Y ahora que estamos en una encrucijada de la justicia en Guatemala, no puedo dejar de pensar en el eslogan de la campaña “La alegría ya viene”.
Si en el Chile de entonces el plebiscito hubiera resultado en un sí o en un fraude, ya era un paso irrefrenable al futuro. Si hubiera habido fraude –como pareció en las primeras horas tras la votación, el régimen hubiera perdido más legitimidad y se hubiera convertido en algo más obsoleto.
Algo así es el juicio por genocidio y lesa humanidad que han provocado –ejerciendo sus derechos ciudadanos, sus obligaciones o sus simpatías– las ixiles y los ixiles, los activistas, el Ministerio Público, jueces, periodistas, comunidad internacional y ciudadanos. Resulte en un sí o en un no o en un fraude pantanoso, el pedestal moral de la Corte de Constitucional, del Cacif, del presidente Pérez Molina, de los militares, de los intelectuales de centro y derecha, de los medios conservadores, de tantos silencios, ese pedestal moral está roto.
Y con eso ganamos todos. Porque los poderosos, más en esta época de la información y las democracias, necesitan de legitimidad moral para dirigir una sociedad. Pero han sido tan evidentes en cómo activaron y cómo funciona su maquinaria que han perdido mucha de su legitimidad moral.
Los ixiles –esos aplastados por el Estado y sus amigos durante el conflicto armado ¿o la guerra civil?– han puesto a temblar a ese Estado y han logrado lo que nadie consiguió en treinta años, en tres décadas: obligar a unirse a todas las élites conservadoras. No las unió el FRG ni la UNE ni Lider ni los huracanes ni el TLC ni las mafias ni la desnutrición ni nada. Los unió la reacción contra la demanda de justicia de los más débiles.
¿Con qué cara van a hablar después sobre el Estado de Derecho? ¿Con qué cara van a decirle a sus socios internacionales que sí son respetuosos de los derechos humanos? ¿Con qué cara va la Corte de Constitucionalidad a enorgullecerse de ser una “corte celestial”? O bueno, más bien, ¿cómo van a convencernos de esto los jueces Maldonado Aguirre, Molina Barreto o Pérez Aguilera, quienes cuando todo el país los buscamos esperando claridad están resolviendo un pantano que nos convierte en un hazmerreír global? De Maldonado y Molina no me sorprende, pues no recuerdo una vez que hayan fallado contra los intereses poderosos del país. Pero en el licenciado Pérez Aguilera todavía albergo alguna esperanza.
En fin, a las élites conservadoras de Guatemala los alcanzó la historia. Les pidió cuentas. De manera transparente, frente a todo el mundo. Y la justicia siempre gana. Será ahora o será más tarde. Con las firmas y la tranquilidad de ustedes, de con sus hijos o de sus nietos. Pero la alegría ya viene.
* Publicado en elPeriódico, 29 de abril.









