochentas. Y demasiado ocupada en su proceso de paz en los noventa, este país fundador de la ONU nunca había sido electo para el foro máximo de la diplomacia. “Fue una lucha de casi 10 años. Lo logramos”, enfatiza el embajador Rosenthal, quien a pesar de sus 76 años y una fina serenidad diplomática no puede esconder la ilusión porque finalmente el país esté en el foro que puede convocar a sus miembros las 24 horas de los 365 días del año para resolver sobre la guerra y la paz mundial.

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