Opinión / El simio y su tribu

Plaza (Plaza Pública en papel) Lo que no sabías que querías saber, pero ahora te es urgente preguntarlo

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Qué es Plaza?

Plaza es el periodismo de Plaza Pública en papel. ¿Un libro? ¿Una revista? Plaza es un objeto hermoso para leer y coleccionar. Una revista de gran formato –tamaño carta, de aproximadamente 200 páginas cada número-, con el cuidado diseño de Workaholic People, que se publicará tres veces al año. Cada edición tendrá su propia personalidad: podrán ser números monográficos o ecléctico, se reproducirán temas publicados en la plataforma digital, y se buscará lanzar temas aún inéditos en la web que aporten nuevas miradas sobre las líneas temáticas de PzP. En Plaza se busca rescatar textos que por su calidad narrativa merecen ser leídos apaciblemente, o que por su impacto y trascendencia es importante que encuentren la permanencia del papel. Plaza busca satisfacer al sibarita de la lectura pausada, alejada del ruido del internet, brindar la satisfacción al coleccionista –de fotos, de textos, de libros-, saciar al que se interesa por tener explicaciones profundas sobre Guatemala. Plaza es una coquetería para la mesa del café y una bella compañía para las tardes de sillón o de hamaca.

¿Qué es Plaza Pública?

Plaza Pública (PzP) es un medio en internet de periodismo de profundidad, análisis, investigaciones y debates, radicado en la capital de Guatemala. Fue fundado el 22 de febrero de 2011 por la Universidad Rafael Landívar y reivindica los derechos humanos, la democracia, la justicia social y la búsqueda de la verdad. Se enfoca en las causas y efectos de la desigualdad, la inequidad y las dinámicas que atentan contra la dignidad de las personas. Es un medio sin ánimo de lucro, nos financiamos principalmente con presupuesto de la universidad, y somos apoyados por organizaciones (como Open Society Foundation e Hivos) Apostamos por la innovación, por el periodismo narrativo, y creemos en el papel de la comunidad de lectores como garantes de la independencia y la calidad del medio.

¿Por qué Plaza Pública comete la locura de hacer el salto mortal al papel?

La misma naturaleza digital nos hace continuar en la busca de nuevas formas para llegar a los lectores, y hacer que los temas que interesan al medio y que consideramos esenciales para el debate nacional, lleguen a más ciudadanos y que desaparezcan de las agendas de los líderes de opinión y permanezcan en el debate público. Buscamos todos los medios y plataformas para trasladar nuestro periodismo. En ese sentido, no somos ortodoxos del Internet, y creemos que el papel tiene un aún enorme potencial, especialmente para los temas de profundidad, textos con la narrativa que es ya un sello de PzP, y con imágenes que van retratando el país, estén presentes, físicamente, como objeto cercano a los lectores, para la lectura pausada. Además, claro, adoramos los libros y el papel, somos unos nostálgicos, y qué gozo el olor del libro nuevo, el fetiche, y qué delicia leer en papel.

¿Cómo me suscribo?

Hay cuatro formas para suscribirte:

1) Depósito monetario:

  • Paso 1.

    Revisa en la hoja de suscripción las modalidades de pago, para conocer cuál es la que te conviene y saber cuánto debes depositar. (Para toda Guatemala:
  • Paso 2.

    Realiza la transferencia o depósito en:

    Banco Industrial.

    Asociación de Amigos de Plaza Pública

    Cta #185003731-6

  • Paso 3.

    Llena la hoja de suscripción y ¡voilá! Recibirás el número inmediato a tu suscripción (si quieres que tu suscripción sea en retroactivo, recibiendo números pasados, acláralo en los comentarios de la hoja. No habrá ningún problema si todavía quedan ejemplares).

2) Con nuestros aliados suscriptores:

En librería Sophos (Plaza Fontabella, zona 10) o en librería y café Watson (Paseo Cayalá, zona 16).

  • Paso 1.

    Vas a la caja y dices que te quieres suscribir a Plaza.
  • Paso 2.

    Realizas tu pago con tarjeta o en efectivo.
  • Paso 3.

    Llenas la hoja de suscripción y ¡listo!

