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Opinión

Estrella de la Muerte

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¿Para qué ir al cine a ver La guerra de las galaxias cuando aquí tenemos una serie interminable de escaramuzas entre buenos y malos?

Está completo el elenco para la serie de fantasía ficción: entusiastas bandas de jóvenes valerosos, senadores corruptos, líderes asmáticos ocultos tras máscaras negras y tenebrosos emperadores que apenas insinúan su mano roñosa. Y por supuesto, una gigantesca máquina de muerte.

«Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana…», o sea, apenas el 22 de agosto pasado, la fiscal Aldana apresuró con un tuitazo el episodio de caos que se venía. El darth Jimmy, con su misil anti-Ivanes a medio armar, debió apurar la construcción. Ante su amenaza, y actuando con más celeridad que organización, se lanza a la denuncia una caterva entusiasta de ewoks periodistas, tamborileros y activistas. Encuentra eco en la comunidad internacional, preocupada por perder tanta inversión en la lucha anticorrupción.

A la sombra de sus maliciosos amigos uniformados, un domingo oscuro darth Jimmy lanza su imprecación: «Declaro no grato». Emerge de la penumbra de un mal video su cara descompuesta. Hoy sí, el acabose. Se desencadena la batalla espacial y vuelan los rayos, piu piu piu, que los buenos meten amparos ante la Corte Suprema de Justicia. Piu piu piu, que la corte ampara. Piu piu piu, que se nombra una comisión pesquisidora. Piu piu piu, que la comisión recomienda levantar la inmunidad del presidente. Al final, un sonoro cabum. Es el imperio, que responde con su arma de destrucción masiva. Destapa el foso séptico, un Congreso fétido en que morados, verdes, exrojos y rojiazules demuestran que nadan en el mismo cieno fecal. La risa procaz del componedor señala el resultado de la batalla: al menos por ahora, el riesgo a los malos ha sido atajado.

Por supuesto, en el mejor estilo de la saga de Lucas, la capa negra del aparente líder (bueno, que en nuestro caso es apenas un payaso en blackface) esconde un enfermo de muerte. Hoy sus mejores amigos, sus peores amigos, sus únicos amigos son una alianza de asaltapueblos que se disponen a cobrar el favor directamente del presupuesto de la nación, una casta militar que ya ni siquiera intenta dar la impresión de honor y una canalla de fuerzas de choque callejero, mezcla extraña de familiares de militar, tramposos de medio pelo y portadores de pancarta a precio de champurrada y café.

Mientras tanto, las fuerzas reales se alinean en otra parte. En las salas de sesiones corporativas vuelven a ajustarse corbatas aflojadas en el momento de mayor tensión. Valió la pena publicar comunicados ambiguos, aunque algunos señalaran su tibieza. Valió la pena tragarse una vez más los escrúpulos, repartir alguna platita, así fuera para esa gente tan impresentable, pero que aún hoy les sigue siendo útil. En Miami, el perverso darth de las comunicaciones vuelve al business as usual: preparar el camino a la campaña del 2019.

Por su lado, la alianza rebelde —que todavía tiene más de rebelde que de alianza— saca cuentas de los daños y las victorias. Sí, el imperio ganó esta ronda. Pero le costó y cada vez le cuesta más. Sí, el darth Jimmy sigue en pie. Pero, debajo de la capa, sus ayudantes han debido poner un par de enanos a detenerlo para que no se tambalee. Sin embargo, aún así el futuro es ominoso. Ciertamente el misil contra la Cicig falló en dar en el blanco. Y el Congreso fecal es siempre un aliado incierto para la Presidencia: apuesta exclusivamente por su propia sobrevivencia y no dudará en lanzarlo al vacío si con esto salvan los diputados su propio pellejo.

En última instancia, es la Estrella de la Muerte el sino que marcará el resultado final de la guerra. Porque, mientras los embajadores denuncian y los diputados maniobran, mientras los jóvenes demandan y los empresarios contienen, la verdad dura y feroz es que la máquina de muerte sigue creciendo, sigue cobrando, sigue acabando con mundos. En el campo, los pobres siguen sin trabajo y sin mercado. Los niños inexcusablemente siguen muriendo de desnutrición y sin escuela. Los jóvenes siguen sin esperanza. Y la ciudadanía, con su inmovilismo, escoge ser pasto del rayo vaporizador en vez de sumarse a la resistencia, en vez de tomar esta guerra como su guerra, como su muerte, como su vida.

 

Tomada de Wikimedia Commons.

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