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En la Patrulla Fronteriza “te enseñan a ver a los migrantes como criminales”
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En la Patrulla Fronteriza “te enseñan a ver a los migrantes como criminales”

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Tiempo aproximado de lectura - 17 mins

Francisco Cantú, nacido en Arizona (EE.UU.) pero nieto de inmigrantes mexicanos se enlistó en la Patrulla Fronteriza o Border Patrol de Estados Unidos, en 2008. Durante cuatro años patrulló el desierto de Arizona aprehendiendo a migrantes y refugiados mexicanos y centroamericanos, a hombres, mujeres, niños y niñas. Ahora es un respetado escritor, autor de La línea se convierte en río que reúne sus recuerdos como agente fronterizo. El autor comparte lo que ocurre dentro de la institución (mentalidad, entrenamiento, procedimientos) y cómo la Patrulla Fronteriza está programada para actuar violentamente y lo incapaz que es para lidiar con la crisis de separación de familias de este año.

Francisco Cantú creció en el desierto de Arizona, a pocos minutos del a frontera con México. Pasó luego a estudiar Relaciones Internacionales con enfoque en Política Fronteriza en la American University en Washington, D.C. Luego, en el 2008 y con 23 años se enlistó en la academia de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, en la temida Border Patrol porque “estoy harto de leer sobre la frontera en los libros”, escribió, “quiero pasar a la práctica, estar en el terreno y conocer la realidad de la frontera en el día a día. Sé que eso puede ser peligroso, pero no se me ocurre una mejor manera de comprender lo que sucede en ese sitio”.

Cantú patrulló los desiertos de Arizona, Nuevo México y Texas por cuatro años. En ese tiempo fue testigo de los horrores de la frontera: el terror y la tristeza en los ojos de los y las migrantes capturadas, los cuerpos sin vida y, sobre todo, la brutalidad de la patrulla. En febrero de este año Cantú publicó su primer libro, The Line Becomes a River (Riverhead Books). El libro fue luego traducido al español por la periodista Fernanda Melchor y publicado por Penguin Random House.

El escritor atendió nuestra llamada desde su casa en Tucson, Arizon para hablar sobre sus impresiones sobre el trabajo del Border Patrol y cómo afecta a millones de migrantes y la crisis de separación.

Con insistencia y bravura, Francisco Cantú asegura que la Border Patrol, donde trabajó como patrullero entre 2008 y 2012, es una institución que basa su trabajo en la deshumanización de los migrantes y, sobre todo, en la violencia. “La patrulla es inherentemente violenta”, afirma. Esa agresión, que proviene de las políticas públicas de Estados Unidos, dice, se extiende a otras instituciones migratorias como el Departamento Nacional de Seguridad, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (o ICE, por sus siglas en inglés) e infecta a la población.

“El entrenamiento que recibimos se asemeja muchísimo al del Ejército”, puntualiza Cantú. Añade que uno de los problemas más evidentes de la agencia es que no está capacitada para lidiar con encuentros humanitarios, como proveer ayuda a refugiados, asistir a niños y niñas a contrarrestar amenazas para asegurar su supervivencia o siquiera alimentar a los hambrientos.

Recientemente, esa ineptitud institucional fue amplificada por la implementación de la política pública de Cero Tolerancia del fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, que indicaba que cualquier persona que ingresara de forma ilegal al país sería tratada como un criminal, y aquellas familias que ingresaran indocumentadas con niños, serían separadas. Cantú resalta que esto no es una ley, pero argumenta que este tipo de hostilidad se alinea con los intereses del Patrol y ahora han ejecutado las palabras de Session a su gusto.

En algún punto durante los últimos meses más de 12 mil niños y niñas permanecían separadas de sus familias en Estados Unidos por cruzar la frontera sin documentos.

Keith Marroquín

 

En el libro usted habla sobre algunos de los efectos físicos que le causó el trabajo de agente fronterizo: pesadillas, rechinar los dientes... ¿Han desaparecido estos síntomas totalmente?

Empezaron a desaparecer muy lentamente. Yo dejé el Border Patrol en 2012, hace seis años. Pero más o menos hace un año y medio todavía ocurrían ocasionalmente. Desde entonces han disminuido en frecuencia y severidad. Pero ya que lo mencionas, anoche me desperté y tenía el vago recuerdo que tuve un sueño que tenía que regresar a trabajar al Patrol. Creo que esos síntomas me han ayudado a procesar lo que significó ese trabajo para mi y, de alguna manera, aceptarlo. No reconciliarme. Aceptarlo.  

¿Cuáles son sus impresiones de la crisis de separación de las familias de migrantes?

