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El centro de votación montado en el Hotel Marriott de Union Square, en New York, el domingo 16 de junio

Elecciones en el extranjero: crónica de un histórico día fallido

Cuando se abrió el centro de votación a las 7AM y quedó oficialmente inaugurado el sufragio en el extranjero fue un momento emotivo
Piensen lo que el voto en el extranjero puede representar. Algunos tal vez no quieran ni imaginarlo.
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Elecciones en el extranjero: crónica de un histórico día fallido

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La cineasta guatemalteca Izabel Acevedo quiso participar en las elecciones desde Nueva York. Presidió una junta receptora de votos. En la ciudad había 15,000 empadronados. Solo 126 votaron en su centro. Se ha dicho que hubo mucho abstencionismo entre los guatemaltecos en el extranjero. Ella cuenta otra historia: una de burocracia kafkiana y negligencia institucional.

Redes-lateral

Son las 7:49 PM en Nueva York. La tarde de las elecciones en Guatemala. Salgo del centro de votaciones en Union Square después de una jornada de casi dieciséis horas. Mientras espero sentada en el andén de la 14th Street un mundo de vivencias cambian de orden en mi cabeza una y otra vez, así que me dispongo a teclear en mi celular todo el camino de regreso para poner orden a esto. 

Me subo al tren e inmediatamente ocupo uno de los pocos asientos vacíos. Saco mi teléfono, posiciono ambos pulgares y elevo mi vista al techo buscando un punto de partida.

Una mujer afroamericana me mira fijamente con curiosidad. ¿Qué tengo? Ah, es verdad. Aún traigo puesto el brazalete de la mesa electoral con letras azules en español: «Presidente de mesa». Me lo quito y lo guardo en mi mochila. Me doy cuenta de que para contar lo sucedido en el Centro de votaciones tendré que empezar meses atrás.

Empadronamiento en el extranjero

Aun cuando estaba deseando poder emitir mi voto en el extranjero, pasé mucho tiempo sin encontrar información sobre los mecanismos para poder para votar acá.  Aproximadamente un mes antes del cierre del plazo de empadronamiento encontré en las redes algo así como un flyer, pequeño y escueto, con información muy somera sobre el «Empadronamiento en el extranjero». Consistía en una actualización de datos (domicilio, teléfono, etc.).

¡Genial!, pensé ingenuamente. Solo se descarga una app y se llena la info o se hace un usuario en la página del TSE para actualizar la información. Ok. Probé primero descargando la app desde mi teléfono. Inexistente. Bueno, talvez descargar la app desde la compu. Clic. Doble clic. Triple clic. Algo debo estar haciendo mal porque no descarga nada. Ok. Haré un usuario desde mi computadora. www.migrante.tse.org.gt . l-o-a-d-i-n-g ... ¿Nos cortaron el internet? ¿A ver otra página? Sí carga. ¿Ahora Tribunal supremo? l-o-a-d-i-n-g ... ¡Tal vez la demanda está siendo masiva! ¡Es una buena señal! Voy a esperar a la noche. Y luego al día, y luego de nuevo a la noche y así estuve atravesando las semanas sin poder acceder a ninguno de los mecanismos del tribunal. Un día antes del cierre del empadronamiento tuve un golpe de suerte: ¡logré al menos ver la forma física de la página mitológica! Muy básica, con el logo del TSE y un formulario para llenar. Ingreso mi DPI, mi número telefónico y segundos después… l-o-a-d-i-n-g ... Cierro mi laptop con enojo. Maldito voto en el extranjero. Me da vueltas la cabeza. Pienso, pienso e inmediatamente abro mi compu de nuevo. ¿Quién va a votar en estas condiciones?  Escribo a un grupo de Guatemaltecos en NY. ¿Alguien ha logrado acceder a la página del TSE para votar en el extranjero? Y esa fue la primera vez que tuve contacto con el mar de historias que pasé escuchando todo el día de hoy.

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Como soy muy necia encontré la forma de empadronarme vía telefónica. Hubo muchas llamadas, mensajes, wasaps, emails, quejas y para qué negarlo, peleas. Más adelante el mismo TSE me contactó para ser parte de la junta receptora de votos.

—Usted puede ser secretaria de mesa —dijo la voz de una mujer adulta en una llamada internacional desde Guatemala.

Observo los tutoriales sobre cómo recibir apropiadamente los votos y veo los dibujos. El presidente de mesa es un hombre bonachón, con panza, bigote y camisa de cuadros. La secretaria es una mujer joven, delgada con vestido largo y tacones.

—¿Y no habría manera de que sea presidenta de mesa?

—No, los cargos ya están asignados.

—Pero usted me dijo que les faltaba mucha gente.

—El puesto de secretaria también es importante. La secretaria hace todo el trabajo realmente.