Si tienes cualquier duda, escribe a suscripcionesLAP@gmail.com

3) Tienda online Kemik:

Entra a la https://kemik.gt/ y en el buscador escribe “suscripción” allí te desplegará las diversas opciones de suscripción (1 o 2 años) y varias según el país donde vivas. Aquí el enlace para un año en toda Guatemala: https://www.kemik.gt/suscripcion-anual-a-plaza-1-a-o-guatemala.html Si vives fuera de Guatemala, vean la respuesta siguiente:

¿Si vivo fuera de Guatemala, puedo suscribirme?

¡Claro! Plaza llega a cualquier parte del mundo. Los costos de envío varían entre Centro América, el resto de América (Norte, Sur y el Caribe), y el resto del mundo. Estamos puliendo el método, pero ya lo puedes hacer:

Puedes hacerlo en tienda online https://www.kemik.gt/ , busca la suscripción de acuerdo a la región en donde vives. Parecerá que sólo puedes hacer pedidos en Guatemala, ¡pero no! Introduce toda la dirección, (incluido, municipio, departamento o estado; y muy importante: el país en donde quieres tu suscripción). No hay ningún costo por el envío. Si tienes algún problema con la compra escríbenos un mensaje en el perfil de fb de Los Amigos de la Plaza o directamente en la tienda en línea.

También hacerlo a través de una transferencia bancaria:

  • Paso 1:

    Revisa en la hoja de suscripción el costo a tu región:
  • Paso 2:

    Realiza la transferencia bancaria:

    Bank: The Bank of New York Mellon

    SWIFT/BIC: IRVTUS3N

    Fedwire (ABA): 021000018

    Account name: Banco Industrial, S.A.

    Account No.: 8033141875

    SWIFT/BIC: INDLGTGC

    USD amount to send:

    Final beneficiary name : Asociación de Amigos de Plaza Pública

    Account No. at Banco Industrial, S.A.: 185-003731-9

    Final beneficiary Address: 7a. avenida 5-10 zona 4, Centro Financiero, Apartado

    Postal 744, Guatemala, Guatemala, C.A.

  • Paso 3:

    Llena la ficha de suscripción. (Si quieres que tu suscripción sea en retroactivo, recibiendo números pasados, acláralo en los comentarios de la hoja).

Si tienes cualquier duda, escribe a suscripcionesLAP@gmail.com

Si no me he suscrito, ¿cómo la consigo?

Plaza nace el 28 de abril de 2016 y a partir de allí la podrás encontrar cada cuatro meses en diversos puntos de distribución (recuerda los meses clave: abril, agosto, diciembre).

La puedes encontrar en:

Librería Sophos, Watson Books & Coffee, La Casa del Libro en La Casa de Cervantes.

En estos tiempos en que es cada vez más complicado sostener las iniciativas en papel. ¿Cómo se sostendrá Plaza?

El plan es que Plaza sea autosostenible. La Asociación de Amigos de Plaza Pública respalda y gestiona el proyecto, y ha buscado diversas maneras de que pueda subsistir:

1) La apuesta más importante es confiar en los lectores, en quienes creen en el periodismo de Plaza Pública y quienes disfrutan la lectura y aman el papel. Entonces, la confianza máxima es creer que una buena base de suscriptores amigos nos permitirá la estabilidad, y la distribución en librerías, centros culturales, cafés, etc. nos permita seguir imprimiendo.

2) El patrocinio: de empresas, organizaciones, instituciones que confíen en nuestro trabajo, que apuesten por la necesidad de una ciudadanía informada, que crean en la cultura y que quieran aliar su marca con Plaza. Los patrocinios nos dan un margen de respiro y si en algún momento hubiese excedentes en los ingresos, éstos servirán para que la Asociación de Amigos de Plaza Pública apoyen investigaciones y proyectos de Plaza Pública para seguir trabajando.

Papel, la edición #1 de Plaza: es patrocinada por Instituto de Investigación y Proyección sobre Ambiente Natural y Sociedad (Iarna), L’Aperó, Sophos, Watson Books & Coffee. ¡Gracias totales por la confianza y el apoyo!

