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Justicia de madrugada para las Molina Theissen
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Justicia de madrugada para las Molina Theissen

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Los militares Hugo Zaldaña, Manuel Callejas, Luis Gordillo y Benedicto Lucas fueron condenados por la desaparición forzada del niño Marco Antonio Molina Theissen y las violaciones y torturas cometidas contra su hermana, Emma Guadalupe.

A la familia Molina Theissen la justicia le llegó de madrugada. Aunque en un principio se esperaba que el Tribunal daría a conocer su veredicto a las tres de la tarde, las horas pasaron en la espera. En la sala de audiencias, Emma, Ana Lucrecia, Emma Guadalupe y María Eugenia aguardaban. Juntas, abrazadas, fuertes. Las trece horas de retraso eran pocas, comparadas con los 36 años que esperaron para que se hiciera justicia.

La sala estaba abarrotada, era un momento histórico que muchos querían vivir. Pero el reloj corría y los jueces no regresaban con el esperado fallo. Entrada la noche la mayoría de los presentes optaron por retirarse, pero otros se quedaron, para acuerpar a las víctimas y a los victimarios.

A eso de las 4:30 de la mañana el Tribunal volvió al estrado y leyó un texto fuerte y contundente: “los crímenes que se cometieron ofenden a toda la humanidad”, dijo el juez Pablo Xitumul. Desde el hospital, un enfermo Benedicto Lucas recibió la noticia: pasará los últimos años de su vida tras las rejas.

Los tres juristas concordaron en condenar a Hugo Zaldaña, Manuel Callejas, Luis Gordillo y Benedicto Lucas y en absolver a Edilberto Letona. Le otorgaron 25 años de prisión a Zaldaña, Callejas, Gordillo y Lucas como autores de delitos contra los deberes de la humanidad. Además, se les impuso la pena de 8 años por autoría de la violación con agravación de la pena y 25 años más por desaparición forzada. Gordillo quedó exento de este último cargo, por lo que su pena es de 33 años.

Los culpables recibieron penas de muchos más años de los que Marco Antonio pudo vivir. Tenía solo 14 años cuando un comando del Ejército entró en su casa y lo raptó. Su familia no volvió a saber de él. Lo desaparecieron para “matar en vida” a su hermana, Emma Guadalupe. Sabían que al secuestrarlo a él, la destruirían también a ella. Fue su forma de venganza. Unos días antes, Emma Guadalupe había sido capturada en un retén, le encontraron un periódico de la guerrilla y la tuvieron detenida por nueve días, sometida a torturas y violaciones sexuales, privada de alimentos y de agua. Emma cuenta que en esos días bajó tanto de peso que logró zafarse los grilletes y huir por la ventana. En la puerta, un solo oficial vigilaba, la confundió con prostituta y la dejó salir. Al darse cuenta de que ella había sido más astuta que los militares, optaron por vengarse con un menor de edad.

Durante el juicio la defensa de los ancianos militares trató de desacreditar la historia de Emma Guadalupe. Le acusaban de mentir sobre su liberación y ella les respondió: “mi fuga no fue hecho raro, fue rarísimo, de lo contrario no habría más de 45 mil desaparecidos en Guatemala”. Al final, el Tribunal le dio valor al testimonio de Emma y a las pruebas documentales que entregó el Ministerio Público, entre ellas documentos desclasificados del Ejército.

Ya de madrugada el cansancio era visible en los rostros de las cuatro mujeres. Quizá no lo sabían, pero estaban haciendo historia. Escribiendo una nueva historia para Guatemala. Una página de justicia tardía y añeja.

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