Lo interesante para mi es cómo tanta gente le ha puesto atención y cómo legítimamente se han indignado por lo que está pasando. Pero también veo que la crisis de separación es una de las manifestaciones más visibles de cómo la violencia de nuestras políticas permanece y han estado en línea con los gobiernos. Mientras el presidente Obama estaba en el poder, mucha gente hablaba de democracia, incluso su retórica era pro-migrantes. Pero sus políticas no lo eran. Él deportó más que cualquier otro presidente en la historia. Las políticas no cambiaron. Lo que estamos viendo ahora es solo la versión más grande, más recia y más fea de lo que siempre ha existido.

¿Puede describir cuál era el procedimiento estándar a la hora de tratar con familias de migrantes, que incluían niños o niñas?

Sinceramente era muy raro que encontráramos familias. Pero durante mi tiempo en la guardia, la política era que esas familias debían permanecer juntas en todo momento. En la celda, en las cortes, en las entrevistas; no había separación. Ni siquiera separábamos un padre y una hija, a pesar de que debíamos mantener hombres y mujeres en diferentes lugares. Eso es lo que recuerdo.

“Casi al finalizar mi turno, Mortenson me llamó a la sala de procesamiento y me pidió que tradujera las declaraciones de dos niñas que acababan de traer, dos hermanas de nueve y diez años que fueron detenidas en compañía de dos mujeres en el centro de control fronterizo. Me pidió que les preguntara lo básico: ¿Dónde está su madre? En California. ¿Quiénes son las mujeres que estaban con ustedes? Amigas. ¿De dónde vienen? De Sinaloa. A su vez, las niñas me acribillaron con preguntas nerviosas: ¿Cuándo podrían regresar a su casa? ¿Dónde estaban las mujeres que iban con ellas? ¿Podían llamar por teléfono a su madre? Traté de explicarles la situación pero eran demasiado pequeñas y estaban demasiado aturdidas, demasiado angustiadas por hallarse entre tantos hombres uniformados. Uno de los agentes les regaló una bolsa de Skittles, pero ni siquiera entonces las niñas pudieron sonreír o decir gracias. Simplemente se quedaron ahí, pasmadas, mirando los dulces con horror.”

 

¿Recuerda algún momento en que tuviera que aprehender y llevar a niños o niñas no acompañadas?

Digamos que sí. Aprehendí varios menores, jóvenes de 17 y 18 años. Pero yo dejé de trabajar en la guardia en 2012, antes de la crisis de menores no acompañados de 2014.

¿Cómo manejaban estos casos?

Lo terrible y terrorífico de nuestro sistema es cuán impersonal suele ser y cómo las personas son deshumanizadas. Ves al gran número de personas que son atrapadas y ellas fácilmente pueden caer y perderse entre las grietas. Y ahora lo estamos viendo en tiempo real. Incluso durante la crisis de niños no acompañados de 2014 los procedimientos se desmoronaron. Nuestro gobierno, no tiene la capacidad de reunir a los niños con sus familias. Esta es una crisis humanitaria y debemos dejar de ver a los migrantes y refugiados como criminales, y en la guardia te enseñan a verlos como criminales.  

¿A qué se refiere con “perderse entre las grietas”?

A la desviación que hay a partir de lo que está escrito en las políticas, pues cada estación tiene sus maneras de aplicarlas y eso entorpece la labor. Todos los agentes y supervisores trabajan de forma diferente. Cuando un agente fronterizo captura a alguien luego lo transfiere a un centro de detención. Ahí permanece por cinco o seis horas. Luego lo llevan al cuartel general y les perdemos la pista. A través de estos pasos la gente se pierde. Las autoridades son descuidadas. Es muy impersonal. En parte es por la cultura de la institución que deshumaniza a los migrantes, y en parte por el simple número de personas que ingresan al sistema. A veces hay cinco agentes procesando a un grupo de entre 50 y 80 migrantes.

¿En el Border Patrol tuvo algún tipo de entrenamiento para tratar con niños, para saber cómo hablarles o interactuar con ellos y ellas?

No. Nunca. Nadie está entrenado para hablar con niños.

Y ustedes eran el primer grupo de personas con quien estos niños y niñas tienen interacción en Estados Unidos, ¿no?

Puede ser. A menos que sean de los migrantes que se entregan en el cruce fronterizo. Pero sí, en muchos casos sí somos el primer grupo de personas con quien estos niños y niñas interactúan.

¿En qué está mayormente enfocado el entrenamiento de un agente fronterizo?