3) El financiamiento: un espaldarazo considerable. Una institución, organización o empresa, apoya con una donación para la impresión de más ejemplares, que serán distribuidos en bibliotecas públicas, escuelas y organizaciones.

¿Y si quiero ser patrocinador o financista de Plaza?

¡Fantástico! Escribe a amigosdelaplazapzp@gmail.com y te contactaremos.

¿Quiénes son los Amigos de Plaza?

La Asociación de Amigos de Plaza Pública (LAP), es una asociación civil, sin ánimo de lucro, conformada por lectores, amigos, ciudadanos, y equipo de Plaza Pública para apoyar los proyectos e iniciativas del medio. Entre sus objetivos, además de constituirse en apoyo para proteger y defender el derecho a la información y a la libre expresión, está el de generar fondos y gestionar proyectos directamente relacionados con el medio. Desde su conformación, una de las iniciativas propuestas y apoyadas por sus miembros fue el de la publicación en papel de material de Plaza Pública.

La Asociación administrará y velará por generar los fondos que permitan la sostenibilidad y continuidad del proyecto. Para esto, considera indispensable la alianza con instituciones, empresas, organizaciones y ciudadanos que compartan el interés por el periodismo de profundidad y calidad que produce Plaza Pública.

Para más información: amigosdelaplazapzp@gmail.com

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Carlos A. Mendoza Alvarado (camendoza72@gmail.com). Centroamericano nacido en Guatemala. Economista (UFM) y politólogo (Stanford y Notre Dame, Estados Unidos), socio fundador de Central American Business Intelligence (CABI). Actualmente labora para el Ministerio de Finanzas Públicas, en la Dirección de Evaluación Fiscal. Ha estudiado diversos temas como pueblos indígenas, violencia y seguridad ciudadana; y recientemente, asuntos como educación y protección al consumidor financiero. Ha recibido varias becas para estudiar en el extranjero y ha publicado con Flacso-Guatemala sobre los linchamientos. Le apasiona aprender todo lo relacionado con las ciencias cognitivas y leer, aunque se considera no teísta, sobre la evolución de las múltiples creencias religiosas. Fue comisionado para la revisión de la política antidrogas.

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¿Idealismo, cinismo o pragmatismo electoral?

La esencia de la democracia son las elecciones. Por medio de dicho rito se legitima a los que ejercerán el poder del Gobierno en el siguiente período político. De esa forma se refuerza cada cierto tiempo el mito de que la soberanía reside en el pueblo y de que este solamente la delega temporalmente en sus autoridades con un mandato específico. Se basa, entonces, en una creencia compartida por todos y cuestionada por pocos.

Carlos Mendoza

Esta fue la genial fórmula que, por medio de ensayo y error, encontraron las élites para competir por el poder sin necesidad de matarse los unos a los otros. Gastarán millones en campañas electorales, pero no perderán su vida en la carrera hacia el trono y la corona. Afortunadamente, dicho puesto en la cúspide de la pirámide social ya no es sancionado por autoridades religiosas, sino por las multitudes, que así se sienten parte importante de una comunidad imaginada que es capaz de gobernarse a sí misma. Se legitima entonces a las autoridades, pero más importante aún es la legitimación de esa construcción política llamada nación.

El rito de las elecciones y el mito de la soberanía popular han sido adoptados por la mayoría de las sociedades en el planeta. Ahora más gente vive bajo regímenes democráticos que en cualquier otro momento de la historia. Los autoritarismos y las teocracias, aunque se niegan a desaparecer, son formas de gobierno cada vez menos comunes y nada aceptadas por el ethos global. La democracia se valora como el resultado de siglos de historia, de evolución sociocultural y de aprendizaje colectivo, pero sobre todo de luchas populares por la expansión de los derechos ciudadanos. Fácilmente vienen a nuestra mente el movimiento por el voto de la mujer o aquel otro en contra de la discriminación racial de jure en el sur de los Estados Unidos hace apenas medio siglo. En Guatemala fue hasta la Revolución de octubre de 1944 cuando se empezó a construir una ciudadanía sin exclusiones, al menos desde el punto de vista de los individuos como poseedores de derechos y obligaciones.

