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IVA, tipo de cambio y salario mínimo
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IVA, tipo de cambio y salario mínimo

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Tipo de Nota: 
Opinión
12 02 18

Quince años dando círculos: los mismos problemas, pero cada vez peor.

Por curiosidad leí la propuesta de política industrial promovida por la Cámara de Industria de Guatemala en el año 2003. Tres de los problemas que allí se mencionan siguen generándoles problemas a los empresarios y no han mejorado, sino empeorado, después de 15 años: 1) la lenta y difícil devolución del IVA, 2) el tipo de cambio apreciado y 3) los aumentos del salario mínimo sin relación con la productividad promedio de la mano de obra del país.

Para los escépticos, todo eso suena a excusas del sector privado para lograr desarrollo. Pero no es así. Para crear más empleo formal necesitamos que existan más fábricas y que sean más grandes. Eso solo es posible con más exportaciones, pues solo así esas fábricas pueden vender más. Si la devolución del IVA es lenta y difícil y el tipo de cambio está apreciado, se hace poco atractivo exportar: es más atractivo importar, lo cual genera menos empleo. Además, con un salario mínimo alto, esas empresas solo van a estar interesadas en contratar jóvenes universitarios y en usar máquinas para evitar pagar a trabajadores de baja productividad. Por eso no debería sorprendernos que el gran motor de creación de empleo formal en Guatemala haya sido el Gobierno, el cual ha creado el 76 % del empleo formal entre los años 2003 y 2016 (ver gráfica 1). ¿Acaso no resulta raro que en el año 2016 el 50 % del empleo formal haya sido generado por el sector público, cuando el gasto de gobierno solo es un 12 % de la economía?

Gráfica 1. Empleo formal (afiliados al IGSS, total y proporción correspondiente al sector público)

Fuente: Banco de Guatemala.

¿Qué podemos hacer ante este escenario? Ya he escrito en este espacio, así como en otros, cómo necesitamos reformar la Ley del IVA (1), cómo necesitamos repensar el salario mínimo, ya que dificulta la creación de mejor empleo formal (1, 2, 3 y 4), y cómo necesitamos políticas macroeconómicas que permitan un tipo de cambio competitivo (1, 2 y 3).

Hay que tomar decisiones que dependen del Gobierno, pero también es necesario que la élite del país comprenda claramente el problema para empezar a aterrizar las soluciones que necesitamos. Por eso mismo es importante recordar que, durante esos quince años, algunas cosas cambiaron. Pasamos de quejarnos de los altos precios de la energía eléctrica, que bajaron, a empezar a quejarnos de la infraestructura del país, que se cae a pedazos e incrementa los costos de transporte para todos. Lo primero nos muestra que con buenas políticas con liderazgo pueden cambiar nuestros problemas. Lo segundo, que no podemos dar por sentados los avances logrados en los años anteriores.

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