Se asemeja muchísimo al del Ejército o cualquier otro tipo de agencia de cumplimiento de la ley. Uno de los problemas más evidentes es que la agencia trabaja como una oficina paramilitar, pero debería estar capacitada para lidiar con encuentros humanitarios. Muchas veces son personas que están perdidas en el desierto, que fueron abandonadas por su grupo, o que se separaron de su grupo; entonces estamos hablando de personas en extrema vulnerabilidad. En el entrenamiento de la mayoría de agentes los enseñan a ver a los migrantes como criminales. Sí recibimos capacitación para proveer tratamientos médicos menores, pero no de cómo interactuar con personas en alta vulnerabilidad.

“Los minutos transcurrían y Robles nos azuzaba para que nos esforzáramos aún más: siéntense, nos gritaba, muevan las piernas, levántense. El cuerpo es una herramienta, proclamaba, la herramienta más importante. Una macana no es nada, un arma aturdidora no es nada; ni siquiera una pistola es nada si el cuerpo se cansa.”

Ha hablado sobre cómo el entrenamiento que reciben está diseñado para normalizar la violencia. ¿Puede hablar un poco al respecto?

Como te digo, es parte de la cultura de la institución. La institución (la Border Patrol) es inherentemente violenta. Y el lugar donde trabajaba también era violento, el desierto es inhóspito. Las políticas de la institución buscan usar como arma esta violencia, para prevenir la migración. También creo que los encuentros diarios adormecen los sentimientos de los agentes. La guardia fronteriza normaliza la violencia y la deshumanización al no reconocer de qué están huyendo estas personas, o lo terrible que fue su viaje a Estados Unidos. Recuerdo que cuando estaba empezando en el Patrol uno de los agentes más veteranos nos indicaba que después de capturar a un grupo debíamos destruir las pertenencias de las personas y tirar sus mochilas. Decía también: “Si encuentran botellas de agua en el desierto, tiren el agua, destruyan las botellas, así la gente se va a rendir y regresar”, y ni siquiera lo decía de una manera reflexiva, hablaba con un tipo de brutalidad tan casual. Incluso el lenguaje que utiliza la agencia para hablar de los migrantes crea deshumanización, pues les llama criminales y wetbacks. Y lo que hace toda esa retórica es que enseña a los agentes que estas personas son otro tipo de personas, y esto también se esparce a la población y se crea esta violencia de la que hablo.  

“Una tarde, antes de dirigirnos al polígono, el instructor de armas nos mostró una presentación de Power Point en un aula a oscuras. (…) El instructor nos mostró en la pantalla imágenes de víctimas de la guerra contra el narco, macabras fotografías de gente asesinada por los cárteles mexicanos. En una de ellas, tres cabezas flotaban en el interior de una enorme hielera. En otra, el cuerpo de una mujer yacía tirada en medio del desierto, con los pies atados y una de sus manos cercenada y metida en la boca. (…) A esto se enfrentará ustedes, nos dijo el instructor. Esto es lo que les espera”.

¿Vio crueldad en otros agentes a la hora de interactuar con los migrantes?

Sí, sí la vi, sin lugar a dudas. Si un migrante o refugiado hace enojar al agente, por lo que sea, este, a la hora de ingresarte en el sistema, tiene el poder de afectarte como él quiera. Es parte de la cultura de los vaqueros en la frontera sur de Estados Unidos. Es el resultado de cómo las personas actúan de una forma muy individual y egoísta. En el momento que los agentes ingresan a las personas en el sistema hay lugar para mucha maldad. Puede que se topen con un agente comprensivo, que habla español, que su familia probablemente atravesó una situación similar. Pero me he encontrado con agentes inhumanos que realmente disfrutaban del poder que les otorgaba un arma y una placa.

¿La patrulla fronteriza tiene algún tipo de incidencia en los cambios de política y la toma de decisiones?

No. Pero creo que es importante resaltar que el Border Patrol tiene mucha incidencia en cómo van a ejecutar esas políticas. Te doy un ejemplo: a finales de los años 80 se aplicó una política de prevención a través de la disuasión y que estaba a discreción de la patrulla fronteriza sobre cómo utilizarla. Lo que pasó es que un jefe en El Paso (Texas) recibió mucha atención, porque lo que hizo fue empezar a cachear a las personas, a construir muros y contratar más agentes. Su idea era evitar que la gente cruzara y enviar a los migrantes de vuelta al desierto. Y luego otras agencias imitaron su labor. A lo que voy es que en el Border Patrol, cada agencia tiene el poder y la habilidad de ejecutar las leyes a su beneficio. Cada agencia va a tener diferentes prácticas y técnicas, pero no tienen la habilidad o el alcance político para cambiar las leyes migratorias. Otro buen ejemplo es la crisis de separación de ahora. La política de Cero Tolerancia de Jeff Sessions no esa una ley, no hay leyes que digan que las familias deben ser separadas, pero los agentes tomaron estas políticas y las empezaron a ejecutar a su gusto.