El acto mágico por medio del cual el rito y el mito se sostienen es el voto. Dentro de un pequeño espacio que aísla al ciudadano del resto de la polis, en secreto y solo ante su conciencia —en gran semejanza a ciertos actos religiosos—, el individuo —y no la comunidad— debe transferir su insignificante fracción de poder soberano hacia algún miembro de la élite política. Finalmente, el agregado de todas esas confesiones de fe en un método técnicamente diseñado para la definición de preferencias será lo que decida a quién le toca gobernar. «La mitad más uno de los votos válidos», reza la fórmula mágica en Guatemala. Si ninguno de los candidatos de la élite política obtiene dicho porcentaje, habrá una segunda vuelta para la cual ya no importa que lleguen menos votantes mientras se obligue a que matemáticamente se cumpla con la fórmula, aunque estadísticamente puedan quedar más dudas de una diferencia significativa entre los dos principales competidores, con lo cual nos arriesgamos a un mayor problema de legitimidad en elecciones altamente reñidas, que incluso pueden llevar a la violencia que precisamente se quería evitar.

Cuánta razón y sabiduría en la famosa frase de Winston Churchill que vale la pena repetirnos una y otra vez: «La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás». Podemos criticarla todo lo que queramos, pero no podemos renegar de dicho sistema de gobierno hasta que no tengamos una mejor alternativa. Lo más atractivo que tiene es el ideal de igualdad, que precisamente se expresa en aquello de una persona, un voto. En principio, en las elecciones nacionales para la presidencia valen lo mismo el voto del más pobre y el del más adinerado, el del analfabeto y el del más educado, el de un hombre y el de una mujer, el de un joven y el de un viejo, el del indígena y el del ladino, el del negro y el del blanco, el del campesino y el del citadino. Todos somos iguales a la hora del conteo. Ese ideal solo se alcanza en ese momento, nunca más en la vida política, mucho menos en la arena económica. Por esto último, tampoco se alcanza frente a la ley. Aunque sea por ese solo instante de igualdad ante el Estado, vale la pena mantener el rito de las elecciones.

Es cierto que los políticos no ganan el voto, sino que lo compran. También es cierto que no asumen el mandato popular, sino que creen poseer un cheque en blanco para hacer lo que se les da la gana y con el visto bueno o la complicidad de los otros miembros de la sociedad política que perdieron en las elecciones, ante el acuerdo tácito de que la alternancia en el poder significa que a la siguiente les toca robar a ellos. Por eso el equilibrio alcanzado por esta élite corrupta que ahora repudiamos ha sido la cooperación para delinquir, aunque compitan de vez en cuando sobre cómo repartirse el botín.

Entiendo y comparto el sentimiento de frustración de quienes dicen: «Bajo estas condiciones no queremos elecciones». Pero sinceramente no veo alternativa. Un gobierno de transición no lo es. Ese era el método de los golpistas, de las juntas militares, de los autoritarismos que tanto ha costado superar. ¿Cuál sería la legitimidad de esa junta provisional de gobierno? ¿Por cuánto tiempo deberá gobernar? ¿En qué momento habrá consenso sobre condiciones ideales para volver a elecciones? Todo esto es lo que resuelven las reglas del juego de la democracia electoral. De esa definición y práctica minimalista debemos partir hacia una democracia más representativa y liberal. Y una vez seguros en ese nuevo peldaño, otros hasta podrán proponer una democracia más participativa y radical. Pero no podemos saltarnos etapas.

No se trata de conservadurismo o de preservar el orden institucional a toda costa, sino de aprender las lecciones de la historia, de respetar a los que lucharon previamente por legarnos esta democracia, con todos sus defectos, y de construir sobre lo que tenemos, no a partir de borrón y cuenta nueva, pues así no funciona la evolución institucional (como tampoco la biológica). Por eso, si alguien no quiere votar, que no lo haga. Si quiere anular su voto como protesta, está en su derecho de expresarlo así. Pero no puede pedir al resto de ciudadanos que renuncien al voto, sea este por convicción, estratégico, ingenuo o vendido. El genial Churchill también decía que «la democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás».