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Una mesa electoral, en Pueblo Nuevo Viñas, Santa Rosa, al final del día de la segunda vuelta electoral, el domingo 25 de Octubre 2015

Fracasaron las reformas para lograr competencia interna en los partidos

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Fracasaron las reformas para lograr competencia interna en los partidos

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De 24 partidos analizados, solo la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca y el Movimiento Semilla tienen comités ejecutivos nacionales que combinan miembros de las distintas planillas que compitieron. Una investigación de Plaza Pública sugiere que los partidos lograron esquivar las reformas de la Ley Electoral y de Partidos Políticos diseñadas para generar competencia interna, esencial para su democratización.

Redes-lateral

La competencia interna entre diferentes corrientes de los partidos democráticos sigue siendo una ilusión en el sistema de partidos políticos de Guatemala.

No lo logró la mística, la lucha ideológica ni las posiciones disidentes —quizá porque no existan en los partidos guatemaltecos o si existen son aplastadas por la imposición del dueño del partido—, y tampoco lo ha logrado, de momento, la norma legislativa.

A petición de Plaza Pública, la politóloga Sofía Montenegro examinó, mediante un análisis de las actas de las asambleas generales, la competencia interna en 24 de los 28 partidos políticos del país a abril de 2019, para comprender si la reforma del artículo 28 de la Ley Electoral tuvo los resultados esperados.

La nueva norma establece que la elección del Secretario General y demás miembros del Comité Ejecutivo Nacional se hará por medio de «planillas», y que «se aplicará obligatoriamente el sistema de representación proporcional de minorías» —de la misma manera en que se aplica en la elección de diputados y corporaciones municipales— para garantizar que las planillas perdedoras, convertidas en corrientes minoritarias, estén representadas en el máximo organismo de dirección del partido.

Aunque antes de esta reforma era posible presentar todas las planillas que los afiliados desearán, en la práctica ese derecho era solo eso: una posibilidad. Lo habitual era presentar una sola planilla, de supuesto «consenso», a la que le bastaba obtener los votos de la mitad más uno de todos los delegados departamentales para hacerse del Comité Ejecutivo Nacional. De competencia interna, nada.

La reforma de 2016 abrió la puerta para ello, al obligar a que al menos dos planillas se disputen la Secretaría General y el Comité Ejecutivo. Pero hecha la ley, hecha la trampa.

El estudio realizado por Montenegro evidenció que, de los 24 partidos analizados, solo dos (Libre y Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca) presentaron una cantidad de planillas superior al requisito de ley, con tres. El resto de agrupaciones, cumplió con lo mínimo establecido en la ley y solo presentó dos planillas.

Fue el partido de la exguerrilla el que reflejó mayor nivel de competencia: su planilla ganadora obtuvo la menor cantidad de votos (menos del 75 %) de los delegados en la asamblea. Semilla, de creación reciente, fue el segundo partido con mayor competencia interna por el Consejo Ejecutivo Nacional, con el 80 % de votos para la planilla ganadora. La disputa, según lo establecido en la ley, obligó a que integrantes de las planillas perdedoras de ambos partidos se integraran a sus respectivos comités ejecutivos nacionales, en representación de sus minorías.

Con las excepciones de estos dos partidos, así como Winaq, Unidos y Fuerza, las planillas ganadoras del resto de agrupaciones políticas obtuvieron más del 90% de los votos de los delegados.

En partidos como Humanista y Victoria, la planilla ganadora obtuvo el 100 % de los votos.

«El alto porcentaje del voto que recibió la planilla ganadora es un hallazgo significativo. Por una parte, el sistema de representación proporcional de minorías no se pudo aplicar en la mayoría de los casos. Pero, sobre todo, muestra un proceso poco competitivo como una fuerte predisposición de los delegados presentes en la asamblea nacional hacia una planilla», señala el estudio de Montenegro.

Partidos de mínimos

El estudio también concluye que la mayoría de los partidos políticos analizados apenas cumplen con los requisitos mínimos de representatividad: presencia en 12 de los 22 departamentos del país, y en 50 de los 340 municipios.

El único que ha roto esa dinámica, pese a su reciente creación, es Vamos por una Guatemala Diferente, con presencia en los 22 departamentos y en 121 municipios. Vamos apoya la candidatura presidencial de Alejandro Giammattei.

El Movimiento Semilla y el partido Podemos tienen presencia en 15 departamentos; Winaq, Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, Unidad Nacional de la Esperanza, Todos, Frente de Convergencia Nacional y Convergencia Renovación y Orden, en 14; Visión con Valores, Unionista, Unidos, Movimiento para la Liberación de los Pueblos y Avanza, en 13; y Victoria, Unión del Cambio Nacional, Productividad y Trabajo, Humanista, Partido de Avanza Nacional, Libre, Fuerza, Encuentro por Guatemala Convergencia y Bien, en 12.

En cuanto a presencia en municipios, la mayoría de partidos cumple con el requisito mínimo de 50 (excepto Bien, que según los datos del Tribunal Supremo Electoral solo cumplió con 49 asambleas municipales), con una media de 69 municipios.

El estudio concluye que la reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos que pretende generar dinámicas de competencia para lograr la democratización interna de las agrupaciones no ha logrado los frutos esperados. En los partidos guatemaltecos sigue predominando «una estrategia de consensos», en la que los puestos de elección interna para el Comité Ejecutivo Nacional se asignan «a dedo» previo a la realización de las asambleas nacionales, «haciendo de la votación un proceso ornamental».

Pero por tratarse de una reforma incipiente, dice Montenegro, «aún no se puede hacer una evaluación profunda y significativa porque la curva de aprendizaje es corta».

Una primera lección sobre las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos aprobadas por el Congreso en 2016 es que la democracia interna dentro de los partidos no se logra imponer a fuerza de leyes.

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