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Tipo de Nota: 
Opinión
1 08 18

Read time: 3 mins

A veces, muy pocas veces, hay que callar. Hay que callar y oír. Porque la historia ya fue contada antes. Fue contada mejor y no aprenderla trae grandes males.

«A las ovejas les encantó y, cuando se la aprendieron de memoria, la balaban una y otra vez, hasta cuando descansaban tendidas sobre el campo. Y su “¡Cuatro patas sí! ¡Dos pies no!” se oía por horas enteras, repetido incansablemente».

«Ni corrupto ni ladrón», repetían incansablemente.

«Si había algo de lo que estaban completamente seguros los animales era de no querer la vuelta de Jones».

A Baldizón no le tocaba. A Sandra Torres no le tocaba. No los queríamos de vuelta....

A veces deberían sobrar las palabras, pero el asunto es demasiado importante como para callar.
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