¿Recuerda el caso de Claudia Patricia Gómez, la joven inmigrante de San Juan Ostuncalco que fue asesinada por un agente de la patrulla fronteriza? Ella iba con un grupo de migrantes desarmados, pero los agentes han dicho que estaban lanzando piedras para atacarlos.

Me sorprendió que en la academia nos decían —y es toda una mentalidad— que tuviéramos cuidado porque “podíamos morir si nos golpeaba una piedra”, o “si alguien te tira piedras, no lo descartes, pues es una amenaza seria contra tu vida”. Y nos mostraban fotos de agentes que habían recibido un golpe o que tenían el rostro ensangrentado. Te enseñaban a reaccionar. Yo nunca entendí por qué no te enseñan a retirarte o buscar refugio. Si unas personas empiezan a tirar piedras, lo más lógico para mi es hacerme a un lado, preservar mi vida y, sobre todo, no atentar contra la vida de alguien más. Y todo esto va de la mano con lo que te digo que se va devaluado la vida de un migrante o refugiado. Imagina si Claudia Patricia hubiese sido una mujer blanca de 20 años y que esto hubiera ocurrido en un campus universitario; la gente se vuelve loca. El Border Patrol está programado para ver a los migrantes como criminales, como si fueran otro tipo de personas, de menor categoría. Otro caso similar al de Claudia es el de José Rodríguez, en Nogales, o los casos de brutalidad policiaca en contra de la comunidad afroamericana. Pero la gente no se ha escandalizado de la misma manera como si fuera una persona blanca.  

¿Los agentes fronterizos llevan armas no letales?

¡Absolutamente! Eso es otro tema. Cada agente debe llevar dos tipos de armas no letales en su cinturón, en todo momento. Puede ser gas pimienta o un Taser (un arma de electroshock), o un Taser y un bastón. Te enseñan también a cómo crear una nube de gas pimienta para que la gente se aleje de ti o de la cerca. Pero sigo sin entender cómo, en estas situaciones, el agente usa su arma.

¿Qué tan seguido ocurren estas tragedias? ¿Existe actualmente algún tipo de política para prevenirlas?

Demasiado seguido, ocurren demasiado. No tengo los números, pero ocurren seguido. Y creo que parte de la conversación debería ser el generar un cambio cultural dentro de la agencia, disminuir la característica destructiva que tiene el Border Patrol.

¿Qué cree que va a pasar con el agente que asesinó a Claudia Patricia?

Va a ser absuelto. No me queda duda. Justo como fue absuelto el asesino de José Rodríguez. Basta con ver qué es lo que pasa con cada policía que llega a por haber matado a una persona de color en Estados Unidos. Y creo también que el matar a migrantes indocumentados y refugiados es parte de una epidemia gravísima.

Habla mucho de humanidad en su libro. A pesar de la tragedia y el horror, ¿cree que hay humanidad en la frontera? ¿Cree que hay humanidad en el desierto? ¿En los albergues?

Sí. Creo que a pesar de que el Border Patrol, el sistema migratorio, las cortes, los abogados, los albergues (…) todo este sistema es inhumano y la falta de humanidad forma parte de la estructura de estas instituciones, también hay individuos que, en formas tan pequeñas que parecen insignificantes, pero que al mismo tiempo no lo son, aportan e intentar acercarse a la gente de forma humilde y con bondad. El sistema, como te he dicho, es inherentemente violento, pero siempre existen pequeños actos de bondad que ayudan a crear una cultura humana y de compasión. No sé si lo que debemos hacer es derrumbar esta estructura y empezar de cero, o reformar los sistemas e instituciones. Pero sí se que hay muchas personas tratando de cambiar la forma en que vemos a los migrantes y refugiados, y cambiar cómo el sistema los maltrata.

Hablando de humanidad, ¿cómo proteger la humanidad de los migrantes y refugiados?

Creo que debemos alterar nuestro lenguaje y hablar al respecto. Compartirlo con nuestra familia mientras cenamos. Actualmente la retórica se basa en la deshumanización. No solo en Estados Unidos, en Europa también, o incluso cómo México trata a los migrantes centroamericanos. Creo que se necesita un cambio radical en la manera que conceptualizamos este tema. Debemos entender y convencernos que la migración es un derecho humano. Está bien ser vocal al respecto. Creo que mucha gente que se identifica como anti-inmigración lo ha sido por años, pero el clima político de ahora promueve este tipo de odio. Debemos retar al sistema y ser vocales al respecto de una manera extendida. Y debemos escuchar a los migrantes, darles una plataforma para que se expresen, que cuenten sus historias, que sean parte de la narrativa, que su vida no solo se sepa a través de un tercero.

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