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Feliciana Bernal Chávez, 62 años, acude al cementerio clandestino de Xe’xuxcap, Nebaj, donde se realizaron las exhumaciones. Espera encontrar los restos de su hijo Diego de un año, fallecido por susto y desnutrición.Los dos meses en el lugar hacen que el encuentro con otros familiares de las víctimas sea motivo de plática y distracción. A la izquierda, María Brito, 59 años, busca a sus dos hijas Cecilia, de tres años, y Engracia, de tres meses, muertas por “susto” y hambre. En el centro, Isabel Avilés, 73 años, busca los restos de la mamá y del hermano de su esposo Diego.   Descalzas, Feliciana y Catarina empiezan el día de trabajo, escavando fosas, en búsqueda de los restos de sus familiares.  Diego Cobo, 78 años, a pesar de la edad, sigue escavando en búsqueda de los restos de su mamá, Elena, y de su hermano Pedro Marcos, ambos fallecidos por desnutrición.Catarina Chávez no se acuerda cuantos años tiene: busca los restos de su nieto Andrés, fallecido por hambre a la edad de cinco años. Domingo Ramos, 56 años, junto con su hijo Pedro, busca a su hermano Jorge, difunto a los 22 años por los golpes recibidos por militares del ejército.Un arqueólogo de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala – FAFG – exhuma los restos de una mujer adulta bajo la mirada de Feliciana y Catarina.Catarina observa los restos recién exhumados.Los restos del cadáver servirán para extraer muestras de ADN y verificar la compatibilidad genética con los familiares que denunciaron su fallecimiento. Junto con los restos, se encuentran ofrendas que los familiares dejaron enterrados con la fallecida. Las excavaciones siguen en búsqueda de otros fallecidos.Desde otra fosa emergen los restos de un muerto más.Esta vez, se trata de un infante, probablemente menor de 10 años, con ropa de varón. La memoria de otra víctima del conflicto armado podrá ser conmemorada con un entierro digno, una vez que el cuerpo será identificado y entregado a sus familiares.El día ha terminado y Feliciana vuelve a su casa sin perder la esperanza de encontrar a su hijo.

En la Ciudad, un juicio. En Nebaj, un desentierro.

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El jueves 18 de abril Feliciana acudió al cementerio como solía hacer desde hace dos meses. Saludó a los familiares de otras víctimas, colgó su morral a un árbol, se quitó los zapatos y empezó a excavar. Ese mismo día, en la ciudad de Guatemala, se hacía pública la suspensión del juicio por genocidio. Feliciana no se enteró, ella sigue excavando.

Feliciana Bernal Chávez tiene 62 años y vive en Acul, aldea de Nebaj, escenario de una de las 97 masacres cometidas por el ejército de Guate...

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