—Bueno, me interesa, pero vamos a conformar una mesa de trabajo solamente de mujeres.

—Déjeme consultarlo y la volvemos a llamar...

El día de las elecciones mi hijo tenía fiebre, era el día del padre, llovía y no me quedó más remedio que levantarme a las tres de la mañana para asistir a lo que de cualquier manera fue un hecho histórico. Ya había embaucado a dos buenas amigas para ser parte de la mesa de mujeres y no podía fallarles, pero había algo más que me llevaba a estar allí.  El presentimiento de que algún gato encerrado tendría que haber en un proceso electoral que alegaba tener 63,267 empadronados en Estados Unidos, pero en el que a mí me tomo semanas inscribirme. ¿De qué se trataba todo eso? Tenía que verlo.

Mi amiga Gabriela Álvarez Castañeda, Dora Tobar (una activista de toda la vida) y yo, llegamos con la espada desenvainada, pero también con todas las reglas y los procedimientos en la punta de la lengua.

Vivian Rivas

Voto para migrantes

El Consejo Nacional de Atención al Migrante de Guatemala estima que alrededor de 1,5 millones de guatemaltecos viven en Estados Unidos, entre los cuales solo entre 300.000 y 400.000 tienen residencia legal. Guatemala recibió 9.287,77 millones de dólares en remesas en 2019.

Las y los migrantes nacionales, una fuerza de trabajo gigantesca y convenientemente silenciosa. La fuerza laboral que sostiene la economía tanto de David como de Goliat, de Estados Unidos y de Guatemala, pero que no elige a los mandatarios de ninguno de los dos países.

No me voy a hacer la ruda aquí, cuando se abrió el centro de votación a las 7AM y quedó oficialmente inaugurado el sufragio en el extranjero fue un momento emotivo. Una puerta abierta, un error enmendado, un mundo de posibilidades.

Un nudo se nos hizo en la garganta y nos vimos con ojos húmedos esperando ver desfilar a nuestras y nuestros compatriotas, K’iche’s, Kaq’chiq’eles, Tz’utujiles, constructores, artistas, chefs, corredores de bolsa.

Pero en la primera hora no se presentó nadie, así que dispusimos a votar quienes estábamos presentes. La satisfacción de votar por una mujer Mam, con propuestas oportunas y adecuadas a la crisis actual en Centroamérica y no como me ha tocado en pasadas elecciones (votar por un algún tipo desagradable, pero de derecha moderada en relación al otro candidato que se sabe a todas luces que es un matón)… Bueno, no tuvo precio.

A cuentagotas fueron llegando algunas personas a votar. A la una de la tarde apenas lo habían hecho 84 en todo el centro. Fue entonces cuando me di cuenta de que las pocas personas que estaban llegando a votar eran como yo. Ese porcentaje ínfimo que logró sortear las negligencias del sistema para actualizar su información en el padrón. Pero ese no podía ser el caso de 63,267 empadronados de los cuales 15,000 lo estaban en Nueva York.

Quince años sin quinceañera

Dos salas en un hotel en el centro de Manhattan cuando a unas cuadras estaban las instalaciones del consulado muriéndose de la risa. Veinticinco mesas con absurdas 600 papeletas y tres personas voluntarias (nosotras) en cada una: 75 voluntarios en total, pero sin votantes. A quién puede ocurrírsele.

Elaboramos más teorías: Fraude. Reportarán miles de votos en el extranjero cuando solo habrá unos pocos. Corrupción o negligencia: Deben de manejar un presupuesto enorme, pero están haciendo un evento fallido del cual terminarán beneficiándose.

Esta vez dimos en el clavo pues luego supimos que el TSE «invirtió» 20 millones de quetzales en colocar cuatro centros de votación en US, pero en absoluto se encargó de lo obvio: Hacer una campaña informativa con el objetivo de llamar al voto migrante y hacer una campaña de revisión de documentos y empadronamientos in situ pues hay un gran número de variables por las cuales una persona no puede votar en el extranjero.

Ilustro:

José tiene 20 años. Habla tres idiomas, Tz’utujil, español e inglés. Su acento es simpático dado su trilingüismo y su conversación es ágil y amable. Sus ojos brillan como obsidianas. Esta sería la primera vez que emite su voto. Quiere votar por una mujer maya. Presenta su DPI, pero aparece empadronado en Sololá. José explica que como tenía intenciones reales de votar se presentó hace unos meses en el consulado buscando información. En el consulado le dijeron que si está empadronado en Guatemala está listo para votar en NY.

Este caso expresa dos problemas importantes. El TSE no tiene un escritorio físico al cual dirigirse si su tecnología imposible falla o simplemente para pedir información. Y, por otro lado, el consulado está disociado del TSE cuando deberían trabajar estrechamente.

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Hugo vive en Connecticut. Trabaja en construcción. Se enteró hace apenas un mes de que habría elecciones guatemaltecas en Nueva York. Hugo obtuvo su DPI en el consulado guatemalteco y automáticamente la actualización de su empadronamiento, pero él no sabía eso. El día de las elecciones se enteró que sí podía votar. Ese debe de ser el caso de la gran mayoría de empadronados. El TSE contabiliza a sesenta mil empadronados sin que ellos estén al tanto de que su DPI emitido en EEUU les permite votar.

Adán vive en Fairview, New Jersey, desde hace 26 años. También trabaja en construcción. Hace tres semanas supo habría elecciones y no pudo votar pues el plazo de empadronamiento había pasado hace mucho tiempo. Adán se pregunta por qué colocar 25 mesas en el centro de Manhattan y ninguna en Fairview, la cual también es llamada «La Pequeña Guatemala». Caminar por Fairview es igualito que caminar por Guate, cuenta Adán. La misma comida, la misma gente, las mismas costumbres, todo igual. Cómo no se les ocurrió por lo menos pegar carteles, o llegar a hablar con las personas. Muchos hubieran estado interesados. Pero no hubo nada de información. Es una pena.

Josué tiene 24 años de estar en NY, viste como corredor de bolsa y trabaja en sistemas y analítica. Su familia le dijo que podría votar acá pero no logro descargar la app, ni utilizar la página. Su caso es casi idéntico al mío, pero me sorprendió saber que pudo empadronarse a través de WhatsApp, aunque le tomó seis meses.

Izabel Acevedo

Cipriano Siguán se presentó a votar con sus documentos en orden y al llegar le indicaron que la dirección y el teléfono con el que aparece en el padrón era de otra zona de EEUU. Este caso lo vi también en una señora que manejó cuatro horas desde Massachusetts y su registro estaba en Los Ángeles.  Ambos se fueron sin votar. Obtener un DPI en EEUU es un trámite nivel ocho. ¿Quién después de obtenerlo intentaría actualizar su cambio de domicilio dentro del país? ¿Estas dos personas solicitaron ayuda técnica, tal vez se pudiera simplemente actualizar la información? Pues no. El padrón es de piedra. No hay un solo mecanismo que los representantes de TSE pudieran efectuar in situ.

La movilidad de los migrantes también es un factor a tomar en cuenta. Algunos estaban en Guatemala y su registro en el padrón aparecía en Estados Unidos o al revés.

Diego es arquitecto. Estuvo todo el día disciplinadamente sentado esperando ver a sus connacionales llegar a votar. Pero a su mesa no llegó nadie. Cuando se acercaba la hora del cierre una trabajadora del TSE pasó repartiendo cera para humedecerse los dedos y así contar los votos más fácilmente. El chiste se cuenta solo. 

Así como no hay fiesta sin quinceañera, es imposible tener elecciones sin votantes. El TSE ha tenido la caradura de decir que hubo un alto nivel de abstencionismo, pero más bien la cosa es que no fuimos invitados a nuestra propia fiesta.

Tres días después de la elección, Gabriela Álvarez y yo seguimos dándole vueltas al asunto. Contrastamos los distintos casos y llegamos a la conclusión de que la constante es que hay muchas variables. Incluso, al hablar con los funcionarios del TSE que viajaron a NY para hacer el proceso vimos que ellos mismos no sabían qué esperar del sistema, del padrón y de todo este proceso. 

La disociación del DPI del empadronamiento es un problema serio en el caso del voto en el extranjero. Muchas y muchos connacionales sacan su DPI en el consulado pero no son informados o invitados a empadronarse al mismo tiempo. Las personas que alguna vez se empadronaron en Guatemala al sacar su DPI en el consulado reciben una actualización de su padrón electoral automáticamente pero no son informadas. En algunos casos las personas a las que les fue extendido su DPI en EEUU y les fue actualizado su padrón, regresan a Guatemala y aunque muchos hacen de nuevo el trámite ya estando en el país, no aparecieron en el padrón electoral en Guatemala. 

Lo que quiero decir con todo esto es que el voto en el extranjero es fundamental porque no se puede privar del poder de decisión a millones de guatemaltecas y guatemaltecos que están siendo expulsados de su país por causas económicas y sociales, y para ello el sistema debe de ser mucho más eficiente y a la vez mucho más simple. Menos burocrático y mucho más accesible para quienes tenemos una vida en distintos espacios del mundo.

Finalmente, en nuestro centro de Nueva York logramos votar 126 personas. La mayoría, y lo digo con orgullo, votamos por cierta candidata Mam.

Piensen lo que el voto en el extranjero puede representar.

Algunos tal vez no quieran ni imaginarlo.

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